jueves, 21 de enero de 2010

Desmenuzando el "Antinacionalismo"

Este texto ha sido publicado en Kaos en la Red:

El “antinacionalismo”: discurso por excelencia del nacionalismo español de nuestros días

Si hay algo con lo que el nacionalismo español juega constantemente para reforzar la identidad nacional española, eso es el ataque constante y directo al nacionalismo de otros territorios del Estado

Pedro Antonio Honrubia Hurtado

En un lugar de la península Ibérica, de cuyo nombre no quiero acordarme, había una vez un Estado que no sabía si llamarse nación, potencia o imperio salvador del mundo. Nacido tiempos atrás de la peculiar unión de los reinos de Castilla y Aragón, su bandera rojigualda ondea desafiante en el horizonte de la democracia. Tiene por boca una rosa, por labios una gaviota, y en su discurso de amor, habla de derechos y libertades, estatutos y constitución, aunque la verdad sea dicha, nada de esto nos vale, si, por los motivos que fuere, alguno de sus ciudadanos no se sintiese español.

Bien podría empezar así, con este tono literario, la argumentación política que a continuación expondré. Y es que, seguro estoy, cada vez somos más los habitantes de este Estado que pensamos que la mayor parte de la vida política española no es más que una novela que a cada año que pasa va rellenando nuevos capítulos, pero para cuyo final ya hay quien, desde hace muchos siglos, ha pretendido escribir sus párrafos.

Para estos escritores de la España grande y libre, en el horizonte no hay más camino que la unidad de España, y en el libro de la política del Estado Español no hay más epígrafe que su indisolubilidad. Punto y final.

Durante siglos estos planteamientos fueron defendidos por “las bravas”, a golpe de inquisición o de alzamientos militares de carácter nacional-fascistas. En la actualidad, todos estos planteamientos ultra conservadores siguen estando plenamente vigentes, pero, eso sí, escondidos bajo una fina capa de democracia mediática, que trata de ocultar, lo mejor que puede, la auténtica realidad de su totalitarismo nacional-católico.

No quepa duda, que detrás de esa aparente cara democrática que intentan vendernos, se oculta toda una maquinaria de poder que lucha día a día por no dejar paso a cualquier otra alternativa política distinta a la que los nacionalistas españoles, con las burguesías de unos lados y otros a la cabeza, han diseñado para sus intereses particulares. Intereses, todo ellos, muy alejados de los intereses del pueblo trabajador.

Por mucho que intenten camuflarlo con discursos europeístas, con llamamientos a las libertades individuales, o con mensajes aptos para el neoliberalismo globalizado, el nacionalismo español está más vivo que nunca, tiene tanta o más fuerza que en cualquier otro momento de su historia, y sigue siendo tan excluyente y totalitario como lo ha sido siempre.

El nacionalismo español de hoy es un agente secreto que se mueve como pez en el agua entre sombras y disfraces, y que toma diferentes rostros según el momento, el lugar y la persona a quien decida manifestarse, pero que está siempre con nosotros, hasta en lo más profundo de nuestro yo. Con su discurso imperialista, con sus proclamas patrióticas, está en la política, en la prensa, en la educación, en la radio, en las carreteras, en la televisión y hasta en los espectáculos de masas. Está en todos lados. Continuamente controlando que nada se salga del camino trazado, y constantemente emitiendo sutiles mensajes para mantener adoctrinados a sus fieles allegados.

Pero, si hay algo con lo que el nacionalismo español juega constantemente para reforzar la identidad nacional española, eso es el ataque constante y directo al nacionalismo de otros territorios del Estado. Parafraseando a Javier Pulido, quien ya escribiese un artículo a comienzos de los años 80 hablando del “anti-catalanismo” como expresión de masas del nacionalismo español de la época, hoy podemos decir que el antinacionalismo ”periférico” se ha convertido en la principal expresión ideológica de masas del nacionalismo español actual. Todos, nacionalistas catalanes, vascos, gallegos, canarios, andaluces, castellanos o de donde sean, somos hoy sus principales enemigos. Si además de eso hablamos de movimientos revolucionarios, y/o de izquierda anticapitalista, ya no sólo somos enemigos del Estado, de la patria, de la nación, sino apestados antisistema. ¡Pónganse en guardia!

Sobré decir que desde la óptica nacionalista española no se ve a los nacionalistas como miembros del pueblo español, si quiera como “miembros” a secas, lo cual posibilita que se les pueda presentar perfectamente ante el resto de los ciudadanos como enemigos a los que combatir en pos de la sacro santa unidad de España. Esta frase, extraída de un artículo del ABC escrito por el señor Jaime Campmany, puede servir como ejemplo perfecto para entender esta diferenciación que los nacionalistas españoles hacen entre ciudadanos españoles y ciudadanos nacionalistas no españoles:

"Ibarreche no se considera español y no quiere serlo, y cuando ya no tenga relación alguna con España, como extranjero no me producirá la menor curiosidad".

Digo esto para que luego no se asuste nadie cuando desde estos mismos medios españolistas se hable sobre que son los nacionalismos periféricos quienes establecen diferencias entre ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda, quienes dan más o menos valor a las personas según se sea o no seguidor del nacionalismo, según sean o no naturales de la “patria”.

Curiosamente, aunque los mensajes mediáticos suelen apuntar sus tintas mayoritariamente hacia Cataluña o País Vasco, somos los ciudadanos nacionalistas que habitamos en territorios de escasa implantación histórica del nacionalismo, los que en mayor grado sufrimos en nuestras propias carnes, socialmente hablando, esta caza de brujas que desde el poder mediático español se viene desarrollando contra todo atisbo de ideología soberanista no españolizante o españolizada. En esta línea cabe resaltar, por ejemplo, las ideas políticas del señor Rodríguez Ibarra que ya advirtiera que "están surgiendo cantidad de pequeñísimos partidos nacionalistas que no representan al conjunto de la ciudadanía, sino que tienen como objetivo traficar con sus votos beneficios económicos para sus territorios", y ante lo cual propuso una serie de medidas para, según sus propias palabras, "acabar con el nacionalismo en siete, diez o doce años". ¡Tendrán que fumigarnos a todos!

El nacionalismo es malo, es excluyente, es egoísta, es reaccionario, y está relacionado con el “terrorismo”. Los nacionalistas no son gente de confianza, no representan al pueblo, no son más que una panda de individuos "invertidos" que quieren hacer daño a la convivencia pacífica y democrática de la nación española. Los nacionalistas sólo miran por sus intereses particulares, y olvidan las solidaridad internacionalista, así como el apoyo mutuo entre las diferentes comunidades de España. Todo esto (y mucho más) es lo que nos dicen sin descanso desde los medios de comunicación afines al sistema y al españolismo. No se cansan de propugnar estas ideas en sus telediarios, sus periódicos, sus emisoras de radio y hasta en sus series televisivas. Día sí y día también se ridiculiza el hecho nacionalista para ensalzar la identidad nacional española. Curiosamente, el mismo discurso que hacen suyo desde algunas organizaciones de izquierda revolucionaria, aunque sustituyendo la identidad nacional española, por una supuesta lucha internacionalista que solo ellos tienen derecho a definir, y en la cual no cabría ninguna lucha nacionalista por más fundamentada en la izquierda revolucionaria, o la lucha de clases que estuviera. Que se lo hagan mirar.

Esta línea de actuación del nacionalismo español, del cual participan actualmente, sabiéndolo o no, queriéndolo o no, determinadas organizaciones auto-denominadas revolucionarias e internacionalistas, se refleja a la perfección en los siguientes párrafos de un artículo de Edurne Uriarte, publicado en el ABC el Viernes, 28 de enero 2005:

"Existe un nacionalismo español, sí, aunque algunos prefieran llamarlo patriotismo constitucional, y consiste en el conjunto de sentimientos y creencias alrededor de la centralidad de la nación española para la articulación territorial de nuestro Estado. De hecho, millones de españoles comparten ese nacionalismo español, más allá de las élites políticas e intelectuales que han intentado definirlo. Pero, a partir de ahí, son lamentables las falsificaciones de quienes equiparan este nacionalismo español con los nacionalismos étnicos excluyentes, porque los nacionalistas españoles son los que acordaron en la Transición la construcción de un Estado profundamente descentralizado, en el máximo nivel de descentralización de las democracias del planeta. Son nacionalistas que creen que España es un país plural, de identidades complejas, y son los que defienden el Estado de las autonomías frente a quienes lo quieren destruir. Y estos nacionalistas españoles nada tienen que ver con el nacionalismo español del franquismo, en contra de lo que insinúan y hasta afirman en ocasiones sus detractores. Su concepto de nación española y su concepto de estado están en los antípodas del franquismo, y no sólo desde el punto de la oposición de la democracia a la dictadura.(....) El único nacionalismo excluyente que tiene protagonismo en esta historia es el del Plan Ibarretxe o el del independentismo catalán"

Ahí se puede ver con toda claridad qué es, cómo actúa, y qué debe defender en su mensaje el nacionalismo español de nuestros días. Ellos son demócratas y moderados, amantes de la libertad y propulsores de una patria integradora que no entiende de raza, de sexo, de religión ni de ideología política. Una nación suprema que rige con mano de santo los designios de su pueblo. Nosotros, los nacionalistas periféricos, somos malos y excluyentes, anti democráticos y radicales, negadores de la libertad suprema del individuo y defensores de la creación de un estado soberano en nuestros territorios donde se ensalce lo nuestro sobre todo lo demás y donde seamos los nacidos en ese pueblo los privilegiados políticos, económicos y sociales, dejando al resto de la humanidad un escalón por debajo de nuestro nivel nacional.

Y, por si quedaba alguna duda de lo excluyentes que somos los nacionalistas no españoles, y lo tolerantes que son los nacionalistas españoles, aquí dejo unas cuantas perlas que lo demuestran:

*En el debate del año 2005 del estado de la nación (que lo llaman ellos) en el congreso de los diputados de Madrid, el señor Rajoy, en una de sus feroces intervenciones contra el presidente del Gobierno español, se refería a Euskadi bajo el término de "el metafísico pueblo vasco" (sic).

* "La nación vasca es un mito absoluto. Es una invención completa de la Historia, una reconstrucción que ha logrado cuajar en la mente de unos fanáticos. Se habla del lenguaje del paraíso, de la raza vasca. Pero ¡dónde vamos a parar! (....) La identidad de Asturias, por ejemplo, consiste en ser una parte de España, como la identidad de mi brazo consiste en ser parte de todo mi organismo. El concepto de identidad cultural es un concepto metafísico que hay que utilizar adecuadamente y aquí se utiliza como un arma política. Y el primer paso, es que la lengua no la entiendan los demás para después tener una autonomía política. ¿En qué se diferencian la cultura asturiana de la cántabra o la andaluza de la vasca? En nada. Hay matices distintos, simplemente." (Gustavo Bueno, ABC).

* "Será preciso concluir que el Pueblo Vasco -en esa forma mayúscula- o no existe o lleva una existencia bastante limitada dentro de su sociedad; en suma, que el éthnos no coincide con el démos. Y aunque algún etnólogo local detectara la existencia de tal Pueblo o se hubiera culminado ya la artificiosa labor de su 'construcción nacional', el segundo principio también sería insostenible. Ni ésa ni ninguna otra etnia gozan del derecho a decidir su futuro, si por tal se entiende el derecho a su secesión respecto del Estado en el que se integran, como no aporten más razones que su mera voluntad unilateral" (Aurelio Arteta, El País)

* "Sin embargo, nadie puede dudar de que el nacionalismo y el socialismo catalán han logrado un cierto éxito. No sólo han conseguido que toda la izquierda se haga nacionalista, sino que ha infectado al cuerpo político de los ciudadanos españoles de Cataluña con su patraña independentista. Sin embargo, nada de eso garantiza la existencia de la nación catalana. Esa es su gran cruz. ¡ Y es que Nación de verdad sólo hay una, las otras son juego de nacionalistas y asesinos! (....) ¿Dónde estaba la “nación catalana” el jueves pasado cuando fue llamada a manifestarse en la Plaza de San Jaime? (....) En fin, allí sólo estaban los obscuros “funcionarios” de la pobre idea de “nación catalana”, pero la nación no podía estar allí, sencillamente porque no existe." ( Agapito Maestre, Libertad Digital)

* "Es un término moderno que no responde a una "realidad histórica". Tanto Catalunya como el País Vasco nunca han sido una nación" (Rodríguez Ibarra)

* "Mire usted, para que haya una selección nacional de fútbol primero tiene que haber una nación, y para que exista una nación tiene que haber antes un pueblo. ¿Selección Nacional, de qué? Si aquí no se ha resuelto el principal problema autonómico del deporte, que es que la gente sigue confundiendo la bandera de Andalucía con la bandera del Betis, y tomándola a chufla, ¿a qué viene una selección nacional?" (Antonio Burgos, EL Mundo)

* "Andalucía debe llamarse ni más ni menos que Andalucía. Porque Andalucía no es una nación, ni una región. Es una cultura. Es un sentimiento. O no es nada. Como ahora." (Antonio Burgos, ABC)

* " Si se dice que una Comunidad Autónoma es una Nación, lo que viene a significar es que ésta posee la soberanía y el propio poder constituyente. Por consiguiente, la definición de una Comunidad Autónoma como Nación, lo que significa en definitiva es que no existe la Nación española (....)No se trata de una mera cuestión semántica, sino que existen cientos de monografías, explicando que en un Estado no cabe más que una Nación política, y así se pactó en el artículo 2º de nuestra Constitución, en donde no se reconoce más que la Nación española, aunque se admitan nacionalidades y regiones.Romper esa denominación, no significa ni más ni menos que cambiar la Constitución por algo etéreo y enormemente peligroso" ( Jorge de Esteban, El Mundo)

Toda una muestra de integración, tolerancia, respeto y reconocimiento de la pluralidad cultural, lingüística e identitaria de la “España” de nuestros días, como puede verse. No es de extrañar, por tanto, que desde el vasco al andaluz, pasando por el catalán, el canario o el gallego, toda muestra de nacionalismo soberanista sea rápidamente reprendida, humillada y ridiculizada por los medios de comunicación afines al régimen y al sistema, y, consecuentemente, por las masas españolistas.

¿En qué lado del frente situamos, pues, a esa izquierda revolucionaria e internacionalista que constantemente hace suyos estos mismos argumentos anti-nacionalistas contra vascos, catalanes, gallegos, canarios, castellanos y andaluces nacionalistas y de izquierdas? Esa es, finalmente, la reflexión que pretende derivar este artículo. Porque, díganme, si al artículo expuesto con anterioridad le hacemos unos pequeños cambios, solo en la forma, manteniendo intacto el fondo del mismo, ¿no podría pasar perfectamente por uno de esos discursos firmados por cualquier internacionalista revolucionario que ataca con saña a todo lo que huela a nacionalismo vasco, catalán, gallego, o andaluz?:

"Existe un internacionalismo español, sí, aunque algunos prefieran llamarlo patriotismo revolucionario, y consiste en el conjunto de sentimientos y creencias alrededor de la centralidad de la nación española para la articulación territorial de la lucha de clases en nuestro Estado. De hecho, millones de españoles comparten ese internacionalismo español, más allá de las élites políticas e intelectuales que han intentado definirlo. Pero, a partir de ahí, son lamentables las falsificaciones de quienes equiparan este internacionalismo español con los nacionalismos étnicos excluyentes, porque los internacionalistas españoles son los que apoyaron en la Transición la construcción de un Estado profundamente descentralizado, en el máximo nivel de descentralización posible. Son internacionalistas que creen que España es un país plural, de identidades complejas, y son los que defienden el Estado revolucionario frente a quienes lo quieren destruir. Y estos internacionalistas españoles nada tienen que ver tampoco con el nacionalismo español de los partidos burgueses, en contra de lo que insinúan y hasta afirman en ocasiones sus detractores. Su concepto de nación española y su concepto de estado están en los antípodas del patriotismo burgués, y no sólo desde el punto de la oposición de la democracia a la dictadura.(....) El único nacionalismo excluyente que tiene protagonismo en esta historia es el del Plan Ibarretxe, el del independentismo catalán o el de todos aquellos que se llaman nacionalistas y reclaman derechos colectivos para sus pueblos, supuestamente desde la izquierda"

Que cada cual, saque sus propias conclusiones....


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