martes, 30 de septiembre de 2008

Historia y Pueblos Vascos II

Con gusto les presentamos la segunda parte del ensayo histórico de Aitzol Altuna dedicado a los pueblos vascos:

LOS PUEBLO VASCOS AL ENTRAR EN LA HISTORIA

Aitzol Altuna


Los poblamientos en la Edad de los metales


Respecto a la estructura de los poblados de los karietas o karistios al que pertenecerían, por ejemplo, los primeros galdakoztarras de Artxanda o de Aspuru en la sierra del monte Ganguren a la llegada de los romanos, así como de otras gentes, tribus, clanes o mejor pueblos vascos del “saltus vasconum” o zona boscosa de la costa, poco a poco vamos sabiendo más detalles.

Todas las poblaciones estaban situadas en altos estratégicos que controlan la totalidad del valle. Eran poblaciones amuralladas y dentro de las murallas existían lujosas casas sobre suelo labrado, hechas de madera y tierra y en algún caso incluso con vigas de piedra introducidas en el suelo, para recubrir después la casa con plantas y cuernos; contaban con sus hornos de pan y almacenes para el grano, incluso dentro del poblado amurallado se practicaba la agricultura y la ganadería.

En los siglos VI al IV antes de nuestra Era, se introduce la construcción de viviendas de base rectangular que aprovechan mejor el espacio, frente a las redondas anteriores.

Las murallas aparecen al contacto con las invasiones indoeuropeas, como los celtas, que traerían la necesidad de una defensa conjunta del territorio, lo que conllevaría a la estratificación social y a la creación de una clase de guerreros frente a otra agrícola y por tanto de familias dominantes que se constituirán ahora y que perdurarán siglos. Quizás sea el origen de los diferentes pueblos vascos que observaron los romanos.

Además de estas “ciudades” amuralladas o castros, existirían pequeñas comunidades dispersas e incluso se habitarían las cuevas hasta la segunda Edad de Hierro (siglo III a.C.), para pasar entonces a usarse los mismos como grandes almacenes.

Un estudio de Xabier Peñalver, revela la existencia de castros vascos amurallados y prestos para la defensa del territorio siguiendo los grandes ejes de los valles fluviales, en sitios elevados y con el terreno previamente preparado para acoger la posterior edificación.

Estos castros estarían relacionados entre sí (están en altos con una vista natural los unos de los otros), autónomos en recursos naturales, pastoriles (guardaban el ganado dentro de las murallas) y agrícolas (se han hallado todo tipo de cereales propios de la época, dentro y fuera de la muralla), todos ellos en las actuales provincias occidentales de Bizkaia, Gipuzkoa y norte de Alaba, pero también en el norte de Lapurdi, Baja Nabarra y Zuberoa, iguales que los que hacían sus vecinos celtas, astures y cántabros.

Han aparecido de momento 2 de estos castros en el norte de Alaba, 8 en Bizkaia, 8 en Gipuzkoa, 10 en el norte de Lapurdi, 28 en el centro y norte de Baja Navarra y 17 en Zuberoa, éstos en plenos montes Pirineos (aquitanos).

Ya en el interior, en la baskona Alta Navarra, se han hallado 109 ubicaciones, casi siempre próximas a los grandes ríos: el Arga, Aragón, Ebro y Ega.

De la Edad de los Metales, existen en la "recóndita" Gipuzkoa de “gens” o pueblo bardulo (entre el río Deba y el Urumea, por el sur hasta Uda-Trebiño), que se hayan encontrado hasta hoy, 8 castros o ciudades amuralladas. La más antigua de estas ciudades amurallada es la de Buruntza (Andoain), de hace 3.000 años, y la más reciente la de Intxurre (Albiztur-Tolosa), de hace 2.030 y con 1 km de muralla, justo a comienzos de la ocupación romana.

Son castros de entre 1 y 5 ha. de extensión, salvo el de Intxurre que es con mucho el más grande con 17 ha. y donde no hay rastro de celtas, son por tanto vascos nativos con un mantenimiento de la población que venía de antiguo como lo demuestra los extractos de cerámicas encontradas que se remontan al neolítico (5.000 a.C.).

Estos castros tienen muros de dos metros y medio de grosor compuesto de tierra, adobe y piedras y encima un añadido de madera (la técnica se fue perfeccionando), con sus fosos de hasta 2 metros y trincheras.

Por desgracia no existe un estudio tan profundo y completo para Bizkaia, aunque en la necrópolis de Berreaga, entre Mungia-Gamiz-Fika-Zamudio, se han hallado 149 estelas prerromanas completas o fragmentos, todas ellas decoradas con temas geométricos y astrales y con formas trapezoidales (el 90%) o discoideas (el 10% restante).

Esto nos hace pensar en el mayor poblamiento bizkaino prerromano y origen del posterior poder político que surgió del mismo, junto con las poblaciones costeras de la ría de Urdaibai o Gernika, donde serían desplazados por los romanos los habitantes de Berreaga (salida natural del valle hacia la costa, con el cabo Matxitxako, Bermeo, como referencia).

Esta necrópolis y poblado de Berreaga (del 350 a.C. al año 100), es el más importante de los hallados en territorio bizkaino de la Edad de Hierro y de los pocos de Bizkaia, junto a los más pequeños del Poblado de Marueleza (Nabarniz, restos del siglo I a.C.), Santuario de Kosnoaga y Gastiburu (los dos en Gernika-Luno, siglo I a.C.), Cueva de Kobeaga (Ispaster, siglo VII a.C.), Castro de Arrola (Arratzu, habitado desde el siglo III a.C. hasta época romana) y Cueva de Santimamiñe (Kortezubi, siglo VII a.C.): todos ellos en la ría de Gernika.

En Momotio, Garai (cerca de Durango), existe una necrópolis del siglo IV a.C. con tumbas parecidas a las alto medievales reubicadas en Argiñeta (Elorrio).

También serían importantes las cuencas Ibaizabal-Nervión y río Deba, potenciadas en época romana, de donde surgiría Bizkaia en la Alta Edad Media.

"Nos hallamos ante obras realizadas por gentes bien organizadas que han contado con la participación de especialistas y que han elaborado un proyecto de defensa muy definido al que han dado gran importancia y dedicado enorme esfuerzo colectivo para su ejecución. El hallazgo de estas grandes construcciones defensivas, unido al de los restos conservados en el interior de los recintos que delimitan, apunta a que no estamos ante refugios temporales sino más bien, al igual que estaba sucediendo en estas fechas en amplias zonas del continente, ante poblados estables, defendidos con impresionantes medios, y que requerirán de una continuo trabajo de mantenimiento." Xabier Peñalver, "Orígenes".

Los hallazgos de estas ciudades amuralladas preparadas para la defensa del territorio hacen necesario repasar de nuevo todos los libros de historia: a la llegada de los romanos los vascos contábamos con una estructura política consistente en pequeñas ciudades amuralladas en su parte occidental hasta el valle de Leizaran, que permitía una sólida defensa del territorio, comerciábamos con otros pueblos, poseíamos tecnología tan avanzada como en otras partes de Europa.

Es difícil de creer que estas ciudades amuralladas que vivieron libres durante siglos o milenios y que se defendieron de invasiones indoeuropeas anteriores, no ofrecieran resistencia al imperialismo romano.

La economía vasca prerromana

En la Edad de Hierro (500 a.C.), aparecen nuevos progresos como el uso de este metal, el hierro, que desplaza al bronce (ahora usado para hacer adornos), aparece la rueda maciza para el carro con bueyes o comienza el uso del torno para la alfarería.

Estos avances se producen no por la invasión de nuevas gentes (de lo que no hay rastro alguno), sino porque el comercio, que era una actividad muy extendida (se comercializaban los excedentes), daba lugar a contactos con otros pueblos de quienes y, como en la actualidad, se copiaban sus avances tecnológicos.

Así, se han encontrado molinos en forma de barcos, balanzas para el comercio, joyas de vidrio o cerámica para conservar los cereales. Incluso en Intxurre (Tolosa, Gipuzkoa), se ha encontrado un trozo de pulsera y partes de un collar que sólo se elaboraba en Centro-Europa, lo que nos da idea de un comercio trans-fronterizo importante. El comercio con el exterior es también evidente en un brazalete fabricado en Marsella y hallado en Basagain.

Los restos se disparan a partir de la segunda Edad de Hierro y la tecnología metalúrgica demuestra un gran avance.

En cuanto al tipo de economía y explotación del territorio, hay que resaltar que muchos de los pueblos vascos (baskones, autrigones, bardulos y karietas claramente) ocupaban tierras donde se combinaba un fuerte contraste de climas y orografía: todos tenían salida al mar, zona boscosa y grandes llanuras actas para el cultivo del cereal u otros, éstas últimas fueron también zonas de caza donde en verano pastaban grandes manadas de herbívoros, como Trebiño. Por tanto, esta estructura se basa en un comercio interno importante dentro del pueblo, entre los clanes o ciudades amuralladas.

Quizás ésta combinación era la que hacía la economía pastoril de la costa vasca viable, al combinarse con una dependencia del agro del sur, sin olvidar que eran zonas de paso obligatorio para el comercio exterior entre la Península Ibérica y el resto de Europa, tal y como hemos visto.

Los romanos hablan de embarcaciones autóctonas muy precarias que sólo servirían para ríos y para navegar por la costa que completaría la dieta alimenticia.

Por tanto, parecen estructuras económicas y políticas cerradas y completas, no dependientes de otras con las que comerciarían.

Estos hallazgos desmontan por completo las teorías de que los vascos a la llegada de los romanos no practicaran una agricultura intensiva y eran simples pastores trashumantes, pues la agricultura y el comercio entre los vascos se daban hasta en las regiones menos propicias para ello como es Gipuzkoa.

ESTRUCTURACIÓN POLÍTICA DE LA COSTA VASCA

Los pueblos vascos Occidentales

Según Urbano Espinosa, era una “población con niveles de recursos de lotes de aprovechamiento agrícola-ganadero iguales en un territorio de propiedad comunal. Por lo que sabemos, la organización familiar, la estratificación social, el gobierno de grupo, tiene mucho que ver con las comunidades vecinales que han llegado en el campo de la ciencia jurídica hasta la actualidad”.

Eran poblados de pocas hectáreas pero muchos, cercanos y visualmente comunicados (mediante señales de humo, ruido de cuernos o de otros instrumentos etc.), lo que hace suponer que eran unidades sociológicamente completas, poblados estrechamente relacionados entre sí, por cultura e intereses económicos y políticos, que se concretarían en reuniones conjuntas en determinados lugares y fechas, podríamos ver en ellos clanes vascos de hasta segundo grado de parentesco unidos a su vez en pueblos que comparten bosques, pastos y sus frutos.

Hasta hace poco, parte de la idiosincrasia vasca era el Auzolan, es decir el “trabajo vecinal”, por el cual los vecinos se ayudaban a la hora de labrar la tierra o arreglar algún caserío por ejemplo.

Los caudillos, revestidos de “autoridad”, no son reyes que transmitan su poder a sus hijos, sino que son elegidos por una asamblea de ancianos (gerontocracia) en época de guerra, atendiendo a los linajes guerreros más importantes y reunidos bajo robles, tejos o encinas con el beneplácito de la élite “aristocrática”. Zaharren biltzarra: bil+zaharra o batzarra: batu+zaharrak, al estilo de la “gerusia” en la Esparta griega.

La actividad militar será función de una clase social en tiempos de paz, poniendo en pie de guerra a toda la población mediante el llamamiento al apellido en torno a los linajes, igual a los bandos o “banderizos” de la Edad Media.

El pueblo artesano, pastor, pescador, comerciante o agricultor, se unirían al caudillo elegido, soberano en su territorio, para la defensa común en una guerra de guerrillas o con ejércitos bien armados. Como debió de ocurrir en Padura (Arrigorriaga) contra los asturianos, en Gizaburuaga contra los francos y en Orreaga-Roncesvalles contra Carlomagno o contra su hijo Ludovico Pío con Eneko Aritza muchos siglos después para crear el Estado vasco de Navarra.

Los pueblos vascos Orientales, al Este del río Urumea

De una estructura política más potente nos habla la cultura que entre el valle de Leitzaran (frontera baskones y bardulos) y Andorra se creó a los dos lados del Pirineo (baskones y aliados jaccetanos, cerretanos e ilerguetes), donde se han encontrado alrededor de 1.104 crónlech, que por su tipología (círculos de 3 a 6 metros de diámetro, a veces de forma radial) y cronología (1000 a.C. al año 1) no se parecen a ningún otro crónlech del mundo. Se hayan en 413 conjuntos, de los cuales 291 están en Euskal Herria, sobre todo en Alta Navarra y más aún en Baja Navarra en proporción a su territorio.

Además de las consabidas batallas entre romanos y celtas, donde los primeros contaron con la ayuda de los baskones, a la llegada de los romanos en el siglo II a.C., sus cronistas cuentan que en el sur aquitano, en los Pirineos, gobernaba el rey Pisón, citado por Julio César como nieto de un rey aquitano aliado de Roma (Bello Gallico III, 12,4) y que murió luchando junto a Julio César contra los germanos (B.G. IV 12).

La batalla definitiva entre romanos y vascos tuvo lugar en Sos de Albert en el 56 a. C., en la cual Craso (que es el que narra toda la guerra), a la sazón lugarteniente de Julio César, con 6.000 hombres de infantería y una fuerza de caballería importante, fue el vencedor frente al jefe aquitano Adietuanus que se rindió con sus mejores 600 hombres. Existen monedas aquitanas con el nombre "Rex Adietuanus", con una loba en el reverso, símbolo de la conquista romana (la loba que amamantó a Rómulo y Remo, fundadores de Roma). En la batalla Julio César dice que los aquitanos tuvieron la ayuda de los "cántabros", en este caso, se refiere sin duda a otros pueblos vascos del sur de los Pirineos.

Los Estados en un sentido puro (un gobierno permanente y estructurado frente un pueblo que obedece), nacieron probablemente en Asia, allí surgieron los Estados despóticos de Babilonia o el faraónico de Egipto por ejemplo, creados en el neolítico con la agricultura intensiva y grandes poblaciones, se extendieron definitivamente por Europa mucho después, con las polis griegas y Roma.

Pero no fueron el romano o el griego los primeros Estados europeos. Del mismo modo que las grandes pirámides de Egipto nos hablan de grandes civilizaciones y por tanto de Estados (pues sin Estados no hay civilizaciones), los círculos de piedras que conforman Stonehenge o los monumentos de Carnac (Morbihan, Bretaña), nos estarían hablando de estructuras sociales desarrolladas, de clases sociales, religiones con una casta sacerdotal, constructores y beneficiados de esos trabajos, es decir, de los primeros Estados europeos, al igual que estos crónlechs pirenaicos. Clases sociales que darían lugar a crónlech de diferentes tamaños y en lugares considerados mejores o peores, por tanto de sociedades “divididas” en jerarquías.

Con Roma se extendió la escritura a toda Europa y con ella el conocimiento escrito de la historia, así se dejó atrás definitivamente la prehistoria.

En el País Vasco existían sacerdotes y, sobre todo, sacerdotisas, cuyos ritos llegan al siglo XVI con enterramientos en crónlech, siglo en el cual serán perseguidos por la Inquisición hasta su total aniquilación y la desaparición de toda aquella cultura religiosa.

Conclusión

La sociedad vasca prerrománica de la costa hasta el Urumea y hasta el valle de Leizaran, parece constituida al modo de la ibérica del nordeste: ciudades coaligadas, amuralladas en colinas (castros), que forman una red de defensa del territorio junto a otras poblaciones más pequeñas pero algunas también amuralladas, con sus trulli, "kapanagas" o toscas bordas para el día a día (antecedentes del baserri o caserío vasco), con sus torres y atalayas para el control de posibles invasiones.

Al Oeste de Leizaran existía una estructura militar, política y religiosa más potente, tanto al sur de los Pirineos como en la Baskonia continental, llamada por Roma Novempopulania, 9 pueblos (luego 12), que nos idea de esa coalición de ciudades amuralladas o castros, pero sobre todo, con un poder central.

Quizás podamos estar hablando de los primeros Estados vascos.


Este texto ha sido publicado en Osoa, este es el enlace a la primera parte.

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