martes, 4 de septiembre de 2012

Cronopiando | El Cuento del Vertedero de Azkoitia


El Neoliberalismo Vascongado a cometido crímenes de lesa humanidad, impulsados por la avaricia y amparados en la impunidad, han atentado contra la salud de miles de personas. Lean el más reciente Cronopiando al respecto:

El cuento del vertedero de Azkoitia
Koldo Campos Sagaseta
“Había una vez un enorme y hermoso  vertedero que, plomo sobre plomo y molibdeno, abrió las puertas del pueblo hacia  el progreso…” pudo empezar el cuento que a los vecinos de Azkoitia, en Gipuzkoa,  se les hizo entonces, hace más de 20 años, cuando su ayuntamiento comenzó a  permutar terrenos contaminados que adquiría a empresas de su entorno por otros  terrenos que les vendía para que siguieran depositando sus residuos… “un mágico  vertedero que atraería a la industria y que, además, iba a crear empleo” siguió  contando y mintiendo el cuento.
Y para que mayor fuera el desarrollo y la  prosperidad que se garantizaba de un vertedero capaz de transformar en  beneficios su tóxica inmundicia, fueron depositándose en el mismo toda clase de  letales vertidos, sin control alguno ni tratamiento que resultara efectivo hasta  convertirlo en uno de los vertederos más contaminados del país.
Para que  tampoco se perdiera tiempo ni recursos, durante dos interminables décadas el  Ayuntamiento de Azkoitia, dirigido al igual que el gobierno autonómico por el  Partido Nacionalista Vasco y sus circunstanciales aliados socialistas, junto a  sus afines empresarios, aligeraron trámites, obviaron medidas, diluyeron  responsabilidades, simplificaron tratamientos, silenciaron consecuencias… porque  nada debía perturbar el éxito del vertedero, las sustanciosas comisiones que  desprendía y el colorín colorado de un cuento que, felices y a punto de  perdices, ya sus autores daban por acabado.
El negocio, que fue ampliando el  vertedero Oinartxo-Eginoberri y alentando la instalación de nuevos basureros  tóxicos, no sólo no ha atraido, como se prometiera, industrias que generasen  empleo sino que ha contribuido a la ruina de numerosos caseríos y, sobre todo,  se cierne como una amenaza de imprevisibles consecuencias sobre la vida de todo  el valle que recorre el río Urola.
Hierros Eguino, la principal empresa  responsable de la contaminación causada, se inhibe de sus obligaciones; el  Gobierno Vasco insiste en mirar para otro lado cuando se le requiere que  supervise el caso y obligue a cumplir la ley a las empresas implicadas en lo que  constituye un funesto atentado contra la salud; los distintos alcaldes del  Partido Nacionalista Vasco que se sucedieron en el apestoso negocio siguen sin  querer afrontar sus responsabilidades. Ni siquiera han sido capaces de responder  preguntas tan obvias como, por ejemplo: ¿Por qué llegar a acuerdos con empresas,  practicamente, sin capital e involucradas en no pocos escándalos ambientales,  tanto en el País Vasco como en distintas regiones del Estado español, como Soria  y Aragón? ¿Por qué actuar a espaldas del pueblo que representan? ¿Por qué no  exigir el cabal cumplimiento de los contratos firmados?
En el 2008, el  Ayuntamiento compró a Hierros Eguino las tierras del vertedero a través de  Azkoitia Lantzen, una sociedad privada creada por el propio ayuntamiento. Según  se hizo constar en el documento de compraventa la descontaminación de la tierra  y el tratamiento de los residuos era responsabilidad de Hierros Eguino y tal  labor se tasó en 500 mil euros.
Curiosamente, sólo 8 meses después de firmado el  acuerdo, en el informe técnico de Hirigintza al Gobierno Vasco para obtener la  autorización del cierre del vertedero, el mismo tratamiento ya tenía un coste de  15 millones de euros a desarrollar durante 30 años. Otra pregunta más que el  pasado Ayuntamiento de Azkoitia tampoco ha respondido.
José Luis Zurutuza  Arratibel, administrador de Hierros Eguino, nunca cumplió con sus obligaciones  teniendo que ser Azkoitia Lantzen la que se ocupara del tratamiento de residuos  contratando para esos fines a la empresa Lurkide, que aportaría los equipos  necesarios para hacer posible la recogida de residuos y su tratamiento, y  encargando a la empresa Hirigintza la dirección técnica de esa labor.
El  cuento, sin embargo, no ha acabado. Desde que las urnas rompieran su costumbre  son otras personas y, sobre todo, otros valores, los que han pasado a gobernar  el Ayuntamiento de Azkoitia. Y es por ello que a quienes malversaran el  patrimonio municipal e hipotecaran su futuro, a quienes desde sus empresas  contaminaran el valle y pusieran en grave riesgo la salud del pueblo, a quienes  desde el Gobierno Vasco han condensado en la misma persona e interés “calidad  ambiental” y vertedero… el cuento les tiene reservado otro final, una última y  definitiva página que a los vecinos y vecinas de Azkoitia les corresponde  escribir.
Las instalaciones en las que se trataban y depuraban los residuos, lo denunciaba el 4 de septiembre en rueda de prensa el actual  Ayuntamiento de Azkoitia, ahora gobernado por Bildu, han sido robadas, llegando  incluso los delincuentes a cortar los tubos y, en consecuencia, a que se corra  el riesgo de que los residuos tóxicos lleguen al río Urola.
El nuevo  ayuntamiento, meses atrás, encargó a la empresa Teknimap una serie de catas en  el vertedero que revelaron entre otros gravísimos datos que, por ejemplo, el  índice de molibdeno, producto altamente cancerígeno cuyo máximo permitido es de  0.5, era de 150; el índice de plomo que no debe sobrepasar el 0.5 era de 130; y  el índice de selenio, que no debe exceder el 0.1, era de 4.6.
La delicada  situación, agravada por la impunidad manifiesta con que han venido manejándose  todos los actores de este atentado contra la salud pública, ha llevado al actual  Ayuntamiento de Azkoitia a denunciar el robo de las instalaciones, a demandar a  las empresas involucradas, a exigir del Gobierno Vasco medidas concretas y  urgentes que hagan posible resolver esta situación y, sobre todo, a convocar al  pueblo de Azkoitia el próximo 18 de septiembre a las 7:30 en la Kulturetxea para  que en base a un proceso participativo, con el auxilio del propio ayuntamiento,  pueda ponerse fin a la amenaza que representa el vertedero.
Será entonces  cuando, definitivamente, pueda cerrarse un cuento que nadie debió contar y,  menos aún, impunemente.




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