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martes, 21 de agosto de 2018

EZLN | 300

Al EZLN le ha tomado por sorpresa lo sucedido el pasado 1° de julio en México, no han sido los únicos, ni siquiera en Morena anticipaban la magnitud de lo acontecido ese día. Se les nota hasta dolidos.

Agorero, el Subcomandante Galeano -antes Marcos- llegó a vaticinar que el abanderado de Morena perdería su tercer turno al bate pues la "hidra capitalista" no se iba a andar con cuentos.

El enojo causado por los 30 millones de votos y la rebanada del 53% del pastel electorero lo dejó ver Gloria Muñoz a los pocos días en un foro en el que -mucho ojo- ella era la única mujer entre ocho panelistas varones.

Lo triste del asunto es que en su cascada de declaraciones los zapatistas han perdido la objetividad que les caracterizaba. Por ejemplo, recordemos que en su momento Marcos se quejó amargamente de que ETA hubiese "asesinado" a políticos españoles solidarios con las comunidades en resistencia. Pues bien, esos políticos españoles no podrían haber estado militando en otro partido que no fuese el PSOE... luego entonces, ¿nos podría explicar Galeano por qué no ve en Morena todas las bondades que en su momento si vio en el PSOE?

Congruencia se le llama.

Pero bien, por el momento les dejamos con su más reciente comunicado, deseando que los zapatistas retomen el buen camino pues los consideramos necesarios en la terrible lucha de resistencia que desarrollan diferentes pueblos alrededor del mundo.

Aquí lo publicado en su portal de Enlace Zapatista:


(Versión ampliada)

Por razones de tiempo, la participación zapatista no fue completa.  Les prometimos que luego les mandábamos lo que faltó: aquí la versión original que incluye partes de la transcripción más lo que no se mencionó.  De nada.  No hay por qué darlas.
300.

Primera parte:

Una finca, un mundo, una guerra, pocas probabilidades

Agosto del 2018.

Subcomandante Insurgente Galeano:

Buenos días, gracias por haber venido, por aceptar nuestra invitación y compartirnos su palabra.

Vamos a empezar a explicar cuál es nuestro modo para hacer análisis y valoraciones.

Nosotros empezamos por analizar qué pasa en el mundo, luego nos bajamos a qué pasa en el continente, luego nos bajamos a qué pasa en el país, luego en la región y luego en lo local.  Y de ahí sacamos una iniciativa y la empezamos a subir de lo local a lo regional, a lo nacional, al continente y al mundo entero.

Según nuestro pensamiento, el sistema dominante a nivel mundial es el capitalismo. Para explicárnoslo y para explicarlo a otros, usamos la imagen de una finca.

Le voy a pedir al Subcomandante Insurgente Moisés que nos platique de eso.

-*-

Subcomandante Insurgente Moisés:

Bueno, entonces compañeros, compañeras, entrevistamos a compañeros y a compañeras bisabuelos y bisabuelas que estuvieron en su vida -algunos todavía están vivos y vivas-.  Esto es lo que nos contaron, que nos llevó a pensar -decimos ahora- que los ricos, los capitalistas, quieren convertir en su finca lo que es el mundo.

Está el finquero, el terrateniente, el dueño pues así de miles de hectáreas de tierra, y ya eso cuando no está, pues el patrón tiene su capataz que es el que cuida la finca, y de ahí ese capataz busca su mayordomo que es el que va a ir a exigir que se trabaje su tierra; y ese capataz, ordenado por el patrón, tiene que buscar a otro que le llaman el caporal, que es el que cuida alrededor de la hacienda, de su casa, pues.  Entonces nos contaron de que en las fincas hay distintas cosas de lo que se hace ahí en la finca: hay finca ganadera, hay finca cafetalera, hay finca de caña, donde hacen panela, y de milpa y de frijol.  Entonces lo combinan, lo combinan eso; o sea en una finca de 10 mil hectáreas ahí está todo ahí, hay de ganadería, de cañería, de frijol, milpa.  Entonces toda su vida la gente está circulando ahí, trabajando ahí pues -lo que decimos los mozos o los baldíos, la gente que está sufriendo ahí-.

De capataz, pues él completa su paga robándole al patrón de lo que produce la finca.  O sea que además de lo que le da el patrón, el finquero, el capataz tiene su ganancia de robar.  Por ejemplo, si nacen 10 vaquillas y 4 toretes, pues el capataz no reporta cabal, sino que le dice al patrón que sólo nacieron 5 vaquillas y 2 toretes.  Si el patrón se da cuenta de la tranza, pues lo corretea al capataz y pone a otro.  Pero siempre algo roba el capataz o sea que es la corrupción que dicen.

Nos cuentan que cuando el capataz, porque no está el patrón, y entonces el capataz es el que queda, y cuando el capataz también quiere salir, entonces busca a alguien de los que tiene ahí, que sea igual como él de cabrón pues, de exigente pues; entonces mientras él va a echar su vuelta deja nombrado a alguien o sea, como que busca a su amigo que va a dejar a su cargo para luego llegar y tomar otra vez en su mano el capataz.

Y entonces vemos eso, que el patrón no está, el patrón está en otro lado pues, el capataz es el que decimos así de que como los países o los pueblos que nosotros decimos, porque vemos que ya no es país pues; es el Peña Nieto como decimos, el capataz.  El mayordomo decimos que son los gobernadores, y los caporales los presidentes municipales.  Está estructurado de una manera en cómo van a dominar, pues.

También vemos que ese capataz, mayordomo y caporal son los que exigen a la gente.   Y ahí en la finca nos cuentan los bisabuelos que ahí hay una tienda, que le dicen tienda de raya -así nos lo contaron pues- quiere decir que la tienda es ahí donde se endeuda; entonces los explotados, explotadas que están ahí, mozos o mozas como le decimos, pues,  entonces ya se acostumbraron de que ahí van a comprar su sal, su jabón, lo que necesita, o sea, no manejan dinero; tiene ahí el patrón su tienda y ahí es donde se enlistan, porque necesitan la sal, el jabón, el machete, la limadora o el hacha, entonces compran ahí, no es porque van a pagar con dinero sino con su fuerza de trabajo.

Y nos cuentan los bisabuelos que su vida, tanto como mujeres y hombres, es que le dan lo poco para comer el día de hoy para que mañana continúa trabajándole al patrón, y así a lo largo de todas sus vidas que la pasaron.

Y comprobamos lo que dicen nuestros bisabuelos porque cuando nosotros salimos en el 94, cuando fuimos tomando las fincas para sacar a esos explotadores, encontramos a capataces y a gentes acasillados, que están acostumbrados a eso lo que les dije de tiendas de raya, entonces esa gente acasillada nos dijeron que no saben qué van a hacer, que porque ahora dónde va a encontrar su sal, su jabón, porque ya no está su patrón.  Nos preguntaban a nosotros que ahora quién va a ser el nuevo patrón, porque quiere ir ahí porque no sabe qué hacer, porque dónde va a encontrar su jabón, su sal.

Entonces nosotros les dijimos: ahorita estás libre, trabaja la tierra, es tuya, así como el patrón que te explotó ahora vas a trabajar, pero es para ti, para tu familia.  Pero entonces se resiste diciendo de que no, de que esta tierra es del patrón.

Es ahí donde comprobamos que hay gente que ya está hallada pues a la esclavitud. Y si tienen su libertad, pues no saben qué hacer, porque sólo saben obedecer.

Y esto que les estoy hablando es de hace 100 años, más de 100 años, porque nuestros bisabuelos -uno de ellos tiene más o menos como 125, 126 años ahorita, porque ya tiene más de un año que lo entrevistamos a ese compa- son los que nos cuentan.

Entonces así lo vimos, que sigue eso.  Hoy pensamos que así está el capitalismo ahora. Quiere convertir en finca el mundo.  O sea, pero son los empresarios trasnacionales: “Voy a mi finca La Mexicana”, según lo que le antoja; “voy a mi finca La Guatemalteca, La Hondureña”, y así.

Y va a empezar a organizar según su interés al capitalismo pues, así como nos cuentan nuestros bisabuelos, que en una finca hay de todo ahí, café, ganado, maíz, frijol, y en otra finca no, es puro nomás de caña para sacar panela, y en la otra pues otra cosa.  Así nos fueron organizando ellos, cada finquero pues.

No hay patrón bueno, todos son malos.

Aunque nos cuentan nuestros bisabuelos que nos cuentan de que hay unos buenos -dicen- pero a la hora de que nos toca analizarlo, pensarlo, verlo, simplemente porque no hay tanto maltrato físico, es lo que dicen nuestros bisabuelos eso de que entonces son buenos, porque no los chicotean pues; pero de explotados, explotadas, no hay salvación.  En otras fincas sí, aparte de que estás cansado ya del trabajo y si no les cumples más, pues los chicotean.

Entonces pensamos que todo eso lo que les pasó es lo que va a pasar con nosotros, pero ahora sí ya no sólo nomás en el campo, sino en la ciudad.  Porque no es lo mismo el capitalismo de hace 100 años, 200 años, ya son diferentes su modo de explotación y no sólo nomás en el campo explota ahora sino también en la ciudad.  Y su explotación cambia de modo, decimos, pero igual es explotación.  Como que es la misma jaula de encierro, pero cada tanto la pintan, como que es nueva, pero es la misma.

Pero como quiera hay gente que no quiere la libertad, sino que ya se halló a obedecer, y entonces sólo busca un cambio de patrón, de capataz, que no sea tan cabrón o sea que igual explote pero trate bien.

Entonces nosotros no lo perdemos de vista eso porque viene, ya están empezando, y así.

Eso es lo que nos llama la atención de que ¿será que hay otros, otras, que ven, piensan, comparan igual que así nos la van a hacer?

¿Y qué van a hacer estas hermanas y hermanos?  ¿Será que se conforman con un cambio de capataz o de patrón, o es que lo que quieren es la libertad?

Eso es lo que me toca explicarles eso porque viene con lo que nosotros pensamos y vemos con los compañeros, compañeras, como Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

-*-

Subcomandante Insurgente Galeano:

Entonces lo que nosotros vemos a nivel mundial es una economía depredadora.   El sistema capitalista está avanzando de forma de conquistar territorios, destruyendo lo más que pueda.  Simultáneamente hay un ensalzamiento del consumo.  Parece que el capitalismo ya no parece preocupado por quién va a producir las cosas, para eso están las máquinas, pero no hay máquinas que consuman mercancías.

En realidad, este enaltecimiento del consumo, esconde una explotación brutal y un despojo sanguinario de la humanidad que no aparecen en la inmediatez de la producción moderna de mercancías.

La máquina que, automatizada al tope y sin la participación humana, fabrica computadoras o celulares, se sostiene, no en el avance científico y tecnológico, sino en el saqueo de recursos naturales (la necesaria destrucción/despoblamiento y reconstrucción/reordenamiento de territorios) y en la inhumana esclavitud de miles de ínfimas, pequeñas y medianas células de explotación de la fuerza de trabajo humana.

El mercado (ese gigantesco almacén de mercancías) contribuye a ese espejismo del consumo: las mercancías le aparecen al consumidor como “ajenas” al trabajo humano (es decir, a su explotación); y una de las consecuencias “prácticas” es darle al consumidor (siempre individualizado) la opción de “rebelarse” eligiendo uno u otro mercado, uno u otro consumo, o negándose a un consumo específico.  ¿No se quiere consumir comida chatarra?  No problema, los productos alimenticios orgánicos también están a la venta, y a un precio más elevado.  ¿No consume conocidos refrescos de cola porque son dañinos a la salud?  No problema, el agua embotellada es comercializada por la misma empresa.  ¿No quiere consumir en las grandes cadenas de supermercados?  No problema, la misma empresa le surte a la tiendita de la esquina.  Y así.

Entonces está organizando la sociedad mundial dándole, aparentemente, prioridad al consumo, entre otras cosas.  El sistema marcha con esa contradicción (entre otras): quiere deshacerse de la fuerza de trabajo porque su “uso” presenta varios problemas (por ejemplo: tiende a organizarse, protestar, hacer paros, huelgas, sabotaje en la producción, aliarse a otr@s); pero al mismo tiempo necesita el consumo de mercancías por parte de esa mercancía “especial”.

Por más que el sistema apunte a “automatizarse”, la explotación de la fuerza de trabajo le es fundamental.  No importa cuánto consumo mande a la periferia del proceso productivo, o cuánto extienda la cadena de producción de modo que parezca (de “simular”) que el factor humano está ausente: sin la mercancía esencial (la fuerza de trabajo) el capitalismo es imposible.  Un mundo capitalista sin la explotación, donde sólo el consumo prevalece, es bueno para la ciencia ficción, las elucubraciones en las redes sociales y los sueños perezosos de los admiradores de los suicidas de la izquierda aristocrática.

No es la existencia del trabajo la que define al capitalismo, sino la caracterización de la capacidad de trabajo como una mercancía que se vende y se compra en el mercado laboral.  Esto quiere decir que hay quien vende y hay quien compra; y, sobre todo, que hay quien sólo tiene la opción de venderse.

La posibilidad de comprar la fuerza de trabajo está dada por la propiedad privada de los medios de producción, de circulación y consumo.  En la propiedad privada de estos medios está el núcleo vital del sistema.  Sobre esta división de clase (la poseedora y la desposeída) y para ocultarla, se construyen todas las simulaciones jurídicas y mediáticas, así como las evidencias dominantes: la ciudadanía y la igualdad jurídica; el sistema penal y policíaco, la democracia electoral y el entretenimiento (cada vez más difíciles de diferenciar); las neo religiones y las supuestas neutralidades de las tecnologías, las ciencias sociales y las artes; el libre acceso al mercado y al consumo; y las tonterías (más o menos elaboradas) del “cambio está en uno mismo”, “uno es el arquitecto de su propio destino”, “al mal tiempo pon buena cara”, “no le des un pescado al hambriento, mejor enséñale a pescar” (“y véndele la caña de pescar”), y, ahora de moda, los intentos de “humanizar” el capitalismo, hacerlo bueno, racional, desinteresado, light.

Pero la máquina quiere ganancias y es insaciable.  No hay un límite para su glotonería.  Y el afán de ganancias no tiene ética ni racionalidad.  Si debe matar, mata.  Si necesita destruir, destruye.  Aunque sea el mundo entero.

El sistema avanza en su reconquista del mundo.  No importa lo que se destruya, quede o sobre: es desechable mientras se obtenga la máxima ganancia y lo más rápido posible.  La máquina está volviendo a los métodos que le dieron origen -por eso nosotros les recomendamos leer la Acumulación Originaria del Capital-, que es mediante la violencia y mediante la guerra que se conquistan nuevos territorios.

Como que el capitalismo dejó pendiente una parte de la conquista del mundo en el neoliberalismo y que ahora tiene que completarlo.  En su desarrollo, el sistema “descubre” que aparecieron nuevas mercancías y esas nuevas mercancías están en el territorio de los pueblos originarios: el agua, la tierra, el aire, la biodiversidad; todo lo que todavía no está maleado está en territorio de los pueblos originarios y van sobre ello.  Cuando el sistema busca (y conquista) nuevos mercados, no son sólo mercados de consumo, de compra-venta de mercancías; también, y sobre todo, busca y trata de conquistar territorios y poblaciones para extraerles todo lo que se pueda, no importa que, al terminar, deje un páramo como herencia y huella de su paso.

Cuando una minera invade un territorio de los originarios, con la coartada de ofrecer “fuentes de trabajo” a la “población autóctona” (me cae que así nos dicen), no sólo está ofreciendo a esa gente la paga para comprar un nuevo celular de gama más alta, también está desechando a una parte de esa población y está aniquilando (en toda la extensión de la palabra) el territorio en el que opera.  El “desarrollo” y el “progreso” que ofrece el sistema, en realidad esconden que se trata de sus propios desarrollo y progreso; y, lo más importante, oculta que esos desarrollo y progreso se obtienen a costa de la muerte y la destrucción de poblaciones y territorios.

Así se fundamenta la llamada “civilización”: lo que necesitan los pueblos originarios es “salir de la pobreza”, o sea necesitan paga.  Y entonces se ofrecen “empleos”, es decir, empresas que “contraten” (exploten pues) a los “aborígenes” (me cae que así nos dicen).

“Civilizar” una comunidad originaria es convertir a su población en fuerza de trabajo asalariada, es decir, con capacidad de consumo.  Por eso todos los programas del Estado se plantean “la incorporación de la población marginada a la civilización”.  Y, en consecuencia, los pueblos originarios no demandan respeto a sus tiempos y modos de vida, sino “ayuda” para “colocar sus productos en el mercado” y “para obtener empleo”.  En resumen: la optimización de la pobreza.

Y con lo de “pueblos originarios” nos referimos no sólo a los mal llamados “indígenas”, sino a todos los pueblos que originalmente cuidaban los territorios hoy bajo las guerras de conquista, como el pueblo kurdo, y que son subsumidos, por medio de la fuerza, en los llamados Estados Nacionales.

La llamada “forma Nación” del Estado, nace con el ascenso del capitalismo como sistema dominante.  El capital necesitaba protección y ayuda para su crecimiento.  El Estado suma entonces, a su función esencial (la de la represión), la de ser garante de ese desarrollo.  Claro, entonces se dijo que era para normar la barbarie, “racionalizar” las relaciones sociales y “gobernar” para todos; “mediar” entre dominadores y dominados.

La “libertad” era la libertad para comprar y vender (se) en el mercado; la “igualdad” era para cohesionar el dominio homogeneizando; y la “fraternidad”, bueno, tod@s somos herman@s, el patrón y el trabajador, el finquero y el peón, la víctima y el verdugo.

Después se dijo que el Estado Nacional debía “regular” el sistema, ponerlo a salvo de sus propios excesos y hacerlo “más equitativo”.  Las crisis eran producto de defectos de la máquina, y el Estado (y el gobierno en particular), era el mecánico eficiente siempre alerta para arreglar esos desperfectos.  Claro, a la larga resultó que el Estado (y el gobierno en particular) era parte del problema, no la solución.

Pero los elementos fundamentales de ese Estado Nación (policía, ejército, lengua, moneda, sistema jurídico, territorio, gobierno, población, frontera, mercado interno, identidad cultural, etc.) hoy están en crisis: las policías no previenen el delito, lo cometen: los ejércitos no defienden a la población, la reprimen; las “lenguas nacionales” son invadidas y modificadas (es decir, conquistadas) por la lengua dominante en el intercambio; las monedas nacionales se valúan conforme a las monedas que hegemonizan el mercado mundial; los sistemas jurídicos nacionales se subordinan a las leyes internacionales; los territorios se expanden y contraen (y fragmentan) conforme a la nueva guerra mundial; los gobiernos nacionales supeditan sus decisiones fundamentales a los dictados del capital financiero; las fronteras varían en su porosidad (abiertas para el tráfico de capitales y mercancías, y cerradas para las personas); las poblaciones nacionales se “mezclan” con las provenientes de otros Estados; y así.

Al mismo tiempo que “descubre” nuevos “continentes” (es decir: nuevos mercados para extraer mercancías y para el consumo), el capitalismo enfrenta una crisis compleja (en su composición, en su extensión y en su profundidad), que él mismo produjo con este afán depredador.

Es una combinación de crisis:

Una es la crisis ambiental que está pegando en todas partes del mundo y que es producto también del desarrollo del capitalismo: la industrialización, el consumo y el saqueo de la naturaleza tienen un impacto ambiental que altera ya lo que se conoce como “planeta Tierra”.  El meteorito “capitalismo” ya cayó y ha modificado radicalmente la superficie y las entrañas del tercer planeta del sistema solar.

La otra es la migración.  Se están pauperizando y destruyendo territorios enteros y obligando a la gente a migrar buscando vida.  La guerra de conquista, que está en la esencia misma del sistema, ya no ocupa territorios y su población, sino que pone a esa población en el rubro de “sobras”, “ruinas”, “escombros”, por lo que esas poblaciones o perecen o emigran a la “civilización” que, no hay que olvidarlo, se sostiene sobre la destrucción de “otras” civilizaciones.  Si esas personas no producen ni consumen, sobran.  El llamado “fenómeno migratorio” es producido y alimentado por el sistema.

Y una más –en la que nosotros estamos encontrando coincidencias con varios analistas en todo el mundo- es el agotamiento de los recursos que hacen andar “la máquina”: los energéticos.  Los llamados “picos” finales en reservas de petróleo y carbón, por ejemplo, ya están muy cerca.  Esos energéticos se agotan y son muy limitados, su reposición duraría millones de años.  El previsible e inminente agotamiento hace que los territorios con reservas -aunque limitadas- de energéticos, sean estratégicos.  El desarrollo de fuentes de energía “alternas” va demasiado despacio por la sencilla razón de que no es rentable, es decir, no se repone rápido la inversión.

Estos tres elementos de esa crisis compleja, ponen en entredicho la existencia misma del planeta.

¿La crisis terminal del capitalismo?  Ni de lejos.  El sistema ha demostrado que es capaz de superar sus contradicciones e, incluso, funcionar con ellas y en ellas.

Entonces, ante esas crisis que el mismo capitalismo provoca, que provoca migración, provoca catástrofes naturales; que se acerca al límite de sus recursos energéticos fundamentales (en este caso el petróleo y el carbón), parece que el sistema está ensayando un repliegue hacia dentro, como una antiglobalización, para poder defenderse de sí mismo y está usando a la derecha política como garante de ese repliegue.

Esta aparente contracción del sistema es como un resorte que se retrae para luego expandirse.  En realidad, el sistema se está preparando para una guerra.  Otra guerra.  Una total: en todas partes, todo el tiempo y con todos los medios.

Se están construyendo muros legales, muros culturales y muros materiales para tratar de defenderse de la migración que ellos mismos provocaron; y se está tratando de volver a mapear el mundo, sus recursos y sus catástrofes, para que los primeros se administren para que el capital mantenga su funcionamiento, y las segundas no afecten tanto a los centros donde se agrupa el Poder.

Estos muros van a seguir proliferando, según nosotros, hasta que se vaya construyendo una especie de archipiélago “de arriba” donde, dentro de “islas” protegidas, queden los dueños, digamos, los que tienen la riqueza; y afuera de esos archipiélagos quedamos todos los demás.  Un archipiélago con islas para los patrones, y con islas diferenciadas –como las fincas- con labores específicas.  Y, muy aparte, las islas perdidas, las de l@s desechables.  Y en el mar abierto, millones de barcazas deambulando de una a otra isla, buscando un lugar para atracar.

¿Ciencia Ficción de manufactura zapatista?  Googlee usted “Barco Aquarius” y vea la distancia que media entre lo que describimos y la realidad.  Al Aquarius varias naciones de Europa le negaron la posibilidad de atracar en puerto.  ¿La razón?  La carga letal que transporta: cientos de migrantes procedentes de países “liberados” por Occidente con guerras de ocupación, y de países gobernados por tiranos con el beneplácito de Occidente.

“Occidente”, el símbolo de la civilización por auto denominación, va, destruye, despuebla y se repliega y cierra, mientras el gran capital sigue con sus negocios: fabricó y vendió las armas de destrucción, también fabrica y vende las máquinas para la reconstrucción.

Y quien está apoyando este repliegue es la derecha política en varias partes.  Es decir, los capataces “efectivos”, los que controlan a la peonada y aseguran la ganancia para el finquero…  aunque más de uno, una, unoa, se roben parte de las vaquillas y toretes.  Y, además, “chicoteen” demasiado a su respectiva población acasillada.

Todos los que sobren: o consumen o hay que aniquilarlos; hay que hacerlos a un lado; son -decimos nosotros- l@s desechables.  No cuentan ni siquiera como “victimas colaterales” en esta guerra.

No es que algo está cambiando, es que ya cambió.

Y ahora usamos el símil de los pueblos originarios porque durante mucho tiempo, en la etapa previa de desarrollo del capitalismo, los pueblos originarios quedaron como los olvidados.  Antes nosotros usábamos el ejemplo de los infantes indígenas, que eran los no-natos porque nacían y morían sin que nadie les llevara la cuenta, y esos no-natos habitaban en estas zonas, por ejemplo, en estas montañas que antes no les interesaban.  Las buenas tierras (las “planadas”, les decimos nosotros), fueron ocupadas por las fincas, por los grandes propietarios, y aventaron a los indígenas a las montañas, y ahora resulta que esas montañas tienen unas riquezas, mercancías, que quiere también el capital y entonces ya no hay a dónde irse para los pueblos originarios.

O luchan y defienden, incluso hasta la muerte, esos territorios, o no hay de otra, pues.  Porque no habrá un barco que los recoja cuando naveguen a la intemperie en las aguas y tierras del mundo.

Está en marcha una nueva guerra de conquista de los territorios de los originarios, y la bandera que porta el ejército invasor a veces lleva también los colores de la izquierda institucional.

Este cambio en la máquina en lo que se refiere al campo o “zonas rurales”, que se puede apreciar hasta con un análisis superficial, también se presenta en las ciudades o “zonas urbanas”.  Las grandes ciudades se han reordenado o están en ese proceso, después o durante una guerra despiadada contra sus habitantes marginales.  Cada ciudad contiene muchas ciudades dentro, pero una central: la del capital.  Los muros que rodean esa ciudad están formados por leyes, planes de urbanización, policías y grupos de choque.

El mundo entero se fragmenta; proliferan los muros; la máquina avanza en su nueva guerra de ocupación; cientos de miles de personas descubren que el nuevo hogar que les prometió la modernidad es una barcaza en altamar, la orilla de una carretera, o el hacinamiento de un centro de detención para “indocumentados”; millones de mujeres aprenden que el mundo es un gigantesco club de caza donde ellas son la presa a cobrar; la infancia se alfabetiza como mercancía sexual y laboral; y la naturaleza pasa la cuenta del largo debe que, en su saldo rojo, acumula el capitalismo en su breve historia como sistema dominante.

Claro, falta lo que digan las mujeres que luchan, loas otroas de abajo (para quienes, en lugar del glamur de los closets entreabiertos de arriba, hay desprecio, persecución y muerte), quienes pernoctan en las colonias populares y se pasan el día trabajando en la ciudad del capital, l@s migrantes que recuerdan que ese muro no estuvo ahí desde el principio de los tiempos, los familiares de desaparecid@s, asesinad@s y encarcelad@s que no olvidan ni perdonan, las comunidades rurales que descubren que fueron engañadas, las identidades que se descubren diferentes y suplen la vergüenza por el orgullo, y todas, todos, todoas l@s desechables que entienden que el destino no tiene que ser el de la esclavitud, el olvido o la muerte mortal.

Porque otra crisis, que pasa desapercibida, es la emergencia y proliferación de rebeldías, de núcleos humanos organizados que desafían no sólo al Poder, también a su lógica perversa e inhumana.  Diversa en su identidad, es decir, en su historia, esta irrupción aparece como una anomalía del sistema.  Esta crisis no cuenta para las leyes de probabilidad.  Sus posibilidades de mantenerse y profundizarse son mínimas, casi imposibles.  Por eso no cuentan en la cuenta de arriba.

De las rebeldías, para la máquina, no hay que preocuparse.  Son pocos, pocas y pocoas, si acaso lleguen a 300.

-*-

Es seguro que esta visión del mundo, la nuestra, esté incompleta y que, con alto grado de probabilidad, sea errónea.  Pero así es como vemos el sistema a nivel mundial.  Y de esta valoración se sigue lo que miramos y valoramos en los niveles continental, nacional, regional y local.

(Continuará…)






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viernes, 17 de agosto de 2018

Cronopiando | "No Podemos Volver a las Cavernas"

Han entrado a saco al gaztetxe Maravillas de Iruñea desalojando con lujo de fuerza a los jóvenes que se encontraban allí resistiendo.

Aquí les dejamos este Cronopiando por venir muy ad hoc al momento:

Koldo Campos Sagaseta

“No podemos volver a las cavernas”

Cada vez que la ambición y el lucro especula algún nuevo y fantástico proyecto construyendo modernos aeropuertos sin aviones, veloces trenes sin pasajeros o nuevas urbanizaciones sin vecinos; cada vez que detrás de unas jugosas comisiones se aprueban inocuas prospecciones en el mar o se otorgan licencias para el seguro almacenamiento de residuos nucleares, siempre hay un coro de sesudos articulistas y contertulios que, por si acaso no se entiende el costo que el progreso y el desarrollo implican, insiste: “No podemos volver a las cavernas”.

Por supuesto que no. Es mucho más reconfortante vivir debajo de un puente, dormir en el cajero de un banco, en el banco de un parque o en los portales de las cuevas. ¿Para qué una piel de oso con la que arroparse en las noches de invierno cuando disponemos en la calle de toda clase de cartones con los que protegernos de las inclemencias del tiempo? ¿Para qué salir de caza por el bosque o la selva, lejos de la cueva, cuando podemos en la misma calle rebuscar alimentos en los contenedores de los supermercados? Tampoco bajar al río parece mejor opción que asearse en cualquier fuente y una hoguera se enciende en cualquier sitio. No podemos volver a las cuevas. Nos pasaríamos el día pintando bisontes en las paredes, en lugar de estar en las esquinas pintando retratos a los turistas o tirar de manta en las calles para aumentar nuestra cifra de negocio.

Millones de personas en todo el mundo han salido de las cuevas para no volver y disfrutan la vida entre los escombros de Alepo y las ruinas de Aden, en las minas de Katanga, en las cárceles de Jartum, en los cementerios de Ciudad Juarez, en los basureros de Cap Haïtien, en el fondo del Mediterráneo, en la Cañada Real de Madrid.

No, a las cavernas no vamos a volver porque hasta las cavernas son un destino y nosotros no vamos a ninguna parte.






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miércoles, 15 de agosto de 2018

Paso de Gigante del Euskera

¿De verdad ha entrado el euskera en su fase de normalización?

Según este artículo en Deia, pareciera ser que sí:


“Con ‘Loreak’ le sacamos mucho partido a la preselección a los Oscar”

Maite Redondo

“Con Loreak nos pilló totalmente por sorpresa, porque nadie se lo esperaba. Y, en esta ocasión, es verdad que Handia estaba entre las quinielas. Pero, nunca te lo acabas de creer del todo. Nos hemos alegrado muchísimo”, confesaba el director Jon Garaño, poco después de conocer que la película en euskera era una de las tres preseleccionadas por la Academia de Cine Española para los Oscar.

Aunque habrá que aguardar al 6 de septiembre para saber si finalmente compite por la estatuilla de Hollywood a la mejor película de habla no inglesa, a Garaño, que codirigió el filme Handia junto con Aitor Arregi, le ha hecho “mucha ilusión este primer paso”. “Loreak al final no fue seleccionada. Nos gustaría pensar que Handia en esta ocasión si lo será, pero depende de muchas cosas. Es verdad que ahora tenemos más experiencia, la película viene avalada por diez goyas... Aunque tampoco eso garantiza nada”.

“Pero el hecho de estar preseleccionada es un gran paso”, continúa Garaño. “Estás en el círculo de la Academia de Hollywood. De alguna forma, has entrado en el circuito por ser candidata. Eso te da la posibilidad, como nos pasó con Loreak, de conocer cómo funciona la industria de Hollywood. Loreak se pudo estrenar en Estados Unidos y se vendió más en el mercado internacional. Gracias a esto, a su paso por el Zinemaldia y a sus dos nominaciones a los Goya pudimos hacer Handia. Aunque no estuvimos nominados a los Oscar con Loreak, le sacamos mucho partido a esa candidatura”, explica.

Reconocimientos

Handia es la película en euskera más taquillera de la historia del cine. Como han reconocido sus directores en algunas ocasiones, “parece que le pasa lo que le ocurre al protagonista de nuestro largometraje, que continúa creciendo”. Desde su estreno el 20 de octubre de 2017, la historia sobre el gigante de Altzo, que encarna el actor Eneko Sagardoy, no ha parado de recibir reconocimientos. Además de los diez goyas, ha pasado por numerosos festivales internacionales y tal como avanzó ayer Aitor Arregi “próximamente va a haber noticias muy buenas”.

Es la segunda vez que preseleccionan para los Oscar una película en euskera, las dos rodadas por la productora Moriarti que conforman Garaño y Arregi, junto con José Mari Goenaga. “Algo que ya ha entrado en la normalidad. Es curioso, con Loreak en todas las entrevistas nos preguntaban por este tema, pero en esta ocasión no ha salido apenas. Es muy bueno que se acepte que una película en euskera pueda llegar a los Oscar. La Academia de Cine ya designó el año pasado a Verano 1993, rodada en catalán, para optar a la estatuilla a mejor película extranjera”. “Lo importante es si ha gustado la historia”, explica Aitor Arregi, que fue guionista en Loreak.

Las rivales

Handia pugnará en esta carrera hacia los Oscar con Campeones, de Javier Fesser, y Todos lo saben, del iraní Asghar Farhadi, protagonizada por Penélope Cruz y Javier Bardem. “Son películas compañeras, pero adversarias, y dos duras contrincantes”, reconoce Arregi, mostrándose agradecido por el apoyo de la Academia de Cine. “Valoramos que nos valoren”, afirmó el cineasta vasco, que atribuye el exitoso recorrido de Handia al “trabajo constante” de su equipo y no descarta acabar pisando la alfombra roja de Los Ángeles.

Para eso, tendrán que imponerse a Campeones, interpretada por un elenco mixto de actores profesionales, con Javier Gutiérrez a la cabeza, y un grupo de jóvenes discapacitados que son los protagonistas de la cinta. El filme fue estrenado el pasado abril y aún hoy es la película española más taquillera de este año.

Campeones relata la vida de Marco, el segundo entrenador de un equipo de la liga de baloncesto que, debido a un accidente por conducir ebrio, es condenado a hacer servicios sociales. Obligado a entrenar un equipo de baloncesto formado por jugadores con discapacidad intelectual, al principio le parece un castigo, sin embargo, acaba siendo un lugar donde se encuentra a sí mismo.

“En todas las películas hablamos de personajes pero en esta me siento más obligado a hablar de personas. Creo que representan cosas que me pasan a mí y a todos, que son muy universales”, señaló ayer su director Javier Fesser.

Si finalmente es la elegida, Todos lo saben sería la tercera película del director iraní Asghar Farhadi que optase al máximo galardón del cine internacional por una producción rodada en un idioma distinto al inglés. Ganó las dos anteriores con las que se presentó, Nader y Simiy El viajante.

La película sigue a Laura, que viaja con su familia desde Buenos Aires a su pueblo natal en España para asistir a una boda, pero un suceso dramático e imprevisto trastoca todos los planes y cambia por completo las vidas de los implicados.

El productor de Todos lo saben, Álvaro Longoria, confía en que su “dream team” de actores, con Javier Bardem, Penélope Cruz y el argentino Ricardo Darín en el reparto, ayude a convencer a los académicos de Hollywood.

“Una cosa que he aprendido de este negocio es que hay que disfrutar del momento y no hay que subestimar las posibilidades de Handia, que es una gran película y una gran rival”, asegura.

Los académicos tienen hasta el 5 de septiembre para decantarse por una de ellas. El día 6 se conocerá el título de la que definitivamente representará a España en la 91ª edición de los Oscar.





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viernes, 10 de agosto de 2018

Salvar el Tour

El recientemente culminado Tour de France  ha sobrevivido al más sonado de sus fraudes, el cyborg estadounidense Lance Armstrong.

Sin embargo, desde las páginas de Noticias de Navarra nos lanzan una advertencia que bien vale analizar:


F. Javier Aramendia Gurrea

Durante estas últimas semanas hemos ido siguiendo las peripecias de lo que también llamamos en lenguaje castizo “la vuelta ciclista a Francia”, que anima un mes algo anodino, por el calor, el cansancio y la impaciencia por que lleguen, de una vez, las ansiadas vacaciones. El tour es un evento que se repite, a nuestro juicio, casi desde tiempo inmemorial, en definitiva un clásico.

La carrera trae recuerdos de nuestra infancia y primera juventud, hasta los lejanos días en que los corredores lo hacían integrados en equipos nacionales que acogían a lo mejor de cada país, sintiéndose todos los corredores portadores de las esencias de cada Estado. No se concebía entonces que los corredores del mismo origen estuvieran desperdigados y luchando, quizás, como ahora, unos contra otros. La división por escuadras patrocinadas por marcas comerciales vino después y se estableció definitivamente.

Los ciclistas españoles aparecían en tiempos de la Dictadura como llenos de pundonor, luchando con escasez de medios en comparación con los franceses, belgas, holandeses e italianos, que entonces eran los gallitos de las rutas. Normalmente nuestros ciclistas destacaban especialmente al acercarse la montaña, por aquello de que la península ibérica es un territorio accidentado lejos de las llanuras galas o flamencas.

De este papel de meritorios, voluntariosos, pero desorganizados y algo asilvestrados, nos sacaron, avanzados ya los cincuenta y primeros sesenta del pasado siglo, destacados corredores como Loroño, bizkaino de Larrabezua y sobre todo el toledano Federico Martín Bahamontes, aparte de la regularidad de Bernardo Ruiz y el catalán Miguel Poblet, en las llegadas al sprint. La rivalidad entre el vasco y el toledano animó a la afición en aquellos años grises por muchas razones. Eventualmente, Bahamontes ganó el tour galo, rompiendo el maleficio existente hasta entonces.

La carrera francesa se acercó, normalmente a los Pirineos, entrando incluso en la CAV y Navarra, lo que nos colmó de entusiasmo al tener ante nuestros ojos a los grandes divos txirrindularis: los Anquetil, Merkx, Poulidor, Hinault, Gimondi, Pantani y otros.

La pasión ciclista sobre todo en Euskal Herria llegó su cenit con la aparición de nuestro paisano navarro Miguel Indurain, quien, rompiendo todo tipo de tabúes ganó la Vuelta a Francia no una, sino hasta cinco veces, entrando en la leyenda de los que como Merkx, Anquetil o Hinault, habían alcanzado este récord épico: ¡ya éramos tan buenos como ellos!

Los franceses, nuestros vecinos, tendrán sus defectos, pero ¡hay que ver lo bien que saben venderse y destacar los encantos de su país! Es fantástico como en sus retransmisiones televisivas del tour destacan la belleza de sus paisajes, lo bien cultivado de sus campos, sus castillos, catedrales, sus monumentos históricos, y, en definitiva lo que la cultura ha hecho en Francia, ¡una maravilla! Aprovechan legítimamente un espectáculo deportivo de primer nivel, contemplado por millones de espectadores en todo el mundo, para mostrar un país del que se sienten justamente orgullosos.

Llegado a este punto hay que resaltar que este año ha sido fin de etapa y escenario de la contrarreloj, Iparralde y concretamente el bellísimo pueblo de Espelette, tan emparentado con la ilustre familia navarra de Ezpeleta y famoso también por sus pimientos, con permiso de Lodosa, poniendo en valor en el mundo el encanto de este delicioso rincón de Euskal Herria.

Para terminar una nota preocupante sobre el devenir de este tour tan aplaudido y universal al que tanto admiramos. Se trata de la importancia que, desde el 2012, está adquiriendo en la carrera el poder del dinero y los recursos económicos desmesurados que están en juego. Así, como ya se sabe, la competición que hasta hace poco estaba abierta y sometida a cierto grado de aventura y azar, lo que acrecentaba el interés de la gente, ha pasado a estar controlada por un equipo, el Sky, patrocinado por poderosos intereses económicos, que está haciéndose el amo absoluto de la carrera.

Primero con Froome, ahora con Thomas y mañana con otro de la misma camada, si así lo estiman los dirigentes del equipo, el Sky está ejerciendo un efectivo control de la ruta. Ya no hay aquellas peleas entre equipos y sus contendientes, se apaga la emoción y la incertidumbre, la”salsa” del espectáculo. A semejanza de lo ocurrido en otros deportes como el fútbol, el negocio, el lucro a todo trance, puede ensuciar la deseable simplicidad y pureza del deporte.

Sabemos que la codicia y el beneficio desbocado no reparan ante nada para conseguir sus objetivos. Tienen que ganar, de todas formas y si algo se tuerce o no sale conforme a sus deseos se recurre a cualquier procedimiento. Todos los cronistas deportivos y los simples televidentes, vimos cómo el ganador de la carrera, Thomas, redujo el ritmo de su pedalada al final de la contrarreloj para propiciar el triunfo en la etapa de su compañero de equipo Froome. ¿Es esto juego limpio o hay que engrosar a todo trance la bolsa? ¿Es un hecho aislado o síntoma de una enfermedad perniciosa? ¿Se apagará la emoción de la carrera?

Esperamos que nuestros amigos franceses tomen nota de estos hechos y adopten, en su caso, las medidas oportunas y no tengamos que lamentarnos, una vez más, cómo el dinero todo lo corrompe, incluso una carrera tan maravillosa como el Tour.

¡Viva el Tour!






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jueves, 9 de agosto de 2018

El "Supuesto" Atentado

Traemos a ustedes el comentario que desde Cubainformación se hace con respecto a la cobertura por parte de los consorcios informativos internacionales acerca del atentado terrorista en contra de Nicolás Maduro, presidente democráticamente electo de la República Bolivariana de Venezuela, contrastando el manejo del lenguaje con el que se hace de otros eventos violentos que han tomado lugar recientemente.

Lean ustedes:


José Manzaneda | Coordinador de Cubainformación

Cuando se produce un atentado, agencias y medios internacionales asumen con disciplina la versión oficial de los gobiernos. Salvo que este se produzca en Venezuela.

Entonces, el intento de asesinato de un presidente electo se convierte en un “supuesto atentado” o un “incidente con drones”. Los autores no son terroristas, sino un “grupo rebelde”. Y la prensa dedica páginas completas a las “dudas y puntos oscuros sobre la versión oficial”, que apuntan a un hipotético “montaje” o “autoatentado”. Es la apología del terrorismo a la carta practicada por los medios corporativos.

Los mismos que nos hablan de una “crisis migratoria” venezolana en Colombia. Y son altavoz propagandístico del gobierno de Bogotá, preocupado “por la enorme crisis en Venezuela". Curiosamente, estos medios jamás han llamado “crisis” -ni siquiera “problema” migratorio- a la existencia de más de cinco millones de colombianos y colombianas -casi 200 mil en calidad de personas refugiadas- que viven en Venezuela.

Incluso hoy, tras el acuerdo de paz entre Gobierno y guerrilla de las FARC, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) denuncia que, en lo que va de 2018, hay en Colombia 19.000 personas desplazadas por la violencia, cifra que ya supera el total de 2017.

Nada que importe a la prensa internacional. Como tampoco los 123 líderes sociales y defensores de derechos humanos asesinados en Colombia desde enero de este año.

Si tecleamos en los buscadores “marcha en Nicaragua” encontraremos solo manifestaciones de la oposición. Las marchas sandinistas, superiores en convocatoria, son invisibles. ¿Por qué? Porque contradicen el guión mediático, grabado a fuego en la opinión pública: el que endosa las muertes ocurridas desde abril solo a la represión gubernamental; oculta la extrema violencia opositora; y sataniza al Gobierno porque –nos dice- “se aferra al poder”. Que hace año y medio recibiera el 72 % del voto popular ¿no legitima algo ese “poder”?.

Leemos en el diario español “El País” que la Reforma Constitucional de Cuba es “puro teatro”, un simple “cambio semántico”. “The Washington Post” la califica de mero “traje nuevo y bonito” para un “régimen represivo” y “autoritario”. Curioso: porque durante tres meses el proyecto será discutido por la población cubana en 135 mil asambleas, en todos los centros de trabajo y comunidades. Es un proceso de participación sin precedentes, absolutamente inédito en el mundo. En el que podrá participar, vía digital, también la emigración cubana. ¿Dictadura, falta de democracia, régimen totalitario? ¿No les parece que en este relato de los medios sobre Cuba... hay algo no cuadra?

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domingo, 5 de agosto de 2018

Taxistas Vascos Contra las Multinacionales

Continúa la revuelta de los taxistas de la CAV en contra de la amenaza que representan las plataformas digitales dedicadas al transporte.

Aquí lo que se nos reporta desde el Correo Vasco:


Arremeten contra el Gobierno vasco por dar por hecho que esas firmas llegarán a Euskadi y auguran un escenario «sumamente desagradable»

Luis López

O mucho cambian las cosas, o aquí va a haber un conflicto importante. El Gobierno vasco da por hecho que más temprano que tarde llegarán a Euskadi los gigantes Uber y Cabify, igual que han llegado al resto de grandes ciudades españolas y del mundo entero. Mientras, los taxistas vascos dicen que no. Que aquí no hay sitio para multinacionales cuyo único objetivo es acaparar el mercado. «Si tratan de venir vamos a encontrarnos con un escenario sumamente desagradable», advierte Borja Mussons, presidente de la Federación Vasca del Taxi. «Haremos todo lo que esté en nuestra mano para impedirlo».

Así están las cosas pese a que ayer fue el primer día de actividad en el mundo del taxi tras una semana de paro total en Euskadi y en la mayoría de España. Los profesionales del volante se plantaron con el fin de hacer presión y reducir el número de licencias VTC, de las que se valen Uber y Cabify para prestar sus servicios. La ley marca que el tope es una por cada 30 taxis, y en ciudades como Madrid la proporción es una por cada cuatro. En el País Vasco es 1/26, pero aquí la situación es particular porque sólo trabajan las VTC tradicionales, las de toda la vida (83 vehículos como, por ejemplo, limusinas y coches de lujo para personalidades). Eso sí, hay pedidas casi 400 licencias a las diputaciones (competentes en su concesión) que se habían denegado y a las que los tribunales están dando sus bendiciones, por lo que el problema puede estallar en cualquier momento.

El Gobierno vasco asume que no se puede ir contra el cambio en los tiempos y considera que hay que regular el asunto para que convivan los distintos medios de transporte. «Necesitamos un transporte público de calidad en el que quepan todos», dijo el miércoles la consejera de Desarrollo Económico, Arantxa Tapia. Y ayer reiteró que «va a haber que asumir» por sentencia judicial las licencias de VTC que en su día se denegaron. «Tenemos que estar preparados» para cuando eso ocurra. Desde su departamento creen que toca iniciar una labor «pedagógica» para interiorizar que no hay escapatoria y los medios tradicionales tendrán que convivir con los nuevos.

Sin aportar nada

Para los taxistas, el planteamiento es inaceptable. «Lo que está diciendo el Gobierno vasco es que va a dejar entrar a un intermediario que vive a miles de kilómetros de aquí». Porque, a juicio de Mussons, empresas como Uber y Cabify «no aportan nada a la sociedad y se quedan con parte del pastel». «Es totalmente inviable convivir aquí con ellas. Donde están, la gente no convive, malvive. Y no quieren ser un servicio complementario, sino quedarse con todo el mercado».

Por eso, los taxistas aseguran que no se van a quedar de brazos cruzados. En el momento en que se plantee la eventual entrada en Euskadi de alguna de estas multinacionales que están revolucionando el transporte de viajeros en medio mundo «vamos a hacer todo lo que esté en nuestra mano». ¿Por ejemplo? «Movilizaciones, huelgas indefinidas...». Para Mussons el Gobierno vasco ya tiene herramientas legales suficientes como para cerrar el paso a Uber y Cabify, por lo que le pide «agarrar el toro por los cuernos».

Las frases

Arantxa Tapia | Consejera Desarrollo Económico, «Va a haber que asumir por sentencia muchas licencias que se habían denegado»

Janire Bijueska | Directora de Transportes, «Nadie sabe cómo hacer compatible el aumento que viene de permisos VTC con la limitación legal 1/30»

Borja Mussons | Federación Vasca del Taxi, «Esas multinacionales no quieren ser un servicio complementario, sino quedarse con todo»






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viernes, 3 de agosto de 2018

Entrevista a José Carlos Ruíz

El gran engaño del capitalismo entonces y del neoliberalismo hoy... el único objetivo válido de todo ser humano es el de lograr la felicidad, lo que sea que esta signifique.

Al respecto, les compartimos esta entrevista dada a conocer en la página de La Vanguardia:


José Carlos Ruiz, doctor en Filosofía, reivindica el pensamiento crítico | Tengo 43 años. Soy cordobés. Casado, dos hijos. Profesor asociado de la Universidad de Córdoba y veinte años de profesor de instituto. La era de la selfie se ha trasladado a la política y cada opción mira por su buche.

Ima Sanchíz | Foto: Àlex García

Nos han condenado a ser felices por obligación, y lo que es peor, por imitación.

Suena grave.

Lo es, porque la felicidad se ha convertido en un instrumento de tortura. Nos venden que la felicidad es algo instantáneo y fácil de adquirir. Se trata de una felicidad postiza y a la venta que nos convierte en drogodependientes emocionales.

Me está asustando.

La palabra de moda es tendencia: el viaje que no te puedes perder, el último gadget, el restaurante del momento con su cocina fusión, el imprescindible mindfulness...

Adictos a las experiencias vibrantes.

A un consumo de emociones constante porque la oferta es infinita, lo que lo convierte en una tortura. Se trata de dosis perfectamente empaquetadas que nos mantienen sometidos y enganchados a una actividad incesante; esa es la idea de felicidad que ha calado.

La zanahoria del burro.

El culto al instante, la prioridad de lo inmediato, la hiperactividad para no perderse esas tendencias que nos prometen la dicha.

¿Y la verdadera felicidad?

La felicidad es un modo de ser.

¿Sentirse feliz no es lo mismo que serlo?

No, y tampoco es la alegría de un instante o la satisfacción por un logro conseguido. La felicidad es una manera de ver la vida, de levantarte cada mañana y acostarte cada noche, una actitud con los que te rodean que hace que ellos mejoren y mejores tú.

Las circunstancias influyen.

Sí, y habrá periodos de luto y de recomposición, pero la felicidad es un edificio que se construye desde la infancia con unos valores estables y un modo de ver la vida en positivo.

Esa es otra palabra de moda.

Educar un árbol para que sea estable lleva años, pero una vez que enraíza sabe buscar sus nutrientes y sus ramas son grandes y dan cobijo. El césped crece muy rápido y es aparente, pero a la mínima se seca o se pudre.

¿Hoy la felicidad es de césped?

Se educa con poca profundidad, y lo veo en mis alumnos, que son muy frágiles emocionalmente, con picos de alegría y depresión. Hay que plantar la semillita.

¿La del pensamiento crítico?

Sí, hay que enseñarles a pensar. La reflexión en torno a lo que han hecho es obligatoria. Yo distingo entre inteligencia y sabiduría.

Sabios siempre ha habido pocos.

Es algo que hay que desarrollar internamente analizando el sentido de tus actos, y en eso se invierte la vida, desde los 6 años hasta los 90.

Sí, entretenido lo es.

Hay que atreverse a pensar y a reflexionar, y apartarse del hiperdinamismo, de hacer lo que todo el mundo hace sin tener en cuenta si tus circunstancias están forjadas para eso o no.

¿Y eso cómo lo sabes?

Analizando de dónde vienes y de dónde vienen los otros y el contexto en el que se desenvuelve cada uno. Si vas a juzgar a alguien, ten la paciencia de entender por qué piensa como piensa y de dónde procede su manera de ver la vida.

No estamos educando en eso.

No, estamos educando en la competitividad, en el análisis del dato superficial. La estadística se ha apoderado de nosotros. Estamos falsificando la humanidad, claudicando a la matematización del mundo e incluso de la emoción.

¿Hoy pensar aburre?

Hoy pensar, detenerse, reflexionar, es agonizar; es un atraso, porque hay que ir hacia delante. Los popes educativos, los coaches que ven mis alumnos universitarios por internet, les dicen: “Sigue tu pasión y conviértela en tu trabajo”.

No me parece un mal consejo.

El mercado nos vende como centro de nuestra vida la realización y el triunfo a través del trabajo, pero hay cosas más importantes en la vida. Hay que dejar de educar en el ego. La gente debe construir su felicidad de acuerdo a quienes son y no exportar modelos.

¿Tenemos un problema de identidad?

Sí, ahora los modelos son personajes como Steve Jobs, brillante en su trabajo, pero un tirano con su gente y un mezquino emocional.

Bien visto.

Y también deberíamos tener en cuenta que por mucho que Zuckerberg lleve la misma camiseta y las mismas bambas que tú, él es una excepción. Si la excepción se convierte en regla, la frustración está asegurada.

El futuro es siempre una proyección.

Sí, y hoy es tan imprevisible que genera angustia y se impone el carpe diem más superficial. Tú no puedes controlar el futuro, pero sí el proyecto de persona que quieres ser, y eso se consigue con pensamiento crítico.

Usted lo tiene muy agudizado.

Se repiten muchas tonterías como eso de “sal de tu zona de confort” para conquistar lo extraordinario, cuando lo ordinario es precisamente lo que deberíamos cultivar y apreciar.

¿Defiende la rutina?

La que tú te construyes, tus amadas costumbres, eso que te hace sentirte a gusto contigo mismo y con los que están a tu alrededor. Pero la rutina se desprecia, cuando en realidad es la base de cualquier vida.

Reivindica la sencillez y el equilibrio.

Sí, porque este mundo tan complejo se sus­tenta en dos o tres cuestiones básicas, como ­saber amar. Pero la acción le está ganando la batalla a la reflexión.

Pensamiento crítico

Se llevan las experiencias, nos venden viajes inolvidables, sensaciones gastronómicas, amistad y me gusta virtuales. Frente a esa necesidad de experimentar novedad constante que nos ha convertido en drogodependientes emocionales, Ruiz defiende en su último ensayo, El arte de pensar (Berenice), promover el pensamiento crítico, conocer las circunstancias y saber interpretar el contexto: “Simplificar significa pensar. No actuemos tan impulsivamente. Si educamos más en entender las circunstancias propias y del otro, y no tanto en el ego, la gente empezará a construir su felicidad y no a exportar modelos de felicidad”. Ha diseñado un programa para que los maestros instauren el pensamiento crítico en las aulas.






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jueves, 2 de agosto de 2018

Desenmascarando a El Creador

Volviendo al tema candente de Cambridge Analytica y otras veleidades feisbukianas, les compartimos este extraordinario artículo acerca del monstruo cibernético creado por Mark Zuckerberg y dado a conocer en la página de la Revista Contexto:


Sobre los efectos secundarios de la red social en nuestros sistemas políticos e identitarios

Jordi Minguell

En la mitología popular, Mark Zuckerberg está en su residencia universitaria de Harvard un pelín pedo y, por despecho, inventa el germen de lo que es hoy la plataforma de comunicación más grande que ha dado la humanidad: Facebook. Dos mil millones de personas en todo el mundo tienen una cuenta en la que reciben y comparten información. Lo que pocos saben es que Zuckerberg, El Creador, además de estar estudiando ingeniería informática también aprendía psicología.

Llevo más de diez años trabajando en el sector del marketing y las comunicaciones digitales. Los suficientes para saber que, hoy por hoy, el retorno de inversión para cualquier empresa, organización o partido político de una campaña en este canal no es comparable a ninguna otra vía de comunicación, ya sea offline u online. Si quieres resultados, invierte en Facebook, es la máquina de marketing perfecta. Punto.

En esta década también he asumido, como ciudadano e individuo, que la gran red social es, cada día, más parte de los problemas a los que nos enfrentamos como sociedad que de su solución.

Si el sueño de la razón produce monstruos, el sueño de Facebook provoca la polarización de la opinión y la ilusión de debate vía la exportación de lo político hacia lo digital. Un canal, el digital, en el que en espacios cerrados, monetizados y optimizados para la conversión construimos nuestra identidad. Un marco en el que difícilmente puede desarrollarse algo tan sano, tan democrático, tan republicano como el conflicto. El bueno. No el de tu timeline.

Hace unos meses cerré mi cuenta de Instagram y Facebook (que por si no lo sabes son propiedad de El Creador junto a Whatsapp). ¡Ahora lo llaman suicidio! Estoy bien. Después de unas semanas de no saber qué hacer con el móvil, solo lo echo en falta para felicitar los cumpleaños. Eso sí, el susto de mis colegas de profesión fue mayúsculo. Unos me acusaron de #postureo. Algunos me han dejado de llamar. Otros, me emplazaron a LinkedIn. Pocos se interesaron por mi razonamiento.

Aquí van unos puntos

Lo de Cambridge Analytica es, en efecto, muy gordo. Y la falta de explicaciones que siguió, también. Si quieres la secuela perfecta de La red social de David Fincher, ponte uno de los videos en YouTube con el testimonio de El Creador frente al Senado de Estados Unidos. Black Mirror se queda corto. Tráiler: se filtran datos de usuarios en manos expertas en la segmentación y modelización de audiencias. Los malos pagan a esa empresa para hacer su trabajo. Elipsis. Habemus Brexit y Trump.

Hay que resaltar aquí que el problema es la forma –fuera de los ya de por sí polémicos términos de uso de la red social– en la que la empresa accedió a los datos. Cambridge Analytica utilizó una aplicación para filtrar los datos de usuarios y crear modelos de audiencia para realizar campañas políticas. No los superpoderes que cualquier empresa, organización o individuo tiene, de forma perfectamente lícita, al acceder a los servicios de empresas de Facebook para crear, desarrollar y optimizar campañas con el fin de, en términos de marketing, convertir. En términos de a pie de calle: convencer.

El impacto del uso de los datos de Cambridge Analytica en campañas políticas no se sabrá hasta que Facebook sea 100% transparente sobre los datos que se filtraron y su uso por terceras partes. Por lo visto en la comparecencia, ni ellos lo saben. Pero, sobre todo, porque Cambridge Analytica, como muchas otras compañías de publicidad online, son ingenieros en el uso de herramientas digitales para influir en la atención, primero, y en las decisiones, después, del usuario de redes sociales.

El objetivo de una campaña de marketing, ¡sin entrar en detalles!, es generar un retorno a la inversión. Ya sea cuantitativo o cualitativo. Me gusta esto. No me gusta esto. Compro esto. No compro esto. Facebook es una compañía de publicidad que utiliza tu necesidad de validación externa para poblar de datos tu cuenta. Y la cuenta de ingresos de El Creador. Piensa en millones de personas haciendo lo mismo que tú, en el mismo entorno digital. Esos datos generan patrones de consumo diferenciados por segmentos de consumidores. El segmento A es así y le gusta esto y lo otro. El B es así… El C… Cuanto más sofisticado el segmento y la definición de su patrón, más fácil para la empresa comunicar contigo. Y, por lo tanto, que piques. Por primera vez. Por segunda.

Nada que no hayas visto en ‘Mad Men’. O en tu frutería.

Los patrones de consumo son la base de la efectividad del marketing. Y con la digitalización de los datos jamás en la historia de la humanidad hemos sabido tanto sobre el consumo y los consumidores. Y sus patrones. El marketing llevado, casi, al nivel de ingeniería. Ahora bien, ¿qué pasa si las relaciones que entablamos, las opiniones que generamos y los diálogos que establecemos, discurren en un entorno optimizado para el retorno de inversión? ¿Qué pasa cuando se nos pide actuar como ciudadanos pero, en realidad, nos comportamos como consumidores?

“Una ardilla que se muere delante de tu casa puede tener más relevancia para ti que gente muriendo en África”. Esta perla de El Creador está recogida en el ensayo ‘#Republic: Divided Democracy in the Age of Social Media’ (Princeton University Press, 2017) escrito por el Profesor de la Universidad de Harvard Cass R. Sunstein. Un monumento al escepticismo digital que, partiendo de la histeria post elección de Trump, amplifica el mea culpa de las clases pensantes estadounidenses ante su Armagedón político frente al uso, abuso y mal uso de las redes sociales. Está bien estar todos conectados. ¡Gracias a El Creador! Pero, vamos a darle al pause un poco.

Preguntado por la pertinencia, o no, en tu timeline de las noticias a las que la plataforma te expone, la justificación de la ardilla tiene todo el sentido del mundo si tu objetivo, tal y como declaró en la sesión del control en el Senado, es “vender publicidad, señoría”. El modelo de negocio se sustenta en afinar la pertinencia de los contenidos a los que los usuarios son expuestos para que hagan click. Y, por lo tanto, que Facebook haga caja. El famoso algoritmo, la nueva receta de la Coca Cola, es el instrumento de afinación que te hará hacer click basado en tus preferencias (demográfico, localización, historial…) y lo que tu entorno publica –comenta– y valida. En Facebook, el producto eres tú. Y aquí es dónde la lógica comercial empieza a darse de bruces con la democrática.

Sustein demuestra, basándose en experimentos de psicología del comportamiento sobre la construcción de la identidad, que si Facebook es la base de tu dieta informativa, probablemente te encuentres después de unos meses de uso con un cuadro clínico de crispación, polarización y radicalización. Además de tener un ‘nosotros’ cada vez más exclusivo y un ‘ellos’ cada vez más inclusivo. Lo llama las echo chambers. Y define el efecto secundario principal del algoritmo en tu salud ciudadana. Si tu entorno valida tu punto de vista, tu opinión sale reforzada. Si en tu entorno no hay voces discordantes, tu posición sale aún más reforzada. ¿Le has dado –me gusta– al PSOE? Bien de historias relacionadas con la corrupción en el Partido Popular. No muchas discordantes. ¿Le has dado al Partido Popular? Bien de historias sobre corrupción en el PSOE. No muchas discordantes.

Regresión. Los griegos crearon la democracia. Y la República. The Original. También el espacio público. La Plaza. La idea, entonces, era que en el espacio público diferentes personas se juntaran y pudieran hablar, compartir, dialogar. Y disentir. Una de las bases para el funcionamiento de la república era, en teoría, la transmisión por canales públicos, no partidistas y libres de la información con la finalidad que la ciudadanía pudiese construirse una opinión y así contribuir al bien común.

El papel de Facebook como medio para ejercer la libertad de expresión es indiscutible en todo el mundo (menos en China que solo se puede acceder vía VPN). El Creador probablemente jamás imaginó que iba a poseer un canal de difusión de contenidos accesible por el mayor número de personas posible. La imprenta se queda en juego de niños. Y los efectos que este canal ha tenido y va a tener en amplificar la voz de las minorías o de los movimientos sociales en todo el mundo es hoy, en el Occidente del matrimonio Gay, el 15M, el Black Live Matters, la Primavera Árabe o el #MeToo, innegable.

Pero, ¿y si al desalojar la acción social (y nuestro pensamiento social) hacia ese medio, estuviéramos poniendo piedras a todo movimiento de cambio? ¿Y si estuviéramos dando un valor a la información que va directamente en contra del modelo de sociedad democrática que llevamos siglos construyendo? ¿Y si la regulación no solo tiene que ir hacia la protección de los datos (gracias Unión Europea) pero también hacia la protección de la libertad de expresión basándose en los principios de neutralidad y ciudadanía? ¿Y si la libertad de expresión tuviese que ser definida, y regulada, no sólo como el derecho a decir lo que te se salga de los pixels pero, también, a que las empresas, casi monopolios, que te permiten acceder a ese contenido, se rigieran por lógicas no solo de optimización de cuenta de resultados? 

Unas preguntas que, aunque están dirigidas a un canal del siglo XXI, fueron ya formuladas durante todo el siglo pasado con la fotografía. Ya Walter Benjamin fruncía el ceño con la reproducción como churros de lo anteriormente conocido como Alta Cultura en su entretenido ensayito La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. También cuestionaba elegantemente las nuevos artes que empezaban a despuntar: el cine y la fotografía. ¿Pero esto qué es? ¿En qué se convierte la experiencia del arte? ¿Qué relación tiene el espectador ante el objeto de la pieza artística? ¿Qué es un objeto artístico? El ensayo ha envejecido fatal en su contenido, pero no en la vertebración de su escepticismo ante la innovación tecnológica y sus implicaciones en la sociedad. Como demuestra que Susan Sontag cogió el testigo décadas después en uno de sus primeros grandes ensayos: Sobre la Fotografía.

Sontag no escribía desde el nacimiento de la imagen y su mercantilización. Escribía desde su más total y absoluta hegemonía: la América de los 70. Y también desde la postmodernidad.  Es decir, desde Warhol, desde la publicidad integrada en la cultura (y el arte) (y viceversa), desde el todo vale. Y Sontag también fruncía el ceño en este manantial de ideas en las que, entre otras cosas, se preguntaba si el espectador de fotografías había terminado por perder completamente la sensibilidad y asertividad ante el objeto fotografiado. Hablaba de crear una ecología de imágenes para que justamente el espectador pudiese enmarcar, vía contexto y palabra, el chorro de fotografías (y por lo tanto estímulos).

Años más tarde, antes de morir y desde la América post 11S, Sontag publicó un spin off a ese ensayo. El librito Regarding the pain of the others se centra en la fotografía de guerra. Y, sobre todo, en los efectos de la fotografía de guerra en el espectador. ¿Cómo respondemos a los estímulos que provoca una fotografía de guerra sobre un contexto, una situación y unas personas muy lejanas? ¿Cómo respondemos al dolor de los demás a través de la fotografía? ¿Cómo deberían presentarse las fotos para que transmitan el contexto y la historia que determinan el sentido de esa foto? ¿El medio puede entonces transformar la sensibilidad y la conciencia política?

Me hubiese gustado saber qué opinan Walter y Susan de Facebook. Lo que habrían escrito sobre las fotos virales de los niños Omran o Alan Kurdi, de los videos en tu timeline de Angelina Jolie visitando las ruinas de Mosul, de los ´firma la petición’, del like a toda costa en tu primo, tu jefe, tu alcalde, en tu Presidente, del clickbait en general, y Buzzfeed y Breibart en particular, de los memes o de las campañas de desinformación. Y me pregunto, también, si Susan y Walter hubiesen tenido Facebook.

Estas son pues las dudas razonables por las que soy Facebook Negativo.

Aunque, también, es adictivo (neuromarketing, ¿alguien?), existen vínculos demostrados entre su uso y la depresión, los filtros para las fake news todavía están lejos de funcionar, censura mejor los pezones que el hate speech, no se sabe lo que la empresa registra sin tu consentimiento explícito (tu cara, tu búsquedas de explorador, tus movimientos de ratón, tu voz…), la ONU ya ha dicho que su uso en Myanmar está relacionado con la crisis humanitaria de los Rovingya, fenómenos virales como Lady Gaga o el Estado Islámico jamás habrían ocurrido si no llega a ser por Facebook…

Gracias a El Creador. Es una maravilla estar todos conectados. Pero, ¿no es hora de hablar un poquito de regulación? 






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