¿Les suena aquello de reinserción en un proceso de Desarme, Desmovilización y Reinserción como el que ha atravesado ETA?
Pues bien, el colectivo Harrera se ha dado a la tarea de enfocar sus esfuerzos precisamente en ese componente.
Porque si bien en el pasado lo importante era hacer acompañamiento al colectivo de presos y presas así como a sus familias víctimas de la dispersión y del aislamiento, hoy, lo crucial, es la de llevar ese mismo acompañamiento al retorno al tejido social del cual fueron arrancados durante tantísimos años.
A la luz de lo anterior, les compartimos esta entrevista publicada en Naiz:
«Ahora la solidaridad no es ir lejos, es acompañar a quien ha vuelto»
Maitane Sagastume y Egoitz Koto | Portavoces de Harrera | Harrera celebró este sábado en Durango su asamblea anual, cerca del objetivo de los 5.000 socios pero con la necesidad de seguir avanzando porque la necesidad asistencial «se multiplica». Detallan la situación, miran a largo plazo con propuestas y explican qué hacer «para no dejar solo a nadie».
Ramón Sola¿Qué balance se hace del último ejercicio? Por resumirlo en términos de contabilidad, ¿han crecido más los ‘ingresos’, las nuevas aportaciones, o los ‘gastos’, las nuevas necesidades?
MAITE SAGASTUME: El balance es muy positivo. El año ha sido intenso y se ha intentado y creo que conseguido los objetivos que nos habíamos marcado en 2024. Básicamente para 2025 teníamos dos principales: uno, que la sociedad conociese el trabajo que realiza Harrera y a la vez tejer una red con las entidades sociopolíticas del país, y dos, reforzar todo el trabajo asistencial, que es la misión de Harrera. El refuerzo asistencial se ha concretado en llegar a más personas y ello ha incrementado los gastos. Pero podemos decir que haber dado visibilidad al trabajo que realiza Harrera ha hecho también incrementar los ingresos.
EGOITZ KOTO: Sí, en este momento se están dando muchos movimientos en las prisiones y a Harrera le está tocando buscar trabajos, voluntariados… Y lo teníamos claro, nadie se iba a quedar dentro por no tener una oferta de trabajo o lo que se requiera para salir. Eso ha supuesto mucho trabajo.
Antes, los presos y presas cumplían la condena y salían, ahora se puede empezar a salir antes de terminar la condena pero esas salidas están vinculadas a estudios, trabajos, voluntariados… y es Harrera quien ayuda a encontrar y gestionar todo esto. Así que el volumen de trabajo de Harrera se ha multiplicado, también sus gastos y sus ingresos.
Identifiquemos primero las necesidades: ¿cuántas personas están saliendo de prisión actualmente a la calle cada día y cuántas de ellas necesitan asistencia?
M.S: A día de hoy son 105 presos y presas las que enumera Etxerat. Es importante saber que aunque haya muchos y muchas pisando calle, siguen estando presas. Nos encontramos con amigos y amigas fuera y pensamos, ‘ostras, ya está, askatu dute!’, pero no...
Desde que se les aplica la legislación penitenciaria ordinaria existe una transición antes de llegar a la total libertad, que pasa por el llamado 100.2, que es básicamente que el o la presa sale diariamente por unas cuantas horas a trabajar, estudiar o a hacer un voluntariado. En esta situación hay 20 presos y presas. El tercer grado, un paso más, ya supone poder dormir en el domicilio de jueves a lunes. En esta situación a día de hoy hay 8 presos y presas. Luego tenemos a quienes están con la pulsera, que ya no tienen que volver a prisión; en esta situación hay 37 presos y presas.
A todos y todas ellas está ayudando Harrera. Y a tantos otros que, aun habiendo dejado atrás la cárcel, el exilio o la deportación, siguen necesitando ayuda.
Mencionan que cada una necesita su ‘traje a medida’, pero ¿encontrar vivienda y trabajo sigue siendo lo más difícil, visto el contexto general?
E.K: Para nosotras es básica la idea del traje a medida. Cada persona tiene una situación y unas necesidades particulares y Harrera pone todo su empeño en ayudar a cubrirlas. Las necesidades de la vivienda normalmente están resueltas por las propias familias, pero cuando no es así, el problema suele ser importante. Aun y todo, solemos darle solución apelando a la comunidad.
En cuanto al trabajo, es tan necesario como difícil de conseguir para quien ha pasado más de 20 años en prisión. Intentamos encontrar propuestas de trabajo adecuadas a las particularidades de cada uno.
Harrera dispone hace tiempo de un piso en Donostia y planteaban conseguir alguno más…
M.S: En este momento son tres pisos asistenciales gracias a la generosidad de toda nuestra red. Gracias a esto, quienes salen durante unas horas al día o su residencia familiar está en otro herrialde disponen de un lugar tranquilo donde comer, ducharse o simplemente descansar. Tenemos que darnos cuenta de que no todos los presos y presas que por ejemplo están en Martutene son de Donostia. Estos pisos hacen más llevadero este salir y volver a prisión.
Han comentado varias veces que las pensiones son el gran problema mirando a futuro, al tratarse personas que apenas han cotizado. ¿Aparece alguna solución nueva a la vista?
E.K: Una de las líneas de trabajo que la Asamblea ha dado por buena para 2026 es la de empezar a mirar a largo plazo. Me explico, se trata de un primer estudio para contabilizar a todas las personas que hayan estado más de 5 años en el exilio o en prisión, y cuál es su situación de vulnerabilidad teniendo en cuenta dos vectores: la vivienda y la renta.
Hay mucha gente que por edad no va a poder cotizar los 15 años que se exigen como mínimo y que por eso no puedan cobrar una pensión. También hay quienes han cotizado 15 años pero la pensión contributiva es tan pequeña que no les permite subsistir. Por eso, Harrera necesita disponer de datos certeros que nos permitan saber cuántas personas y en qué cuantía necesitarán ayuda en un futuro.
Por otra parte, tenemos una propuesta por medio de la modificación de la ley de RGI que permitiría a muchos y muchas tener derecho a recibir esta ayuda. Esta propuesta ha sido trasladada a todos los agentes políticos y sindicales en el marco de relaciones que hemos mantenido en 2025.
¿Tiene Harrera algún tipo de colaboración con el Departamento de Justicia de Lakua? ¿Ven sensibilidad hacia esta problemática tras el cambio de manos desde el PNV al PSE?
M.S: Como acabamos de decir, uno de los objetivos del año pasado era el de entablar relación con los partidos, sindicatos… de este país. Esto se ha realizado, es más, han sido invitados a la asamblea general. A todos con los que nos hemos reunido se les ha entregado un dossier en que identificamos dificultades de leyes y posibles modificaciones de decretos. Veremos qué frutos da. Por el momento la acogida y la relación son fluidas.
¿Programas oficiales como Aukerak están funcionando?
M.S: La creación de Aukerak nos parece positiva. Otra cosa es si puede cumplir los objetivos para los que fue creada. A los presos y presas se les exige un contrato de trabajo para acceder al tercer grado. En principio, Aukerak debiera estar en condiciones de posibilitar esos contratos pero, a día de hoy, no tiene esa capacidad.
‘5.000 baietz’ es el objetivo marcado en número de socios, ¿está lejos todavía?
E.K: Se empezó el año con 3.200 y al día de la asamblea hemos llegado a los 4.820 bazkides. ¡A ver si con esta entrevista llegamos a los 5.000! [sonríe]. Es importante que la gente sepa que este colectivo va a seguir necesitando de Harrera durante décadas. Y eso supone que nuestra comunidad, nuestro pueblo, tiene que seguir practicando la solidaridad. Nos tenemos que ayudar y seguir ayudando. Las bazkidetzas se han multiplicado gracias a las presentaciones de Harrera en más de 80 pueblos y barrios a lo largo de 2025.
¿Qué tipo de aportaciones extras reciben? Al principio de Harrera se conocieron algunas donaciones, más recientemente han citado casos de personas que han dado a la asociación la indemnización recibida como víctimas de violencia estatal…
M.S: Este pueblo es solidario, eso se ve en las donaciones, lo estamos palpando. Este 2025 un particular ha donado parte de la venta de una vivienda y nos han dejado otras 3 en herencia. Una de las líneas de trabajo de 2026 será animar e impulsar el tema de las herencias. Hubo una carta en GARA el verano pasado de José Mari Esparza sobre la solidaridad después de una vida de lucha, creo que fue maravillosa y por ello vamos a trabajar en ello, para que aquellas personas que así lo deseen puedan seguir aportando aunque nos dejen.
Han abierto una línea de trabajo con Coiste, ¿por qué y para qué?
M.S: Partimos de situaciones y momentos históricos diferentes. Por tanto, no se trata de equiparar ni de copiar modelos. Dicho esto, Coiste es en Irlanda el equivalente a Harrera en Euskal Herria. Para nosotras es importante compartir experiencias y explorar posibilidades junto a Coiste, redoblar esfuerzos para gestionar mejor la problemática de los presos y presas tras la vuelta a casa.
En la asamblea se ha tratado también una iniciativa conjunta con GEBehatokia ante Naciones Unidas. ¿De qué se trata?
E.K: Basándose en datos aportados por Harrera, GEBehatokia informó a Naciones Unidas sobre las dificultades que deben enfrentar las personas liberadas tras cumplir largas condenas en condiciones extremadamente duras. Se aportó un resumen de las dificultades a las que deben enfrentarse los presos y presas vascas una vez alcanzan la libertad, y el escaso apoyo institucional que pueda facilitar su vida con unos mínimos parámetros de calidad una vez cumplidas condenas, que en muchas ocasiones superan los 20 años.
Tal y como viene a concluirse en el informe de Naciones Unidas, este trabajo debe ser impulsado y promocionado por las administraciones públicas, para poder dar así respuesta a las numerosas y diferentes necesidades de las personas una vez alcanzan su libertad. El hecho de ser mencionados en un informe de tan alto nivel supone un gran espaldarazo al trabajo que realiza Harrera.
¿Con qué argumento animarían a sumarse a Harrera a alguien que tenga posibilidades de ayuda y esté dudando entre varias causas diferentes?
M.S: Durante décadas este pueblo solidario cruzaba los muros cada semana: se han compartido miles de kilómetros, cansancio y dinero para no dejar solo a nadie. Este pueblo solidario ha arrimado el hombro para costear viajes interminables de hijas, amatxus, amigos... que llegaban a las visitas exhaustos pero felices. Ahora la solidaridad no es ir tan lejos, es quedarse cerca. Es acompañar a quien ha vuelto de la cárcel, el exilio o la deportación para reconstruir una vida digna.
E.K: Quienes vuelven de la cárcel, el exilio o la deportación tienen necesidades concretas y este pueblo solidario tampoco les va a dejar solos ahora. Harrera canaliza esa ayuda pero es la gente, la buena gente, la que lo hace posible. Algunos apoyan cediendo viviendas, otras haciéndose bazkides. La cuota mínima son 60 euros anuales, es decir, 5 al mes. Hacerte socia es fácil, rápido y desgrava. Les planteamos que entren en harreraelkartea.eus y desde ahí se hagan bazkides.
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