martes, 12 de febrero de 2013

Pragmatismo Inglés

Si uno estudia los diferentes procesos de colonización a partir de 1492, así como de descolonización a partir de 1776, podrá notar diferencias de inmediato. Las colonias de donde las potencias europeas extraían materia prima para su industria y productos complementarios para sus mesas sufrieron la implementación de modelos económicos diseñados para extraer riqueza y heredar miseria, endeudamiento y dependencia. El comercio estaba restringido severamente y las colonias solo podían comprar y vender directamente del país colonizador, mismo que prohibía todo tipo de industrialización para así asegurar que no hubiese ningún tipo de competencia para su incipiente industria. Esto sucedió por igual a colonias españolas como inglesas, francesas, portuguesas y holandesas. 

Pero en lo que respecta a Inglaterra, algunas de las colonias establecidas no tenían riqueza en su subsuelo ni un suelo y clima que permitiera la producción de alimentos diferentes a los que ya se producían en la metrópoli. En ellas Londres dio un cheque en blanco a los colonos quienes pudieron desarrollar una actividad artesanal propia primero y una pujante actividad industrial después. España y Portugal por el contrario, sin industria propia, prohibieron cualquier intento industrializador, curiosamente beneficiando a Inglaterra en el proceso. Las colonias iberoamericanas fueron el escenario para el desarrollo de economías feudales, con oligarquías criollas acaparando enormes extensiones de tierra y gozando del trabajo gratuito proveído por esclavos; millones de indígenas y africanos perdieron su vida en este holocausto olvidado.

Sobrevinieron los procesos de descolonización y una vez más se implementaron dos parámetros distintos. Las colonias dependientes, feudales y no industrializadas, tuvieron que enfrentar largas y desgastantes guerras contra sus respectivas metrópolis, mientras que otras, como las 13 Colonias que se convertirían en los Estados Unidos de América, lograban rápidos procesos de emancipación seguidas del inmediato reconocimiento diplomático por parte de Inglaterra, pues lo de ellos era la aplicación de los principios del sociópata Adam Smith, o sea, comerciar. Pragmáticos, los ingleses supieron sumar activos a su economía de libre mercado mientras los españoles insistían en permanecer en el siglo XV.

Tan inadecuado resultó el esquema español que solo décadas después de su independencia, los Estados Unidos recibirían en bandeja de plata a Florida, Cuba, Puerto Rico y Las Filipinas... para proseguir arrebatando terrenos a lo que había sido la Nueva España, robando tierras al norte del Río Bravo a México.

Pues bien, todo este pasado está reflejado hoy en pleno siglo XXI, la emancipación ha llegado a las colonias continentales y una vez más el modelo inglés es diametralmente opuesto al español. Ya se vio en lo que respecta a Irlanda, con solo ese vestigio de arrogancia inglesa en Irlanda del Norte... pero ahora somos testigos de la estrategia con respecto a Escocia, que comparada con la actitud asumida por Madrid con respecto a Euskal Herria o Catalunya, demuestra una vez más el pragmatismo inglés sobre la torpe obsesión española por tener total control sobre naciones y economías que sometió en el pasado pero que ya no encuentran espacios de desarrollo dependiente en el presente. De ahí las estridentes declaraciones desde la caverna madrileña a comparación de la flemática forma en que se están manejando las cosas entre Londres y Edinburgo.

Y es que a fuerza de obligar a sus colonias a la dependencia, ahora la que es dependiente de sus colonias es España. Inglaterra no necesita mantener sojuzgada a Escocia para mantener su andando su modelo económico. En cambio el estado español, como lo declarara Alberto Ruíz-Gallardón en octubre pasado, sin Euskal Herria ni Catalunya no es nada.

En este contexto, les presentamos este texto publicado en Gara:


Un informe del Gobierno Cameron aclara que este será el único desenlace: «Esto es demasiado importante para hacerlo mal», explica
El Gobierno británico está dispuesto a jugársela a todo o nada el referéndum que se celebra en Escocia en la segunda mitad de 2014. Tras las aclaraciones sobre la pregunta, en la que Londres ha evitado que se introduzca como opción alternativa un incremento del autogobierno que seguramente hubiera sido muy mayoritario, el Ejecutivo de David Cameron deja claro ahora que Escocia será nuevo Estado si el independentismo vence.
Para ello ha elaborado un informe jurídico que presentó ayer. La conclusión parece obvia, pero implícitamente supone dejar sellado que Londres se compromete a no introducir trabas posteriores si pierde la votación. En términos políticos, la conclusión es que Londres se siente fuerte y prefiere jugar esta partida con todas las consecuencias. Por contra, para los independentistas escoceses la votación ya supone una victoria -al margen del resultado- en la medida en que constata su derecho a decidir, con reglas de juego claras, y abre totalmente el debate sobre su soberanía.
El ministro británico para Escocia, Michael Moore, dio a conocer ayer este informe, que es solo el primero de varios que el Gobierno Cameron ha encargado sobre las consecuencias legales de la consulta.
El caso irlandés
El documento, a cargo de expertos legales, señala que Escocia se convertirá en un nuevo Estado y añade que lo que quedaría de Gran Bretaña -Inglaterra, Gales y el norte de Irlanda- será considerado «Estado permanente» en virtud del derecho internacional. A partir de ahí, cabe recordar que la Declaración de Downing Street de 1993 -hace ya dos décadas- estableció el derecho de los irlandeses a la reunificación si así lo decidieran.
En este mismo contexto hay que recordar que Sinn Féin también acaba de mover ficha y ha reclamado al Gobierno británico que ponga fecha a un referéndum también en el norte de Irlanda. Martin McGuinness, viceprimer ministro del norte, ha apostado por que sea en torno a 2016. Curiosamente, los unionistas han recogido el guante y son los gobiernos de Londres y Dublín los que se muestran más reacios por ahora. «No hay planes para una consulta», zanja la delegada del Gobierno británico en el norte de Irlanda, Theresa Villiers.
Independencia y autonomía
Volviendo al caso escocés, la apuesta de Londres por clarificar el escenario posterior es remarcada por Moore: «Sin importar de qué lado del debate uno esté, todos reconocemos que esta será una decisión importante, demasiado importante como para hacerlo mal, y por eso es una elección que debemos tomar sobre la base de la evidencia», dijo en Edimburgo, que es donde presentó el documento a la prensa.
En un mensaje dirigido a los soberanistas más tibios, el delegado británico recalcó que la independencia marcaría el fin de la autonomía escocesa, implantada con la llegada de los laboristas en 1999. Moore subrayó que ese estatus ha permitido a Escocia decidir su educación, sanidad o modelo policial.
«La autonomía -agregó Moore- ofrece a nuestro país lo mejor de ambos mundos. Somos una nación fuerte y orgullosa dentro de un país moderno. La independencia le pondrá fin, no será una extensión de la autonomía», advirtió.
El informe ha sido elaborado por el profesor James Crawford, de la Universidad de Cambridge, el profesor Alan Boyle, de la escocesa de Edimburgo, y expertos del Gobierno británico.
El SNP ve «cuasicolonial» el reiterado aviso sobre la UE
El informe incluye otra alusión que no ha gustado nada al SPD, el partido de Alex Salmond que lidera el actual Gobierno autonómico escocés. Los juristas autores sostienen que, como plantea Londres, en caso de convertirse en nuevo Estado, Escocia debería volver a solicitar su entrada en la Unión Europea, en la ONU o en la OTAN. En el caso de la UE, es conocido que no hay precedentes similares, por lo que no existe un protocolo fijo para estos casos.
A ello se aferra también el Estado español para argumentar que naciones como Catalunya quedarían fuera de la Unión si optaran por la independencia y que tendrían que «ponerse a la cola». El informe de Londres se limita a indicar que habría que volver a hacer la tramitación de nuevo. No obstante, el SNP responde que este tipo de argumentos resultan «cuasicoloniales» en la medida en que introducen una discriminación.
Para Nicola Sturgeon, número 2 del SPD, «estas son cuestiones que serán resueltas no por las leyes, sino mediante la negociación y el acuerdo. Que el Gobierno de Reino Unido argumente que Reino Unido será el 'Estado con continuidad' y una Escocia independiente no tendrá esos derechos supone una actitud cuasicolonial para Escocia como nación».
La iniciativa de Alex Salmond en ningún momento contempla que Escocia pueda quedar fuera de la UE; al contrario, garantiza esa permanencia frente al euroescepticismo creciente en Londres. Si ganara el referéndum, Salmond propone culminar la separación en 2016. 



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