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sábado, 26 de octubre de 2024

Integralmente

La plataforma en favor de los presos políticos vascos Sare ha llevado a cabo una muy importante conferencia en la que se han abordado distintos temas con miras al futuro.

Naiz nos hace un recuento de la misma:


Sare pone raíles a un futuro sin presos y sanador para las víctimas

Martina Anderson desde el espejo irlandés, Jaime Tapia y Jon Mirena Landa desde la experiencia de la Administración vasca y Maria Jauregi como víctima, entre otros, han contribuido a remarcar la hoja de ruta hacia la paz, la resolución y la convivencia, en una jornada de Sare en Donostia.

Ramon Sola

Las consecuencias de los conflictos armados deben ser afrontadas en su integridad, la reintegración de las personas presas resulta clave y ello no es contradictorio con respetar el dolor de las víctimas. Estas tres ideas pueden resumir la conferencia celebrada por Sare en Donostia este sábado, con participación vasca e internacional de primer nivel.

La jornada ha sido cerrada por Joseba Azkarraga, en nombre de Sare. Se ha referido a la actual eliminación del doble cómputo como constatación de que «lo que Sare o Etxerat hemos venido exigiendo en los últimos diez años no eran privilegios, sino legalidad y fin de las excepcionalidades. El mismo trato, los mismos criterios que se aplican al resto de las personas presas. Sin discriminaciones ni criterios particulares de oportunidad política partidista».

Abundando en ello, ha indicado que «no se puede exigir» a estos presos y presas «nada que vaya más allá de lo que la legislación ordinaria requiere. Y no puede ser que ciertos ámbitos políticos, judiciales o algunos medios de comunicación se erijan en evaluadores de las conciencias ajenas».

En consecuencia, se ha dirigido a Lakua para pedirle que opere «con criterios técnicos y profesionales en este tema, sin cometer el error de actuar en función de estrategias de oportunidad política». Más en concreto, tras la reforma de la 7/2014, Sare exige «agilidad» tanto a la Audiencia Nacional como a Lakua, cada uno en su parcela, para no seguir dilatando encarcelamientos artificialmente.

Azkarraga ha concluido con un llamamiento a «alcanzar unos mínimos de acuerdo que hagan posible el respeto, ayuda y reconocimiento a todas las víctimas de las violencias sufridas en este país» y ha incidido en que «nadie puede arrogarse el monopolio de su defensa, nadie». Con un último subrayado frente a discursos en boga: «No puede haber satisfacción de las víctimas fuera del Derecho».

Desde este espacio, durante la mañana se ha emitido también la aportación en video de Maria Jauregi Lasa, en el que reivindica antes que nada «el reconocimiento a todas las víctimas», incluidas las de la violencia estatal, incidiendo en el «derecho a la verdad: qué ha sucedido, cómo y por qué. La sociedad también tiene derecho a esa verdad». Lo percibe también como un «modo de compensación» para quienes no han tenido justicia, y para ello insta a levantar los secretos oficiales. Junto a ello, plantea una «construcción de la memoria» basada en «buscar lugares comunes» y a partir de los derechos humanos. Jauregi ve preciso hacerlo fuera de los focos mediáticos y de las discusiones políticas.

Tras ello, Jauregi ha considerado, al hilo de la cuestión del doble cómputo, que hay que dejar de utilizar a las víctimas por parte de los políticos y también de los medios y además «hacer pedagogía»: «Hay que explicar cómo funciona el sistema penal y penitenciario. La información tiene que ser veraz y contrastada».

La perspectiva internacional

¿Cómo se ven las cosas desde fuera? Pocos mejor que Brian Currin y Martina Anderson para reflejarlo. El facilitador sudafricano no ha podido venir a Euskal Herria por problemas familiares de última hora, pero ha enviado un mensaje en el que evoca el valor de la Justicia Transicional para la resolución en su país y en Irlanda, incluyendo la temprana excarcelación de presos. Ha constatado que en Euskal Herria no ha ocurrido lo mismo por culpa de «intereses enfrentados» pero ha elogiado el «pensamiento creativo» del proceso vasco, «inspirador» para otros.

Currin concede gran valor, por ejemplo, a los procesos de reconocimiento y reparación de víctimas de los dos lados aprobados por los parlamentos. Aquí ha sugerido incluso al Gobierno de Lakua que implante un día festivo anual para recordarlas a todas y «celebrar las medidas de reconciliación».

En cuanto a la situación de los presos, ha dicho conocer los avances, los ha atribuido a la movilización ciudadana y ha dado las gracias a las personas encarceladas «por los pasos dados. Les aliento a seguir cerrando heridas». No obstante, tampoco ha ocultado que «la lentitud» en el logro de soluciones «es un problema y hay que resolverlo».

Sí ha estado en Donostia Martina Anderson, exprisionera irlandesa y referente de Sinn Féin en instituciones irlandesas y europeas. Ha recordado cómo en 2016 estuvo en una misión de eurodiputados a Euskal Herria en la que ya abogaron por soluciones para los presos, «que no pueden estar sometidos a procesos excepcionales. Desde entonces se han producido avances significativos que tenemos que reconocer: fin de la dispersión, facilitación del acceso a grados, procedimientos de pronta excarcelación...», ha constatado.

Ha saludado aquí la reforma que elimina el doble cómputo, pero alertando acto seguido de que «este viaje no ha terminado. Incluso después de su liberación, las personas presas sufren continuas restricciones». Lo ha ejemplificado con un duro ejemplo personal: «Yo misma conozco perfectamente estas situaciones desde que salí de prisión en 1998. A mi marido y a mí se nos negó el derecho a adoptar un niño porque somos expresos políticos. Y una mala praxis ginecológica cuando estaba en una prisión de Inglaterra me provocó daños en el útero que me han impedido tenerlos», ha narrado. Así que ha abogado por actuar para paliar las consecuencias de encarcelamientos muy largos y muy duros.

«El camino a la paz nunca es sencillo, pero es posible. Aquí, como en Irlanda, no existe el monopolio del sufrimiento. Caminar por un camino de reconciliación puede ser un gran desafío para muchas personas; debemos respetar su dolor. Para algunas personas, la pronta excarcelación de presos en Irlanda fue difícil. Pero también debemos poner en valor la aportación de esos expresos al proceso de resolución», ha añadido. Anderson ha remarcado cómo el Sinn Féin impulsa la reconciliación, «que no es solo una necesidad política, sino más bien un imperativo moral».

El camino vasco

Han completado el mosaico tres voces vascas también muy cualificadas. Como Jaime Tapia, que ha pilotado la gestión penitenciaria de Lakua desde la transferencia en 2021 hasta el trasvase de la carta de Justicia al PSE. Ha lamentado que aunque la gestión competa a la CAV «las leyes siguen siendo del Estado y eso es un obstáculo. No somos Alemania, donde los länder pueden ajustar algunas leyes. Esto genera cierta frustración: puedes dar un tercer grado, pero en Madrid lo pueden revocar y entonces actúas con cierta prudencia o desconfianza».

Tapia ha admitido que el PNV no tenía gran interés en asumir este «marrón» («algún dirigente ya lo ha dicho») y ha mostrado algunas dudas sobre la posición que tomará el PSE, al que ha animado a apoyarse en las Juntas de Tratamiento. También recela de cómo se aplicará el fin del doble cómputo. Y comparte –ha habido unanimidad en esto– que hay que corregir la 7/2003: «40 años es una barbaridad. Sería bueno incluso para la sociedad española».

En general, «las líneas que lanzamos todavía necesitan impulso, como las enfermedades mentales, la cuestión de los niños, la colaboración con el Tercer Sector o la Justicia Restaurativa...», ha enumerado, alertado de que «no son buenos tiempos, el punitivismo lo corroe todo».

La doctora Laura Pego ha explicado en qué consiste la Justicia Transicional esgrimida ya por Currin en su intervención: «Es necesario un compromiso político importante para hacer las modificaciones necesarias. También un compromiso de la sociedad civil para soportar ese avance. Y una hoja de ruta que se siga hasta el final, con transparencia y que genere confianza». Centrándose en Euskal Herria, Pego ve muy preciso un reconocimiento de su violencia por parte del Estado y lamenta el desfile de la Guardia Civil el 12O en Gasteiz.

El catedrático Jon Mirena Landa, que fue director de Derechos Humanos en el Gobierno Ibarretxe, ha abundado en esta cuestión de las víctimas. Sin ánimo de «entrar en un campeonato de datos», ha constatado que el 60-70% de los atentados de ETA se ha esclarecido y purgado, mientras que en el caso de la tortura «el 99%» sigue oculto e impune. Esto genera distorsiones en la memoria y también en la atribución de responsabilidades políticas; echa en falta «un fair play».

¿Vamos bien, vamos mal? En la cuestión de los presos, «queda el paquete de la 7/2003, y no se pide nada del otro jueves, solo un estándar de reinserción normalizado», ha subrayado Landa.


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 Video | BRIAN CURRINek SAREko Konferentziara bidali duen mezua

 

 

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Agur eta Ohore Juanje

Euskal Herria ha tenido que decir adiós a uno de sus guerreros más incansables, Juanje Soria.

Les traemos el obituario que Naiz le ha dedicado:


Juanje Soria, adiós al abogado de mil causas (algunas ganadas)

Ramon Sola

Bromeaba con que era «el abogado de las causas perdidas», pero Juanje Soria Gulina ha ganado muchas de ellas. Y sobre todo, la de la solidaridad y la amistad. Este sábado se ha conocido su fallecimiento.

Su huella queda en casi todas las peleas sociales y políticas de Nafarroa de las últimas décadas. Con mención especial a la de la insumisión; entre los 80 y 90 fue abogado defensor de muchos de quienes lideraron aquella pelea que acabó en victoria primera contra la Prestación Social Sustitutoria y luego contra el propio servicio militar español. Algunos de quienes estuvieron presos lo han recordado con cariño y agradecimiento.

Esto es lo que decía él mismo en la inauguración del Parque de la Insumisión en Iruñea en 2018, recordando aquella lucha en que «había veces que había que perder» como inversión para el futuro.

Como citaba el mensaje de Juan Kruz Lakasta, Juanje Soria fue también el abogado de Solidarios con Itoitz en sus incansables peleas contra el pantano, incluida la causa por el corte de los cables que llevaban el hormigón a la presa en 1996.

De ahí saltó, casi de modo natural, a una implicación intensa contra los macrojuicios políticos, tanto en la plataforma que combatió el 18/98 como en Eleak. Por ejemplo, se encargó junto a Expe Iriarte de leer el comunicado final en esta manifestación en Iruñea en 2011.

Para entonces, a los casos civiles que llevaba ya sumaba otros con importantes connotaciones políticas en la era de los gobiernos de UPN, como los relativos al euskara. Y aquí también con algunas victorias: en 2010 ganó un pleito al Gobierno Sanz tras la negativa a considerar como mérito el conocimiento de la lengua en un concurso de enfermería. En este mismo ámbito, defendió a responsables de AEK cuando fueron citados por la Audiencia Nacional en un sumario de Baltasar Garzón que intentaba ligarlos con ETA, allá por el año 2000.

Bonachón por aspecto y buena persona por naturaleza, Juanje Soria era de los que nunca sabía decir que no. O no quería. Y así ha ido acumulando causas. Causas judiciales primero y causas nuevas por las que luchar, cuando ya le llegó la edad de jubilación.

En los últimos años su aportación ha sido potente en el Foro Social Permanente, donde ha sido interlocutor habitual con el Parlamento navarro. Antes impulsó la iniciativa Tantaz Tanta por los derechos de las personas presas, en un momento en que la manifestación anual de enero estaba bajo amenaza de prohibición. Y dio varias charlas sobre Justicia Transicional cuando el concepto apenas era conocido en estas tierras.

También ha participado en iniciativas sociales como la denuncia del maltrato animal en Sanfermines, en esta carta pública en NAIZ este mismo año. O en la creación de medios alternativos como Ahotsa, uno de los que le ha recordado este sábado.

La defensa de las víctimas del Estado ha puesto colofón a estas décadas de trabajo incansable y contra vientos y mareas, pero siempre sin perder la sonrisa ni elevar el tono más de la cuenta. La Red de Personas Torturadas de Nafarroa se ha sumado a las condolencias con este mensaje.

 

 

 

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viernes, 25 de octubre de 2024

Entrevista a Aritz Otazu

Les recomendamos altamente la lectura de esta entrevista para que así la maraña de mentiras creadas por el españolismo con respecto a la historia de Nabarra sea disipada.

Disfruten:


“Las raíces del Reino de Navarra están en Vasconia. Vasconia fue el comienzo de Navarra”

Aritz Otazu Lujanbio  Director de Mintzoa | Este domingo por 14,95 euros más DIARIO DE NOTICIAS, se puede adquirir el libro ‘Vasconia y sus reyes’, escrito por Manuel Ilarri Zabala, autor ya fallecido

Jesús Barcos

Aritz Otazu (Irun, 1975) es el director de Mintzoa, el sello que ha editado el libro Vasconia y sus reyes. Una crónica sintética sobre las monarquías de Iñigo Arista, García Iñiguez, Fortún Garcés y Sancho Garcés I, en un texto de 215 páginas. El libro cuenta además con dos capítulos iniciales sobre el expansionismo vascón, la lengua, antropología e historia, las relaciones con Roma, la confianza romana en los vascones o las invasiones de los bárbaros, y un segundo capítulo sobre cómo Vasconia se hizo reino.

Háblenos de Manuel Ilarri, el autor de este libro, ya fallecido.

–Manuel Ilarri era muchas cosas, hizo estudios de Teología, y se licenció en Ciencias Sociales y en Filosofía y Letras. Publicó La tierra natal de Iñigo Arista en 1980, con la Universidad de Deusto.

Y ahora llega este título: Vasconia y sus reyes.

–Las raíces del Reino de Navarra fueron Vasconia. Vasconia fue el comienzo de Navarra, más o menos la Navarra actual. Cuando se les llama vascongados a las gentes de Euskadi es precisamente porque fueron vasconizados. El libro va desde Iñigo Arista y se adentra desde finales del siglo VIII a primeros del X, donde tenemos cuatro reyes vascones, llamados por las crónicas árabes ‘emires barskunes’. Esa teoría que daba Manuel Ilarri de las raíces vasconas de los navarros de ahora nos interesó. Editamos con él un primer libro en 2003, ahora ampliado y corregido.

Ahondando en cuatro reinados.

–En esas raíces vasconas que tenemos los navarros y que él trata de una forma muy sencilla con una cantidad de datos con fuentes árabes y cristianas. A veces se dice que en esos reinados no hubo batallas. Por supuesto que hubo y bastantes, no solo la de Roncesvalles, que es la que ha pasado a la historia, sino bastantes más que el lector irá viendo. Con esa voluntad de difundir a otros reyes y épocas muy desconocidos. Navarra salió de ahí, y no por arte de magia. ¿Los territorios eran los mismos? No. Parece que pretendemos que el territorio de la Navarra actual sea el mismo que en el siglo VIII. No, evidentemente no.

Mintzoa tiene más de 40 años. Una historia increíble donde el mundo del libro ha cambiado sobremanera desde los ochenta.

–En los ochenta, después de Franco, se demandaban colecciones. Era lo que se llevaba, el ansia de cultura. En los noventa ya empezó a bajar. Mis padre abrió la línea facsímil. Vio en ferias internacionales que era desarrollable sobre Navarra y sus mil años de historia. Le llamaron loco, pero esa línea se vende y mucho, porque los navarros tenemos joyas y las joyas como hay que presentarlas así. También está la línea del libro antiguo original. Yo soy tasador documental, y en Francia y Alemania he rescatado obras navarras.

La tercera línea es la divulgativa.

 –Con libros como Vasconia y sus reyes. Muchas veces nos preguntan si Navarra da para tanto. Y respondemos que para más. Hemos publicado cientos de títulos y la gente sigue demandando historia de Navarra. Si no, con 40 años ya habríamos cerrado. Hay gente muy fiel a nuestros títulos. Hay muchísima curiosidad histórica, pero a gente de 25, 30 o 35 años le cuesta más comprar un libro. Nuestro público igual no sube mucho pero tampoco baja.  

¿Reciben muchos manuscritos?

–Al año entre 50 y 60, y publicamos entre 8 y 10 títulos. Prácticamente un 50% de lo que recibimos son tesis universitarias, y luego hay un tanto por ciento de novela. Nosotros con Begoña Pro, y una trilogía que está escribiendo sobre Enrique III de Navarra, hemos comenzado con novela histórica. En cuarenta años habíamos publicado alguna a modo testimonial. Hemos abierto esa línea, que tenga que ver con Navarra, para intentar atraer a la gente, y también la vía del cómic con César Oroz , para intentar llegar a la historia con rigor histórico. El cómic de Oroz, por ejemplo, está basado en Monteano. Nosotros estamos encantadísimos de publicar a gente nueva. Si tiene rigor no nos importa que tenga 25 años o 70.

Siempre en torno a Navarra.

–Tenemos una historia hiperrrica. Ahora se cumplen 1.200 años desde el 824 de Iñigo Arista, por eso hemos sacado este libro, desde que se fundó el Reino de Pamplona. Este libro está sacado para celebrarlo. Quiero animar a la gente a que lea historia de Navarra. No nos damos cuenta de lo que tenemos en casa. Así que animo a que se enamore de esta rica historia, porque descubrirá un mundo nuevo. No conocemos la historia de nuestro pueblo, y es importantísmo conocerla.

Ahora la Feria de Edición de Navarra les proporciona contacto directo con los lectores.

–Para nosotros las ferias son básicas, porque es la única manera que tenemos los editores y las editoras de tener ese contacto directo. En las ferias nos hablan mucho, te hacen una crítica de un libro, a veces buena, a veces mala... estas iniciativas nos acercan al público y nos valen para pulsar en un tanto por ciento si tus libros han gustado, y otras informaciones sobre el sentir de la gente.

Vasconia antes de ser reino, tes extractos

Relaciones con Roma

“Cuando (Sertorio) combatió contra Pompeyo en una guerra civil romana, el pueblo vascón se sintió más cerca de Sertorio y luchó en sus filas. Su lealtad se haría universalmente famosa con motivo de la defensa de Calahorra, ciudad vascona sitiada por Pompeyo, donde resistieron hasta la desesperación llegándose a alimentarse los vivos de la carne de los muertos.

Pompeyo reprimió con dureza la resistencia de los últimos focos que aún se le oponían en la península. Sin embargo, y a pesar del trágico episodio de Calahorra, su actitud en Vasconia, donde dio el nombre a la ciudad de Pamplona, no debió de ser desacertada, pues cuando en la nueva guerra civil luchó contra Julio César, los vascones se pusieron de parte de Pompeyo”.

Confianza romana

“Les tocó nuevamente perder a los vascones, al ser vencido Pompeyo por Julio César, y una vez más la generosidad del vencedor consiguió de ellos una actitud amistosa que llegó a ser auténtica colaboración tras las liberales medidas que tomó con los vencidos. Tan notoria fue a partir de entonces la lealtad vascona a los romanos, que Octavio Augusto, además de introducir vascones en su guardia personal, les confió la custodia de la ciudad de Roma mientras él se ocupaba en la guerra que terminaría con la derrota de Marco Antonio”.

“Mientras Roma conservó su autoridad en la península, Vasconia mantuvo su actitud de buenas relaciones en general, asimilando el proceso de romanización, que fue bastante intenso en las tierras meridionales. La administración romana era eficaz y garantizaba seguridad y subsistencia”.

Invasiones de los bárbaros

“Fue a partir del siglo V, al hundirse el sistema romano con la descomposición del imperio, cuando la estabilidad social desapareció para dar paso a la inseguridad y al temor. La vida en las ciudades resulta peligrosa para quienes poseen algo (...)”.




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Entrevista a Jesús García

Desde Naiz traemos a ustedes más información acerca de la inscripción encontrada en la mina de Lantz mediante esta extensa entrevista que vale muchísimo la pena leer.

Adelante:


«Roma llevaba más de 150 años aquí cuando se realizó la inscripción en la mina de Lantz»

Jesús García Gazólaz | Arqueólogo Gobierno de Nafarroa | La inscripción paleohispánica realizada sobre arcilla en una pared de una mina de Lantz consolida la hipótesis que despertó la Mano de Irulegi de que los vascones sabían escribir en su lengua y que continuaron haciéndolo tras la dominación romana.

Aritz Intxusta

¿Qué hacía usted tan adentro de la mina Lantz?

La causa se llama Rubén Beunza, un concejal del pueblo muy comprometido. Nos avisó a Príncipe de Viana de que había detectoristas en los alrededores de las minas. Esas minas las conocíamos en Patrimonio, porque se documentaron a finales de los años 60, pero solo se había llevado a cabo una minicampaña en la década de los 80. Apenas se había trabajado nada. Fui un día, quedé con Rubén, dimos una vuelta y comimos por allá.

¿Qué se encontró?

Me llevé una gran sorpresa. Vi mucha minería a cielo abierto, grandes trincheras en el monte fruto de la extracción de filones de mineral. Nos asomamos a las entradas de las galerías subterráneas, aunque aquel día no nos llegamos a meter. Recuerdo volver y comentar con el compañero todo aquello. Entonces nos planteamos que, tras 40 años sin hacerles caso, debíamos estudiar el complejo. Montar un pequeño equipo y, al menos, prospectar y valorar el potencial. Eso lo desencadenó todo.

¿Quién horadó esas minas y qué es lo que buscaba?

El complejo se encuentra en el barranco de Aierdi. Geológicamente, hablamos de un macizo muy antiguo, del Paleozoico, que es muy susceptible de contener minerales y que, de hecho, los tiene. Hay mineralizaciones ricas en hierro y cobre. Aparentemente, en época romana, que es cuando se intensifica el complejo, lo que buscaban era cobre.

¿Cómo la describiría?

No es una mina, sino un complejo. No hablamos de una sola mina, sino de un montón de explotaciones a cielo abierto, que en un momento determinado penetran en la montaña con galerías subterráneas, esas que nosotros hoy asociamos a una mina.

Su equipo se adentró por galerías horadadas a mano hace dos mil años. ¿Cómo de profundas son?

Llevamos cuatro kilómetros topografiados y registrados arqueológicamente en tres minas diferentes. Son galerías hechas a mano por los mineros, pero aquí se da la particularidad de que la roca está karstificada. La montaña tiene agujeros dentro como un gruyère.

Esto provoca que los mineros vayan cavando y se topen de vez en cuando con cuevas naturales. En ocasiones, esas cuevas naturales conectan de nuevo con el exterior. Estas aberturas fueron aprovechadas como bocaminas. Probablemente, esas cuevas que existían en época romana les permitió comprender la geología, la disposición del mineral y cómo tenían que atacar la roca. La cueva donde encontramos la inscripción alterna tramos de galería artificial y tramos naturales.

Le confieso que no sé si me atrevería a entrar.

Nos ha supuesto una labor de reciclaje importante. Hay que emplear técnicas de espeleología. Recorremos pozos de 20 o 25 metros de profundidad que, en ocasiones, se vuelven muy estrechos. Por suerte, en el equipo contamos con Arturo Hermoso de Mendoza, un espeleólogo del grupo Satorrak, que se ocupa de nuestra seguridad dentro.

Y mientras exploraban ¡zas! En uno de esos recovecos, encontraron una inscripción. ¿Ocurrió así?

Nos apareció en un recoveco, como dice. De forma que, además, los signos solo se ven al salir, porque están nada más pasar por un paso estrecho en un lateral. Durante el reconocimiento íbamos repasando las paredes de arriba a abajo para ver las señales de minería, las marcas de herramientas.

Por desgracia, en las minas material arqueológico queda muy poco. Únicamente podemos encontrar lo que se pierde o se rompe y no es reparable. No son yacimientos muy agradecidos. No están llenas ni de cerámica ni nada por el estilo. Mirábamos marcas de herramientas cuando, de repente, ahí estaban: surcos en el barrio con tres signos propios del signario ibérico.

¿Qué símbolos son esos?

Los podemos catalogar como inscripción paeohispánica, prelatina... O, más bien, una inscripción muy particular. Probablemente, sea más reciente que la mano de Irulegi. Quien la hizo, seguramente, ya convivió con gente que hablaba el latín.

Ustedes han trasladado que, probablemente, sea 50 ó 60 años posterior a la Mano de Irulegi. La precisión es asombrosa. ¿Cómo han la han datado?

Tenemos la fortuna de que la Mano se encuentra dentro de un yacimiento que se puede datar con mucha precisión.

El poblado de Irulegi se quemó durante las guerras sertorianas, que sabemos que fueron entre el 72 y el 82 antes de Cristo. Recuerdo que así se fechó la Mano. ¿Pero cómo han datado ustedes unas marcas en una pared?

No fue tan sencillo, porque la inscripción no se puede datar directamente. No se puede coger un trocito del barro y llevarlo al laboratorio. Podemos datar el contexto arqueológico que rodea la inscripción: la explotación minera. Esta explotación se puede fechar muy bien, porque la forma que tenían para debilitar la roca era mediante el fuego. Estaban permanentemente haciendo fuego dentro para descascarillarla, momento que aprovechan para romper la roca con barras. Todo el carbón de esos fuegos se quedó dentro. Es lo que pisamos al entrar. Y los restos de ese combustible los podemos datar perfectamente.

Además, sobre la inscripción hay marcas de una punterola, una especie de piqueta. Esas marcas de punterola aparecen por toda la mina, pues esa herramienta se usa para quitar arcilla y buscar vetas minerales. Esto nos dice que la inscripción es coetánea de la explotación minera, que coincide con el cambio de era.

La inscripción es muy cercana en el tiempo y en el espacio a la Mano de Irulegi. Parece más natural pensar que tienen cierto parentesco que presumir lo contrario.


El contexto lingüístico es similar. Si su pregunta es «¿pueden representar la misma lengua?», diría que no tengo ni idea, pero que es muy probable que sí.

¿Cómo era el trabajo en esa mina? ¿Qué herramientas empleaban?

Por lo que conocemos de minas en el Imperio Romano, sabemos que manejaban distintos picos, toda la variedad de mazas que se pueda imaginar y barras parecidas a nuestras barras de uña. Muchas de estas herramientas eran de hierro. Sacaban el material en cestos y capazos. Un proceso muy manual. Usaban eso y el fuego. Toneladas y toneladas de madera. Las minas acababan convirtiendo el monte en un erial.

No parece un trabajo demasiado cómodo. La Mano de Irulegi se encontró en un contexto de casa singular, propia de la élite. De ahí que se relacionara la capacidad de escritura a las clases altas. Su hallazgo lo contradice.

No tiene pinta, para nada, de que quien escribiera en esa pared con una herramienta roma propia de un minero perteneciera a ninguna élite. Esto nos habla del grado de alfabetización. Apunta a que escribía en su lengua vernácula hasta un minero ahí perdido. Se creía que los vascones no escribían, pero cada vez tenemos más indicios de que sí. Lo hacían en el único signario que, desde el siglo VII, se usaba en la Península: el ibérico.

De pensar que los vascones no escribían, hemos pasado a creer que sí que lo hacían y que incluso siguieron haciéndolo tiempo después de la dominación romana.

Parece que eso se desmonta. El Imperio Romano hacía dos siglos que había entrado en la Península. Cuando se hizo la inscripción en la mina, los romanos ya llevaban 150 años instalados aquí.

Pues hasta hace poco, eso no figuraba así en los libros de historia.

No, no aparecía así. La historia nunca cambia, pero los libros que se escriben sobre ella sí. Se van ampliando, progresan.

¿Ikae, Ighae...?

Los expertos creen que se puede leer de las dos maneras. No se puede distinguir si han representado nuestro sonido «K» o «G».

¿Qué futuro tiene ahora el complejo minero desde la perspectiva arqueológica?

Seguiremos. No sé si vamos a encontrar alguna otra inscripción y no tiene por qué ser lo fundamental. Lo más importante es el complejo minero, que es impresionante y está excepcionalmente conservado. En Gipuzkoa, por ejemplo, tienen una gran tradición de estudios arqueológicos de minas. En Arditurri hay una mina de plata muy importante musealizada. Esa mina tiene el problema de que se explotó hasta 1985. La minería moderna reventó la antigua, les quedan retazos. Lo que tenemos aquí lleva dos mil años sin tocarse. Está tal cual lo abandonaron. Ahora entender ese queso gruyère de galerías, las pautas de extracción, etc. nos va a suponer un trabajo de años.

¿Es bonito el complejo? ¿Puede ser visitable a futuro?

No se imagine una cueva natural, pero sí, sí que lo son. Ahora bien, aunque en el pueblo están entusiasmados, tampoco buscan más turistas que los que ya tienen con el carnaval. De momento, lo que toca es una fase grande de estudio. Si después se hace una puesta en valor, ya se verá. En mi opinión, merecería la pena.

 

 

 

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Recordando a Txomin Ziluaga

Desde Naiz se trae lleva a cabo este ejercicio de memoria en favor de una figura muy importante para Euskal Herria, Txomin Ziluaga.

Aquí la información:


Txomin Ziluaga, un dirigente al lado de su gente

Hoy hace 12 años falleció Txomin Ziluaga, histórico dirigente de la izquierda abertzale, con una larga militancia que arrancó a los 17 años en pleno franquismo. Alexander Ugalde Zubiri, profesor de la UPV-EHU, recuerda su figura.

Alexander Ugalde Zubiri

Han pasado doce años desde que falleciera en 2012 Txomin Ziluaga Arrate, que vino al mundo en 1939 en Erandio, cuando acababa la Guerra Civil en España y comenzaba la II Guerra Mundial.

Se las vio con la dictadura y con la «reforma democrática» que perpetuó gran parte de la estructura de aquella, aunque las formas cambiaran. Su vida personal y compromiso político deben ser percibidos en tales condiciones, por lo que su comportamiento fue a contracorriente.

Comenzó en la «borroka abertzale» –denominación por él usada– a los 17 años, involucrándose en las luchas en la década de los sesenta. Ello le llevó a militar y asumir responsabilidades en varias organizaciones en distintas épocas: ETA, HASI, por ser secretario general de este partido (1978-1987) participó en KAS y HB, Colectivo Santi Brouard y se implicó en Euskal Herritarrok, Batasuna y posteriores formatos de la izquierda abertzale.

Su militancia en ETA –integrante de la Oficina Política– supuso su detención en marzo de 1969, torturas en la comisaría de Bilbo, Consejo de Guerra y pena de reclusión de quince años por delitos de rebelión militar, auxilio al bandidaje y actividades subversivo-separatistas. La sentencia subrayó su «actitud rebelde» por pretender «expresarse en vascuence». Su abogado fue José Antonio Etxebarrieta, con quien tuvo una gran amistad.

Transitó por las prisiones de Basauri, Burgos, Segovia y Jaén, saliendo a la calle en 1976. Coincidió con la preparación de la fuga de Basauri (1969), Juicio de Burgos (1970) y fuga de Segovia (1976), apoyando esta desde dentro, pues le restaba poca condena.

En 1977 volvió a organizarse, tras conversar con Santi Brouard, en la convergencia entre EHAS y Eusko Sozialistak, que dio lugar al partido HASI. Participó en la constitución de Herri Batasuna. Fue diputado en el Parlamento vasco (1984-1986) y en el Congreso de los Diputados (1986-1989).

En su accionar, probablemente, la situación más difícil que vivió tuvo que ver con la crisis en la izquierda abertzale en 1987 y 1988, cuando, junto con otros militantes, fue expulsado de HASI en una infortunada resolución de contradicciones, si es que las hubo de envergadura, pues cabe refutar en gran medida la versión oficial que quedó para la posteridad. Empero, tuvo una lectura optimista de aquellos tiempos: «Yo te diría», le dijo a Pepe Rei en una entrevista, «que el balance de esos diez años ha sido muy positivo». Acerca de la crisis comentó: «Cuando los problemas son pequeños y son resueltos por malos métodos se hacen grandes (…). Cuando se pueda, ya se aclararán y reconocerán los errores mutuos que haya habido en todo esto».

Retomó a finales de los ochenta sus estudios efectuados en Sarriko, Barcelona y Madrid en los sesenta, que interrumpió con el ingreso en prisión. Se graduó y doctoró en Ciencias Políticas, siendo profesor en la UNED y UPV/EHU.

De su trayectoria caben destacar muchas cosas. Señalo algunas.

Su coherencia política e ideológica, centrada en la lucha nacional y social de Euskal Herria, lo que combinó con la solidaridad con los procesos de otros pueblos del mundo.

Dio la cara cuando las cosas venían complejas: denuncia de la represión; funerales ('Argala', 'Kirruli', Santi, Txomin Iturbe…); en las noches de bajadas electorales; cuando ante acciones duras de ETA había que salir a la palestra… ahí estuvo sin esconderse.

Fue habitual que en las movilizaciones en las que los cuerpos policiales amenazaban con intervenir, o lo hacían, enfrentara tales situaciones, lo que provocó que en varias ocasiones fuera golpeado y hospitalizado, además de encausado.

En definitiva, recuerdo a Txomin por su alto grado de compromiso político conducido con toda dignidad. Además, persona cercana en el trato. Un dirigente siempre al lado de su gente.

 

 

 

 

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Recordando a Monseñor Laboa

Desde Naiz traemos a ustedes esta semblanza biográfica de uno de sos vascos que pertenecen por derecho propio en el libro de Mark Kurlansky titulado 'La Historia Vasca del Mundo".

Adelante con la lectura:


Monseñor Josetxo Laboa, embajador del Vaticano y de su amada Euskal Herria

El 24 de octubre de 2002 moría en Donostia monseñor José Sebastián Laboa, pasaitarra y nuncio apostólico del Vaticano en diversos países y anfitrión de jefes de Estado en su última etapa. Una larga enfermedad ponía fin a la vida intensa de uno de los más prestigiosos diplomáticos de la Santa Sede.

Fermin Munarriz

Conocí a monseñor Laboa en vísperas de la invasión estadounidense de Panamá en 1989 en la Nunciatura -embajada del Vaticano- que él dirigía en la capital centroamericana. Eran momentos de mucha tensión e incertidumbre en el país. Y la Nunciatura vaticana era uno de los centros neurálgicos de la información. Según se hablaba en la ciudad, por allá pasaban todos los canales. El nuncio era una institución.

Como periodista enviado de 'Egin', solicité un encuentro con las lógicas reservas, que se deshicieron en el momento que atravesé la puerta verjada de la embajada y vi a un señor menudo en el porche con guayabera y un crucifijo al cuello con los brazos abiertos como quien recibe a su hijo después de largo tiempo: «iBienvenido, paisano!»

No era nada personal. Con el tiempo y nuevos encuentros pude constatar que aquel Josetxo –para los cercanos– Laboa era así, pero, especialmente, con los suyos, los de su tierra. «Gente de palabra», decía.

Efectivamente, por aquella embajada pasaban todos los circuitos de los mensajes –eso que se llaman últimos intentos antes de una guerra– que se cruzaban el gobierno del general Manuel Antonio Noriega –la presa que se quería cobrar EEUU–, los opositores de todo calibre, los enviados de EEUU, los diplomáticos...

Invasión de Panamá

Llegó la invasión anunciada y con ella uno de los momentos más críticos de la carrera de monseñor, nacido en Pasai Donibane en 1923 y con una vocación de «cura de pueblo» que se torció al ejercer estudios de Teología y de Derecho en las más prestigiosas universidades pontificias y una inteligencia privilegiada que le llevaron hasta el lugar donde se cuece la diplomacia vaticana. Esa tan reputada que no tiene prisa, porque se considera una institución «ad eternatis», eterna. Fue el entonces cardenal Montini, posteriormente Papa Pablo VI, quien lo ubicó en las tareas para internacionalizar el cuerpo diplomático.

De nuevo en Panamá, el Comando Sur de EEUU, que estaba dentro, en la zona del canal, lanzó a sus marines a invadir el país y apresar al incómodo Noriega al precio que fuera. El 20 de diciembre de 1989 tomaron Panamá por las bravas en un baño de sangre en busca del general, pero no lo encontraron. ¿Dónde estaba? Cuatro días más tarde, se supo: refugiado en la Nunciatura, con el beneplácito de monseñor Laboa. Tomó una decisión que él mismo consideraba arriesgada y hasta cuestionable desde el punto de vista de la diplomacia: enviar un coche para recoger a Noriega y llevarlo al lugar seguro de la embajada, territorio del Vaticano. Siempre defendió esa actuación desde el sentido pastoral de querer evitar una tragedia mayor. Solo en los dos primeros días de invasión ya habían muerto más de 1.200 personas.

Los estadounidenses se tomaron a mal el atrevimiento y rodearon el recinto con tanques y francotiradores y la amenaza de arrasar. No les funcionó y optaron por emitir a todo volumen música rock heavy las 24 horas del día en torno a la Nunciatura para ablandar la frágil resistencia.

Si la situación era de por sí delicada, faltaba un detalle no menor para la historia: ante la inminencia de una situación caótica en la que peligraban las vidas de todo el mundo, el nuncio invitó a refugiarse el primer día de la invasión a los deportados vascos que se encontraban en el país. Debía protegerlos y así se lo hizo saber por teléfono a su amigo y presidente español, Felipe González, que no salía de su asombro. «Son paisanos».

«Los cojones bien puestos»

El asedio a la embajada duró diez días y dejó una imagen memorable: el general Marc Cisneros, jefe del Ejército de EEUU y comandante de la invasión, ante la entrada verjada de la Nunciatura rodeada de tanques, exigiendo a un Josetxo Laboa vestido con guayabera clara y su crucifijo que entregara a Noriega y sus leales ante el pretexto de una toma de rehenes. La alternativa era asaltar el recinto. El nuncio se negó en rotundo y le dijo que el Vaticano solo facilitaría la salida de Noriega mediante un acuerdo legal que garantizara su vida y siempre que se entregara por voluntad propia. La respuesta de Cisneros fue en tono castrense: «Monseñor, tiene usted los cojones bien puestos».

Noriega se entregó el 3 de enero y días más tarde los deportados vascos pudieron salir a un tercer país. Monseñor Laboa siempre lo recalcó: «Hice todo con el Evangelio en la mano». Y así se lo reconoció el Papa Juan Pablo II, que le felicitó por su tarea y encomendó nuevos retos…

Quienes conocieron a Laboa coinciden en destacar su humanidad, su astucia, su habilidad… Seducía con la inteligencia, con su dominio de las situaciones y su liderazgo, con su cultura, con la capacidad de hacer sentirse cómodos a sus interlocutores: el más alto estadista o el más humilde de los paisanos. Y siempre mostraba el orgullo de pertenecer a su patria lejana. Todos los días leía algún fragmento en euskara después de caminar 12 kilómetros.


Según sus palabras, el secreto de la diplomacia era el «sentido común» y «ser auténtico». Lo decía un embajador de alto nivel que nunca pasó por la Escuela Diplomática vaticana y salía airoso de las misiones delicadas. Llegaba aprendido.

Tenaz, afable y con un refinado sentido del humor, igualaba al grande y al menor. Todos apreciaban la figura protectora de un Laboa que detallaba con precisión en un diario los avatares de su vida y que hoy reposa, seguramente, en alguna estantería familiar de Pasaia a la espera de la luz.

Panamá no fue la única prueba de fuego para el diplomático vasco. De allá fue destinado a un Paraguay convulso tras la dictadura de Stroessner y, más tarde, tras pasar por Malta, recaló en otra plaza difícil, la Libia de Gadafi. Contra lo previsto, el líder de la revolución lo recibió con admiración y respeto. Una antigua conversación casual con bebidas del país sobre Donostia y Pasaia con el embajador libio en Panamá había allanado el camino. Meses después, el pequeño y sonriente Laboa consiguió abrir la primera representación vaticana en el país de Gadafi.

Pero Laboa no se olvidaba de los suyos. Además de los altibajos de la Real Sociedad, seguía los acontecimientos de su país con la nostalgia del viajero errante. Siempre sacaba en su conversación aquel Pasaia de sus amores que dejó atrás de joven. Localidad a la que llevó de visita en 1954 al entonces cardenal Angelo Roncali, futuro Papa Juan XXIII, que se alojó en la casa familiar de los Laboa.

Propuesta de mediación en la autovía

Presumiblemente, alguna gestión discreta le llevó a hablar con el lehendakari Ardanza en la Navidad de 1990 sobre el cariz que tomaba el tema de la autovía entre Nafarroa y Gipuzkoa, que ya dejaba muertos. Unos meses más tarde, en mayo de 1991, desde Paraguay, Laboa hacía pública su disposición a mediar en el conflicto. Puso condiciones técnicas de viabilidad y de autorización de la Santa Sede. La Coordinadora Lurraldea aceptó días más tarde la mediación. Fue la parte española, con González a la cabeza, la que desechó esa opción de esperanza. En declaraciones a 'Egin' aquel mes, Laboa dejó su sello de identidad: «Por el País Vasco estaría dispuesto a hacer lo que sea».

La última vez que vi a monseñor fue en el Vaticano, unos meses antes de su muerte. El longevo obispo y entonces miembro de la Sagrada Congregación para la Causa de los Santos estaba pletórico y se manejaba con maestría en el recinto pontificio. «No hago milagros, pero sé quien los hace», decía con su fina ironía en aquella corte en la que era también el encargado de recibir a los jefes de Estado de todo el mundo que llegaban a la Santa Sede.

Lo de los milagros quizás era verdad, o al menos lo parecía. Pero una vez despachada la agenda oficial, se volvía a sentir a gusto con los paisanos. Lo decía con ojos vivaces ante la mirada sobria de otro vasco universal, el jesuita y director de Radio Vaticano Inazio Arregi: «¡Vamos a comer los mejores espaguetis del Vaticano!». En la comida no podía faltar otra de sus aficiones, contar anécdotas de una vida intensa. Vaya este pasadizo relatado por él como muestra de consideración a un personaje inigualable:

Laboa trató en persona al general De Gaulle cuando era presidente de la República francesa. «Altanero y arrogante», decía. Y también al que entonces era su primer ministro y luego presidente, George Pompidou. Un día de agosto, en plena canícula, Pompidou entró en el apartamento presidencial de De Gaulle y se encontró a este completamente desnudo. «¡Mon dieu!» (¡Dios mío!), exclamó. Y De Gaulle le contestó: «En la intimidad puede llamarme 'mi general'».

 

 

 

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miércoles, 23 de octubre de 2024

Opresores Victimistas

Opresores jugando a ser víctimas para así manipular a su antojo la percepción acerca de sus desmanes en el panorama internacional, logrando así la complicidad de tirios y troyanos.

Lean lo que nos reporta Naiz en su especiales dedicados a la hemeroteca de Egin:


«Síndrome del Norte»: Patologías policiales a la carta

La situación de guardias civiles y policías españoles en Euskal Herria fue un tema recurrente en los 80 y 90. Hasta se intentó teorizar sobre un «Síndrome del Norte» que acabó justificando toda actuación de cualquier agente que hubiera pasado por tierras vascas.

Beñat Zaldua

Un grupo de mujeres de Policías españoles se encerró tal día como hoy de 1987 en la sede de su asociación en Donostia para denunciar que vivían «en ghettos como los judíos en sus tiempos», pedir al Gobierno español que dejase de tratar a sus maridos «como subnormales» y reclamar su traslado fuera de Euskal Herria.

La pieza del 'Egin' también recoge otros reclamos de las mujeres de policías destinados en tierras vascas, como que se reduzca su presencia en Euskal Herria y «que la policía autónoma tome las competencias que le corresponden».

La noticia no paró ninguna rotativa, pero sirve para traer a colación un tema recurrente durante los años 80 y 90: la situación de guardias civiles y policías españoles en Euskal Herria en lo más crudo del conflicto armado. La imagen de unos agentes abandonados a su suerte en tierra hostil fue ampliamente reproducida en medios españoles, los mismos en los que no había sitio para exponer las razones que explicaran semejante rechazo.

Este discurso victimista tuvo su máxima expresión en un esfuerzo por patologizar y particularizar las consecuencias psicológicas que tenía para las fuerzas de seguridad españolas desempeñar su trabajo en Euskal Herria. Se le llamó «Síndrome del Norte» porque llamarlo «Síndrome del País Vasco» hubiera implicado evocar operaciones en tierra ajena –caso del «Síndrome de Vietnam» o «Síndrome del Golfo»– y sirvió de cajón de sastre para justificar las conductas de cualquier agente del orden que hubiera pasado por Euskal Herria. Para muestra, dos botones.

Primero. Según investigaciones académicas que, con cuarenta años de retraso, tratan hoy de recuperar el término en la batalla por el relato, la primera vez que se menciona el «Síndrome del Norte» en la prensa española es en 1985. La noche del 30 de abril de aquel año, tres jóvenes buscaban caracoles con linternas en el municipio de Auñón, Guadalajara. Dos guardias civiles les dieron el alto y, sin mediar palabra, uno de ellos comenzó a disparar, matando a uno de ellos. El gobernador civil de Guadalajara lo achacó a que el agente estuvo destinado en Donostia seis meses antes: «Es una suposición, pero tal vez ocurrió lo que algunos llaman síndrome del norte. El guardia civil, al ver la luz, puede que reviviera alguna situación de tensión anterior, y disparó. La verdad es que no tiene una explicación lógica».

Segundo. Según el mismo artículo académico, firmado por los investigadores de la Universidad Complutense de Madrid Jesús Sanz y María Paz García-Vera, la primera vez que un médico reconoció dicho «Síndrome del Norte» fue en julio de aquel mismo año, como explicación a una muerte que los autores del texto califican sorprendentemente de «inexplicable».

Los hechos: «En la medianoche del 14 de abril de 1985, un guardia civil, de 25 años, contactó con un travesti en una zona de prostitución de Barcelona. El travesti subió al coche del guardia civil y, poco después, este le disparó a quemarropa en la cabeza causándole la muerte. Horas más tarde, el cuerpo sin vida del travesti, envuelto en una manta y atado de pies y manos, fue encontrado en otra zona de Barcelona».

El informe médico encargado por el juez apuntó que el victimario había estado destinado unos meses en Euskal Herria y que padecía el «Síndrome del Norte» a consecuencia de la «tensión psicológica que viven las fuerzas de Seguridad del Estado» en tierras vascas, lo que había hecho que «la situación psicológica y emocional del encausado no era normal».

Escaso recorrido

Para cerrar la historia cabe añadir que el juez no aceptó aquel supuesto atenuante y condenó a 11 años al guardia civil por homicidio doloso. Esa fue la tónica general. Los jueces apenas aceptaron la existencia de aquel síndrome. Tampoco lo hicieron los responsables de esos agentes.

Una nota de Europa Press de 1987 recogía que los directores de la Policía española y de la Guardia Civil afirmaban que los estudios encargados sobre el tema concluían que «no existía dicho síndrome» y que «el porcentaje de suicidios y dolencias psíquicas en los policías destinados en el País Vasco y Navarra es similar al que se da en otras regiones, como Andalucía o Castilla».

Los investigadores de la Complutense, que tratan ahora de dar la vuelta a la tortilla, reconocen que «solo se han encontrado dos trabajos empíricos dirigidos específicamente a examinar la existencia del síndrome del norte, y los dos negaban su existencia».

El «Síndrome del Norte» fue sobre todo un producto mediático que sirvió, por un lado, para mejorar las condiciones laborales de los agentes destinados en Euskal Herria –ahora se da la situación exactamente contraria, con complementos salariales y sin amenazas– y, por otro, para justificar cualquier comportamiento homicida o suicida de agentes destinados en algún momento en tierras vascas.

El contraste, en este punto, resulta delator: cualquier desajuste psicológico de la parte española es consecuencia de la acción de ETA y la hostilidad del pueblo vasco; por contra, síntomas similares en militantes de ETA y otros activistas vascos solo se vinculaban a su intrínseca debilidad y a unas decisiones vitales erróneas.

Es obvio que prestar servicio en un país en conflicto pudo acarrear consecuencias psicológicas a algunos agentes. Pero el «Síndrome del Norte» nunca tuvo como objetivo profundizar en ellas. De lo contrario, se hubieran visto obligados a contestar la pregunta obvia: ¿Por qué sufrían los agentes destinados en Euskal Herria situaciones y síntomas equiparables a los de soldados en tierra ajena?




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lunes, 21 de octubre de 2024

La Inscripción en la Mina de Lantz

Si la mano de Irulegi les puso como locos no van a querer enterarse de lo que acaba de ser hallado en el complejo minero de Lantz, sobre todo a los acólitos de la "vasconización tardía".

Aquí lo que nos reporta el Diario de Navarra:


Hallada una inscripción de 2.000 años de antigüedad en las minas de Lantz

Los tres signos identificados se transcriben como ‘ikae’ o ‘igae’, y suponen una nueva muestra de alfabetización antigua en lenguas vernáculas en Navarra

Equipos de investigación de la Dirección General de Cultura han encontrado recientemente en la mina Aierdi VIII, perteneciente al complejo minero de Lanz, una inscripción paleohispánica de alrededor de 2.000 años de antigüedad, que supone el hallazgo de estas características más septentrional encontrado en Navarra y el único de toda la Península Ibérica en el interior de una mina.

Esta inscripción no es solo importante por la excepcionalidad de su contexto arqueológico, sino porque constituye un nuevo documento de la alfabetización antigua en el territorio en una época en la que los procesos de romanización y latinización estaban ya avanzados, pero en la que las lenguas vernáculas seguían utilizándose y también escribiéndose.

La inscripción se sitúa a 61 metros de la boca de la cueva y a 18 metros de profundidad, tras superar una gatera de 15 metros. Está realizada, bajo el techo, sobre la pared norte, a 84 cm. del suelo, sobre un estrato que alterna arcillas y gravas. Los tres signos identificados, inscritos en la arcilla, ocupan una superficie de 23 cm. de largo por 13 cm. de ancho. Están realizados con un instrumento punzante, pero de punta roma, provocando unos surcos de entre 4-6 mm. de ancho y 2-9 mm. de profundidad, en función de la presión que ejerció el grabador. Se da la circunstancia de que, superpuestas a la inscripción, hay 8 marcas hechas con posterioridad, aunque la investigación no ha podido precisar el tiempo transcurrido entre ambas acciones. En cualquier caso, la inscripción parece estar completa, salvo en la esquina inferior izquierda del panel, donde podría haber perdido un pequeño fragmento por causa de las picadas de punterola que se realizaron con posterioridad.

'Ikae' o 'igae'

Los tres signos pertenecen a un signario paleohispánico, y pueden transcribirse como ‘ikae’ o ‘igae’. Dadas la brevedad del texto y la falta de apoyos comparativos, resulta complicado determinar con seguridad en qué variedad de los signarios paleohispánicos está escrita y a qué lengua hay que atribuirla, aunque, teniendo en cuenta el lugar de hallazgo, existe la posibilidad de que se trate de una inscripción vascónica, hipótesis que estaría apoyada por la similitud con palabras vascas como ‘ik(h)ai’ ‘pendiente’, empleada por el poeta en lengua vasca del S. XVII, Arnaud Oihenart, y cuyo significado sería compatible con el lugar en el que se grabó el texto. En todo caso, la escasez de conocimientos sobre la realidad lingüística de la época obliga a tomar esta hipótesis con cautela.

Por lo que respecta a su datación, no se ha podido obtener una fecha de forma directa, aunque habida cuenta del contexto arqueológico en el que la inscripción se encuentra, que sí que ha sido datado en laboratorio por carbono 14, se puede deducir que pudo ser realizada hace aproximadamente 2.000 años, en pleno proceso de explotación de la mina en época romana.

Ante la importancia del hallazgo, y dada la vulnerabilidad del conjunto arqueológico la Dirección General de Cultura-Institución Príncipe de Viana ha tomado la decisión de cerrar la mina de Aierdi VIII, cuyo acceso ha quedado restringido a aquellos usos relacionados exclusivamente con actividades de investigación.

El complejo minero de Lantz

El proyecto de catalogación e investigación del complejo minero de Lantz es una iniciativa que coordina la Dirección General de Cultura-Institución Príncipe de Viana en colaboración el Ayuntamiento de Lantz. Ante la sospecha de su importancia patrimonial, ya conocida desde los años 70 del siglo pasado, en el año 2022 se iniciaban los estudios del complejo, para lo que se ha reunido un equipo multidisciplinar e internacional compuesto por investigadores e investigadoras de distintas disciplinas, como la arqueología, la geología, la química, la espeleología o la epigrafía; procedentes de diversos centros de investigación como las universidades de Toulouse, País Vasco, Burgos o Barcelona.
Los trabajos comenzaron con la prospección arqueológica de un espacio de casi 2 km2 que engloba el barranco de Aierdiko Erreka en el que se circunscribe el complejo minero. Los trabajos de esa campaña lograron la localización de más de 30 puntos de explotación a cielo abierto y al menos 20 bocaminas con galerías mineras subterráneas. De esa veintena, hasta el momento se han prospectado arqueológicamente tres: Aierdi III, Aierdi IV y Aierdi VIII, y se han comenzado excavaciones arqueológicas en Aierdi IV.

Aunque hay datos de que las primeras explotaciones pudieron comenzar al final de la Prehistoria, la puesta en explotación del complejo en su máximo alcance parece que pudo dar comienzo en el cambio de era, coincidiendo con la construcción de la calzada Pompelo-Oiasso, lo que garantizaría una eficaz evacuación de la producción hacia variados destinos. Así pues, es muy posible que la administración romana hubiera puesto en marcha y organizado el complejo minero en sus momentos más importantes de uso y explotación. Los primeros datos que ofrecen las investigaciones apuntan a que pudiera convertirse en uno de los cotos mineros más importantes de la antigüedad en el Pirineo Occidental.

 

 

 

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Entrevista a Mario Zubiaga

Les invitamos a leer esta interesante entrevista, misma que ha sido publicada en las páginas de Naiz:

«No es tanto completar un Estatuto como reconceptualizar nuestra relación con el Estado»

Mario Zubiaga | Profesor de la UPV/EHU y senador de EH Bildu | Mario Zubiaga será uno de los ponentes de la jornada que abordará este lunes en Gasteiz (10.00 a 13.00 en Hibridalab)– la erosión del autogobierno y la articulación de un nuevo marco de relación con el Estado. El senador de EH Bildu evoca la degradación competencial y apunta claves para el futuro.

Iker Bizkarguenaga

La jornada de reflexión que se va a celebrar mañana en Gasteiz se desarrolla en un contexto particular, cuando el debate del Estatus vuelve a cobrar fuerza.

La semana que viene se celebra el aniversario del Estatuto, y básicamente la finalidad de esta iniciativa es actuar como fedatarios de un diagnóstico que ya es antiguo, de la idea de que el proceso de erosión, de degradación y de vaciamiento de la autonomía recogida en el Estatuto es evidente. Lo era ya en los años 90. Evidentemente, esto no es el Estatuto que podía haber sido en el 79, con la potencialidad que podría haber tenido, y no es un instrumento que permita encarar los retos que esta parte del país tiene de cara al siglo XXI.

La jornada va además en esa línea de superar la discusión sobre si la necesidad de un nuevo Estatus es un debate identitario o no. Creo que no es un debate identitario, aunque lógicamente parte de una realidad que es el hecho nacional, que Euskal Herria es una nación, pero no es un debate identitario en tanto lo que se está debatiendo es quién decide qué, en qué territorio y sobre qué ciudadanía. Es una cuestión de autogobierno y de capacidad de decisión.  

Nuevo Estatus, nuevo Estatuto... Estamos oyendo de todo.

Es importante establecer los marcos sobre los que trabajamos; no es tanto completar un Estatuto y a partir de ahí ampliar el autogobierno, sino reconceptualizar la relación que tenemos con el Estado. No puedes completar algo que está en sí mismo vaciado o erosionado, es preciso cambiar el marco. El debate no es solo terminológico; el Estatus sí supone una reconceptualización del autogobierno y de la relación con el Estado, el Estatuto sería mantener la misma lógica en la que una de las partes impone una interpretación determinada de autogobierno.

Se van a abordar también las claves para un nuevo modelo. Sin hacer spoiler y en líneas generales, ¿cuáles serían?

En cierta forma son las contenidas en el acuerdo de bases entre el PNV y EH Bildu, con Podemos en muchos de esos contenidos. Son tres o cuatro ideas que en cierta forma alimentan esa reconceptualización de la relación de nuestro país con el Estado. En primer lugar, reconocimiento nacional con consecuencias jurídico-políticas. Es decir, no un reconocimiento nacional mera- mente retórico, que tenga consecuencias materiales. Y la consecuencia material primera y principal se refiere al establecimiento de una relación bilateral efectiva, que se define como Concierto Político.

Sería de alguna manera la traslación de la filosofía confederal del Concierto Económico a los haberes competenciales no solo socioeconómicos o fiscales sino de otro tipo. Eso supondría un haber competencial más amplio y blindado que ahora, en tanto que se definirían algunas competencias como forales, y sobre esas competencias habría una exclusividad absoluta del nuevo sujeto político. Y habría otras en régimen acordado, competencias en las que sería conveniente establecer bases comunes acordadas con el Estado. Pero, en todo caso, serían bases acordadas con el Estado, rompiendo el esquema que ha funcionado durante los últimos años, en los que el Estado ha fijado unas bases cada vez más expansivas, con lo cual se recortaba la autonomía.

Ese Concierto Político exige luego un sistema de gestión, que sería la expresión concreta, orgánica, de esa relación bilateral. Una Comisión Mixta del Concierto Político en la que se establecerían los espacios de acuerdo. Y además, un sistema añadido de resolución de conflictos que rompa con la unilateralidad que ahora existe cuando se plantea algún tipo de conflicto competencial, algún tipo de sistema paritario de gestión de conflictos.

Y por último, la fijación de alguna fórmula que garantizara el derecho de la ciudadanía vasca a establecer las relaciones que considere oportunas, en primer lugar con otros territorios de Euskal Herria, y también con el Estado, que es lo que se define genéricamente como derecho a decidir.

Desde ese acuerdo de bases han pasado varios años. ¿Ve opción de retomarlo y lograr un acuerdo entre los agentes vascos antes de ir a Madrid?

El planteamiento lógico es el de articular alianzas lo más amplias posibles en el ámbito vasco para luego pactar con el Estado la fórmula de autogobierno que aquí sea acordada por mayoría. La mayoría de la sociedad vasca creo que está expresando claramente cuál es su demanda de autogobierno, y es la demanda que se recogía en ese acuerdo de bases, que expresa una mayoría social, una mayoría sindical y una mayoría parlamentaria.

Se debería ir a Madrid con apoyo de la mayoría absoluta del Parlamento, y se seguiría en primera instancia el procedimiento de reforma estatutaria. El debate entre Estatus y Estatuto tiene un calado político de fondo, pero en este caso el planteamiento sería uno de reforma estatutaria para reconceptualizar la relación con el Estado, establecer un nuevo estatus jurídico-político. En este caso, para esta parte del país. El recorrido sería ese. Creo que es bastante claro, en los aspectos relativos al autogobierno, dónde están las mayorías en este país. Sería hacer que sea institucionalmente efectivo aquello que ya es social y políticamente efectivo.

Si se llegara a ese estadio, luego queda el de Madrid y la posición de fuerza del Estado. Ya sabemos por ejemplo qué pasó con el Estatut. ¿Hay opciones de mover esa piedra?

En la cuestión del Estatuto catalán y de la propuesta de Ibarretxe, en esa fase histórica, se produjo una verdadera mutación constitucional. El rechazo de plano a la propuesta de Ibarretxe, que no se entrara a negociar la propuesta, que fue aprobada por mayoría absoluta del Parlamento Vasco, y la sentencia 31/2010 sobre el Estatut, que el Tribunal Constitucional laminara las cuestiones más relevantes, definió un modo de relación del Estado con las autonomías que rompía el esquema que estaba planteado en la Constitución del 78. La pelota está en el lado del Estado español; si va a asumir la realidad material del Estado, una realidad plurinacional, o va a seguir la senda de recentralización que se inició en el 80-81 y que ha ido degradándose cada vez más.

Es cierto que hay en este momento al menos un Gobierno y unas fuerzas políticas que están expresando, de forma todavía no demasiado ambiciosa pero sí discursivamente, la asunción de una realidad plurinacional. La cuestión es aprovechar esta coyuntura para ir avanzando. Por la parte vasca o de las naciones sin Estado lo que toca es plantear propuestas sensatas, razonables, y racionales. Y luego, en función de la respuesta, cuando lleguen esos ríos habrá que construir los puentes y cruzar esos puentes, o no cruzarlos, cuando toque el momento.

Este debate va ligado al de la regeneración democrática del Estado. Ahora pasa bastante tiempo en Madrid, en el Senado. ¿Ve a los poderes del Estado con disposición de regenerarse democráticamente?

Es difícil ver exactamente cuál es el talante o la temperatura democrática del Estado. Por otra parte, se ha convertido en un tópico, pero creo que es real, que cuando hablamos del Estado estamos hablando de lo que algunos definen como la M30, o Madrid Distrito Federal, que son lógicas muy madrileñas. Cuando vas visitando los territorios del Estado te das cuenta de que muchas veces el problema es Madrid y sus lógicas políticas.

También, en esta coyuntura global, está el hecho de que las derechas españolas tengan claro con qué modelo ideológico van a sintonizar; si van a sintonizar con los modelos trumpistas, de Milei, Bolsonaro, etc., que en el PP están personificadas por la FAES, Aznar y Ayuso, o si van a optar por unos modelos de derechas más razonables que pueden entender lo que es la pluralidad nacional del Estado. Ese debate también lo tiene seguramente la derecha, porque creo que son conscientes de que la gobernabilidad del Estado depende de una situación relativamente pacífica con las naciones sin Estado. Cuál será la resolución de ese debate en las derechas aún está por ver.

 

 

 

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Un Nuevo Tiempo

El 20 de octubre, pero de 2011, la organización antifascista vasca ETA anunciaba el final de la lucha armada, haciendo saber su compromiso con su propio proceso de Desarme, Desmovilización y Reinserción. No olvidemos a que punto Madrid intentó descarrilar dicho proceso, apostando por la violencia, como ha sido costumbre en contra del pueblo vasco por hace ya muchas décadas.

Aquí lo que ha publicado Naiz para señalar la fecha:


ETA anuncia el cese definitivo de su actividad armada, la noticia que marcó un nuevo tiempo

Hoy es 20 de octubre y, sin duda, llega un día histórico para Euskal Herria. ETA pone fin a medio siglo de violencia, en lo que supone la consecución de una decisión deseada por la sociedad vasca. Se abre un nuevo tiempo y, con él, florecen nuevas oportunidades.

Ariane Kamio

Hubo quien no se fiaba de lo que aconteció tres días antes en la Conferencia Internacional de Aiete, incluso el sector más reaccionario intentó desprestigiarlo al considerar que solo respondía a cálculos políticos de la izquierda abertzale. El recelo –o el miedo a que la iniciativa por la resolución del conflicto y sus consecuencias llegara hasta el final– por la Declaración a la que dieron lectura seis reconocidos expertos internacionales era absurdo, pues podía intuirse que la comitiva encabezada por Kofi Annan no había venido hasta Donostia a darse un paseo por La Concha o a degustar pintxos por la Parte Vieja. El emplazamiento fue claro y ETA se apresuró a cumplir con la parte que a la organización le tocaba. A las 19.00 de la tarde del 20 de octubre de 2011 se realizaba un anuncio que pasaría a la historia: «ETA ha decidido el cese definitivo de su actividad armada». Sin duda, una decisión que disipaba cualquier duda y que, por encima de todo, hacía que un nuevo ciclo se abriera paso definitivamente en Euskal Herria.

Esta determinación marcaba con claridad un antes y un después, avanzando por la senda marcada por la iniciativa política de la izquierda abertzale desde dos años atrás, ya que fue entonces cuando se impulsó el debate interno que concluyó con una apuesta marcada por las vías políticas, pacíficas y democráticas. Hasta la fecha, desde Madrid se le había intentado quitar credibilidad, pero esta apuesta política ya había obtenido gran apoyo tanto en la sociedad vasca como en la comunidad internacional.

Al comunicar esta decisión, ETA subrayaba el concepto de que «en Euskal Herria se está abriendo un nuevo tiempo político. Estamos ante una oportunidad histórica para dar una solución justa y democrática al secular conflicto político. Frente a la violencia y la represión, el diálogo y el acuerdo deben caracterizar el nuevo ciclo», señalaba el comunicado que fue difundido esa misma tarde en las ediciones digitales de GARA y 'Berria', así como en las respectivas páginas de la BBC y de 'The New York Times'.

La noticia se produjo pocas horas antes de la muerte del líder libio Muamar Gadafi tras el último asalto de las tropas del denominado Consejo Nacional de Transición a su ciudad natal, Sirte. Gadafi fue capturado y linchado inmediadamente. Una noticia que tuvo una gran repercusión internacional, pero el anuncio histórico de ETA también tuvo gran eco dentro y fuera de las fronteras de Euskal Herria.

ETA surgió en 1958, por lo que cumplía ya más de medio siglo de vida. Su primera acción mortal -no premeditada- fue el tiroteo que costó la vida a un guardia civil en Benta Handi (Tolosa), una acción en la que también perdió la vida su activista Txabi Etxebarrieta. El enfrentamiento armado prolongado durante más de 50 años dejó más de 1.300 víctimas mortales. En su último 'Zutabe', ETA asumía 2.606 acciones y la muerte de 774 personas, mientras que, según datos facilitados por Euskal Memoria, en ese periodo la represión estatal ligada al conflicto acabó con 474 vidas.

Apelación a los gobiernos

La Declaración de Aiete instaba a los gobiernos español y francés a entablar diálogo, y ETA también realizaba la misma apelación a ambas administraciones «para abrir un proceso de diálogo directo que tenga como objetivo la resolución de las consecuencias del conflicto y, así, la superación de la confrontación armada. ETA, con esta declaración histórica, muestra su compromiso claro, firme y definitivo».

El segundo llamamiento de la organización armada iría dirigido a la ciudadanía vasca. «En adelante, el camino tampoco será fácil», advertía, al tiempo que animaba al pueblo a implicarse en el proceso que se abría «hasta construir un escenario de paz y libertad», y anticipaba su convicción de que «cada paso, cada logro será fruto del esfuerzo y de la lucha» de la ciudadanía. El tiempo demostró posteriormente que esos presagios se cumplirían: y es que fue precisamente el compromiso ciudadano el que llevó a la organización armada a su desarme.

Era, seguramente, la noticia que expresaba de forma más nítida el comienzo de un nuevo tiempo y estar a la altura de estos acontecimientos era una obligación, un gran compromiso, que GARA no podía eludir. Y qué mejor que acudir al arte, a nuestros artistas, a quienes cuentan nuestra historia, hacen memoria, generan nuevos universos, para mostrar a la sociedad vasca que aquel 20 de octubre sería un día para la historia.

El ejemplar del día siguiente cruzaba dos fronteras bien distintas y se realizó transitando rutas inusuales en este oficio, viajando entre el ejercicio periodístico más responsable y la intención de reunir esa épica –y esas emociones– a través de la inestimable colaboración de José Luis Zumeta. Y así se explicaba dentro de esa misma edición el trabajo realizado por el artista usurbildarra.

 

 

 

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