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jueves, 1 de enero de 2026

Cuadra | The Exterminator

Desde el portal de Periodismo Alternativo traemos a ustedes el artículo de opinión que Sabino Cuadra le dedica al muy españolista exterminador Javier de Andrés.

Aquí lo tienen:


Javier de Andrés (PP): The Exterminator

Cuando De Andrés habla de exterminar, sabe a qué se refiere. Los orígenes de su partido se remontan a la creación en 1976 de Alianza Popular (AP), de la que el PP fue su heredero

Sabino Cuadra

Javier de Andrés, presidente del PP de la CAV, lo afirmó sin siquiera despeinarse. Fue en el pleno del Parlamento de Gasteiz del 18 de diciembre pasado al referirse a EH Bildu: “Más pronto o más temprano será exterminada de Euskadi como fuerza política”. A estos efectos, el diccionario de la RAE define el verbo exterminar como “matar o eliminar por completo de un lugar un conjunto de seres vivos”. Sus sinónimos son: “aniquilación, destrucción, genocidio, masacre, matanza”.

Más tarde, De Andrés rectificó lo dicho afirmando que “quizá la palabra exterminio no fue la más acertada”, pero la corrección fue tan solo cuantitativa, no cualitativa. No hubo disculpa ni retractación alguna. Por su parte, el Parlamento (PNV, PSE-EE) rechazó amonestar o sancionar al dirigente del PP. Todo quedó en un llamamiento a la responsabilidad de los grupos a la hora de hacer sus intervenciones. Adivina, adivinanza: ¿qué hubiera pasado si una frase similar la hubiera dicho EH Bildu?

A De Andrés no se le escapó lo que dijo sin haberlo pensado antes. Él es licenciado en Ciencias de la Información y ha tenido responsabilidades importantes en esta materia en la Diputación de Araba y en su propio partido. Es decir, sabe perfectamente medir sus palabras cuando habla. Es su oficio. Por otro lado, caso improbable de que hubiera sido un desliz, esto no sería sino señal de que su materia gris está infectada de virus nazis.

Cuando De Andrés habla de exterminar, sabe a qué se refiere. Los orígenes de su partido se remontan a la creación en 1976 de Alianza Popular (AP), de la que el PP fue su heredero. La fundaron los denominados “siete magníficos”, presididos por Manuel Fraga Iribarne, de los que seis habían sido exministros franquistas y espadas destacadas de aquella criminal dictadura. A esta sí que sentaban como un guante los sinónimos comentados: aniquilación, destrucción, exterminación, masacre, matanza. Pero no, no fue un lapsus linguae.

Esto de exterminar, de todas formas, viene de lejos. Así, en la propia Biblia (Éxodo 12:23), al relatar la última de las plagas que Yahvé envió contra el faraón, se menciona al ángel exterminador que éste envió para dar muerte a espada a todos los primogénitos de las familias egipcias. Algo parecido al actual Netanyahu, enviado también por Yahvé para acabar, no solo con los primogénitos, sino con todo el pueblo palestino.

Unos pocos miles de años después, en julio de 1936, otro enviado celestial (“Francisco Franco, caudillo de España por la gracia de dios”, se leía en las monedas en curso), fue entrevistado por el periodista Jay Allen. Éste le preguntó cuánto duraría aún aquella matanza, a lo que el invicto contestó: “Salvaré a España a cualquier precio”. El periodista insistió: “¿Significa eso que tendrá que matar a media España?”, y Franco, sonriente, afirmó: “Le repito, a cualquier precio”. Su colega en aquella sarracina, Emilio Mola, tenía la misma opinión: “Habrá que eliminar sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros”.

Esa ideología criminal atravesó la transición de los 70 y ha llegado hasta nuestros días con todas sus desvergüenzas. Hace cinco años, el general retirado del Ejército del Aire, Francisco Beca Casanova, envió un watshapp a un amplio grupo de ex colegas de su XIX promoción, en el que afirmaba: “No queda más remedio que empezar a fusilar a 26 millones de rojos, niños incluidos”. Nadie del grupo le recriminó nada, sino todo lo contrario. Alguien apostilló: “¡Que Franco fusiló a mucha gente en la guerra y los años siguientes!. Mi respuesta es que fueron muy pocos viendo la catadura de estos hijos de puta”. Remitido el chat al Tribunal Supremo por ser considerado como un posible delito de odio, éste se archivó por entenderse que aquello eran simples opiniones dadas “en la confianza de estar entre amigos… sin que exista voluntad alguna de publicitarlas fuera de ese ámbito privado”.

En lo concreto, si bien es imprevisible saber cómo será el futuro inmediato, lo cierto es que el avance político, social e institucional de una ideología racista, gran española, recortadora de libertades y derechos sociales, machista, autoritaria y belicista es indudable. Ante ello, de poco vale la estrategia de afirmar “que viene el lobo”, pues a la vista está (Extremadura…) que de poco está sirviendo. No solo eso, sino que, si la respuesta se queda ahí, sin intentar generar dinámicas sociales, esta solo servirá para atemorizar a la población, favorecer su pasividad y extender el sálvese quien pueda, sin que importe para ello dar codazos a la de al lado o deslizarse hacia la derecha a fin de conseguir una vacuna que nos inmunice ante los virus fascistas que llaman a nuestra puerta.

Es preciso apostar por levantar muros sociales de contención y espacios de respuesta frente a lo que viene y ya tenemos aquí. Los aires reaccionarios que soplan en el marco internacional, europeo y estatal afectan también a Euskal Herria. El termómetro debe medir no solo lo que dicen las encuestas electorales, sino tomar en primer término la temperatura de los problemas vividos en los distintos ámbitos sociales: precariedad, vivienda, euskera, libertades, machismo, violencia…

Euskal Herria sabe mucho de esto. Las pasadas luchas contra la central nuclear de Lemoiz, nuestro rechazo mayoritario a la OTAN, el ser capital mundial de la insumisión frente al ejército y el militarismo, la permanente pelea por la oficialidad y normalización del euskera, o las recientes y masivas movilizaciones feministas, en solidaridad con Palestina y el movimiento de las personas jubiladas marcan el camino. Se trata de que, una vez más, los bueyes tiren del carro, y no al revés. Es preciso levantar muros sociales lo más amplios posibles que huyan de la propia autoafirmación, pero también de la vaciedad de las grandes declaraciones que flotan en el aire sin bajar a la calle. Claro está, esto es muy fácil decirlo y no tanto hacerlo. Pero esa es la apuesta.

 

 

 

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