miércoles, 26 de julio de 2017

Entrevista a Carmen Aristegui

Les presentamos esta entrevista concedida por Carmen Aritegui al ABC durante su reciente visita a Barcelona:


La periodista mexicana, Premio a la Libertad de Expresión de la Casa América Cataluña, no pierde el optimismo y se niega a renunciar o a huir de su país por miedo

Ana Luisa Islas

Carmen Aristegui es una periodista que se ha vuelto noticia. El reportaje que realizó sobre la «Casa Blanca» de siete millones de dólares que posee el presidente de su país, Enrique Peña Nieto, le ha traído numerosos premios dentro y fuera de México. Sin embargo, tras su publicación, ella y su equipo salieron del aire (ahora transmite solo por internet). Alega que su antiguo jefe hizo un pacto con el gobierno para silenciarla, el caso continúa en tribunales. Hace un mes, un reportaje del New York Times confirmó que los teléfonos móviles de ella y su hijo, entonces menor de edad, fueron espiados por el gobierno mexicano (junto a los de otros periodistas, activistas y defensores de los DDHH) con un software que se infiltra en las comunicaciones, contenidos y puede incluso grabar y hacer fotografías. El «malware» solo se vende a gobiernos y está autorizado para ser utilizado únicamente contra terroristas o criminales, con orden judicial. Aristegui, de padre vasco refugiado en México, visitó Barcelona para recibir el Premio a la Libertad de Expresión que le entregó la Casa América Cataluña.

—La han amedrentado de múltiples formas, ¿se plantea renunciar?

—Tengo una especie de obligación moral de pensar que México tiene remedio, que puede y debe cambiar y que debemos contribuir para eso.

—¿Obligación moral?

—Obligación legal no hay. ¿Para qué llegamos al mundo si no es para hacer lo que uno cree y quiere hacer? No hacerlo sería quedarse como un mueble.

—Hay muchos muebles por ahí.

—Es una decisión de vida dedicarme a la comunicación, no la abandonaría por una condición de miedo, entiendo a quien lo hace y lo respeto, pero, para mí, el contexto en el que vive México hace necesario valorar triplemente lo que significa el periodismo.

—Se requiere de valentía.

—Los periodistas tenemos que existir para tratar de rescatar lo que tendría que ser una democracia.

—¿Qué le haría huir de su país?

—No me lo quiero ni plantear. He decidido mantenerme ahí, confío en que mi trabajo público es una suerte de protección y en que mi país me va a dar las condiciones para vivir y para desarrollar mi profesión ahí.

—Lo dice muy segura de que así será.

—México es un país de altísimos contrastes, en donde cabe todo, en donde cabe la corrupción más deplorable pero también gente de enorme valor.

—Sin duda.

—Hay gente excepcional, que te hace recuperar la esperanza, escritores, artistas, defensores de derechos humanos, abogados. México es grande no solo en tamaño, somos 123 millones de mexicanos, lo es en recursos, cultura, historia, con grandes referentes simbólicos, culturales, artísticos, hasta políticos, en algunos momentos claves de nuestra vida nacional.

—México también es violencia.

—Es un país al que, en los últimos años, está arrastrando la corrupción, la delincuencia y la violencia. Algo tiene que hacer ese país, generoso y fuerte, pero que se ha quedado pasmado. La tolerancia mexicana es demasiada.

—¿Hay solución?

—Confío en que debemos encontrar un punto de quiebra para recomponer al país, para vomitar lo que haya que vomitar y recuperar el equilibrio.

—¿Cómo?

—No lo sé, me pregunto quién tiene que morir para que la sociedad se vuelque a exigir una transformación profunda a ese Estado que ha sido fallido u omiso para responder. No hay que abandonar el impulso fundamental de que las cosas pueden cambiar porque sino, nos damos un tiro.

—Las cifras son las de una guerra.

—La sociedad mexicana tiene que asumir que eso está ocurriendo. Es el elefante blanco en la sala de la casa que nadie quiere ver pero que ahí está.

—Pocos lo aceptan.

—No hay manera de ocultarlo. Lo primero que tiene que hacer México es aceptarlo, hacerse cargo de esa realidad, como sociedad y dejar de decir, «está pasando pero no me toca a mí».

—¿Y después?

—Dejar de esperar a que los políticos lo arreglen. Si los políticos no están en sintonía con lo que necesitamos, que es que remienden esta situación, nos toca hacernos cargo, porque aunque formalmente nos representan, en la práctica no lo están haciendo.

—En España no se le llama guerra.

—Pensarán que estamos exagerando, si no hay gente en la calle y nadie protesta, eso no puede estar pasando.

—Hay miedo de viajar a México.

—No es que todo el territorio esté con asesinatos en las esquinas, hay una zona de riesgo. No debemos aceptar que el miedo nos invada y nos inmovilice o que la gente diga que no se puede ir. No debemos minimizar una situación real pero tampoco meter miedo al grado que la gente no quiera acercarse a nuestro país.

—¿Qué se puede hacer desde aquí?

—Informar, que es una herramienta muy poderosa. Al gobierno le importa lo que se diga de él fuera de México.

—La han tachado de egocéntrica.

—En mi defensa, creo que es importante compartir con la audiencia lo que nos está ocurriendo a mí y a mi equipo, porque es una manera de señalar algo que no nos tendría que pasar ni a nosotros ni a nadie más, nunca.
Por la libertad de expresión

Tras su despido de la radio, Aristegui y su equipo sostienen diversos juicios con la empresa para la que trabajaban, MVS Comunicaciones. Uno de ellos, creado con la ayuda de sus abogados pro bono, sostiene que el derecho de la periodista a informar no debe estar en manos privadas, pues el espacio que los concesionarios de la radio y la televisión administran es un bien público. El caso, desestimado por la justicia mexicana, ha sido presentado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. «De ganar, nuestro caso serviría de referencia para que un periodista que es censurado tenga derecho a defender su voz», explicó la periodista.






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