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lunes, 7 de mayo de 2018

La Última Entrevista de ETA

ETA ha culminado su histórica desmovilización con dos actos, el primero en Ginebra ante la comunidad internacional y el segundo en Kanbo ante su pueblo.

En Gara han publicado la que puede ser ya considerada la última entrevista concedida por la organización antifascista vasca:


Euskadi ta Askatasuna (ETA) | La última entrevista a ETA antes de su final ha sido realizada por GARA durante estas últimas semanas. No es una entrevista normal, y no solo por ese motivo histórico, sino porque en ella los y las representantes de la organización han respondido a todo tipo de cuestiones, en torno a 400, sin eludir ninguna salvo las que por motivos técnicos como el paso del tiempo no se sentían capaces de aclarar. El documento consiguiente, imprescindible para arrojar luz sobre estos 60 años y muy clarificador sobre este fin de ciclo, verá la luz en forma de libro en el mes de junio en euskara, su idioma original. Pero, por su innegable actualidad, GARA adelanta aquí buena parte del primer capítulo, traducido al castellano, que profundiza en los motivos y claves de esta decisión de cerrar su trayectoria. También se avanzan algunas respuestas de ETA sobre las consecuencias del conflicto que continúan pendientes y sobre el daño causado por su acción armada.

Iñaki Soto

«No hemos conseguido los objetivos, pero el camino no está cerrado». Esta es una de las reflexiones principales de la ponencia aprobada muy mayoritariamente, y sustenta la decisión de poner fin al ciclo y función de ETA. Suena sincero y realista, no hay triunfalismo, pero ¿quiere decir acaso que la organización se ha quedado a medio camino?

Ese camino continúa. El proceso que tiene como horizonte la creación del Estado Vasco sigue. ETA ha sido actor fundamental para poner en marcha y dar cuerpo al proceso de liberación, no hay la menor duda de ello, pero no podemos equiparar el final del ciclo histórico de ETA y el final de ese proceso de liberación. Lo que queremos decir con esa frase que se reproduce en la pregunta es que los objetivos intermedios que preveía ETA (para entendernos, reconocimiento nacional y derecho de autodeterminación) no se han conseguido todavía, pero que hay opciones de lograrlos.

Desde un punto de vista histórico, comparando la situación cuando ETA emprendió su camino y la situación cuando cierra su ciclo, se puede extraer esta conclusión: entonces había un pueblo condenado a morir y hoy hay un pueblo que quiere ser dueño de sí mismo.

¿Cuándo y por qué afloró la necesidad de cerrar ese ciclo?

La cuestión es con qué se une el final de ese ciclo. Entre nosotros estaba bastante instalado el criterio de que el fin de ETA, en su caso, habría venido de la consecución de unos objetivos políticos concretos. Diferenciábamos además el fin de la lucha armada y el fin de ETA. Para nosotros ETA siempre ha sido una organización política, que desde un momento determinado a otro momento determinado ha practicado la lucha armada. No ha sido una organización militar que hace política. Por introducir una curiosidad, cuando el Gobierno de PNV-PSE dijo para censurar el anuncio de un libro sobre el desarme que la expresión ‘organización militar’ no era adecuada, nosotros pensamos: ‘vaya, si supieran que a nosotros tampoco nos hace ninguna gracia esa denominación’... Por decirlo de modo simple, hemos preferido ser ETA que ETA-militar (una denominación posterior a la división de los años 70 y surgida a consecuencia del debate de aquel momento).

Retomando el hilo, fin de la lucha armada y fin de la organización no eran lo mismo para nosotros. Y así encaramos, por ejemplo, los procesos de negociación. Era la lucha armada lo que se ‘negociaba’. Ahora, en cambio, esta última decisión debe entenderse en la lógica del cambio de estrategia realizado. El fin de la lucha armada no estaba unido ya a un esquema negociador, sino a un cambio de estrategia, y ello ineludiblemente tenía que desencadenar también el debate sobre el fin del ciclo de ETA. Este debate y esta decisión hay que ubicarlos en el cambio de estrategia y el intento de cambiar de fase.

No podemos poner una fecha exacta a la pregunta, pero sí podemos decir que la reflexión que se abre en la izquierda abertzale desde 2008 marca el punto de inflexión, más claramente en 2010 y mucho más aún en 2011. Esto ha provocado un recorrido largo, con altibajos y contradictorio en ocasiones, pero imponiendo una lógica. La opción del final de ETA, de modo explícito y concreto, se puso sobre la mesa en primavera de 2015 (...) Lamentablemente, entonces desataron una ofensiva policial. Se produjeron las detenciones de Ortzaize y unos meses después las de Baigorri. Ello hizo demorarse las cosas, aunque en el Gudari Eguna de ese 2015 apareció una idea: la mayor parte del recorrido de la organización ya estaba completada. Ello no presuponía su final, pero reflejaba que en el debate que tenía que hacer la izquierda abertzale ETA ya no sería un agente principal y que la estrategia independentista necesitaría otros pilares. Paradójicamente, la acción de las fuerzas policiales hizo que la conformación de ese debate se pospusiera, aunque es cierto también que esa actitud de los estados dejaba muy claro que teníamos que seguir con nuestra apuesta. De lo contrario, nos ahogaríamos políticamente en el anterior esquema represivo, a la espera de una solución acordada que nunca llegaba. Al final completamos un pack en el que los elementos más visibles eran el desarme y la disolución [los entrevistados utilizan el término desegitea] de la organización, mientras la izquierda abertzale avanzaba por la senda del proceso Abian. La fotografía de 2015 y la de hoy son realmente diferentes.

¿Es la organización quien toma conciencia de esta necesidad, por su cuenta, o la interioriza por influencias externas? A menudo se le reprochó hacer oídos sordos a demandas externas...

A menudo se han dicho muchas cosas que no tienen que ver con la realidad de ETA. Hemos tomado esta decisión ‘por nuestra cuenta’, pero eso no quiere decir que estemos afectados de ‘autismo político’. Hemos analizado la situación del proceso político y sus opciones de desarrollo, y nuestro objetivo principal ha sido favorecer ese proceso de liberación, dentro del análisis de la izquierda abertzale, con el fin de construir un movimiento y un proceso independentista fuerte, capaz de responder a los debates de cada momento y a los giros tácticos precisos.

(...) La reflexión, en cualquier caso, no es cómo hay que poner fin a una organización armada, sino cómo tiene que avanzar el proceso de liberación. Nuestra reflexión arrancó ahí, y en ese marco hemos llegado a esta conclusión. Será la evolución del proceso la que sentenciará si esta decisión ha sido adecuada. Por sí mismo, un acuerdo negociado tampoco hubiera garantizado nada.

¿Ha habido presiones para que el final fuera completo y claro?

A decir verdad, aunque desde hace tiempo ha habido menciones y declaraciones puntuales sobre ello, no hemos notado una presión especial. Puede haber dos razones para ello: por un lado, los agentes que han entablado relación con nosotros, tanto de Euskal Herria como internacionales, ya han ido teniendo conocimiento de nuestras intenciones; y por otro, haber anunciado este debate antes de acometer el desarme aclaró muchas cosas.

Luego, siempre hay quien escenifica, aunque no hagan falta presiones ni interpelaciones. Hay ciertos políticos profesionales que cuando escuchan que algo llega se apresuran a hacer declaraciones, a veces para aparentar liderazgo, otras para enturbiar el ambiente, o porque están incómodos ante eso que viene... De cualquier modo, ETA ya anunció en la nota publicada en setiembre de 2017 los pormenores del debate, y remarcamos que por encima de intoxicaciones, operaciones y declaraciones fuera de lugar y de tiempo, desde ese momento la militancia tenía la palabra y la decisión. Nos gustaría que estos avances fueran percibidos por otros sectores, aunque reconocerlos explícitamente pueda ser demasiado para algunos. En estos años hemos visto con preocupación la obsesión por enturbiar cualquier intento (sobre todo por parte del PNV y Urkullu). Parece que han preferido ensuciar la situación a encarar las oportunidades que ofrece esta nueva situación para las próximas décadas. Parece que temen que la nueva situación deje en evidencia sus carencias y el hecho de que no tienen problema en ejercer de bastón del régimen.

Tras dejar la lucha armada definitivamente, había otras opciones: continuar como organización hasta que se resuelvan las consecuencias del conflicto, convertirse en organización política civil como planteó por ejemplo Patxi Zabaleta.. ¿Han estado sobre la mesa? ¿Por qué se han descartado?

No queremos polemizar con Patxi Zabaleta, bastante lo hicimos hace unos años. En cualquier caso, no creemos que lo que ETA ha hecho ahora y lo que él decía sean cosas contrapuestas. Esas declaraciones suyas tenían una lógica, igual que la tiene nuestra decisión (...) Pero aprovechemos la pregunta para hacer un ejercicio sobre esa afirmación: si hubiera que renovar un acuerdo de gobierno en Nafarroa y otros partidos propusieran la disolución incondicional de ETA, ¿que tendría que hacer EH Bildu? ¿Propondría acaso que ETA siguiera y no firmaría el acuerdo? (...)

La otra cuestión es cómo quedan los temas de las consecuencias del conflicto, que históricamente han aparecido ligados a ETA. La reflexión de muchas personas viene por ahí, en el sentido de que ETA debiera haber continuado hasta resolverlos. Algunos han defendido esa posición dentro de la organización en este debate. Sin embargo, en los últimos tiempos, a medida que pasan los meses, vemos que se están conformando otros modelos para afrontar esas cuestiones. Con el desarme ha quedado de manifiesto. Y en el tema de los presos también se están intentando otras vías, con algunos avances por primera vez en mucho tiempo, aunque sean ciertamente pequeños. Diremos más: unir el final de ETA con la solución al problema de los presos supondría la semilla de un nuevo bloqueo. Ya hemos visto estos años que los gobiernos superan esa ecuación con facilidad. Presentan la resolución integral del conflicto como una demanda de ETA. Y les será más difícil si es una demanda del pueblo.

Recogiendo la terminología internacional, algunos agentes como el Foro Social han reivindicado estos últimos meses el término «desmovilización». Otros han exigido «disolución». ETA ha optado por «final». ¿Es todo lo mismo? ¿Por qué exactamente esa fórmula?

(...) Cuando los medios decían que utilizaríamos el término «desmovilización», entre nosotros nos mirábamos con asombro. Por las características de la organización y del proceso vasco, no nos parece que esa palabra refleje bien lo que había que hacer. Quizás porque, puestos a frivolizar con ello, cuando escuchamos la palabra «desmovilización» nos imaginamos largas filas de guerrilleros bajando del monte. Según los estándares internacionales, políticamente puede ser un término adecuado, pero nosotros no lo hemos utilizado. Y acaso sea mejor, porque si no dirían que es un término de ETA. Y esos agentes sociales todavía tendrán que seguir trabajando...

Tenemos que decir además que recibimos un mensaje curioso. Representantes del Gobierno de París dijeron que «desmovilización» no era un término claro, porque lo que se desmoviliza puede movilizarse de nuevo después. Nos pareció absurdo, porque siguiendo esa lógica lo que se deshace también puede rehacerse otra vez. Nos resultó muy curioso el argumento, y nos demostró que para no avanzar en la resolución cualquier excusa vale, incluso el supuesto significado de una palabra. Todo vale para clamar una vez más el «no es suficiente».

En cuanto a «disolución», ha sido un término bastante maldito entre nosotros, porque los estados, responsables policiales, algunos dirigentes políticos y medios de difusión lo han utilizado ligado a «derrota». Las palabras se cargan demasiado. Es cierto, en cualquier caso, que en el debate interno muchos compañeros y compañeras han usado ese término con naturalidad, no ligándolo a «derrota», sino para expresar lo que iba a suceder, simplemente mirando al diccionario.

Sea como sea, «desegitea» es la palabra clave para nosotros. Es la que usamos. Hay que decir, además, que ETA piensa principalmente en euskara y que en euskara ese término sale de modo natural: hicimos ETA y ahora la deshacemos. Hemos querido reflejarlo así, siguiendo con la idea principal utilizada en el desarme: ETA fue creada desde el pueblo y ahora se disolverá en el pueblo.

Para mucha gente, esta decisión conlleva perder las siglas que han sido su referencia durante décadas. ¿O no es así?

Como referencia histórica, las siglas seguirán estando ahí. Seguirán como testigo de una larga fase del movimiento y el proceso de liberación. Pero ETA desaparecerá como organización, y por tanto, como consecuencia de su decisión, sus siglas no se usarán en la acción política. Desde 2010 no se ha practicado lucha armada en nombre de ETA. Y desde ahora tampoco habrá acción política en su nombre: no se interpelará a nadie, no habrá propuestas políticas....

Excepto LAB, todas las grandes siglas históricas de la izquierda abertzale han desaparecido en este proceso. ¿Qué conclusión se extrae de ello?

La respuesta políticamente correcta consistiría en decir que son herramientas, pero con ello no seríamos honestos. Para su militancia, ETA es más que una mera organización, es el reflejo del compromiso con la lucha por Euskal Herria y el arca que guarda valores profundos compartidos con el resto de compañeros y compañeras. Los y las militantes de ETA mantendremos ese sentimiento hasta nuestra muerte. Y también esa responsabilidad, para, aunque sea de un modo distinto, hacer nuestra aportación al desarrollo del independentismo de izquierdas y para mantener el compromiso que exige el proceso de liberación, cada uno en la medida de sus posibilidades. Seremos exmilitantes de ETA, pero llevaremos hasta la muerte haber formado parte de ETA. A nivel de sentimientos, seremos de ETA siempre. Asumiendo todo lo hecho, incluyendo los errores y todas las cargas (...).

¿La organización hubiera sido un obstáculo inevitablemente para la suma de fuerzas que requiere un proceso independentista?

Como comprenderá, no nos hace ninguna gracia escuchar que podíamos ser un obstáculo para el proceso independentista. Consideramos que no es una formulación adecuada. Lo hemos oído otras veces. En tiempos de Lizarra-Garazi escuchamos a ELA decir ‘ETA sobra y estorba’, y daba la impresión de que ese era el único problema. Con el paso de los años hemos visto muchas veces que pedir cuentas a otros es la manera de camuflar las carencias propias. No se lo reprochamos a nadie en concreto, es una reflexión general y nuestro objetivo no es iniciar polémicas ni rifirrafes. Pero sí queremos apuntar que muchas veces parecía decirse que si ETA dejaba la lucha armada todo resultaría muy fácil, pero ni era así ni es así. Entendemos que hay que cambiar cosas en la acción política, y antes de pedir nada al otro toca pensar que uno mismo también tiene que hacer lo suyo. En ello ha andado ETA estos últimos años.

Según nuestro análisis, para conformar el movimiento que necesita un proceso a la independencia, los protagonistas y agentes deben organizarse en función del mismo, y ahí decimos honestamente que no vemos una aportación de una organización clandestina como la nuestra. Tendría que ser, en su caso, una aportación cualitativa, pero eso no encaja en lo que debe ser ese movimiento. La mayoría amplia que hay que conformar no lo entendería. Y nosotros también rechazamos esa opción de sobrevivir como organización oculta.

Desde una perspectiva esencialmente histórica, cerrar un ciclo de 60 años tiene que generar vértigo, o al menos responsabilidad. ¿Cómo se vencen esas sensaciones?

Con dificultad. Cuando Zuzendaritza Batzordea de ETA presentó esta propuesta, admitió que quizás no tenía la trayectoria suficiente para hacer tal cosa. De verdad lo pensábamos. Por eso era importante recoger la opinión de quienes formaban Zuzendaritza Zabala. Queríamos saber si nuestra propuesta tenía base suficiente. En la cultura de ETA, Zuzendaritza Batzordea tiene toda la legitimidad para proponer y actuar, pero comenzamos poniéndonos en duda a nosotros mismos, conscientes de la responsabilidad que exige una decisión así. Puede tomarse también como señal de debilidad, pero es así como afrontamos el asunto. Afortunadamente Zuzendaritza Zabala avaló la propuesta, y posteriormente la militancia le ha dado un respaldo absoluto. Además de ello, la relación con agentes internacionales y con ciertos agentes de Euskal Herria nos ha aportado seguridad.

Los estados, y también muchos agentes vascos, argumentarán sin duda que esta decisión es fruto de un fracaso. ¿Cómo se replica a una afirmación así? ¿O se trata de una batalla perdida de antemano?

Está claro que habrá un bombardeo en ese sentido. La práctica de tantos años no ha cambiado. Los guiones están escritos y no cambian ocurra lo que ocurra. Ello empobrece el debate y las oportunidades políticas, y es esto precisamente lo que preocupa a ETA, y no tanto lo que se vaya a escribir sobre fracasos de nuestra organización. La batalla principal está en superar el conflicto; el conflicto político y sus consecuencias. La batalla principal es conseguir otra situación, realmente democrática.

De cualquier modo, también se puede formular la pregunta en otro sentido: ¿Es el ‘Estado de Derecho’ español el que ha vencido en Euskal Herria, el que ha tenido una victoria increíble? En este momento la distancia respecto al proyecto de España es mayor que nunca y quienes defienden ese proyecto tienen menos respaldo que nunca.

Nada está escrito. Por tanto, supongamos que de aquí a 10-20 años un proceso independentista sigue sin arrancar, y que en cambio la «colonización» ha avanzado y el socialismo es pura ficción. ¿De quién sería la culpa? ¿De ETA? ¿De la izquierda abertzale? ¿De la suma de fuerzas? ¿De la ciudadanía?

Creemos que en Euskal Herria hay fuerza, valentía e inteligencia suficiente para conseguir otra realidad política y social. Y por eso hemos hecho lo que hemos hecho, hemos decidido disolver la organización. Es cierto que el futuro no está escrito y que el proceso político puede retroceder si no se logra conformar el itinerario pertinente. Los estados también intentarán preservar su dominio, y ya sabemos a qué están dispuestos para ello. Tenemos por delante una oportunidad a pelear, y este pueblo tiene que poner ahí lo mejor de sí mismo. Creemos que hay datos objetivos para creer en ello; hace falta un poco de perspectiva, y también tranquilidad estratégica. Se ha puesto una base suficiente para que Euskal Herria no sea asimilada y para construir un proyecto liberador, y ello nos debe dar una cierta tranquilidad mínima como pueblo. Aparte, utilizar la culpa de modo preventivo no es muy adecuado, y más inadecuado aún sería echar la culpa sobre el pueblo.

Imaginemos ahora la opción contraria. Imaginemos que, por ejemplo a medio plazo, las condiciones son aprovechadas y nace el Estado Vasco. Quienes han formado parte de ETA, ¿considerarían entonces que la organización ha sido la llave para ello?

Sabemos que responder a esta pregunta desde el orgullo puede generar ruido y manipulación, porque en ciertos agentes políticos y medios siempre hay costumbre de retorcer estas cosas y presentarlas como prepotencia y desprecio. El proyecto de crear el Estado Vasco exige un esfuerzo colectivo impresionante. Es este el mensaje que hay que remarcar, y quienes hemos sido miembros de ETA nos esforzaremos en que sea así, cada uno desde el sitio que decida. Hemos llegado aquí gracias al trabajo y esfuerzo de muchos, porque muchos hicimos frente al franquismo, dibujamos un proyecto popular y luchamos mucho. Y eso es un legado para el futuro, aunque haya habido fallos y errores.

En los informes se menciona Zuzendaritza Batzordea, pero también Zuzendaritza Zabala... Se deja claro que mucha gente ha tomado parte en el debate, incluidos algunos que no han sido miembros de la organización. ¿Por qué se ha decidido abrir esa puerta?

Se ha dado cuenta del debate también a quien no ha sido miembro de la organización, tomando en cuenta la relación y los lazos con ETA. En total, han tenido conocimiento de ello 2.500-3.000 personas. En cualquier caso, en el meollo del debate solo han tomado parte y han votado sus militantes. Se ha hecho un esfuerzo ímprobo por completar un censo amplio de compañeros y compañeras. Como se puede suponer, por razones de seguridad esa tarea no ha sido fácil, porque algunos militantes tienen una dinámica ágil pero en otros casos el hilo estaba bastante perdido. La participación ha sido muy remarcable.

Se ha conseguido un alto nivel de consenso, ¿qué consecuencia se extrae de ello?

Que se ha acertado en el fondo y en la forma. Esto da a entender que seguramente lo teníamos que haber hecho antes. Pero si lo hubiéramos hecho mal, la base sería más débil, y los riesgos, más graves. También por este motivo hemos empleado bastantes meses para este proceso de debate. Y la propuesta ha sido clara, con el fin de darle un sí o un no claro. Por tanto, una de las consecuencias principales a remarcar es el calado que tiene la decisión.

El proceso de debate ha servido además para clarificar. Muchos y muchas militantes han agradecido el esfuerzo. Y querríamos creer que muchos sectores populares que estas décadas han estado alrededor de ETA, incluidos quienes habían perdido el hilo con ella, han visto con buenos ojos lo que se ha hecho.

Si la propuesta de la dirección hubiera recibido un No mayoritario, ¿en qué situación estaríamos hoy?

Recogiendo los argumentos de rechazo, se haría una nueva propuesta política para que la refrendara la militancia, y seguramente para canalizar ese proceso tomarían la responsabilidad otros militantes que no están hoy en la dirección. En cualquier caso, hoy día todo eso es mera especulación, porque el respaldo recibido por la propuesta ha sido casi total.

«Con nuestra declaración sobre el daño causado hemos querido favorecer consensos por la convivencia, no poner líneas rojas»

¿La organización es consciente del daño que ha causado? ¿En su totalidad? Es decir, ¿en todos los casos?

Sí, ETA reconoce todo el daño causado y ahora ha querido reconocer el gran sufrimiento que ha provocado ese daño, con el deseo de hacer frente al futuro de modo constructivo. Hemos dicho que lo sentimos de verdad y hablado de todo el daño causado. Creemos que pone una buena base para el futuro, pese a que quienes siguen poniéndole trabas hayan leído la declaración con malos ojos.

¿Todos los muertos y heridos por ETA son víctimas?

El hermano de un mando policial muerto a consecuencia de una acción de ETA, él también policía, declaró esto ante los medios de comunicación: ‘Mi hermano no es una víctima, es un gudari, gudari nagusia’. Está claro que esa persona no quería rebajar el daño causado, ni aliviar la responsabilidad de ETA.

ETA ha dicho algo que por otro lado cualquiera sabe: que ha habido quienes han estado en el centro mismo del conflicto, a propósito y por su responsabilidad, y quienes no han estado ahí. A eso lo han llamado categorización. Pero la categorización la hacen otros en sus leyes y declaraciones, porque por ejemplo en ellas no son iguales las víctimas provocadas por ETA y las provocadas por la guerra sucia. Diremos más; para ellos tampoco todos los afectados por ETA son iguales. Hace falta ser hipócrita para ello. En la acción contra Aznar con un coche-bomba, aquella explosión mató a una mujer, pero prácticamente nadie la puso por delante del Aznar que salvó la vida. Eso sí que es categorización.

No es intención de ETA rebajar el daño de nadie ni despreciar a nadie. Sin ninguna intención perversa, al valorar lo hecho durante años ha descrito algunas realidades. Ese es el punto de vista de ETA, pero ETA entiende que existan otros. Entre la ciudadanía vasca está muy extendido el concepto de que hay que reconocer a todas las víctimas, y sobre eso se puede trabajar, por encima de contradicciones y puntos de vista. Porque ETA ya no estará, y en la ciudadanía vasca surgirán otros consensos destinados a fortalecer la convivencia. Nosotros hemos querido poner una base con nuestra declaración, para favorecer esos consensos, no para poner líneas rojas.

Y los voluntarios de la organización, ¿son víctimas?

En la medida en que hemos sufrido por el conflicto, puede decirse así, pero en honor a la verdad ETA no considera ‘víctima’ a los caídos en la lucha, porque como queda dicho han estado en el mismo centro del conflicto a propósito y por su responsabilidad, han sido activistas. Este es el punto de vista de ETA, su pensamiento político, nada más. Otra cosa es que los miembros de ETA hayan sufrido daños, incluida la muerte, a consecuencia de actividades que el Estado no admite pero que ha practicado (tortura, guerra sucia o vulneraciones de derechos humanos en las cárceles). Y sí, Joxe Arregi, aunque fuera activista de ETA, es una víctima, porque lo torturaron hasta la muerte, porque padeció un trato que está fuera incluso de todas las normas y leyes de la guerra más cruel del mundo.

«No entramos en la lucha para liberar a los presos, sino para lograr objetivos políticos. Y en ello estamos»

La principal consecuencia del conflicto por resolver hoy es traer a casa a personas presas, exiliadas y deportadas (...) A la hora de tomar esta decisión, ¿qué les dicen a quienes están en esa situación?

Antes que nada que, como saben mejor que nosotros, son militantes políticos (...). Y esta decisión es fruto de un análisis político profundo, de una reflexión sobre cuál es la mejor aportación que la organización puede hacer al proceso de liberación en este momento del siglo XXI. Por supuesto sabemos que esta decisión no desata por sí misma todos los nudos, y que las consecuencias del conflicto y más concretamente el tema de presos y exiliados queda sin resolver. Y en consecuencia habrá que seguir trabajando en ello, como en el resto de ámbitos. En lo sucesivo, las personas presas que han sido miembros de ETA serán únicamente miembros de EPPK y continuarán haciendo ahí sus aportaciones (...). Creemos que los presos y refugiados son más conscientes que nadie de todo esto. Como decía un compañero prisionero, no entramos en la lucha para liberar a los presos, sino para lograr objetivos políticos. Y en ello estamos.

¿Tienen confianza en que la decisión de la organización ayude en ese camino? Es más, ¿están convencidos de ello?

La decisión no se ha tomado con ese objetivo, sino que es la consecuencia lógica del cambio de estrategia y las decisiones tomadas por la izquierda abertzale desde 2009. La apertura de una fase forzosamente trae el cierre de la anterior (...). En una lógica de resolución de conflicto, esto debería tener reflejo en la cuestión de los presos y exiliados, es lo que dan a entender los ejemplos y la práctica internacional, pero que nadie nos pida entrar en la lógica española, porque su única lógica es la venganza. De cualquier modo, y aunque esa no haya sido la razón principal, sí tenemos la esperanza de que esta decisión al menos facilite buscar y conseguir consensos en Euskal Herria.

Supongamos que se lograra encarrilar las consecuencias de este ciclo de enfrentamiento armado y el meollo político, en cambio, continuara bloqueado como ahora. ¿Habría que entender que el conflicto vuelve al punto de origen?

El conflicto no está nunca en el punto de partida. Desde una perspectiva histórica de alcance, el proyecto político de una República vasca es más fuerte que nunca, y es esto lo que tenemos que ver: si hoy somos más que ayer y si con nuestra estrategia mañana lograremos ser más que hoy. Esto exige trabajo, jugar a grande, dar valor a lo que nos une y dejar de lado lo que nos separa por el bien del objetivo principal. El día mágico no existe. El dirigente del IRA y gran amigo de Euskal Herria Brian Keenan lo expresaba así: «Las listas de deseos son para las Navidades». Nosotros diríamos que son para Olentzero. Los revolucionarios no podemos pararnos en ensoñaciones, lo que tenemos que hacer es crear estrategias adecuadas para hacer realidad los sueños. Esa es la clave. Y ese es el gran reto hoy para la izquierda abertzale, diseñar una estrategia real y eficaz, con los pies en el suelo, teniendo en cuenta el pueblo y la realidad existentes. Haciendo camino paso a paso, como el buey.






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sábado, 5 de mayo de 2018

Semblanza no Simplificada de ETA

Ayer el pueblo vasco fue testigo de un hito muy particular en su historia. En la localidad de Kanbo la organización antifascista ETA cerraba su ciclo de lucha tras seis décadas de existencia. Ríos de tinta correrán al respecto, aunque la mayor parte de los textos producidos llevarán mezclada una buena cantidad de hiel con esa tinta.

Hoy, por llevar la contraria y recurriendo para ello a Gara, les traemos este texto de Iñaki Iriondo:


La historia de ETA, de sus militantes, de los partidos que nacieron de ella va más allá de su actividad armada y entronca con profundos movimientos políticos que han marcado el devenir de las últimas cinco décadas en Euskal Herria y en el Estado español.

Iñaki Iriondo

Hace cuatro meses y unos pocos días murió Josemari, veterano gudari nacido en 1938. En estas fechas históricas lo recuerdo un mediodía en la barra del bar, con su zurito sin alcohol –órdenes de su médica– mirando a la televisión que tenía conectados los subtítulos que permiten seguir el contenido del informativo aunque no se puede oír. En la imagen, Iñigo Urkullu incidiendo en que, no recuerdo si ETA en concreto o la izquierda abertzale en general, debía reconocer «el daño injusto causado a todas las víctimas, a todas sin excepción».

Josemari posó el vaso en la barra despacito y respirando hondo, nos miró y preguntó al aire «¿cuál era la forma justa de que Melitón Manzanas dejara de torturar? ¿Denunciarlo a la Policía? ¿Esperar que lo juzgaran los tribunales franquistas?». Antes de que pudiéramos contestarle, siguió: «¿O lo justo era dejar que nos siguiera machacando?»

Nos quedamos pensando –yo al menos– cuánta hipocresía hay en algunos discursos político. Debe haber memoria, claro está, una memoria completa. Cuando en las verbenas de Euskal Herria los jerséis se lanzaban al aire impulsados por el «eup, lara», había celebración por un atentado de ETA. Una explosión que, por cierto, dejó a Francisco Franco sin su heredero para continuar con el franquismo.

Se pretende en estos días despojar a la actividad de ETA de su carácter político, pero hay que preguntarse, por ejemplo, qué habría pasado si el almirante Luis Carrero Blanco hubiera sobrevivido a Francisco Franco. Con independencia de la opinión o juicio ético que cada cual tenga sobre la actividad armada de ETA, lo que no se puede negar es su incidencia política y, en el ejemplo que nos ocupa, su contribución decisiva al final del franquismo.

En una tertulia radiofónica reciente, un conocido y popular ex senador del PNV diferenciaba entre la ETA del franquismo y la posterior. A la que se rebeló contra la dictadura le concedía cierta justificación.

Es éste un terreno muy resbaladizo, puesto que el juicio ético («matar siempre estuvo mal») es sustituido por los análisis políticos y estratégicos («matar estuvo mal o no tanto, según cuando y a quién»). ¿Y dónde se pone ahí la frontera temporal entre el bien y el mal? ¿En 1975, en la amnistía de 1977, en el referéndum de la Constitución de 1978 (rechazada en Euskal Herria), en la aprobación del Estatuto de la CAV en 1979 o en la del Amejoramiento del Fuero navarro de 1982?

A lo largo de su historia, ETA ha sufrido escisiones y agrupaciones de sectores antes divididos, en unos casos para abandonar la lucha armada y en otros para mantenerla, retomarla o amenazar al menos con hacerlo. Algunos protagonistas de esos movimientos siguieron después en activo en la política vasca, bien liderando formaciones, bien en cargos intermedios de partidos e instituciones o bien como comentaristas en medios de comunicación. Y entre ellos hay un nexo común: consideran que la lucha armada estuvo más o menos justificada hasta que cada uno de ellos decidió abandonarla.

Según notables investigadores, ETA fue fruto y semilla de un resurgir político en Euskal Herria en los años 60; las nuevas generaciones se sacudían el terror que producía la represión franquista y el recuerdo paralizante de la guerra y comenzaban a organizarse, generando un cierto efecto dominó.

ETA introdujo importantes innovaciones en el pensamiento político vasco, actualizando las ideas que en las primeras décadas del pasado siglo habían esbozado los primeros partidos abertzales de izquierda, como ANV. Una nueva conjunción entre la lucha de clases y la lucha de liberación nacional, un renovado concepto de quién podía considerarse como vasco o vasca, no en base a su lugar de nacimiento sino al de trabajo. Se dio también otra importancia al idioma y a la cultura que rompió moldes pretéritos.

Antes de optar por la vía armada, ETA ya supuso todo un revulsivo en el mapa político, dando lugar después a una cascada de siglas de distintas organizaciones de izquierda.

Resulta llamativo que, hoy por hoy, el único partido que tiene en su denominación una sigla relacionada directamente con ETA es el PSE-EE, con ese Euskadiko Ezkerra tan íntimamente ligado con ETA pm.

Con un lazo azul en la solapa, la secretaria general del PSE-EE, Idoia Mendia, compareció el jueves ante los medios para criticar que ETA anunciara su final «sin pedir perdón» a todas las víctimas, sin renunciar a su pasado, y con un comunicado «cargado de las mentiras y el cinismo de siempre».

En este punto parece oportuno recordar que en estos momentos en las filas del PSE-EE, y también del PNV y, por supuesto, en las instituciones que en la actualidad gobiernan ambos partidos o las que han gobernado con anterioridad hay no pocos ex miembros de ETA pm o de EIA-EE. Y ETA pm se disolvió sin pedir perdón, como ahora exige Idoia Mendia, y no solo no renunció a su pasado, sino que lo reivindicó abiertamente.

En la rueda de prensa en el frontón de Biarritz, sus dirigentes declararon a cara descubierta (tenían un acuerdo con el Gobierno de UCD) que «pensamos que la violencia armada era necesaria en un momento determinado, pero hoy estamos convencidos de que son los valores y la lucha democrática los que en un avance de conciencia y organización del pueblo pueden dar soluciones verdaderas a los problemas de Euskadi». Según su conclusión «la lucha armada y ETA ya han cumplido su papel». Convendría traer a la memoria que ETA pm realizó acciones armadas en defensa del actual Estatuto de la CAV.

En determinados medios se habla mucho estos días de los atentados de ETA que quedan por esclarecer, quizá puedan tener datos sobre algunos los ex polimilis que ahora militan en las filas del PSE-EE o del PNV o tienen cargos institucionales.

No hay coincidencia en cuántos son los atentados de ETA cuyos autores no han sido descubiertos por la Policía. Porque aquí reside el quid de esta cuestión. Parece que se intenta hacer ver como si existiera una cierta impunidad sobre parte de la actividad de ETA, cuando eso no es cierto. Si hay acciones de ETA sin autoría personal conocida es por carencias de las FSE y de los jueces de la Audiencia Nacional en sus investigaciones. ¿De verdad cree alguien que una organización que ya no existe debería hoy revelar la identidad de los ex militantes que ejecutaron sus órdenes hace veinte o treinta años y que no han sido detenidos o imputados por esos hechos hasta ahora?

En este apartado habría que recordar dos puntos sumamente graves. Por una parte, que existe constancia documentada de que ciudadanas y ciudadanos vascas han sido condenados por acciones que no cometieron en base a autoinculpaciones y declaraciones obtenidas mediante la tortura.

Y dos, que sobre las actuaciones de terrorismo de Estado, sea a través de actuaciones parapoliciales o dentro de los cuartelillos y comisarías, sí que se ha tejido toda una telaraña de impunidad basada en la no investigación, la exculpación, la laxitud judicial, la complicidad mediática y, cuando todo lo anterior no era suficiente, a través de los indultos del Gobierno español de turno.

Como la de ETA, la vida de Josemari también fue demasiado larga como para resumirla en fotos de atentados. Antinuclear convencido, solía recordar cómo la conjunción de la movilización popular masiva, las acciones de sabotaje descentralizadas y la acción directa de ETA consiguieron que las centrales nucleares de Deba, Ispaster y Tutera nunca fuera más allá de los planes en papel y la de Lemoiz se consiguiera parar antes de la llegada del uranio. No nos explicó qué parte de protagonismo daba a cada modo de lucha en aquella victoria popular antinuclear.

Por contra, solía ser más locuaz cuando en la tele aparecía el actual Jonan Fernández y él se acordaba de los tiempos en los que se forzó el cambio de trazado de la autovía de Leitzaran.

Josemari –está dicho– murió a finales del pasado año. Asumió toda la vida las consecuencias de su militancia padecidas en carne propia. Nos mostró cuando creyó conveniente la responsabilidad íntima que arrastraba por algunas de las cosas que había decidido y aceptado hacer. Una historia demasiado larga para simplificarla al maniqueísmo que hoy prevalece en discurso oficiales y mediáticos.






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viernes, 27 de abril de 2018

Las Sorpresas del Comunicado de ETA

Desde su curul en el Senado del estado español, Jon Iñarritu se ha distinguido por cuestionar duramente tanto al régimen representado en la figura de Mariano Rajoy como a los representantes de los partidos políticos estatales.

Hoy, tras darse a conocer el comunicado de ETA con respecto al daño causado durante las décadas más álgidas del conflicto vasco en su etapa contemporánea, les traemos esta entrevista dada a conocer en la página de El Siglo de Europa:


Manuel Capilla

El portavoz de la izquierda abertzale subraya su “sorpresa” por el reciente comunicado de ETA y su satisfacción porque el texto “decía más de lo que la mayoría de gente en el País Vasco esperábamos que ETA dijera”. Y es que para este jurista vizcaíno de 39 años, experto en Derecho Internacional y Europeo, son claves tres elementos del comunicado: “El reconocimiento del daño causado, la autocrítica y el compromiso de no repetición”, con los que ETA llegaría más lejos que el IRA en 2002. Mientras, explica, el Gobierno no está dispuesto a hacer lo mismo con “otro tipo de violencias, que no están al mismo nivel, pero son muy graves también, como la tortura o los excesos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad”. Sobre la petición de perdón a unas víctimas y a otras no, Iñarritu señala que “no es la declaración que podría hacer una formación política, que tendría que hacer un reconocimiento total de todas las víctimas”.

¿Qué fue lo primero que pensó cuando leyó el comunicado de ETA? ¿Tenía conocimiento previo de que se iba a difundir?

No, no… Fue una sorpresa, no solamente para la ciudadanía del país vasco, sino también para el gobierno español. Si leemos las declaraciones del Gobierno, de esa mañana, fue positivo. Con el transcurso de las horas, fue cambiando el mensaje, forzado, supongo, por algunos grupos de presión. Y vimos como el Partido Popular y el Gobierno al final dijeron que era vergonzoso e injustificable. Desde mi punto de vista, el comunicado decía más de lo que la mayoría de gente en el País Vasco esperábamos que ETA dijera. Es un comunicado de reconocimiento del daño causado, con un nivel de autocrítica importante, diciendo que ojalá no hubiera ocurrido nunca y que de veras lo sentían. En un segundo aspecto, es cierto que hace una declaración de perdón que ETA considera, sin especificar cuáles, que no están dentro de los que denomina el “conflicto”…

¿Cómo valora esa distinción entre víctimas?

No es la declaración que podría hacer una formación política, que tendría que hacer un reconocimiento total de todas las víctimas. Pero yo me centraría en tres puntos, más allá del perdón: el reconocimiento del daño causado, la autocrítica y el compromiso de no repetición. Y eso es importantísimo, es lo esencial. El añadido, es el debate –que es lógico que se produzca- sobre la petición de perdón a unas víctimas y a otras. Analizando lo que han hecho organizaciones armadas en la historia, ETA llega mucho más lejos de lo que llegó el IRA en 2002. La petición de perdón es positiva, obviamente. Pero no se debe denostar algo importante como el reconocimiento del daño causado, la autocrítica y la no repetición. Y cuando hablamos del perdón, que va más a lo ético que a lo político, vemos como el Gobierno –sin equiparar, pero sin excluir- no está dispuesto ni a reconocer, ni a hacer autocrítica ni a comprometerse con la no repetición. Y menos con el pedir perdón a las víctimas del terrorismo de Estado y con las víctimas de otro tipo de violencias, que no están al mismo nivel, pero son muy graves también, como la tortura o los excesos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad en la llamada lucha contra ETA, vulnerando la legislación. Hay cientos de casos sin esclarecer, muy oscuros, y el Gobierno podría reconocer que esto ha ocurrido y comprometerse a tomar medidas para que no vuelva a ocurrir.  No es un tema de pedir reciprocidad, porque este ha sido un proceso unilateral. Pero curiosamente, muchos que exigen a los demás no están dispuestos a hacer este ejercicio. Sin equiparar, pero sin excluir. Porque en el País Vasco hay un intento de construir un relato que dice que solamente hay unas víctimas, las de ETA.

¿Ese es el relato que considera que está imponiéndose?

Sí… No lo van a conseguir. Si no hay un relato único sobre la conquista de América o sobre el golpe del 36, la Guerra Civil, el franquismo y la Transición, ¿cómo va a haber un relato único sobre lo sucedido en el País Vasco en las últimas décadas? Si parten desde un principio del reconocimiento a todas las víctimas, de todas las violencias, es lógico que cada partido, que cada organización vean de manera diferente lo ocurrido. Intentar imponer un relato único, además de un ejercicio baldío. Más que en la batalla del relato, habría que hacer esfuerzos en esos principios de verdad, justicia y reparación. El 60% de los casos de terrorismo de Estado están sin aclarar, y los que fueron condenados fueron indultados rápidamente. Sigue habiendo informes reservados, como el del Bar Aldana, un atentado hace más de 40 años. El PNV pedía hace poco que se desclasificara y el Gobierno se niega a hacerlo. Algún ejercicio tipo comisión de la verdad ayudaría al reconocimiento de todas y cada una de las víctimas de las violencias. Al PP no le gusta cuando hablamos de “violencias”, pero es que han existido. Es obvio que ha habido víctimas de ETA, que son las más numerosas. Pero también han existido las del terrorismo de Estado y las de aquellas que fuera de la legalidad perdieron la vida o fueron heridas de gravedad.

La noticia del comunicado de ETA no abría los telediarios ni las portadas, como habría pasado hace diez años. ¿Es una señal de que el comunicado llega tarde?

Obviamente llega tarde, la propia ETA lo decía. Desde 2011, con el fin definitivo de la violencia, que es la verdadera noticia importante, hemos visto los obstáculos continuos del Partido Popular. Es el único caso en la historia en el que un Estado ha podido participar en el fin de una organización armada y no solamente no ha hecho algo para conseguirlo, sino que lo ha obstaculizado. Ante esto, hemos visto cómo han surgido iniciativas ciudadanas, como la de los ‘Artesanos de la paz’, en las que las autoridades políticas del País Vasco Norte se han involucrado en una red ciudadana, asociativa, que ha ayudado al desarme efectivo de ETA y que ahora a la desaparición total. Ya sabemos que desde algunos sectores políticos de Madrid se le quita importancia y luego se dice que es mentira. Ya lo vimos en 2011. Extrañamente, parece que algunos tienen la necesidad del ‘todo es ETA’ para tener un enemigo interior.

Mencionaba antes los gestos que, a su juicio debería hacer el Gobierno, ¿y en política penitenciaria?

Habría que humanizarla. Es un sinsentido que el Estado siga aplicando las políticas de excepción y de venganza cuando ETA estaba en activo. Y más cuando hay mucha hemeroteca con el Partido Popular comprometiéndose a flexibilizar acabar con la política de alejamiento y dispersión de presos de ETA, que afecta a las personas encarceladas, aplicándoles una doble condena, y a sus familiares, que siguen teniendo que desplazarse a cientos de kilómetros de sus hogares.

¿Ese enemigo interior que al que aludía y que antes era ETA para algunos sectores de la derecha, ahora es el independentismo catalán?

En cierta medida, sí… Sí, sí. Leía el otro día que ahora hay cuatro veces más condenas por apología del terrorismo que cuando ETA estaba en activo. Es un sinsentido tal que debería ser corregido. Pero no sólo es por el monstruo que creó algún magistrado del ‘todo es ETA’. Hay una regresión global en derechos y libertades civiles en todo el Estado, más allá de lo que ha pasado en el País Vasco o de lo que está pasando en Cataluña, que no se producía hace 30 años. Ahora vemos tuiteros, escritores, artistas o periodistas están viéndose reprimidos o criminalizados por realizar manifestaciones que entrarían dentro de la libertad de expresión. Hay mensajes que son feos, que éticamente no son de recibo, pero que no tienen por qué ser delito.

Respecto a lo que mencionabas de Cataluña, yo creo que sí, y es evidente. No ha habido una violencia como ha existido, lamentablemente, en Euskal Herria. Ha habido desórdenes públicos, que es un delito bien tipificado. Intentar adjudicar violencia a los responsables políticos catalanes, cuando han sido un ejemplo de civismo y pacifismo, no es de recibo. Y por eso le están viniendo sopapos a España desde la justicia europea. No porque haya un apoyo a la causa catalana, sino porque hoy vivimos en un mundo global y se sabe que no ha habido violencia política. Esto es un sinsentido tal, que banaliza la verdadera violencia. Así lo han reconocido víctimas como Gorka Landaburu o Eduardo Madina.

¿Qué salida le ve al conflicto político catalán?

Hay dos opciones. Una es la salida occidental. Hoy mismo, hay un referéndum en las Islas Feroe, que pertenecen a Dinamarca, y votan su futuro institucional, contemplando la independencia. El marco constitucional de Dinamarca no tiene prevista la independencia para ninguno de sus territorios. Pero como ya hizo con Groenlandia, como hay una mayoría, sostenida en el tiempo, que solicita decidir su futuro institucional, busca vías para buscar una salida en términos políticos. Y de igual forma ha actuado el Reino Unido, Canadá y, sería de sentido común que España actuara así. No sé si en algunas ocasiones se busca una chispa de violencia para que surja la rueda de la acción-represión. Creo que no, porque la sociedad catalana es madura, adulta, pacífica, cívica… Pero no sé si el Estado tiene tentación de cambiar ese paradigma. Pero España está actuando en este momento como Turquía, intentando reprimir un asunto político acusando de barbaridades como la rebelión. Recordemos que la rebelión es el delito que tiene una pena más alta, más que el asesinato incluso. Tenemos un gobierno entero, votado y legítimo, o perseguido o en la cárcel. En la Europa del siglo XXI. Y esto debería hacer reflexionar a la izquierda española. Igual que la izquierda alemana ha estado en la calle pidiendo la libertad del señor Puigdemont, la izquierda española debería estar en la calle también, independientemente de lo que piense del procés. Porque esto que ha ocurrido en Cataluña, mañana va a ocurrir aquí. Debería, por responsabilidad, salir a la calle a denunciar lo que está ocurriendo en Cataluña.

¿El independentismo catalán ha cometido algún error?

Siempre digo que voy a Cataluña a tomar apuntes porque han sabido hacer un proceso cívico y democrático de manera inteligente. Pero, obviamente, todos cometemos errores. Desde mi punto de vista, valoraron mal al Estado español. Ellos creían, al igual que lo creyó el señor Pasqual Maragall en su día, que iban a ser capaces de hacer reaccionar a las instituciones españolas en términos democráticos. Que lo iban a sentar en una mesa, con el apoyo mayoritario de la sociedad catalana en la voluntad de decidir su futuro. Y se ha mostrado que no, que el Estado español, el Gobierno en este caso y su poder judicial en otro, no han sabido actuar con esa madurez.

¿El proceso de reforma el estatuto vasco que está abierto en el Parlamento de Vitoria puede dar lugar a un proceso soberanista parecido en Euskadi?

En la Comunidad Autónoma Vasca, tres de cada cuatro ciudadanos exige poder decidir su futuro institucional, sea cual sea. El Parlamento vasco refleja esa mayoría con el PNV, Euskal Herria Bildu y Podemos. No hay un proceso independentista en marcha, pero hay una mayoría clara que dice que seamos los vascos y las vascas los que digamos cuál debe ser nuestra relación con el Estado, partiendo de la bilateralidad, de un tú a tú con el Estado. Pero sin vetos, sin que el Estado pueda vetar las decisiones de la ciudadanía. Yo soy independentista, pero que sea la sociedad vasca la que decida, y hablemos con el Estado sin imposiciones. Si el Gobierno y el PP creen que el problema territorial está resuelto en Euskadi, está muy confundido. Puede posponer, reprimir, obstaculizar… Pero el problema político sigue estando encima de la mesa. Y esto ocurre en el País Vasco, en Cataluña y en otros lugares del Estado. ¿Va a haber algún estadista que se atreva a solucionar el problema territorial en términos democráticos?

¿Y lo hay en el panorama político actual?

Actualmente, no. Pero además, gente que pudiera tener esa visión no tiene ningún protagonismo –ni lo va a tener- en los dos grandes partidos. En Unidos Podemos hay gente que tiene esta vocación, sí. Pero viendo cuál es la sociología del Estado en este momento, a corto plazo me extraña.

¿Cómo valora el acuerdo suscrito entre el PNV y el Gobierno para dar luz verde a los Presupuestos?

El Partido Nacionalista vasco tendría que aclarar por qué ha mentido durante estos meses en tantas ocasiones, repitiendo por activa y por pasiva que mientras estuviera en vigor el 155 no emprenderían negociaciones ni llegarían a ningún acuerdo. Tendrán que explica por qué no han cumplido su palabra. Se intenta explicar con una noticia positiva, que es la subida de las pensiones respecto al IPC, pero recordemos que estos es un parche. La inmensa mayoría de la sociedad vasca exige unas pensiones dignas. Y ese mínimo de pensión digna está establecido en un 60% del salario medio. Una cuantía que en el País Vasco se corresponde con 1.080 euros. Recordemos que el 155 sigue en vigor y todas las medidas de excepción que lo han acompañado, como que haya todo un gobierno en prisión o perseguido.






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Egaña | Ciclo Político

Dados los tiempos que corren y las decisiones tomadas en La Zarzuela y seguidas a pie juntillas tanto en La Moncloa como en Lakua, les compartimo este texto de Iñaki Egaña dado a conocer en su cuenta de Facebook:


Iñaki Egaña

El diccionario no da demasiadas pistas, aunque si nos atenemos al mismo, ahondaríamos en la “repetición de fenómenos periódicos que, transcurrido cierto tiempo, vuelven a una configuración anterior”. Tengo la impresión que cuando hablamos de ciclos históricos nos referimos a “fases”, más acordes con el lenguaje político que utilizamos por estas tierras. Bien es cierto que los marxistas han relatado los ciclos del capitalismo, sus fases de acumulación estable o expansiva, que ahora parecen modificados por el neoliberalismo y la llamada acumulación por desposesión.

No quiero, sin embargo, asentarme en estas reflexiones, sino en las históricas, en el cierre del que ha sido llamado ciclo histórico que se ha prolongado durante casi 60 años, con la actividad de ETA y la caracterización de su función. Y es en ese terreno de las ideas, donde las reflexiones, según las consideraciones que han trascendido apuntaban a un ciclo largo, ya agotado, participado por diversas fases.

Las reflexiones históricas no siempre coinciden con las políticas, donde a menudo, la táctica contamina a la estrategia y viceversa. La perspectiva ayuda, sin duda, a enfocar con mayor detalle los aciertos y los errores, también a superar las contradicciones secundarias que, a pesar del enfado de sus protagonistas, pierden la fuerza que pudieron tener en cada una de las fases.

Los contextos, los ciclos si prefieren, no sólo ayudan a entender el magma político que se desarrolla en un proceso de liberación, en una lucha de clases, sino que los explican. Los procesos sostenidos en el tiempo no surgen de la nada, no hay un big-bang que provoca una expansión, una descarga que de pronto incita al surgimiento del universo. Los movimientos, como en nuestro caso, tienen razones atávicas que se activan gracias a la acumulación y a la inmersión política anterior. En el nacimiento de la izquierda abertzale, tal y como la entendemos hoy en día, su eclosión llegó del fracaso de una estrategia previa.

Y este fracaso vino precedido de un acontecimiento excepcional. La guerra de España. Me resulta complicado a estas alturas referirla como una guerra civil, porque en Euskal Herria, al margen del hecho nada desdeñable del enfrentamiento fratricida (carlistas, republicanos y abertzales), la participación sobre todo de las fuerzas de Hitler y Mussolini hizo que el final fuera el conocido. Desertizado políticamente el país, las instituciones legitimas exiliadas pusieron todos los huevos en la ayuda, y por extensión en la solución, de las potencias ganadoras de la contienda mundial. En especial en Washington. Aquello terminó con las esperanzas. Washington apoyó a Franco y Moscú reculó y se hizo fuerte en su estrategia, la defensa del “socialismo” en su cuna.

Las luchas de liberación y las anticoloniales (Argelia, Cuba, Vietnam…) conformaron un cuerpo teórico del que se nutrieron decenas de grupos. También en Euskal Herria. También en España. El fracaso de la vía de Salvador Allende, la hegemonía política a través de la victoria electoral, reforzó las tesis insurreccionales en todo el planeta, en especial en América: Frente Sandinista, Tupamaros, Montoneros, FARC, ELN, Farabundo Martí… La misma vía que también renovaron otras naciones oprimidas en Europa, como en Irlanda del Norte, Bretaña o Corsica. El apoyo popular a estas opciones fue la clave en su longevidad.

La renovación del régimen hispano, su restauración monárquica, las claves en las directrices de la nueva fase política marcaron también una continuidad en el ciclo histórico. El Estado español avisó con una máxima demoledora: o conmigo o contra mí. Guerra sucia, pactos, fondos reservados, torturas, endurecimiento progresivo de los códigos penales, 1.500 atentados (AAA, BVE, GAL…). Excepcionalidad.

Aquellas dos vías que se abrieron a la desaparición del dictador, Reforma o Ruptura, con el apoyo decisivo internacional a la Reforma, provocaron que ni estados ni izquierda abertzale estuvieran por cerrar el ciclo. Los límites de la Reforma quedaron marcados de inmediato con el amago a una vuelta a los orígenes (golpe de Estado de 1981 para unos, “autogolpe” para otros). Fueron los años más trágicos del conflicto. La “subversión” vasca llegó a contar con cinco organizaciones armadas (ETA, Octavos, Comandos Autónomos, Iraultza e Iparretarrak).

La homogeneización de España, su incursión en los órganos internacionales de decisión y la sintonía de París en las cuestiones fundamentales en la que encauzaba el conflicto, condensaron el fin de siglo. La biletaralidad, el eco en la resolución de otros conflictos similares ejercieron de espejo para acontecimientos como las Conversaciones de Argel o las repercusiones del Acuerdo de Lizarra-Garazi. La caída del Muro de Berlín, con doce estados nuevos en Europa y otros cinco en Asia Central, provocó un nuevo estímulo. Que, por el contrario, generó un nuevo constreñimiento de París y Madrid.

El peligro de la “teoría del dominó”, la misma tesis que ya avanzó Washington para justificar su intervención en Vietnam, fue el esgrimida por los estados español y francés para hacer frente a la renovación del derecho de autodeterminación, por un lado, y a la vuelta a la posibilidad de gobernar a través de las urnas por otro. Los éxitos electorales de la izquierda en Latinoamérica fueron frenados (al margen de errores propios y corrupción) por proyectos golpistas y en Grecia por el ahogo económico.

Haciendo una lectura contrainsurgente, Madrid, en especial, apostó por otra de las teorías clásicas: “ahogar al bebé en su propia leche”, es decir cortar las redes de la disidencia (ilegalizaciones, convertir a las víctimas en actores políticos, aumentar la excepcionalidad) y esperar a su fragmentación, a su escisión. Tal y como ya lo apuntaba, con una claridad meridiana, el Plan Zen.

Simultáneamente, el contexto, siempre el contexto, se le volvió más favorable aún. La multipolaridad en las relaciones internacionales, el avance del totalitarismo y la eclosión del yihadismo después de las ingerencias militares en Afganistán, Malí, Libia, Iraq o Siria ancló la “intervención preventiva” y resucitó el Código Penal del Enemigo. Berlín, Moscú y Washington dejarían autonomía a sus patios traseros, conflictos secundarios en un nuevo escenario “seguritario”. Ankara, Madrid… se vinieron arriba.

Rotos los puentes, enquistado el conflicto, con perspectivas de ubicarlo exclusivamente en el plano violencia/represión, la izquierda abertzale abordó la conocida reflexión sobre el ciclo y sus fases. Una reflexión que se retrotraía también a las herramientas. Ninguna de las surgidas en el franquismo o en la transición, habían sobrevivido. Algunas de ellas, como Herri Batasuna, por razones represivas, pero otras por decisión propia. KAS como bloque dirigente, por ejemplo.

El ciclo y sus fases, o las fases de un ciclo largo, llegaron en 2011 a conformar un escenario que el Estado español se negó a reconocer. A pesar de los mimbres con los que se había gestado. Los presentes en la Conferencia de Aiete llegaron a señalar que se “encontraban ante el último conflicto armado de Europa”. La frase tuvo su impacto. Aunque en realidad se trataba, se trata, de un conflicto político, cuyas coordenadas se han desarrollado con el uso de la violencia, por ambas partes. Una de ellas, cerró su actividad. La otra prosiguió, trasladando, como si se tratara de una guerra de posiciones, sus argumentos, herramientas y aparatos al flanco Este, a Catalunya.

Se cierra una fase que comenzó en 2011, o quizás en 2013, tras la constatación definitiva de que al otro lado de la ventanilla no había respuesta. Se cierra un ciclo que comenzó hace tres generaciones, que sustituyó a otro abierto anteriormente. Y como todo proyecto político, el nuevo que se alumbra se sostiene en el esfuerzo de miles de hombres y mujeres que hicieron posible llegar hasta donde estamos. Porque, como dice la canción, están “con nosotros anclados”.






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Nuevo Juicio Político

En marzo del 2017 los duros de ATA decidieron emplazar al gobierno del cambio en Iruñea. En un claro ejemplo de profecía autocumplida, enviaron a docenas de jóvenes a destruir mobiliario urbano con el fin de demostrar que la izquierda abertzale -a la que ellos arteramente denominan oficialista- había sido asimilada por el estado español.

El resultado fue de guión, no solo no lograron la amnistía para los cientos de presos políticos vascos sino que aumentaron en cuatro la cifra de ellos. Tres jóvenes de Orereta y uno de Basauri fueron detenidos.

Lo peor de todo es que no hicieron nada para ayudar en el trance a los cuatro chavales y a sus familiares. Tuvo que ser la izquierda abertzale -oficialista- la que entrara al quite ante la situación. Las muestras de solidaridad no se hicieron esperar.

Eso les molestó aún más y entonces desde ATA comenzaron a equiparar la detención provocada por su simiesca estrategia con la detención de los chavales de Altsasu. La Audiencia Nacional, como no podía ser de otra manera, hizo lo propio.

Bueno, por lo menos en parte tenían razón pues ahora esos jóvenes tendran que enfrentar a la inquisición española, acusados y como no, de actos de terrorismo.

Aquí la nota de Naiz al respecto:


Los cuatro jóvenes de Errenteria que fueron procesados por los incidentes en Alde Zaharra de Iruñea en marzo de 2017 serán juzgados en la Audiencia Nacional acusados de «desórdenes públicos terroristas» el 21 y el 23 de mayo. La Fiscalía pide siete años de prisión para cada uno de ellos.

La Sección Segunda de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional juzgará el 21 y 23 de mayo a cuatro jóvenes de Errenteria acusados de «desórdenes públicos terroristas» por los incidentes que se produjeron tras una manifestación en Iruñea que acabó en protestas, el 11 de marzo de 2017. La Fiscalía pide para cada uno de ellos siete años de prisión.

La jueza Carmen Lamela asumió la investigación de la causa después de que el Juzgado de Instrucción número 4 de Iruñea se inhibiera al apreciar que se cometieron delitos «terroristas». Sin embargo, la Audiencia de Nafarroa revocó esa decisión al entender que los hechos no constituían «terrorismo», pero finalmente el Tribunal Supremo dejó en manos de la Audiencia Nacional la causa.

Cuatro jóvenes fueron arrestados por los hechos; uno fue puesto en libertad al ser menor de edad y los otros tres fueron encarcelados. Tras ocho meses de prisión, quedaron en libertad en noviembre de 2017.

Según el escrito de la Fiscalía, el 11 de marzo del año pasado «un grupo de individuos con las tareas perfectamente distribuidas y que usaban guantes, embozados mediante capuchas y camisetas que ocultaban su rostro, actuando con el propósito de alterar de forma grave la paz y tranquilidad ciudadana, realizaron violentos incidentes de orden público y ataques perfectamente organizados y planificados contra las fuerzas de seguridad».

«Causaron daños en diversos bienes mediante el lanzamiento de piedras, botellas de cristal y artificios explosivos pirotécnicos que motivaron que tuvieran que acudir los bomberos ante el posible incendio de edificios y bienes», añade.

El fiscal sostiene que los cuatro procesados «participaron en estas acciones en el ámbito de la campaña de violencia (‘kale borroka’) que estaba previsto desarrollar por el entorno de la izquierda radical abertzale y que había anunciado desde días antes».





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miércoles, 25 de abril de 2018

Historia, Relato y Versión Oficial

El conflicto vasco dista mucho de haber llegado a su fin. En vísperas de un aniversario más del bombardeo a Gernika sería temerario afirmarlo si no es que irresponsable.

Estamos a días sí de que se cierre el ciclo que incluyó a la organización antifascista europea más longeva y congruente, pero mientras París y Madrid no se retiren del territorio histórico del pueblo vasco el conflicto continuará pues es inherente a la naturaleza humana rebelarse ante la imposición. 

Antes del ciclo de ETA hubieron muchos otros y, después de consumada la desmovilización se abrirá otro que esperemos, sea el último.

La sangre derramada de millones de seres humanos durante los siglos de la expansión imperialista de galos y castellanos no solo es constancia de los actos más brutales por parte de los colonialistas sino también, de los actos más heroicos por parte de quienes lucharon por recobrar la libertad de sus pueblos sojuzgados en unos casos o escribir nuevos capítulos libertarios para los engendros coloniales en caso de otros.

Euskal Herria no es la excepción. Madrid lo sabe, París lo sabe.

Por el momento no sabemos que pasará, pero les dejamos con este texto publicado en Gara:

Joxemari Olarra Agiriano | Militante de la izquierda abertzale


Si ya de por sí resulta siempre difícil y complicado avanzar hacia un futuro nuevo tras el fin de todo conflicto, mucho más aún cuando el lado preponderante busca establecer su visión de lo sucedido como el único relato sobre el origen, desarrollo y conclusión del contencioso. Ese afán por reescribir los acontecimientos para que el guión encaje a la perfección en el género de vencedores y vencidos puede acabar convirtiéndose en la siembra irresponsable de unas semillas de frustración y humillación de consecuencias imprevisibles. La historia tiene demasiados ejemplos de ello.

Es por eso por lo que resulta tan importante cerrar los conflictos desde el mayor de los respetos mutuos, el reconocimiento sincero del daño multilateral producido y, sobre todo, sin manipular lo sucedido de tal manera que una parte aparezca como la victima inmaculada e inocente frente a una manada de criminales sin escrúpulos. Porque la historia no es así.

Mal camino se puede hacer si la pretensión de unos es blanquear sus responsabilidades cargándolas en los otros y, para ello, valiéndose de una posición de ventaja, conjurar todos los medios en sus manos para imponer un relato único, anulando o neutralizando cualquier otra visión de los acontecimientos que pueda cuestionar su versión oficial.

Quienes tenemos cierta edad recordamos aquellos tiempos en los que a todo acontecimiento le correspondía una versión oficial que, de manera independiente a la realidad y a todo lo que en ella hubiera ocurrido, se convertía necesariamente en la verdad, la única verdad de los hechos.

Cuando aquel ciclo del franquismo concluyó siguió adelante la inercia de la versión oficial, imponiéndose el relato de la llamada transición con sus historias de concordia y consenso, de «abrazo entre españoles», de no mirar atrás...

«Concordia, abrazos y no mirar atrás», proclamaban con emoción hipócrita mientras aún apestaban a camisa azul. Entonces no había que mirar atrás para nada porque ya, gracias al nuevo relato, todos eran demócratas por decreto ley. De desfilar el 18 de julio brazo en alto pasaron a los aplausos a la Constitución, no sin antes diseñar una amnistía para eximir de toda culpa a cualquier criminal fascista.

Hubo quienes se hicieron con aquel relato, y con esa inversión desarrollaron sus prósperos negocios, a aquél y a este lado del Ebro. Pero también estábamos quienes dijimos que no cuando el franquismo se travestió en el régimen del 78, quienes sostuvimos que sin ruptura no podía haber jamás democracia por mucho que a la resultante la llamaran Estado de Derecho.

Ser consecuentes con nuestro pensamiento, con nuestros principios; mantener la lealtad a la causa vasca, a Euskalki Herria y la libertad nos ha llevado a décadas de persecución y lucha que, evidentemente, ha tenido graves consecuencias de dolor, sufrimiento y muerte.

La izquierda abertzale podrá ser lo que se quiera, pero jamás hemos sido hipócritas. Por eso, no tenemos reservas a la hora de reconocer nuestra responsabilidad durante el ciclo de estrategia político-militar. En el reconocimiento del daño causado no hay problema alguno. Así de claro.

Los problemas empiezan cuando la pretensión es manipular el concepto y significado de lo que ha supuesto el dolor para dejar establecido que la única fuente del sufrimiento fue el movimiento de liberación nacional vasco, su irracionalidad, sectarismo, fanatismo pseudoabertzale y criminal. Por ahí sí que no.

Asumimos nuestra responsabilidad, pero en condiciones de que no sirva para blanquear el vil pasado de otros, el colaboracionismo de algunos o el miserable presente de quienes se vengan sobre nuestros prisioneros y sus familias.

A estas alturas de la historia nuestra actitud no puede servir en modo alguno, ni por activa ni por pasiva, para que haya quienes pinten de blanco sus manos mientras siguen chapoteando en las cloacas. Ese no es nuestro camino.

Uno acaba un poco harto de andar sanando las heridas de otros con todo el miramiento y respeto debidos para que no sirva absolutamente de nada. Porque las hay empeñados en que no haya más relato que el suyo, y hagamos lo que hagamos no sólo no se nos tiene en consideración sino que incluso ha habido cosas en las que nos ha despreciado cuando no ninguneado.

Tendemos la mano y la abrimos, porque nuestra apuesta es sincera. Todo ello para no obtener reacciones recíprocas, para que cuando hay alguna respuesta ésta acostumbre a ser un reproche, una nueva exigencia, otro «suelo ético» más intolerable y partidario. Como el domador que una y otra vez muestra el aro a la fiera para enseñarle que o pasa por él o no come.

¿Es esa la idea? ¿O la izquierda abertzale traga con todo o seguirá cargando con el estigma? Quiero decir que da la sensación de que les trae sin cuidado lo que hagamos porque no nos reconocen nada como válido, de no ser estrictamente lo que encaje en su guión y coloque sobre ellos los focos del protagonismo.

Lo del protagonismo estelar ya lo vemos con el lehendakari vascongado, a quien su ego político no le permite participar en nada que no organicen sus bien cotizados guionistas y él no ocupe la atención central. O su nombre figura en el lugar destacado o «el lehendakari de todos los vascos y vascas» tiene mejores cosas que hacer.

En estas tesituras podemos llegar a preguntarnos si acaso algunas de las cosas que hacemos no están ayudando a escribir su relato, si no les está dando cierta cancha para que aquí nadie reconozca sus responsabilidades a excepción de la izquierda abertzale.

Y es que no estamos consiguiendo que den paso alguno en la debida dirección, ni tan siquiera gestos de aproximación al reconocimiento de algún tipo de responsabilidad de lo ocurrido en el último medio siglo.

De ahí mis dudas al respecto, y la preocupante sensación de que nos movemos con cierto complejo de culpabilidad, desde los perfiles de inseguridad de los que piensan que no pueden mirar a los ojos de quienes tienen delante porque deben purgar por algo ignominioso.

No me resulta comprensible semejante actitud ya que hasta el momento tan sólo nosotros hemos dado muestras de responsabilidad sobre nuestro pasado y las consecuencias de la lucha. Nadie más ha apuntado el más mínimo gesto que pudiera asemejarse a lo que ya ha hecho la izquierda abertzale. Así que, por el momento nadie es quien para mirarnos por encima o pretender avergonzarnos de algo.

Recientemente, el Ministerio del Interior ha anunciado una unidad didáctica para la ESO con la intención de «hacer prevalecer» su relato. Evidentemente, ahí no aparecerán los casi 500 muertos provocados por el Estado, ni los miles de torturados, heridos, represaliados, amenazados, apaleados... Tampoco habrá referencias al BVE, la Triple A o los GAL u otro terrorismo de Estado. La política penitenciaria y la venganza sobre familiares de los prisioneros brillará por su ausencia; así como el cierre de “Egin”, “Egunkaria”, la persecución del disidente o el código penal del enemigo.

Ante semejante desvergüenza no cabe complejo alguno en la izquierda abertzale. Nosotros hemos hecho posible el nuevo escenario; nuestro compromiso con la democracia y la paz lo ha logrado. Contra la represión, el sabotaje y quienes vivían cómodos en el anterior tiempo, conseguimos abrir la puerta al porvenir.

Así que nada de complejo de culpabilidad; nada de inseguridad ni vergüenza. Vamos a escribir un relato justo para una paz duradera. Con todas las víctimas, con todos los que ha sufrido, con respeto escrupuloso de los derechos humanos...

Sobre esos ejes deberá girar un relato compartido de lo vivido durante los últimos decenios. Y eso, mientras caminamos a la independencia, a una Euskal Herria sin ocupantes, sin prisioneros, sin refugiados ni exiliados.

Si queremos una Euskal Herria libre y con futuro no nos pueden escribir a su gusto la historia de los sucedido.







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martes, 17 de abril de 2018

Un Suceso Paranormal

Los españolazos están preocupados y urgen a los navarricos a detener el fantasma que recorre Nafarroa.

Les invitamos a leer este excelente texto publicado en la página de Naiz:


El pasado viernes tuve la oportunidad de acudir a una charla organizada por el PP en Uharte bajo el título “La Batasunización de Navarra” en la que “los españoles de Navarra”, como les llama Cospedal, denunciaban por boca de su lider, Ana Beltran, lo que ellos consideran un proceso para que Navarra desaparezca tras su anexión a Euskadi. La Batasunización de Navarra, todo un suceso paranormal.

Pitu

Lo primero que oimos al llegar al salón de actos fue a un joven pepero repetir los mismos insultos e improperios que leemos a diario en las redes sociales sobre los y las abertzales: que no se duchan y huelen mal, que no se afeitan los sobacos, que si el corte de pelo, que se sientan en el suelo de la Nabarrería y que mira que guarros que son... los típicos prejuicios que nos hacen sonreir, sobre todo cuando los repiten gente ese partido que en Nafarroa solo tienen 2 de 50 parlamentarios en la Cámara foral. Y nos llaman a nosotros marginales.

Ana Beltrán habló de los 3 ejes de lo que llamó batasunización de Navarra: la imposición del euskera, la ikurriña y el territorio. Pude escuchar como criticaba que se tratara de recuperar una lengua contra la que ellos aseguran no tener nada en contra, pero que “no vale para nada porque no la habla nadie”, según los datos que manejan los populares. Los euskaldunes de Nafarroa debemos de vivir en una realidad paralela o algo así.

Tampoco deben de tener nada en contra de la bandera de la comunidad autónoma vecina, pero la nuestra es la roja. Si, ¡ya! ¡La rojigualda! Esa misma que llevan en la muñeca mientras su dinero lo guardan en Suiza. Un dinero tan corrupto como los proyectos faraónicos del Tren de Alta Velocidad y el Canal de Navarra, objetivos de la maligna Nafarroa batasuna y que si se paralizan, arruinarán nuestra tierra, según los del PP.

No se olvidó Ana Beltran de criticar que el Gobierno foral se adihriese a la manifestación por los chavales de Altsasu, y puso este caso como el ejemplo más claro de la batasunización de Navarra. Y tras lo visto el sábado en las calles de Iruñea, creo que pueden estar bien preocupados en el partido de los españoles de Navarra, porque si pedir justicia y apoyar a los jóvenes imputados es batasunizar Navarra, Nafarroa ya es una provincia traidora a ojos de los populares.

Y es que han sido precisamente ellos quienes más han colaborado con lo que denominan “batasunización de Navarra”: la persecución histórica del euskera y de la cultura vasca y sus símbolos, la estrategia represiva contra el independentismo, su negativa a abordar un proceso de paz, casos como el de Altsasu... pero sobre todo, lo que está provocando una gran desafección con la España del PP son sus políticas antisociales: las privatizaciones, los recortes en educación y sanidad, las reformas laborales y las políticas contra las clases populares... y más aún, la corrupción, que impregna a todo el Partido Popular y que produce vergüenza ajena.

Hace tiempo que el PP ha perdido la batalla política en Euskal Herria y en Catalunya. Ya no aspiran a ser un partido importante en ellas, pero saben que la represión, la mano dura y la intransigencia más chusquera y cuartelera les dan votos del Ebro para abajo, y ahora más que nunca necesitan aparecer como los defensores a ultranza de la nación española en su competición con Ciudadanos, que incluso en Nafarroa les puede comer la tostada. Por eso me temo que el PP, lejos de moderar sus postulados y apostar por las soluciones, profundizará en sus políticas fascistas y nos dará todavía muchos disgustos.

Si la Navarra batasunizada es la que ellos nos decriben como un desastre en lo político, en lo económico y en lo cultural, que quereis que os diga, ¡viva Navarra Batasuna!






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