Un blog desde la diáspora y para la diáspora

sábado, 20 de agosto de 2022

Apellidarse Vasco o Navarro

Opinamos que tendrían que haber hecho el mismo ejercicio con el apellido Vizcaíno, pero lo vamos a dejar allí y procedemos a compartirles este artículo de Deia que nos habla de migraciones, vascas y de otras latitudes, que preceden a la necesidad de establecer apellidos como forma de diferenciar a las personas.

Lean por favor:


La mayoría de las personas que se apellidan 'Vasco' vive... en Andalucía

Vasco hay 5.019 personas en España y donde más se encuentran es en Andalucía, 1.562, el 31%, mientras que en la Comunidad Autónoma Vasca solo residen 164

Cientos de miles de españoles llevan en sus apellidos el rastro del origen de sus ancestros y prácticamente todos, como Aragonés, Vasco, Gallego o Catalán, son más numerosos en otras zonas del país, a veces muy lejanas, como ocurre con los Castellano, de los que uno de cada cuatro reside en Canarias.

El trabajo realizado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) permite poner cifras al hecho de que el origen de las personas, bien como gentilicio -Zamorano- o como topónimo -Zamora-, igual que ocurrió con profesiones -Herrero- o características físicas -Moreno-, quedó registrado junto a los nombres cuando se comenzó a inscribir a la población con apellidos.

En el caso de los apellidos toponímicos o gentilicios, la profusión de ellos en regiones o provincias distintas a las aludidas es, en realidad, consecuencia lógica de que Leonés o Toledano solo servían para distinguir a alguien que se encontraba lejos de León o de Toledo.

El gentilicio más común es Navarro, ya que, según el INE, hay 355.514 personas que lo tienen como primer y/o segundo apellido -3.386 tienen los dos-, y donde más hay en número es en Valencia, 82.992 (23%), Andalucía, 68.857 (19%) y Catalunya, 56.171 (16%), en tanto que Navarra solo residen 3.272, menos del 1%.

Por porcentaje sobre la población total, en Albacete son once de cada mil habitantes, en Murcia diez y en Valencia nueve.

 Le sigue Gallego, con 138.712 personas -758 tienen lo tienen en los dos apellidos-, con más residentes en Madrid, 24.637, casi el 18%, mientras que en Galicia solo son 5.817, algo más del 4%. En este caso, son más numerosos respecto a la población de la provincia, entre cuatro y cinco de cada mil, en Zamora, Badajoz y Ciudad Real.

Como curiosidad -y signo de tiempos pasados-, los apellidos son generalmente en masculino y, por ejemplo, Gallega solo hay 230, seiscientas veces menos que Gallego.

Castellano hay 36.110 personas en España -59 tienen los dos apellidos-, más de la mitad de ellos en Canarias, 9.605, el 26 % -el 85% de estos concentrados en Las Palmas, donde son 3,4 de cada mil-, y Andalucía, 9.169, el 25%.

Catalán se apellidan 24.957 personas, de las que 5.493, un 22% del total, viven en la Comunidad Valenciana, en este caso seguidos de cerca por Catalunya, con 5.210 y casi el 21 %; aunque la proporción más alta respecto a la población total se registra en Teruel, donde alcanza 2,5 por cada mil.

Esta diferencia es mayor en el apellido Català, que tienen 16.787 personas en España, de los que 9.846 residen en la Comunidad Valenciana, más del 58 %, mientras que en Cataluña son 4.000, algo menos del 24%.

El apellido Aragonés (o Aragonès, que en la estadística no aparecen diferenciados) identifica a 9.425 personas en todo el país y donde más hay es en Catalunya, 3.016, el 32%, mientras que en Aragón solo residen 277, menos del 3%.

Por porcentaje sobre la población total es en Soria donde son más numerosos, aproximadamente uno de cada mil.

Vasco hay 5.019 personas en España y donde más se encuentran es en Andalucía, 1.562, el 31%, mientras que en la Comunidad Autónoma Vasca solo residen 164, algo más del 3%; y es en Badajoz y Jaén donde son más numerosos respecto a la población provincial, con cerca de 3 por cada 10.000 habitantes.

Valenciano hay 4.830 personas y en la Comunidad Valenciana residen 765, casi el 16 %, aunque son menos que en Madrid, donde viven el 26 % del total; Murciano son 3.656, Andaluz 1.617, Canario 346, Asturiano 306, Manchego 206 y Extremeño 80.

Los topónimos en el caso de regiones son menos corrientes que los gentilicios, como ocurre con Navarra, que hay 1.054, que son 337 veces menos que los Navarro; Galicia, con 1.871, 74 veces menos que los Gallego, o Cataluña, con 782, 53 veces menos que Catalán o Català.

La excepción es Aragón, un apellido que llevan 55.856 españoles, seis veces más que los 9.425 Aragonés o Aragonès.

En cuanto a provincias, son muy numerosos los Soriano, que ascienden a 72.912 personas, de los que casi la mitad viven en la Comunidad Valenciana, 23.266, el 32%, y Catalunya, 11.828, el 16%, mientras en la propia Soria solo hay 170.

Otros apellidos comunes con gentilicios de provincias son Sevillano (15.495), Zamorano (14.409) o Toledano (12.427).

Al contrario de lo que ocurre con la mayoría de las regiones, en muchos casos los topónimos de provincias son más numerosos que los gentilicios, como sucede con Sevilla (33.127), Zamora (51.316) o Toledo (35.189).

Ejemplos extremos de esto son Madrid, con 28.376, frente a Madrileño, con solo 69; o Rioja, con 5.851, mientras que Riojano ni siquiera es recogido por el INE. 




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Egaña | Póker de Espadas

No podía faltar la educada opinión de Iñaki Egaña con respecto a la osadía protagonizada por el monarca borbónico franquista en Colombia.

Adelante con la lectura:


Póker de espadas

Iñaki Egaña

La presencia de los Borbones por tierras americanas siempre deja detalles sobre la naturaleza de la monarquía de origen francés, superviviente en España. En esta ocasión, ha sido el último de la dinastía quien ha puesto su parte correspondiente para mantener esa historia de desencuentros y pataletas. Su padre, huido a Abu Dabi, con permiso policial y al parecer también judicial para regresar y ser adulado por sus serviles de vez en cuando, ya mandó callar Hugo Chávez en cierta ocasión, haciendo uso de galones medievales. Venezuela es independiente de España desde hace dos siglos, aunque a Madrid le costara reconocerla 22 años. Las lecciones de historia que el hoy emérito tomó en el palacio de Miramar donostiarra apenas dejaron mella en su memoria.

Hoy, su hijo ha hecho honor a la dinastía. Ya traía un zurrón bien cargado de pólvora, desde su discurso para amedrentar a los demócratas, cuando en Cataluña ejercieron simbólicamente el derecho a decidir: “Mi compromiso como Rey con la unidad y la permanencia de España”. En esta ocasión, con motivo de la proclama de Gustavo Petro en Colombia. Presidente electo, de izquierdas. Y cuando salió a pasear uno de los símbolos por excelencia de las independencias del continente, una de las espadas del libertador Simón Bolívar, el Borbón hizo “mutis por el foro”. Salió de escena.

Con posterioridad, y con una hipocresía supina, los aduladores del monarca han avalado su posición. Acantonándose en el mantra de que Bolívar y sus ejércitos mataron españoles en las guerras de independencia. Algo que también hicieron, de manera masiva, los Ejércitos de la Corona. Violaciones, tortura, ejecuciones sumariales, desapariciones forzadas… una retahíla de crímenes que ejercieron sobre otros españoles. Porque si no reconocían a los independentistas, sus víctimas eran también españolas.

Estos avales lo han sido más por servilismo carpetovetónico que por argumentación sólida. Un sector militar ha pedido la retirada de todas las estatuas de Bolívar en la Península y pronto llegará el día en que la población vizcaína del mismo nombre será declarada “traidora”, como sucedió con los territorios vascos occidentales durante el franquismo.

La espantada del rey hispano tiene que ver con su no aceptación de los marcos que las clases populares, súbitas en ciertos tramos de la historia, van renovando, en este caso la liberación de antiguas colonias. Por eso, su postura irrespetuosa con el símbolo emancipador tiene muchas semejanzas con su discurso amenazante cuando el referéndum catalán. España debe admitir que ya no es un imperio, que sus colonias ya no lo son y que el proceso de unidad del Estado tiene en la fuerza su valedor principal. Mientras esas negaciones continúen, el déficit democrático será gigantesco.

La explicación de que la espada de Bolívar era un simple objeto, inmerecedor de atención, no cuela. Hace quince años, la Junta de Castilla y León pagó millón y medio de euros por la espada de un personaje más literario que real, aquel que llamaron el Cid Campeador. Se exhibe en Burgos como si fuera un arma bautizada como Tizona, que es falsa al 100%. Fue un capricho de Aznar que ya la había declarado de “interés cultural” unos años antes, a pesar de los informes desfavorables de los peritos. Se trató de un antojo de una de las patas del Trío de la Azores, que de esa manera veía cumplida una fantasía infantil.

La espada falsa había sido vendida por José Ramón Suárez del Otero, con un título medieval relacionado precisamente con la conquista de Nafarroa que ahora cumple medio milenio. Marqués de Falces, otorgado al beamontés Conde de Lerín por apoyar al rey Fernando, llamado el católico. El pasado servil sigue siendo agasajado.

Esta mezquindad hispana puede parecer debida a un cierto retraso intelectual, económico o, si quieren, democrático. Los aires y las ínfulas imperiales, sin embargo, no se miden con esos termómetros. Nuestro Estado vecino hacia el actual norte (según la brújula), participa de idioteces semejantes a las de Madrid. A pesar de ser una República intermitente desde que guillotinaron a Luis Capeto en 1792 (Luis XVI en nomenclatura azul). Por cierto, aquellos Capetos que reinaron en Europa durante siglos únicamente tienen restos de su gloria criminal en dos escenarios, ambos en su rama borbónica, España y Luxemburgo. Una prueba más de que la historia, más lenta de lo deseado, es implacable.

El Museo del Louvre de París, un inmenso almacén en el que se agolpan buena parte de la rapiña de las tropas coloniales francesas a la conquista del planeta, exhibe la espada Joyeuse del emperador Carlomagno. Falsa también, pero con el relumbre de que un museo de su talla, que alberga a la Gioconda o la Victoria de Samotracia, le ofrece. Ese Carolus Magnus, que comprimimos en el diccionario, fue un patán que quiso someter a media Europa, como siglos más tarde lo hicieron Napoleón, Wellington o Hitler. Y nuestra crónica resistente, como la de Amaiur, lo recoge en la gesta de Altobizkar, Orreaga.

Tengo la impresión de que esa fama de nación belicosa nos ha llegado a través de las invasiones vecinas. Que en realidad somos más pacíficos de lo que las crónicas señalan. Si para ellos las espadas fueron uno de sus símbolos guerreros, para nosotros, son parte de nuestro humilde patrimonio nacional. En Amaiur, los voluntarios de Aranzadi encontraron una espada relacionada con el asedio de 1522. Pero no se conoce su propiedad, si de los conquistadores, si de los defensores de la independencia navarra. No importa demasiado.

También son expresiones de nuestro folclore, la ezpata dantza, un baile reverencial, en algunas épocas prohibido. Dicen que la primera prohibición fue nada menos que en Gasteiz en 1486, “para quienes hiciesen danzas de espadas”. Quizás por ello, la capital alavesa se convirtió en el origen, a través de Heraclio Fournier, de un especial juego de naipes, con una rama dedicada a las espadas. Nada bélico, sino lúdico. Así somos.

 

 

 

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viernes, 19 de agosto de 2022

Lugares de Horror Españolista

Damos seguimiento al tema de la así llamada Ley de la Memoria Democrática del estado español con este artículo de Naiz en el que se detallan algunos de los lugares que mejor ponen en relieve el horror del fascismo que tanto ha caracterizado a la derecha española.

Lean por favor:


Gernika y otros enclaves del 36 serán lugares de memoria junto a Ezkaba o La Cumbre

El acuerdo alcanzado por el Gobierno español y EH Bildu en torno a la Ley de Memoria Democrática incluía como lugares de memoria el fuerte de Ezkaba o el palacio de La Cumbre. Asociaciones memorialistas preparan un inventario más completo en el que lógicamente entrará Gernika entre otros.

La villa de Gernika será uno de los nuevos lugares de memoria democrática tras aprobarse la ley en el Congreso de los Diputados el pasado mes de julio, después de un acuerdo entre el Gobierno español y EH Bildu. En un primer momento ya se dieron a conocer algunos de estos sitios de recuerdo, como el fuerte de Ezkaba, escenario de la trágica fuga de 1938, y el palacio de La Cumbre de Donostia, donde actuó el GAL. Pero la lista será ampliada a través de un catálogo que preparan asociaciones memorialistas, familiares de las víctimas, comunidades autónomas...

La nueva norma, que entrará en vigor en septiembre, tras su paso por el Senado y su publicación en el BOE, contempla la creación de un inventario estatal con una finalidad «informativa, conmemorativa y didáctica».

Los nuevos lugares se unirán así a Ezkaba, La Cumbre, el Valle de los Caídos, el Panteón de Hombres Ilustres en Madrid y el Centro Documental de la Memoria Histórica, con sede en Salamanca y en el que se integra el Archivo General de la Guerra Civil, que ya están citados en la ley.

La norma señala que los lugares de memoria democrática serán aquellos espacios, inmuebles, parajes o patrimonios culturales inmateriales donde haya habido hechos de especial relevancia vinculados a la «represión y violencia» sobre la población, como consecuencia de la resistencia al golpe de Estado de julio de 1936, la posterior guerra, la dictadura franquista, el exilio y otras vulneraciones de derechos que llegan hasta 1983.

La competencia para declararlos la tendrá la Secretaría de Estado de Memoria Democrática por iniciativa de la Dirección General relacionada con esta materia o como sugerencia de otras entidades.

El presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), Emilio silva, estima, en declaraciones a EFE, que deben de ser muchos más los lugares de memoria democrática y recuerda que varias comunidades autónomas tienen leyes propias de memoria, donde así los reconocen.

En su opinión, deben figurar los lugares de fusilamiento, los centros de detención ilegal, los campos de concentración franquistas y sus presidios, los lugares de tortura y los de homenaje a las víctimas creados con posterioridad por las autoridades o los familiares.

Así las cosas, pocas dudas advierte esta fuente sobre la inclusión de Gernika, bombardeada por la Legión Cóndor al servicio del franquismo destruyendo la villa y provocando un gran número de víctimas mortales, cifrado según las últimas investigaciones en 1.645 muertos y 889 heridos. El 70% de los edificios quedaron destruidos.

Otros enclaves estatales que propondrán estas asociaciones como lugares de memoria son los siguientes:

La Desbandá

El pasado mes de marzo, la mayoría del Congreso aprobó una iniciativa del PSOE que declaraba como lugar de memoria democrática la carretera de Málaga a Almería en la que se produjo el éxodo de refugiados de la Guerra Civil y la matanza posterior, conocido como la Desbandá.

Sucedió a principios de febrero de 1937, cuando más de 150.000 personas huyeron por carretera hacia Almería, reducto aún republicano, ante la inminente ocupación de Málaga por las tropas franquistas.

Murieron miles de ciudadanos a causa de los bombardeos constantes de la armada y de la aviación militar en una zona en la que la población civil no tenía escapatoria, atrapada en una carretera encajada entre el mar y la montaña.

«Fue una barbarie, un éxodo de 150.000 a 300.000 personas, el mayor en Europa de población civil antes de la Segunda Guerra Mundial», comentó a Efe en febrero el diputado socialista por Almería Indalecio Gutiérrez, uno de los impulsores de la iniciativa, junto a su compañero Ignacio López, de Málaga.

Pueblo viejo de Belchite

El pueblo viejo de Belchite también podría ser declarado como lugar de memoria. Fue el escenario de una de las más cruentas batallas de la guerra y, según los historiadores, murieron unas 5.000 personas en 15 días.

Se inició el 24 de agosto y concluyó el 6 de septiembre de 1937 en el marco de la ofensiva del Ejército Popular sobre Zaragoza, y terminada la guerra, el régimen de Franco decidió no reconstruir el pueblo sino crear uno nuevo al lado, conocido hoy como Belchite nuevo, para lo que utilizó a prisioneros republicanos como mano de obra, unos 1.000 hombres, que se alojaban en un campo de concentración cercano.

Las ruinas del anterior se dejaron intactas como recuerdo de la Guerra Civil y el conjunto se conoce como Pueblo Viejo de Belchite, vallado desde 2013 y en el que solo se admiten visitas guiadas, organizadas por el ayuntamiento.

Plaza de Toros de Badajoz y tapias del Cementerio de San Juan

La plaza de toros de Badajoz y las tapias del cementerio de San Juan de esta ciudad extremeña también podrían formar parte de este catálogo, ya que se calcula que allí, entre la noche del 14 y la mañana del 15 de agosto de 1936, fueron asesinadas entre 1.800 y 4.000 personas, civiles y militares, por el Ejército sublevado.

Constituye uno de los sucesos más controvertidos de la guerra y nunca hubo una investigación oficial, aunque varias asociaciones de derechos humanos los calificaron como crímenes contra la humanidad y se denunció como genocidio en 2007 ante la Audiencia Nacional, denuncia que no prosperó al haber fallecido los máximos responsables de la matanza y ser un delito que no estaba tipificado cuando se cometió.

Esa matanza se conoció en su momento por los corresponsales extranjeros, aunque los oficiales sublevados negaron la masacre y desaparecieron los archivos relacionados con lo sucedido.

Desde 1986, cada 15 de agosto se lleva a cabo en el cementerio viejo de Badajoz un acto de homenaje a las víctimas. Además, la principal avenida de la ciudad lleva el nombre del entonces alcalde, Sinforiano Madroñero, socialista, también ejecutado.

En 2002 se demolió la antigua plaza de toros para levantar el nuevo Palacio de Congresos, donde hay una escultura en recuerdo de las víctimas, y en 2009 el ayuntamiento retapió los antiguos muros del cementerio, alegando motivos urbanísticos y mal estado de los mismos.

Campos de concentración y trabajos forzados

Algunos historiadores afirman que nazis de la Gestapo fueron los organizadores de una red de campos de concentración franquistas, unos 300, especialmente Paul Winzer, su jefe en España y al mando del de Miranda de Ebro, en Burgos.

Otros recintos fueron gestionados, al principio, por batallones de voluntarios de Italia.

En 1938 había en esos campos más de 170.000 prisioneros y, al finalizar la guerra, los presos oscilaban entre 367.000 y 500.000 personas, bajo la supervisión del general Camilo Alonso Vega.

Diez años después del comienzo de la guerra, todavía estaban operativos 137 campos de trabajo y 3 campos de concentración, que albergaban a 30.000 prisioneros políticos.

El último campo de concentración en cerrar fue el de Miranda de Ebro, clausurado en enero de 1947 y por el que llegaron a pasar 65.000 presos republicanos, muchos de ellos fusilados por la noche.

Hasta 1953, hubo un centro de instrucción de reclutas hasta que en 1954 fue derribado. Sobre sus terrenos hoy existen diferentes empresas químicas, restos del lavadero, una caseta de guardia y una placa en recuerdo de los prisioneros.

Además, el régimen de Franco constituyó con los prisioneros batallones de trabajadores para trabajos forzados, que hicieron obras públicas, los emplearon en las minas, reconstruyeron edificios e infraestructuras o trabajaron en obras nuevas.

Así se hicieron el canal del Bajo Guadalquivir, la prisión de Carabanchel, el Valle de los Caídos, el arco de la Victoria en Madrid, la Academia de Infantería de Toledo, el Aeropuerto de Santiago de Compostela o carreteras del Pirineo en Nafarroa.




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miércoles, 17 de agosto de 2022

Ertzaintza Misógina y Pinchazos

Antes de compartir con ustedes este artículo de Naiz vamos a volver a insistir en un hecho inapelable; la Ertzaintza no es una corporación policial vasca, muy al contrario, en realidad constituye un órgano represor español y por lo tanto tiene todas las taras de los cuerpos policíacos españoles con el añadido de la paranoia propia de creerse los encargados de mantener la pax borbónico franquista en "las vascongadas".

Establecido lo anterior, aquí la información:


Rechazan el intento de la Ertzaintza de «criminalizar» al Movimiento Feminista de Algorta

Feministas de Algorta han denunciado que tanto la Ertzaintza como algunos medios de comunicación han intentado «criminalizar» y «poner en el punto de mira» el movimiento feminista.

El Movimiento Feminista de Algorta ha denunciado este miércoles el intento de «criminalización» que han sufrido por parte de la Ertzaintza y de algunos medios de comunicación, quienes, a juicio de las feministas, «han desviado el foco al dejar en segundo plano la lacra social que supone la violencia machista».

El grupo feminista de la localidad ofrecido una rueda de prensa, a la que han acudido varias personas en señal de apoyo, después de que la Ertzaintza acusara a dos integrantes de «obstaculizar» el trabajo de los agentes que se personaron en Portu Zaharra cuando una mujer denunció que la agredieron con un pinchazo en la madrugada del domingo.

Mediante el comunicado que han leído este miércoles por la tarde, han aclarado que dos integrantes del Movimiento Feminista atendieron a la joven agredida y llamaron al 112 para que enviaran al lugar una ambulancia, «como recogía el protocolo de las fiestas preparado en base al protocolo del Gobierno Vasco y de la Ertzaintza», han asegurado. Las dos mujeres también se pusieron en contacto con los progenitores de la agredida cuando supieron que es menor de edad.

Según han explicado, el 112 derivó la llamada a la Ertzaintza. Cuando la agredida, acompañada de una integrante del Movimiento Feminista se disponía a ir donde se encontraba la ambulancia, que no podía acceder a Portu Zaharra, cinco agentes vestidos de paisano –y de los cuales solo uno se identificó como agente municipal– acudieron con una actitud «brusca» y «provocaron tensión» hacia la menor. A pesar de que previamente habían acordado por teléfono con la Ertzaintza que el traslado de la ambulancia se realizaría de una manera «cómoda» y evitando la «revictimización» de la mujer, como pretendían las feministas, «finalmente, llevaron a la chica a la ambulancia haciendo caso omiso de lo que habían acordado y dejando atrás a las compañeras que trabajaron la confianza con ella».

En la rueda de prensa, integrantes del Movimiento Feminista han reclamado que se retiren las denuncias contra sus dos compañeras, que están siendo investigadas por «un posible delito de desobediencia grave», como informó Erkoreka. Además, han advertido que responderán «con firmeza» ante cualquier «intento de criminalización y de poner en el punto de mira» al Movimiento Feminista.

«No permitiremos que se desvíe el foco»

Según la versión de la Ertzaintza, las mujeres que ayudaron a la menor que denunció la agresión «obstaculizaron» el trabajo de los agentes e «impidieron que la joven fuera atendida» por ellos. El consejero de Seguridad de Lakua, Josu Erkoreka, no dudó en apoyar la versión de los policías, ni tampoco algunos medios de comunicación que no contrastaron la información o como ‘El Correo’, que «publicó una noticia basada en mentiras», según el Movimiento Feminista de la localidad vizcaína.

El sindicato Esan, de la Ertzaintza, también aseguró que los puntos morados establecidos en municipios vascos que se encuentran en fiestas, para facilitar información y atención a víctimas de agresiones sexuales, tampoco colaboran con la Ertzaintza y mencionaron expresamente los casos de Donostia y Bilbo. Sin embargo, el alcalde de Donostia, Eneko Goia, y la responsable de fiestas del Gobierno municipal de Bilbo, Itziar Urtasun, desmintieron la supuesta falta de colaboración que denunciaron los agentes.

«No vamos a aceptar que se desvíe el foco y se intente dejar en segundo plano la lacra social que supone la violencia machista», han advertido las feministas en la rueda de prensa.

Concentración en Gernika

Varias personas se han concentrado este miércoles por la tarde en Gernika para denunciar las dos últimas agresiones machistas ocurridas durante las fiestas de la localidad. En concreto, dos mujeres denunciaron haber sufrido pinchazos.

 

 

 

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domingo, 14 de agosto de 2022

Vida y Muerte en un Castillo

Dentro del marco de los actos en conmemoración del quinto centenario de la Batalla de Amaiur desde Naiz traemos a ustedes este interesante reportaje:



En el marco de los 500 años de la liberación y caída de fortalezas como la de Amaiur dentro de la conquista de Nafarroa, el Archivo General acoge una exposición en la que, a través de las piezas arqueológicas, se puede conocer cómo se vivía y moría en los castillos que defendieron el viejo reino.

El pasado día 19 de julio se cumplieron 500 años de la caída de la fortaleza de Amaiur, defendida por 200 navarros frente a las tropas de Carlos V en el marco de la conquista de Nafarroa. Con motivo de este y otros acontecimientos relacionados con esa época, el Archivo General acoge la exposición ‘Guardianes de piedra. Pasado y presente de los castillos de Navarra’, en la que se explica cómo se vivía y moría en esas fortalezas.

Las estructuras defensivas han salpicado la geografía de Nafarroa desde los mismos orígenes de un reino permanentemente amenazado por sus vecinos. Esa circunstancia explica que en el siglo XIV, en el momento de máximo esplendor de estas estructuras, existieran en todo el reino unas 90, aunque la arqueología ha permitido tener noticia de 130 fortificaciones.

Como testimonios de las fortalezas más antiguas, se exponen piezas procedentes de castillos de la época islámica, entre los siglos IX y XI, como una olla de cocina y una taza localizadas en Valtierra o un jarro y un pequeño candil hallados en Tutera.

En los siglos XI y XII, muchos de estos castillos fueron sede de una tenencia, es decir, un pequeño distrito defendido y gobernado por un tenente, ricohombre o barón de la alta nobleza, según se explica en la exposición.

En el siglo XIII, el responsable de las fortalezas era un alcaide, caballero o hidalgo, que prestaba homenaje al rey y, según el Fuero, tenía el deber de defenderla hasta la muerte. Por esa función, recibía un salario anual en dinero y trigo que se pagaba en los meses de febrero y agosto.

Estas estructuras contaban con una guarnición que, en tiempos de guerra, llegaba a ser de entre 10 y 20 hombres, aunque en las más destacadas podían alcanzar los 50 o incluso más. Para poder resistir un asedio y alimentar a las personas que albergaran en su interior, en las fortalezas se contaban con unos almacenes con arcas de trigo o harina, cubas de vino y aceite, y otros víveres, como carne, tocino salado y también pescado seco.

Cráneo perforado por una ballesta. En lo que respecta al armamento, el más habitual eran las ballestas, aunque algunos castillos contaban con máquinas de guerra y desde finales del siglo XIV, incluso con cañones. En la exposición se pueden ver elementos de protección personal como un casco y gorjal de armadura, además de refuerzos de metal para escudos del siglo XV, localizados en el desolado de Rada. En Irulegi fueron encontradas unas placas de armadura con decoración también del siglo XV.

Asimismo, se pueden contemplar armas como espadas, puntas de flecha, de ballesta y de lanza y abrojos de hierro localizados en las excavaciones de Amaiur e Irulegi. Junto a ellas, aparecen de forma muy elocuente los efectos de la guerra y cómo se llegaba a morir en un castillo, con un cráneo con perforaciones por proyectil de ballesta encontrado en el castillo de Tiebas.

Entre sus recios muros, se desarrollaba una vida cotidiana en la que, en la cocina, se empleaban vajillas vidriadas, especialmente entre los siglos XIV y XV, una gran sartén o un plato de sal que figuran en la muestra, al igual que un cubo localizado en el aljibe del castillo de Amaiur.

En el atuendo de las personas que vivían en ellas, eran habituales los correajes y cinturones con decoraciones, además de colgantes y anillos de bronce. Para ocupar el ocio, se recurría al juego, como los dados y el alquerque (un damero), y no faltaba la música.

En lo que respecta a la actividad económica que albergaban, destaca la importancia de la forja de hierro para construir elementos como cerraduras o herrajes, además de la cría de ganado, la agricultura (se pueden ver una podadera de Irulegi y una azadilla, una paleta y un hacha de Rada) y de la cantería y la albañilería para realizar reparaciones.
Estas últimas solían correr a cargo de maestros canteros o carpinteros de la propia villa o de la comarca. Se realizaban tras la visita de los comisarios, que ordenaban las más urgentes, y antes de acometerlas, se ajustaba el precio y los trabajos a llevar a cabo. Las reparaciones se pagaban con cargo a la merindad donde se encontraba la fortaleza.
Los vecinos de la zona contribuían en esos trabajos mediante el peonaje y el acarreo de materiales, lo que, en tiempos de guerra, les daba derecho a refugiarse en el castillo con sus ganados, provisiones y unos pocos enseres, según se detalla en los paneles informativos de la muestra.

Pero la función defensiva no era la única que realizaban las fortalezas, ya que también eran prisión de malhechores. Los alcaides se encargaban de la custodia y la detención de los presos, que eran encerrados en una mazmorra o calabozo, por lo general subterráneo, cargados de grilletes y cadenas.

Además, los más destacados, como los de Tutera, Tiebas y Lizarra, llegaron a albergar el archivo real y el de la tesorería. E incluso alojaron las Cortes de Nafarroa. Para conocer cómo era en el siglo XIII uno de los más importantes, el Castillo Mayor de Lizarra, se puede contemplar la maqueta cedida por el Centro de Estudios Tierra Estella.

Con la conquista del reino en el siglo XVI, tuvo lugar la destrucción de la mayor parte de las fortalezas, su abandono y, en algunos casos, su reutilización, como evidencian los proyectiles de los siglos XVIII y XIX localizados en Tutera o Uharte.

Recuperación, investigación y divulgación

Tras analizar cómo era la vida y la muerte en las fortalezas, ‘Guardianes de piedra. Pasado y presente de los castillos de Navarra’ aborda en un segundo bloque temático el proceso de recuperación arqueológica, de investigación y divulgación de este patrimonio.

En el mismo se explica cómo, aunque los trabajos hunden sus raíces en el siglo XIX, en las últimas décadas del siglo XX, la Edad Media comenzó a tratarse desde una práctica arqueológica moderna, con intervenciones en lugares como Rada, Tutera, Peñaflor, Tiebas o Martzilla.

Entrando ya en el siglo XXI, se pone en valor que, además del propio Gobierno de Nafarroa, las entidades locales han promovido intervenciones arqueológicas en castillos ubicados en su término para poner sus restos en valor para emplearlos como reclamo cultural, turístico y didáctico.

De hecho, esos trabajos han permitido localizar las piezas arqueológicas de la muestra, procedentes en su totalidad de los equipamientos culturales del Ejecutivo navarro, como son el Archivo General y el Almacén de Arqueología.

Todas estas visiones sobre los castillos de Nafarroa son las que ofrece la exposición, que se puede visitar hasta el 2 de octubre en horario de 10.00 a 14.00 horas y de 17.00 a 20.00, incluidos fines de semana y festivos.

 

 

 

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sábado, 13 de agosto de 2022

Subh la Vascona

Este reportaje histórico que traemos a ustedes desde las páginas de El Nacional le puede causar un infarto cerebral a más de un españolista. No olvidemos que en 778, los vascos musulmanes de Banu Qasi contribuyeron en la Batalla de Orreaga a la creación del primer estado vascón, el Reino de Pamplona, precursor del Reino de Navarra.

Sin mayores preámbulos, aquí lo tienen:


Aurora, la esclava vasca que gobernó al califato de Córdoba

Aurora, renombrada Subh al-Baskunsiyya (Subh la vasca) fue la única mujer que gobernó al califato andalusí

Marc Pons

Córdoba, capital del califato de Al-Ándalus, hacia el 950. Hace casi once siglos. En una de las múltiples expediciones andalusíes de castigo contra las regiones extremas del emergente reino de Navarra (actuales Ribera de Navarra y Álava), el ejército del califa Al-Hakim II devastaba el territorio y capturaba centenares de prisioneros cristianos que acabarían en los cadalsos de los mercados de esclavos del sur peninsular. Entre estos cautivos había una niña, de unos diez años de edad, que viviría una historia muy diferente. Aurora, renombrada Subh, no fue una esclava más. Por alguna razón, que las fuentes atribuyen a su extraordinaria belleza, Subh-Aurora creció en el harén del califa. Y por alguna razón, que las mismas fuentes atribuyen a su inteligencia, se convirtió en la favorita del califa, en la madre del sucesor y en la mujer más poderosa del califato andalusí.

¿De dónde procedía Subh-Aurora?

Las fuentes documentales de la época son muy confusas, pero los escasos datos que hacen referencia a Subh-Aurora son bastante evidentes. Era una niña nacida y criada en alguna aldea de campesinos y ganaderos del sur o del oeste del reino de Navarra que, un día inesperado, vio como su vida cambiaba radicalmente. Subh-Aurora fue capturada y forzada a una larga y penosa deportación; y es muy probable que, después de aquel hecho, no hubiera tenido nunca más contacto con la gente que habían formado parte de su niñez. Sin embargo, según las fuentes, su piel blanca y pecosa, su larga cabellera rubia y sus ojos claros llamaron la atención de alguien que se la llevó al harén del califa. En este punto, es importante destacar que el patrón de belleza física de la cultura árabe de la época (tanto en mujeres como en hombres) coincidía con estos rasgos.

La favorita del califa

Durante los doce años que separaban su ingreso en el harén (como una niña cautiva) de parte del heredero (como primera esposa del califa) Subh no desperdició la tradición formativa de la Medina andalusí (el palacio real) que instruía a las esposas del califa en materias tan diversas como la jurisprudencia, las artes y la religión. Durante aquellos doce años que separaban las edades de una niña y de una mujer, la esclava Subh hizo un cuidadoso despliegue de todos sus dotes intelectuales que, sumados a la belleza física, lo acercarían progresivamente al califa hasta que cautivaría a su captor y se convertiría en el personaje más poderoso del harén. Subh culminaría su carrera al parir Abd-el-Rahman (962) e Hixam (965); hijos macho del califa y llamados —por lo menos el primogénito— a sucederlo. Una carrera claramente marcada por la estrategia personal.

Subh y Almansur

Pero la plenitud de Subh no llegaría hasta su viudedad. El 1 de octubre del 976, el califa Al-Hakem moría a la edad de 61 años. Abd-el-Rahman, el heredero, había muerto poco antes (974); pero Hixam, el segundo, garantizaba la continuidad de la estirpe, y sobre todo la posición de la madre, que conservaría el título de "Umm Walad" (madre del heredero). En aquellas circunstancias (Hixam solo tenía 11 años y la cancillería cordobesa presionaba Subh para nombrar a un regente), la viuda del califa habría podido desaparecer engullida por la voracidad del poder. Pero lejos de sucumbir, Subh buscó a un personaje con un perfil muy concreto, capaz de desafiar a los poderosos cancilleres de la Medina y dispuesto a apuntalarla en el poder. Y lo encontró en Al-Mansur, un funcionario joven y ambicioso que no tenía ninguna relación familiar ni clientelar con el poder cordobés.

La califa Subh

Subh y Al-Mansur se convirtieron en un tándem invencible. Subh se deshizo de su condición esclava y algunas investigaciones modernas apuntan la posibilidad de que su relación con Al-Mansur trascendiera aquello político y se instalara en el terreno sentimental. Umm Walad y el exitoso primer ministro —nombrado, posteriormente, generalísimo del ejército cordobés— ejercieron el poder, de facto, hasta más allá de la mayoría de edad de Hixam II. Fue, sorprendentemente, durante el "califato" de Subh al-Baskunsiya (Subh la vasca), que Al-Mansur dirigió las expediciones más devastadoras que nunca habían sufrido los dominios cristianos del norte peninsular. En el año 985, el ejército de Subh y Al-Mansur arrasó la ciudad y el condado de Barcelona, y capturó a miles de cautivos que nunca más retornaron a sus casas y a sus pueblos.

Subh y el principio del fin

Subh fue la única mujer de la historia que gobernó Al-Ándalus. Y se puede decir que el califato de Subh coincide con la etapa de plenitud del estado andalusí. Nunca antes, el reino Omeya había sido tan poderoso, y nunca lo volvería a ser. De hecho, la devastadora expedición contra Barcelona quería ser una demostración de fuerza para atemorizar a los disidentes del gobierno de la viuda. Pero la arquitectura de aquel régimen era tan personalista que, con la desaparición de Subh (999) y Al-Mansur (1002), el califato iniciaría el camino de su desintegración. Tres décadas después (1036), Hixam III, nieto de Subh, huía de Córdoba amenazado por los disidentes y se refugiaba en Lleida (en el extremo norte del califato). Su desaparición; exiliado en un rincón alejado del poder central, pondría punto y final al califato andalusí y marcaría el inicio de la historia de los reinos de taifas.

 

 

 

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El Insulto Borbónico Franquista

Se tomó un autor vasco para poner en verdadero contexto el despropósito perpetrado por Felipe Borbón y Franco hace un par de días en Colombia.

Lean su artículo de opinión publicado en La Jornada:


La tranquilidad de un Borbón sentado

Beñat Zaldua

Qué decir de nuevo de la Casa de los Borbones, más allá de confesar la envidia a quienes ya se la quitaron de encima hace dos siglos. Otros seguimos en el empeño, pero no hay manera. Y la culpa no es de la realeza, que lo ha puesto en bandeja una y otra vez, sino de dos concepciones aliadas de España, la de quienes la quieren monárquica y la de quienes no se atreven a soñarla republicana. Porque hablar de república en el Estado español no es hablar asépticamente de un tipo de modelo de Estado. Hacerlo obliga a revisar los cimientos sobre los que se saltó de la noche a la mañana de una dictadura a un régimen pretendidamente democrático, que asumió sin preguntar una mochila que aún pesa.

La celeridad del salto la explica como nadie el querido August Gil Matamala, al recordar cómo el Tribunal de Orden Público franquista mutó de un día a otro en Audiencia Nacional democrática, con los mismos jueces, los mismos fiscales, la misma policía y los mismos ujieres. Funcionó igual arriba que abajo. Si en la base no cambió ni el guarda jurado, en la cúspide se mantuvo al monarca designado directamente por el propio dictador.

Así lo elevó a ley suprema la Constitución de 1978, que cabe recordar que la mayoría de vascos rechazó. En su artículo 2 establece "la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible"; en su artículo 8 sitúa a las fuerzas armadas como garante de la "integridad territorial", y en su artículo 62 otorga al rey "el mando supremo de las fuerzas armadas". Así, por arte de birlibirloque, la democracia española emerge negando la decisión a los pueblos que la habitan y entrega su custodia a un ejército comandado por un señor cuyo único mérito es ser hijo de su padre.

La transición española fue un embrujo colectivo fenomenal que convirtió a franquistas en demócratas y a repúblicanos en juancarlistas. Ese fue uno de los mantras que se repitieron durante décadas en el PSOE: "yo no soy monárquico, soy juancarlista". Ahora pocos se dicen felipistas, pero menos aún republicanos.

Porque con todo y todo, hay un abismo entre el momento político en el que emerge Juan Carlos I y en el que lo hace su hijo Felipe. En ese precipicio cabe la involución que avanza en España. El mito fundacional del reinado del primero fue el golpe de Estado del 23F, cuando emergió como garante del naciente sistema representativo. Sigue habiendo más sombras que luces sobre aquel episodio –todo seguirá siendo secreto hasta 2046, gracias a la nueva Ley de Secretos Oficiales–, pero el hecho es que el relato oficial –que no tiene por qué ser la verdad– nos habla de Juan Carlos I como el salvador de la transición a la democracia. El mito fundacional del reinado de su hijo, por contra, es el discurso del 3 de octubre de 2017, en el que se erigió en garante de la unidad de España y se prestó a hacer todo aquello que fuera necesario para frenar el ánimo independentista de Cataluña, que dos días antes había votado sobre la independencia en un masivo y extraordinario ejercicio democrático de desobediencia civil.

Es decir, lo que España se cuenta a sí misma es que Juan Carlos I salvó la democracia española y que Felipe VI salvó a España de la democracia, en este caso catalana. Hay un abismo entre ambos mitos fundacionales, y cabe no olvidar que lo que uno cuenta sobre sí mismo concuerda siempre con la imagen que desea ver de vuelta en el espejo.

En los años duros del conflicto vasco siempre se dijo que sin armas todo era negociable, incluso la independencia. La realidad ha demostrado, en Cataluña, que no todo es negociable, y que la democracia es algo sacrificable si el bien a preservar es la unidad española. El embrujo de Juan Carlos I da paso así a la cruda realidad de Felipe VI. Ya no es necesario el hechizo, España vuelve a gustarse monárquica y autoritaria. Vox era impensable hace 30 años. En esa involución radica la fuerza gravitatoria que mantuvo a Felipe de Borbón sentado en la silla durante la investidura de Gustavo Petro en Colombia, mientras la espada de Bolívar le recordaba los fracasos de sus antepasados.

Que fue un error diplomático lo demuestra el intento de enmienda que los medios españoles han protagonizado alegando que el monarca sí se levantó cuando la espada fue retirada. Pero que nadie se lleve a engaño, la polémica real sobre el caso en España ha sido nula. A más de un tercio de los españoles les pareció bien que no se levantase, y a más de otro tercio le pareció irrelevante. Este es el drama para el menguado tercio restante, cuyo sueño republicano duerme el sueño de los justos. La república española de los años 30 no llegó tanto por los esfuerzos antimonárquicos, sino por el empeño de la corona. Es famosa la frase atribuida a Valle Inclán que dice que a Alfonso XIII no lo echaron por rey, sino por ladrón. Ese peligro se conjuró en este siglo con la abdicación exprés de Juan Carlos –conducida, dicho sea de paso, por un gobierno del PSOE–. La única manera de librarse de un Borbón para siempre, bien lo sabía Bolívar, es soltar amarras de España.

 

 

 

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"La Orden de la Espada"

Con respecto a la espada del libertador Simón Bolivar, esa ante la que no se levantó el monarca borbónico franquista Felipe, desde La Jornada traemos a ustedes algunas precisiones, entre las que se destapa esa vena misógina que tanto caracterizó a la izquierda latinoamericana el siglo pasado y que el autor pudo haber obviado, datándose al no hacerlo.

Adelante con la lectura:


La espada de Bolívar

Fabrizio Mejía Madrid

Tras la toma de protesta de Gustavo Petro como presidente de Colombia, leí distintas críticas a su decisión de ordenar devolver al pueblo la espada de Bolívar que su organización política, el M-19, había decidido extraer hace casi medio siglo. De los oligarcas, leí que los guerrilleros habían "robado una pieza del patrimonio nacional", que eran terroristas, y que Petro se preparaba –desde el primer día de asunción– para perpetuarse en una dictadura. De los liberales leí que no se podía llamar a la paz y a un acuerdo nacional si se usaba como símbolo un arma. De los monárquicos, que el rey de España no tenía por qué levantarse de su silla al ver pasar una espada "que era del dictador Simón Bolívar". Algunas feministas criticaron el carácter "fálico" de quien tiene una vicepresidenta afroamericana y que anunció un plan contra la violencia a las mujeres. Me parece que, quien ignora la historia de la espada de Bolívar, cae con facilidad en una incomprensión presentista. No es la espada. Es lo que significa hoy para los colombianos. Esta es su historia.

La idea de sacar de su letargo la espada de Bolívar en Colombia y "devolverla a la lucha" provino del ejemplo de los Tupamaros que habían expropiado la bandera del libertador de Uruguay, José Artigas. Fue un 16 de julio de 1969. En Colombia, entre el 14 y el 17 de enero de 1974, Jaime Bateman y Luis Otero Cifuentes pagan unos anuncios publicitarios en El Tiempo de Bogotá con un mensaje que parece de una medicina: “¿Parásitos… gusanos?… espere, M-19.” La última inserción pagada en el diario coincide con la extracción de la espada de la Quinta Bolívar a la hora del cierre, a las cinco de la tarde. Al tomarla, El Turco, Álvaro Fayad se sorprende de lo pequeña que es ya en su mano, en comparación a cómo la imaginaba. Antes de llevársela, deja un mensaje: "Bolívar no ha muerto. Su espada rompe las telarañas del museo y se lanza a los combates del presente. Pasa a nuestras manos. Y apunta ahora a los explotadores del pueblo". Fue el nacimiento del M-19, una guerrilla bolivariana, anti-imperia-lista, pero no necesariamente marxista ni guevarista. Bateman y Otero habían pertenecido al Partido Comunista colombiano, pero se habían salido. De hecho ellos se decían, más bien, "comuneros". Al tomar la espada de Bolívar y retenerla durante 17 años, sin que la policía pudiera jamás reapropiársela, el M-19 la regresó al espacio popular: primero estuvo "donde unas putas", envuelta en una jerga; luego, estuvo guardada por el casi octogenario poeta León Grieff, en su casa del barrio de Santa Fe, en carrera 16-A, número 23-35. Grieff era un personaje del "gótico tropical", del "vanguardismo académico", que decía de sí mismo que su estado civil era "casado, bígamo y trigémino" y que: Porque me ven la barba y el pelo y la alta pipa / dicen que soy poeta… cuando no / porque iluso /suelo rimar –en verso de contorno difuso– /mi viaje byroniano por las vegas de Zipa. Con él estuvo la espada de Bolívar hasta 1976, año en que el poeta murió:

–¿Sufre mucho, don León?–, le pregunta una comandante de la guerrilla.

–Sufre mucho el hombre hace 2 mil años.

Después del 23 de abril de 1976, la espada pasa a ser el fondo de un sofá que se construye en torno a ella. Sobre ella se sienta a escribir otro viejo poeta, Luis Vidales: Este solar de tierra de Colombia nos duele / con un dolor de aquellos que no es grito ni grita (…) Usamos este amor para tomar fuerza en la vida, / porque no hay mayor belleza que la utilización de las cosas. / Lo usamos como se ama la aparición del día / y porque no le estamos pidiendo explicación a la aurora.

Vidales había dirigido el Partido Comunista colombiano entre 1932 y 34 pero se alejó decepcionado de su dogmatismo para apoyar con el periódico Jornada al candidato Jorge Eliécer Gaitán. Cuando el líder es asesinado aquel 9 de abril de 1948, Vidales escribe, al día siguiente: "¡Se les cayó el muerto encima! Era pesado el cadáver, y cayó como el inmenso cedro, dejando un gran boquete en la selva." El boquete se haría más y más grande, con una violencia que duraría casi medio siglo. Vidales entra en la clandestinidad para seguir publicando pero termina por exiliarse durante 11 años en Chile, después de que un militar de apellido Huerta lo lleva vendado a una mazmorra militar para interrogarlo sobre la espada.

A inicios de 1979, recuperar la espada se convierte en una prioridad de la contrainsurgencia colombiana. Torturado, el dirigente del M-19, Cali Iván Marino Ospina, les relata el mito que el ejército cree a medias: que la fraguaron en un bloque de cemento y la tiraron al río Magdalena, es decir, al caudal que cruza todo el país de sur a norte. No es así: envaselinada, envuelta en estopa con alquitrán –para evadir el olfato de algún perro policía–, es llevada por los dirigentes del M-19, en un Renault fuera de Bogotá. Bateman, El Turco Fayad, y Carlos Toledo Plata, el "médico del pueblo", se toman una sesión fotográfica con ella. Pero la represión que se viene contra los civiles que la han cuidado, que incluye a un político prominente en su jardín, decide a los guerrilleros a sacarla del país para esconderla en Cuba. Por eso la enigmática frase de Navarro Wolf: "Sabemos llegar a ella, pero no dónde está". Como instrumento simbólico, y tras el desastre de la toma del Palacio de Justicia por parte del M-19, los comandantes deciden que debe estar en la patria de Bolívar, es decir, por toda América Latina. Hacen 12 copias y las reparten por todo el continente: a México llega para el obispo de Cuernavaca, Sergio Méndez Arceo; a Argentina con las Madres de la Plaza de Mayo; a Panamá con la familia de Omar Torrijos. Mario Benedetti y Eduardo Galeano no la reciben, aunque están en la lista de lo que se llamó "la Orden de la espada", que incluía un pergamino, la idea de unos centros culturales, y una promesa que no alcanzan a ver los que creen que es un objeto "robado" o un "falo patriarcal" o símbolo de guerra.

No lo es: regresa la espada a Colombia cuando el M-19 decide deponer las armas y hacerse partido político. El último día de enero de 1991 queda resguardada en el banco de la República, por órdenes del presidente César Gaviria. La entrada del movimiento armado a la vida político-electoral se firma junto con una Constitución que incorpora los derechos sociales en ese año. Es la Constitución de la que Petro leyó el primer artículo en su toma de posesión, porque nunca se aplicó.

La espada es disidencia de izquierdas, poetas comprometidos, signo de los latinoamericanos, ofrenda de paz y derechos. Pero hay que conocer su viaje para poder empuñarla.

 

 

 

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El 'Arriaga Leku' Amenazado

Atención a lo que denuncia Iñaki Uriarte mediante este artículo en Naiz:


Arriaga Leku: Euterpe, espacio y expolio

El 13 de agosto de 1933, hace 89 años, se inauguró en el Parque de Bilbao el monumento de homenaje al músico Juan Crisóstomo Arriaga (1806-1826), una interpretación en modo evocativo con la escultura de la musa Euterpe (divinidad griega de la armonía musical), obra de ‘Paco Durrio’ (1868-1940).

Iñaki Uriarte

El monumento al compositor vasco fue retirado del Parque de Bilbao en 1946, al ser sustituido por el dedicado a Casilda de Iturrizar, antes emplazado en la Plaza Elíptica, que con su nominación pasaría desde entonces a ser conocido este recinto de la Villa.

Un año antes, en 1945, se había emplazado en su parte más próxima al Ensanche el Museo de Bellas Artes, cuyos autores, los arquitectos Fernando Urrutia y Gonzalo Cárdenas, proyectaron un edificio en forma de ‘L’ cuyas fachadas traseras propiciaban un ángulo interno abierto. Con objeto de que tuviera una caracterización paisajístia en sintonía con el resto del parque y para enfatizar este rincón arquitectónico, se propuso un recurso compositivo habitual: un estanque rectangular.

Dicho monumento, sin duda uno de los más bellos y de más calidad de Euskal Herria, compuesto por la escultura y un basamento, se situó en el estanque, constituyendo el conjunto un espacio público sublime.. La escultura de Euterpe, su basamento y el estanque constituyen un armónico, único e inseparable espacio monumental. Pertenecen y definen un lugar que podríamos denominar Arriaga Leku.

Ante la manipulación prevista en este espacio por el proyecto de Ampliación y Reforma del Museo de Bellas Artes, ‘Agravitas’ de Norman Foster&Partners y Luis María Uriarte Arkitektura, en realidad de deformación del Museo y su entorno, es adecuada una reflexión y denuncia pública.

El proyecto consiste en una gigantesca construcción rectangular que se sobrepone asimétrica y desproporcionadamente sobre el edificio histórico del Museo con un voladizo de 15 metros sobre un lado del parque. Por su otro extremo, lado este, cubre y cierra completamente con una enorme fachada acristalada de 45,50 metros de anchura y 10,87 de altura el descrito Espacio Arriaga. Un lugar de permanente libre acceso.

El objetivo es convertir este espacio en una sala del Museo, es decir privándolo de su histórico carácter de recogido rincón de uso ciudadano  al aire libre como el resto del parque. Para acceder a este lugar se debería rasgar parte de la fachada trasera y encerrar dentro de este recinto un 64% de la misma de un edificio protegido al máximo nivel. Una mutilación perceptiva, visual, impresentable.

Fundamentos legales

Este espacio constituye el entorno del Museo que goza, lógicamente, de la misma protección que el edificio. A su vez, el Museo figura desde que se catalogó por el Estado (Decreto 474/1962) en el Registro de Bienes Inmuebles del Ministerio de Cultura y obviamente en el registro del Gobierno Vasco.

En el Registro de la Propiedad de Bilbao Número 2, el Museo es solamente el edificio. Y lo mismo figura en el documento Consulta Descriptiva y Gráfica de Datos Catastrales Bienes Inmuebles de la Diputación.

En cuanto al monumento a Arriaga, este despropósito supone adueñarse de un bien cultural de propiedad municipal, y por tanto social, catalogado al máximo nivel e incluido en el Inventario Municipal de Bienes y Derechos del Ayuntamiento de Bilbao (Muebles de carácter Histórico-Artístico o de considerable valor económico con nº de Registro 320800000048). Asimismo, el monumento está singularmente catalogado en el Plan General en su máximo nivel, el A.

Dada la manifiesta y escandalosa negligencia, sino delincuencia cultural, ante este atentado al patrimonio consentido y aprobado por el Departamento de Cultura del Gobierno Vasco, con la complicidad de la Diputación de Bizkaia, quien debe autorizar el proyecto (Ley 6/2019 de Patrimonio Cultural Vasco, art. 3.3 b), no hay otra alternativa  que acudir a la legislación estatal que es competente tal como señala el artículo 149.1.28ª y 149.2 de la Constitución.

De igual modo la Ley 16/1985, de Patrimonio Histórico Español establece en su artículo 4: «A los efectos de la presente Ley se entiende por expoliación toda acción u omisión que ponga en peligro de pérdida o destrucción todos o algunos de los valores de los bienes que integran…».

Por todo ello se ha presentado denuncia ante la Fiscalía de Medio Ambiente, Urbanismo y Patrimonio Histórico, la competente ante delitos contra el patrimonio, la del Estado y la Provincial de Bizkaia, así como ante el Juzgado de Instrucción, al que se ha solicitado la anulación y, como medida cautelar, la paralización de la adjudicación de las obras ante el pretendido inicio en octubre.

La sociedad vasca, la ciudadanía de Bilbao, no puede permanecer indiferente ante esta delincuencia disfrazada de cultura, el hurto de una magistral obra de arte, el monumento a Juan Crisóstomo de Arriaga simbolizado en la musa Euterpe.




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Egaña | Amaiur

Nos hacía falta la opinión de Iñaki Egaña con respecto al quinto centenario de esa gran gesta libertaria que significó para el pueblo vasco la Batalla de Amaiur.

Pues bien, desde Facebook, aquí para ustedes:


Amaiur 2022

Iñaki Egaña

Ha pasado medio milenio desde que se dieron las últimas contiendas entre reinos vecinos, escaramuzas que llevaron a la conquista vasca del territorio peninsular, y un sector de nuestro pueblo lo estamos viviendo como si se tratara de una crónica cercana. Los actos en Amaiur nos agitan las esencias y dan valor a las hazañas de nuestros antepasados. Otro sector, a no descartar en las lecturas de la real politic, no sabe siquiera lo que sucedió hace un par de décadas. Paradojas en el proceso de liberación.

La cercanía y el olor a pólvora reciente desde los muros del castillo de las piedras rojas, están relacionados en esa eterna pugna por el espacio, vital y político. Una concatenación de guerras, conflictos y antagonismos nos han unido desde el siglo XVI hasta hoy. Generación tras generación, unas veinte o veintitantas, que no son demasiadas, han permitido mantener un hilo más o menos grueso, según épocas.
Aquellos hombres que defendieron la independencia del territorio frente a los bárbaros (extranjeros para los griegos antiguos) no tienen con nuestra generación demasiadas similitudes. Probablemente la más notoria, la de la defensa de un territorio determinado, transitado por culturas diversas. Y también, obviamente, esa lengua descriptiva que nos hizo ser en parte como somos. El euskara es el mayor tesoro que guardamos en nuestro zurrón milenario.

Hoy, en cambio, tendríamos miles de interacciones de aquel combate. Las redes sociales se llenarían de comentarios al respecto y sabríamos los nombres y las circunstancias de las mujeres que seguro entonces también defendieron Amaiur. Las maniobras de despiste llegarían con las fake news, tal y como entonces inventaron una bula papal para justificar la invasión. Los tatarabuelos de Villarejo, Galindo y Amedo prepararían el terreno.

Entonces y durante siglos, el tiempo se congeló. Las sombras de Cisneros y Nebrija se alargaron cansinamente. La metáfora sirve incluso para avalar aquella Pequeña Edad de Hielo que se amplificó desde la conquista hasta 1850. Ninguna broma. Nuestra muga sureña, el Ebro, se heló hasta siete veces en ese periodo, en los mínimos climáticos se perdieron cosechas enteras y las hambrunas fueron mortales para parte de la población vasca.

Sin embargo y coincidiendo con la subida de las temperaturas y los aires renovadores y románticos que llegaban desde más allá de los Pirineos el deshielo trajo la renovación soberanista. Aunque obviado por los académicos españoles, Tomás Zumalakarregi ya había puesto la primera piedra del separatismo moderno en 1834, con su declaración de independencia. La prensa europea se hizo eco de su manifiesto, mientras que la española lo metió bajo la alfombra.

Los estudiosos que se acercaron desde diversos rincones en el siglo XIX, lo hicieron atraídos también por el auge orientalista que elevó el interés por las lenguas locales. Entre los primeros, numerosos viajeros que creyeron descubrir la Shangri-La europea en nuestros valles, algunos apegados a costumbres milenarias. Víctor Hugo, Pierre Loti y otros llevaron a Agusti Xaho a proponer un Macondo mágico, un Obaba local. Hace unas semanas creí descubrirlo en una salida montañera. En Otsola, un valle sin presencia humana, ya es raro, en Basaburua.

El romanticismo y el orientalismo en boga, encontraron en el euskara, sin necesidad de estudiar el sánscrito o el urdu y de atravesar el Bósforo, la piedra filosofal para explicar el origen de las lenguas. Bonaparte, Dodgson, Humboldt… fueron impulsos para la labor ingente que hicieron otros gigantes como Campión o Azkue. Y fue precisamente uno de ellos, Arturo Campión, quien, junto a otros nobles lingüistas e historiadores, puso a Amaiur en el centro del país. Recupero su gesta y lo marcó como un icono para la modernidad que asomaba.

Pero los paraísos en nuestro territorio son apenas topónimos o letras de viajeros extasiados. En 1935, el poeta Lauaxeta escribió un texto que pasó a nuestro acervo colectivo: “Amaiur gaztelu baltza”. Unos versos que décadas más tarde fueron recuperados y musicados por Antton Valverde, con un final emotivo: “Berreun gudari oso sumin, gaztelu-pian dagoz illik. Ordutik ona –zenbat laño- Naparruan ezta aberririk”.

Él se convirtió en otro símbolo, en este caso, el de la ferocidad del fascismo. Estepan Urkiaga, que era su nombre y apellido de pila, fue detenido mientras enseñaba a periodistas europeos las trazas del bombardeo de Gernika. Un bombardeo negado por sus autores e imputado a rojos y separatistas. Lauaxeta fue ejecutado en las tapias del cementerio de Gasteiz, una mañana del recién estrenado verano de 1937.

Amaiur y Gernika se convirtieron en nuestros símbolos patrios por excelencia. ¿Dos derrotas como emblemas de la longevidad y ansias de libertad de un pueblo? Apenas conozco naciones que sostengan su colectividad simbólica con capitulaciones y esclavitudes. Entre nuestros vecinos, Francia se asocia al 14 de julio, aniversario de la toma de la Bastilla, en París. Y España al 12 de octubre, supuesta fecha de la llegada sufragada por la corona castellana en 1492 a un continente donde iniciaron un doble y expandido genocidio, en América y en África.

Euskal Herria, sin embargo, hizo de Amaiur y Gernika sus baluartes históricos. Hasta en eso fuimos diferentes. Ese euskara de los defensores del castillo sigue vivo. Y no como esperó Unamuno, diluido, o dibujó Bonaparte, mapeado. Sino dinámico, con sus sombras, adaptado a la velocidad de 2022. Porque desde aquel Tío Tomás y su proclama, han sido infinidad de hombres y mujeres los que creyeron en un proyecto nacional anclado, paradójicamente, en el futuro. Aún algunas y algunos penan prisión por ello.

Han pasado 500 años, medio milenio, y aquí seguimos porque, como dijo Lete, este nuestro territorio, es más que un sueño, “amets bat baino gehiago”. Y seguiremos en la brecha, haciendo buenas las palabras de Artze: “Batek goserik diraueno. Ez gara gu asetuko. Bati inon loturik deino. Ez gara libre izango”.

 

 

 

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