viernes, 15 de agosto de 2008

Vascófoba de la Semana | Paloma Pedrero

El escrito de Maite Soroa publicado en Gara que les presentamos a continuación expone en toda su magnitud la manera en la que se ve a la cultura vasca en general y al euskera en particular en el estado español. También nos da bases para otorgar el premio a la vascófoba de la semana a su autora, a quien ni el arte ni la cultura teatral le han hecho desprenderse ni siquiera un poco de sus atavismos ultra-españolistas.

Aquí lo tienen:

Maite Soroa

La ignorancia y el alarde

El euskara les trae de cabeza. Hasta el punto de escribir memeces que, por inciertas y patéticas, desnudan el desconocimiento de la realidad que arrastran sus firmantes.

Ayer una columnista, de nombre Paloma Pedrero, nos contaba en «La Razón» una película que no la dirigiría ni Almodóvar: «Hace unos días terminé un taller de escritura teatral en San Sebastián. Ha sido una buena experiencia. Los vascos me han vuelto a demostrar que su dureza inicial es el tránsito hacia una posterior y profunda confianza, calada de inteligencia y nobles sentimientos. Aunque todos ellos, menos una alumna, escribían sus nombres con muchas «tx», por ejemplo Kontxi o Mertxe, todos han escrito sus ejercicios en español».

Según la tal Pedrero, las vascas y los vascos «cuando escriben desde la autenticidad, lo hacen en esta lengua. No obstante, les pregunté si era por delicadeza hacia la profesora. Y no, mis alumnos han escrito en español porque es su mejor forma de expresión escrita, aunque la mayoría de ellos hable habitualmente en euskera». Y ahora empieza lo bueno, la fantasía mora: «Lo más curioso es que en los cafés, una de ellas nos contó que a partir de su matrimonio con un vasco de pura cepa había comenzado a utilizar el vascuence en casa. También con sus hijos, a los que se la habían donado como lengua materna. Después los críos habían estudiado en Ikastolas y, nos comentó con preocupación, tenían serios problemas para manejar el castellano. Problemas serios porque les condicionaba en sus relaciones con el resto del mundo. Me resultó tremendamente valiente que esta alumna se atreviera a confesarnos esa realidad como un conflicto. Me resultó significativo, por otra parte, que el resto de los compañeros no entraran a opinar a fondo sobre la cuestión. El tema quedó aparcado como si prefiriesen no ahondar en él». A buen seguro, la columnista se expresa bien en uno o dos idiomas y la inmensa mayoría de los niños vascos, en tres.

Pero la cumbre del despropósito estaba por pisar: «He leído que el gobierno vasco está preparando planes de estudios en los que van a eliminar el castellano de Euskadi. Lo siento mucho por todos esos niños inteligentes a los que coartarán su comunicación con el mundo. Es una pena, de verdad, que cierren la puerta de esa manera. Se van a quedar mirando a dos palmos de narices». Lo malo sería que a dos palmos estuviera ella.





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