miércoles, 20 de febrero de 2002

Los Cipayos

En México hemos acuñado el término "malinchista" para la persona que prefiere todo lo extranjero. Los "malinchistas" son víctimas de un acendrado eurocentrismo, sus palabras y acciones tienden a favorecer lo que los extranjeros decidan con respecto a México, aún cuando los efectos puedan ser negativos e inclusive devastadores. Tal vez sea por esto que en México no se use mucho el término "cipayo" al que recurren en otros puntos del orbe, incluida Euskal Herria (zipaio). Pues bien, para mejor entender el término en cuestión les presentamos este texto publicado en La Jornada:

José Steinsleger

El demócrata cipayo

En 1857 tuvo lugar en India una rebelión de la que detestan hablar los maestros de historia "universal": la insurrección de los "cipayos", soldados indios del ejército colonial británico. El diccionario de la Real Academia reconoce la palabra "cipayo" (en persa, "jinete") como sinónimo de "secuaz a sueldo".

Vulgarizado por algunos escritores argentinos de los años de 1930-50, el término aludía a quienes modelaban el país según el canon político-cultural europeo. No se hablaba entonces de "globalización", sino de "progreso" (así como de "civilización" en el siglo XIX). El cipayo sobrevivió.

Más que una ideología, el cipayo revela una mentalidad, una actitud. Idealiza la libertad, pero omite los factores concretos de la explotación. O como decía el mexicano Ignacio Manuel Altamirano: "...para algunos hombres que hacen gala de ser demócratas, la democracia es una camisa de fuerza". Y el cubano José Martí: "...porque les falta el valor a ellos, se lo niegan a los demás..."

Los cipayos son inductores. Mascullan códigos y alientan que los gobiernos se manchen de sangre apoyándose en la deontología de lo que ellos opinan o escriben. V.gr.: el filósofo español Fernando Savater, que ríe y duerme en paz tras insinuar que si el terrorismo mata, al Estado le asiste el derecho de ejercer el suyo. En Los macarras de la moral Serrat canta: "Son la salsa/ de la farsa/ El meollo/ del mal rollo/ La mecha de la sospecha/ La llama de la jindama".

Al cipayo le inquieta la democracia. Pero el más abyecto oportunismo orienta su inteligencia y su vida. Reacio a entender que "...no hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza" (Martí) simula angustiarse por el descrédito de las instituciones. Pero hostiga a presidentes democráticamente electos como Hugo Chávez que (¡horror!)... habla de Bolívar.

Acerca del rol de las oligarquías y el Imperio guarda silencio. "El muro se cayó. No hablemos del pasado", sugiere. El cipayo asegura que odia la intolerancia y la violencia. Pero se desentiende cuando estos flagelos defienden sus intereses. En los pensadores europeos que mal asimila, su posición ecléctica causa pena. Por lo que tampoco puede comunicar lo original que éstos pudiesen ofrecernos.

Cipayismo: marasmo de la inteligencia que igualmente compete a la izquierda aeroestática. Ahí están los de la tercera vía, como Alain Touraine, consultando desde París la bola de cristal en la que aparecen sus fantásticos diagnósticos sobre la democracia latinoamericana.

En 1995, Touraine escribió: "...es sorprendente comprobar el paralelismo que existe entre la evolución política de la Argentina y el proceso que viven otros grandes países occidentales, en los que se produjo lo que se puede definir como una 'revolución liberal'..." (sic, revista Noticias, Buenos Aires, 16/05/95). Agregó: "El caso argentino es paradigmático"...

Vaya que si lo fue. Exactamente, la frankensteinización del liberalismo. ¿Ignoraba el politólogo que el ex gobernante era paradigma de la corrupción y jefe de la mafia política institucional? La grey cipaya ronroneó en derredor. Nada distinto de los tiempos de Regis Debray, aquel ágil y polícromo inspector de revoluciones devenido en "mediólogo" posmoderno.

En otro andarivel, el último número de la revista Letras Libres (LL) es antológico. Azotada por la "frágil" democracia de América Latina, tema al que dedica varios artículos, se incluye el firmado por Tomás Abraham sobre la situación argentina. Una auténtica pieza de sociología tropológica.

Con todo, lo grave de LL es el mapa de "niveles de democracia" elaborado por Freedom House (FH), organización a la que presenta como "no lucrativa y apartidista..." (sic) ¿Existe otra, homónima? Pues la única FH conocida es la que nuclea a uno de los frentes más fanáticos de la derecha estadunidense. En FH medran personajes como Frank Calzón, ex agente especial de la CIA y ex mercenario de organizaciones terroristas cubanas.

Por otro lado, hay intelectuales que a beso limpio auscultan las tripas de lo inmediato. Son los que se cuidan del resorte conductista que los brinca de un pensamiento de moda al siguiente. Son los que advierten que el marketing electoral naufraga siempre en la mentira. Son los que saben por qué gana el político que promete cualquier cosa y el "honesto" que engaña al pueblo.

En su libro La CIA y la guerra fría cultural, investigación de los intelectuales que fueron manipulados por la CIA, la escritora Frances Stonor Saunders concluye demoledoramente: "Con una idea absolutista de la libertad en mente terminaron ofreciendo otra ideología, un 'libertismo' o narcisismo de la libertad, que ponía a la doctrina por encima de la tolerancia de las opiniones heréticas" (Ed. Debate, Madrid, 2001, p. 578).

Mucho resta de ventilar de quienes so pretexto de "ponerse a trabajar ante situaciones nuevas" sugieren que sepultemos la ética legada por los Altamirano, Bolívar, Juárez y Martí. ¿"Situaciones nuevas"? ¿Serán las que nos reservan los "nuevos" responsables para América Latina del Departamento de Estado, de amplio currículum terrorista? En corto... ¿a qué le temen?

En Euskal Herria los cipayos son variados, desde la tibia y pusilánime postura de la dirección de partidos políticos como el PNV y EA hasta el virulento anti vasquismo de Fernando Savater, pasando por un sinfín de ONGs que más parecen grupos de choque del régimen español.

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