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jueves, 28 de septiembre de 2017

EZLN | Ayotzinapa, Fue el Estado

Les compartimos el texto que con respecto al tercer aniversario de la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa se ha dado a conocer en la página de Enlace Zapatista:


26 de septiembre NO SE OLVIDA.

Al pueblo de México y los pueblos del mundo

Al Concejo Indígena de Gobierno

Al Congreso Nacional Indígena

Al Ejército Zapatista de Liberación Nacional

A la Sexta Nacional e Internacional

La verdad no será sepultada.

Ayotzinapa, fue el Estado, la Solidaridad es de los Pueblos.

Somos colectivos e individuos adherentes a la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, simpatizantes del EZLN, del CNI y del CIG, personas de abajo y a la izquierda que hemos conformado las Brigadas Autónomas. El dolor y la emergencia por las tragedias generadas por los sismos del 7 y 19 de septiembre de 2017 nuevamente nos convocan. Frente al dolor, ha florecido entre el pueblo la solidaridad y la empatía. Frente a la impunidad y el autoritarismo del capital, del Estado y sus brazos armados, burocráticos y más ediáticos, se ha desplegado la resistencia y la rebeldía civil desde abajo, horizontal y combativa.

Los sismos provocaron graves pérdidas, pero la solidaridad también ha generado réplicas (como atinadamente apuntó algún medio). Nos hermanamos con las miles de familias y pueblos damnificados en Oaxaca, Chiapas, Veracruz, Puebla, Morelos, Estado y Ciudad de México. Desde ya les decimos que no sólo seguiremos estando en las labores de rescate, acopio e información, sino que estaremos acompañándoles en las tareas de reconstrucción autogestiva y social, la que no dejaremos en manos del “cártel inmobiliario”. Quienes de abajo y a la izquierda somos sabemos que la solidaridad nunca es suficiente, que no es una coyuntura, que tiene que ser una práctica de vida.

Y cómo es costumbre, frente a la emergencia dentro de la emergencia que hemos vivido en las últimas semanas, los malos gobiernos responden como saben: con autoritarismo, mentiras, robos, represión y desprecio. Para muestra algunos ejemplos: el gobierno del Estado de Morelos, encabezado por Graco Ramírez, robando el acopio que millones de personan aportaron para las zonas damnificadas, la COCEI y el PRD secuestrando los acopios que iban para Juchitán, las empresas fraudulentas de siempre, como el Teletón, abriendo cuentas para recibir dineros que nadie puede vigilar a dónde van a dar, o los miembros de la Marina siendo actores protagónicos del show que Televisa armó para subir su rating y tratar de limpiar la imagen severamente cuestionada de las fuerzas armadas.

Pero, aunque el Estado, sus instituciones y la clase política y empresarial intenten legitimarse mediáticamente, el pueblo sabe lo que en verdad representan. Sabe, por ejemplo, que ese Ejército que hoy quieren hacer pasar como “héroes de la patria”, representa la represión y desaparición forzada en nuestros pueblos. Digámoslo claro: del Estado y del capital no vendrán las soluciones, todo lo contrario, ellos son los responsables de que un fenómeno natural se convierta en una tragedia.

Así, la inteligencia popular no sólo desconfía, como alternativa, se auto-organiza. Eso fue precisamente lo que hicieron las compañeras de la Brigada Feminista que buscaron hasta el último momento a las costureras atrapadas en el edificio de Bolívar y Chimalpopoca. Eso es lo que hacen las centenas de brigadas que fueron a los pueblos y comunidades de diferentes estados. Eso es también lo que hacen las miles de personas que, negándose a la burocratización de la solidaridad, recuperan las herramientas y las toneladas de acopio que intenta monopolizar el Ejército, otras instituciones del Estado y las empresas capitalistas.

Autonomía, en una palabra, eso es lo que hemos visto florecer en las zonas más afectadas del país. Autonomía, rebeldía y resistencia que crean y defienden la vida.

En estos días también hemos constatado como a pesar de la “guerra capitalista”, el tejido social del México de abajo sigue fuerte, solidario y con memoria. Ese México de abajo no olvida, tiene memoria.

No olvida, entre otras cosas, que el Ejército mexicano tiene una gran responsabilidad en la desaparición forzada de nuestros compañeros de Ayotzinapa. Ese pueblo recuerda también el papel del ejército en Tlatelolco, Acteal, Aguas Blancas, El Bosque, El Charco, Tlatlaya y en muchos asesinatos y desapariciones de civiles, así como la tortura -incluida tortura sexual-, la prisión política y la contrainsurgencia contra comunidades indígenas y organizaciones sociales.

En el contexto de esta tragedia, las fuerzas armadas buscan obsesivamente el control social. El Estado pretende evitar el contacto entre grupos sociales, brigadistas, víctimas y gestorxs de acopio. Los y las damnificadas están en peligro del desplazamiento forzado para beneficiar a inmobiliarias y especuladores, pues los señores del dinero y de la guerra se abren camino para continuar con el despojo territorial y sacar ganancia del dolor.

Así mismo, el olvido de las víctimas indígenas y comunidades más pobres refleja el desprecio de un gobierno racista y clasista. Quieren destruir todo sentido de comunidad y solidaridad porque temen que sea la semilla de la organización autogestiva y autónoma. Por eso llamamos a estar atentos de las comunidades indígenas en la Ciudad de México, sobre todo de las familias ñañus (otomíes) en la Delegación Cuauhtémoc, agredidas también por vecinos racistas.

Y como ahora el pueblo frente a los sismos, desde hace tres años, los padres y las madres de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa resisten. Resistieron desde el primer día y desde entonces no han parado. 36 meses, 1095 días, 26280 horas buscando a sus hijos… Su lección de dignidad y organización hoy nos es muy útil para enfrentar lo que viene. Que quede claro: también con ellos y ellas seguiremos caminando, porque como dijimos antes, la solidaridad nunca es suficiente.

La lucha por los 43 de Ayotzinpa, es también la lucha por el rescate de todas las víctimas del sismo. Ni desapariciones forzadas, ni vidas ni cuerpos bajo los escombros y en el olvido. Nos negamos a que la verdad, la memoria y la justicia sean enterradas.

Nuestros hermanos de Ayotzinapa, Guerrero, con su digna perseverancia en la búsqueda de sus hijos, y nuestros hermanos normalistas, son un ejemplo a seguir: representan la tradición de organizaciones que defienden la vida contra la maquinaria de muerte del Estado.

De Ayotzinapa a las víctimas de los sismos, el pueblo trabaja y lucha para rescatarlos y presentarlos con vida, mientras el Estado y sus brazos armados y mediáticos procuran mantenerlos desaparecidos y olvidados, invitando compulsivamente a “superarlo” y regresar a la “normalidad”: una normalidad que para el capital es lucro y ganancia, y para los pueblos es sufrimiento y muerte.

¡Vivxs o muertxs, nuestros cuerpos no son desechos! Es la consigna que hoy grita el pueblo de México. ¡Vivos se los llevaron y vivos los queremos! Es la consigna que hemos gritados desde hace tres años.

Hoy como ayer, no aceptaremos “verdades históricas” que es como el gobierno llama a sus mentiras. Hoy, igual que ayer, no permitiremos que la verdad sea sepultada.

¡Que muera la muerte que el capitalismo impone!

¡Que viva la vida que la resistencia crea!

Brigadas Autónomas y solidarixs adherentes y simpatizantes de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, reunidxs en el Café Zapata Vive el 25 de septiembre de 2017.






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