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domingo, 25 de agosto de 2019

Detienen a Joseba Alvarez

Tal como se había prevista, la supresión de libertades por parte del ejecutivo francés como parte del operativo alrededor de la Cumbre del G7 tarde o temprano se iba a cebar en el independentismo vasco.

Nos reportan que Joseba Alvarez ha sido detenido.

Aquí este seguimiento de Naiz a lo que está sucediendo en el marco de la G7 en Miarritze:


17 detenidos el viernes y 68 el sábado es el balance hecho por las autoridades franceses de sus intervenciones contra quienes protestan contra el G7. Se han producido en Urruña y Baiona sobre todo, aunque también en controles, caso de Joseba Alvarez. Portavoces de la plataforma contra el G7 han denunciado, este mediodía, en el curso de una breve comparecencia en Angelu la detención de Alvarez, en base a una «orden de presencia en territorio francés» por un mes que se ha emitido en su contra sin su conocimiento.

Un total de 68 personas fueron detenidas en las protestas que se desarrollaron este sábado contra la cumbre del G7, según ha confirmado la Prefectura francesa. Detalla que de ellas 38 se quedaron en comisaría, mientras el resto fueron liberadas enseguida.

Se les acusará de «participar en concentraciones organizadas con fines violentos», «estar en posesión de objetos susceptibles de ser utilizados como armas», «ocultar el rostro» o «lanzar proyectiles».

La mayor parte de estos arrestos se produjeron en Baiona durante la carga de la tarde del sábado, en la que la Policía francesa empleó agua, botes de gas y algunas pelotas.

Estos 68 se suman a los 17 detenidos del viernes en Urruña, cuando la Policía abortó la marcha de unas 250 personas por la cornisa y luego irrumpió en la acampada de la contracumbre.

Algunos de arrestos se han producido en los innumerables controles de carretera colocados en Lapurdi, como es el caso del donostiarra Joseba Alvarez, exmiembro de la Mesa Nacional de HB entre otras muchas cosas.

Según informan fuentes cercanas, ha sido llevado a la comisaría de Hendaia acusado de haber vulnerado una prohibición de entrada en territorio francés, por lo que se cree que hoy o mañana será expulsado al sur.

Comparecencia en Angelu

Los miembros de la plataforma contra el G7, que han comparecido al mediodía para confirmar el acto de desobediencia en denuncia de la ocupación policial de Ipar Euskal Herria, que tenían previsto desarrollar hoy, han denunciado los arrestos y muy en particular la detención de Alvarez.

El veterano militante ha trabajado en el seno de la organización de la contracumbre, de cuyo buen desarrollo se congratuó ayer mismo -coincidiendo con la manifestación que reunió a 15.000 personas- el alcalde de Hendaia, el socialista Kotte Ezenarro.

Precisamente, Alvarez se implicó en las interlocutores, entre otros, con electos cara al buen desarrollo de la contracumbre. El del Antiguo fue detenido en base a una "orden de permanencia en territorio francés" que se ha activado expresamente -y por el periodo de un mes- con vistas a la cumbre, sin que al afectado le constara que existiera.

Una manifestación sin anunciar recorre desde el mediodía las calles de Hendaia -donde el campamento anti G7 se va vaciando de activistas, que a la salida son controlados por la Policía, que ha cerrado la carretera de la costa- para denunciar las detenciones y en redes hay otras convocatorias para esta tarde en Baiona.






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Multitudinario No al G7

El Sol de México ha publicado esta crónica de las movilizaciones que se han dado en el marco de la celebración de la Cumbre del G7 en una sitiada Miarritze:


Aunque el gobierno francés desplegó a más de 13 mil agentes de policía, la presencia de los elementos durante la manifestación resultó discreta

Miles de opositores al G7 se manifestaron de forma pacífica este sábado al mediodía entre Hendaya y la localidad fronteriza española de Irún, a unos 30 kilómetros de Biarritz, donde empezará esta tarde la cumbre de siete mandatarios occidentales.

En un ambiente alegre y tranquilo, entre 15 mil personas, según los organizadores, y 9 mil, según la policía, recorrieron los cuatro kilómetros que separan Hendaya de Irún, bajo un sol radiante y sin que se produjeran grandes incidentes como temían las autoridades francesas. La manifestación empezó en torno a las 12H00 (10H00 GMT).

Los organizadores de la protesta ya habían asegurado que sería pacífica. "Tenemos un servicio de orden bastante consecuente con 200 militantes experimentados, la mayoría de ellos vascos", aseguró la portavoz de Alternativa G7, un colectivo que participa en la organización de la contracumbre. También pidió "responsabilidad a las fuerzas del Estado".

Aunque el gobierno francés desplegó a más de 13 mil agentes de policía, la presencia policial durante la manifestación resultó discreta, aparte de un helicóptero que sobrevolaba la protesta.

Los manifestantes ondearon numerosas banderas vascas (ikurriñas, de color rojo, verde y blanco) en una protesta que reúne a militantes anticapitalistas, altermundialistas, ecologistas y nacionalistas vascos, así como decenas de "chalecos amarillos".

"Es importante mostrar que la población se moviliza y que no está de acuerdo con el mundo que nos proponen", declaró Elise Dilet, una manifestante de 47 años, que milita en la asociación altermundialista vasca Bizi.

"Queremos que la manifestación sea totalmente pacífica y aunque tememos algunos incidentes, haremos todo lo posible para que esto no suceda", añadió.

Xavier Godmet, de 43 años, un ganadero productor de queso en Normandía, estaba veraneando en el suroeste de Francia cuando tuvo conocimiento de la cumbre alternativa al G7 y decidió asistir a la manifestación del sábado.

"Cambiamos nuestro programa para estar aquí. Vine para defender la agricultura local. Lo que deseo es alimentar a aquellos que viven cerca de mí", afirmó este ganadero.
"Acabar con esta farsa"

Pese a la presencia de Genevieve Legay, una de las figuras conocidas de los "chalecos amarillos", los militantes de este movimiento eran más bien minoritarios en la manifestación.

"Estamos hartos de ser gobernados por dirigentes que solo piensan en ellos mismos. Nos oponemos a la dictadura de Macron y de las élites mundiales, que solo quieren repartirse el poder y aplastar al pueblo", denunció Michel, de 56 años, un militante de los "chalecos amarillos" procedente de una localidad vecina.

Centenares de vascos españoles también participaron en la marcha, como Max, de 28 años, un bilbaíno que vino acompañado por cinco amigos.

"Tenemos una cultura de lucha y nos parece completamente lógico manifestarnos hoy. Hemos venido muchos para acabar con esta farsa", declaró Max, que llevaba una bandera vasca en la mano.

"Si el clima fuera una catedral, ya lo habríamos salvado", decía una pancarta, que contraponía el incendio en Notre Dame en París, por la que se prometieron donaciones millonarias, con la ola de incendios en Amazonía.

Los manifestantes también llevaban barcas de plástico para denunciar la muerte de miles de migrantes ahogados en el Mediterráneo.

El viernes por la noche se produjeron los primeros choques entre manifestantes y las fuerzas de seguridad en Urruña, cerca del campamento donde se celebra la cumbre alternativa al G7.

Las fuerzas de seguridad detuvieron a 17 personas y cuatro agentes resultaron levemente heridos. Los servicios de protección civil franceses también atendieron a siete manifestantes.

Según miembros de la organización de la contracumbre, 23 personas fueron atendidas por equipos de "street medics" (manifestantes que ofrecen asistencia médica), tras haber sufrido heridas leves por balas de goma.

Los organizadores aseguraron que estos incidentes no lastran "el éxito de la cumbre alternativa", que concluyó el viernes tras haber reunido a 5 mil personas, informaron Alternativa G7 y la plataforma vasca "G7 Ez" ("No al G7").






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Giraldillas y Resistencia Pacífica

Con motivo del vigésimo aniversario de la creativa intervención llevada a cabo en Sevilla por parte de un grupo de solidarios provenientes de Errentería, desde Gara traemos a ustedes este artículo que entra a detalle en el contexto en el que las Giraldillas actuaron.

Lean por favor:


Jonathan Martínez | Investigador en comunicación

El 20 de agosto de 1999, dos activistas del movimiento Solidarios con los PreSOS acudieron a la inauguración de los Campeonatos Mundiales de Atletismo de Sevilla, se disfrazaron de giraldillas –la mascota oficial del evento–, burlaron un dispositivo de seguridad de cuatro mil policías y cien cámaras de vigilancia y se pasearon durante veinte minutos por el estadio de La Cartuja con banderolas contra la dispersión penitenciaria. Una tercera persona se infiltró en el acto con una cámara de vídeo, otra repartió octavillas en la zona de prensa y otros seis activistas se descolgaron con cuerdas desde las gradas y desplegaron una pancarta a favor del acercamiento de presos. La Policía detuvo a un total de diez jóvenes de Errenteria.

Lo vio el Príncipe de Asturias. Lo vieron los sesenta mil espectadores que acudieron a la gala. Lo vimos por televisión en nuestras casas entre el estupor y el cachondeo. Sesenta canales de todo el mundo retransmitían el evento para una audiencia potencial de 3.500 millones de personas. En la apoteosis del troleo, una de las mascotas solidarias se acercó a estrechar la mano del presentador, el periodista Carlos Herrera, que aprovechó para mostrar el muñeco al público y llamarlo «nuestra giraldilla». Los dos activistas camuflados aplaudieron el himno de Andalucía y permanecieron inmóviles en el escenario mientras el grupo sevillano Siempre Así interpretaba la canción oficial de los campeonatos. Más tarde desfilaron las delegaciones de los países participantes hasta que los organizadores detectaron la vacilada y mandaron salir a las mascotas.

Después de la protesta, cuando la prensa ya se hacía eco del suceso, pudimos conocer el comunicado que desgranaba las intenciones de los solidarios. El propósito no era boicotear la gala sino desplegar una perfomance pacífica que llamara la atención sobre la vulneración de derechos humanos en las cárceles españolas. Igor Ahedo recoge el episodio en su libro «El movimiento Demo y la nueva cocina vasca (desobediente)”. «Hemos tratado con respeto el acto. Podíamos haberlo cortado totalmente, pero nos portamos bien y solo nos pusimos en dos esquinitas». Explicaban que Euskal Herria «tiene 508 presos políticos y más de 2.000 refugiados y deportados, y que el Estado español no cumple sus propias leyes penitenciarias con ellos». En la tradición del movimiento proamnistía, reclamaban la excarcelación de presos enfermos así como de aquellos que hubieran cumplido las tres cuartas partes de su condena.

Después de una longeva historia de no violencia en Euskal Herria, las acciones desobedientes vivieron un repunte hace ahora veinte años. El contexto, desde luego, era propicio. El 12 de setiembre de 1998, la mayoría sindical y política vasca había firmado el Acuerdo de Lizarra en busca de la paz y la soberanía. Una semana después, ETA respondió con una tregua. El modelo de negociación irlandés y el protagonismo de Tony Blair en el Acuerdo de Viernes Santo encontró su réplica en el ejecutivo de Aznar, que el 3 de noviembre autorizaba «contactos con el entorno del Movimiento Vasco de Liberación». Mientras duró el gobierno del Partido Popular, se produjeron 311 excarcelaciones. Entre 1996 y 1999, el PP acercó a 190 presos, concedió 42 terceros grados y diseñó un plan de retorno para 304 exiliados perseguidos por la justicia.

El cese de las armas y la acumulación de fuerzas soberanistas crearon un caldo de cultivo propicio para la desobediencia civil y pusieron los abusos penitenciarios en el centro de la agenda política vasca. Tres meses después de que ETA declarase el alto el fuego, los Solidarios con los PreSOS planearon una vistosa acción en la cárcel de Algeciras. En la víspera de Nochebuena, un olentzero se encaramó a una ventana del penal, se encadenó y comenzó a golpear los muros con un pico mientras otros dos activistas vestidos de baserritarras extendían una pancarta a favor del acercamiento de presos. En noviembre de 1999, varios reclusos comenzaron a turnarse en huelgas de hambre. Daniel Derguy llegó a cumplir 63 días de ayuno en los que perdió cerca de treinta kilos.

Pero las dinámicas de resistencia pacífica tropezaron con la doctrina del «todo es ETA» del juez Garzón. En un retorcido juego de ilusionismo, los medios argumentaban que la desobediencia civil es una forma de terrorismo. Al cierre del diario “Egin” en julio de 1998 se sumó la redada contra la Fundación Joxemi Zumalabe en octubre de 2000. Interior formulaba acusaciones tan peregrinas como la «apertura de vías para la no utilización de la documentación (DNI) española y francesa, arbitrando documentos exclusivos de Euskal Herria». En un galimatías de sumarios e imputaciones, más de 250 personas pasaron por los tribunales para rendir cuentas por sus actividades en el mundo asociativo. Sabino Ormazabal y sus compañeros desobedientes fueron absueltos en 2009, nueve años después de la redada. En enero de 2018 abandonaba la prisión Joxean Etxeberria, el último recluso del sumario 18/98.

Las giraldillas desobedientes cumplen veinte años y nos asalta la tentación de las comparaciones. Hoy no hay tregua sino desarme consolidado. Hubo muchas negociaciones pero el único proceso de paz que terminó cuajando fue aquel en el que el Estado no fue protagonista. Hoy no hay acumulación soberanista sino un reparto pastelero entre el PNV, el PSOE y el PP. Hoy ya no se escucha que «el Estatuto de Gernika ha muerto» y seguimos racaneando competencias de una ley orgánica que lleva cuarenta años incumplida. Hoy nos enzarzamos en broncas prefabricadas sobre ongi etorris mientras la Audiencia Nacional explica que los recibimientos no son más que «expresiones de satisfacción, solidaridad y deseo de política penitenciaria favorable». Hoy tenemos a un delegado del Gobierno español como Jesús Loza, que se permite el lujo de amenazar con un «rebrote del terrorismo». Habrá que esperar otros veinte años para ver algo de luz. Que veinte años no es nada, cantaba Gardel.






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Un Alegato Contundente

Desde Kaos en la Red traemos a ustedes este reportaje de Carlos Aznárez en el que aborda las declaraciones por parte de Iñaki Gil de San Vicente y Eduardo Soares con respecto a lo que representa el grupo del G7:


Carlos Aznárez

La Contracumbre que se está celebrando en la localidad vasca de Irún, con ramificaciones en Hendaya y Urruña, a pocos kilómetros de Biarritz, donde este fin de semana deliberará el G7, reúne a más de un centenar de organizaciones sociales, políticas y sindicales que nuclean a numerosos militantes antiglobalización, antiimperialistas y anticapitalistas. Son convocantes  las plataformas G7 Ez (G7 No) y Alternatives G7, de la que forma parte la campaña ‘No a los Tratados de Comercio e Inversión’ y Ecologistas en Acción.

Cabe señalar que Irún y Hendaya prácticamente están tomadas por cientos de efectivos policiales que no solo se estacionan frente al inmenso recinto  de FICOBA, donde delibera la Contra Cumbre sino que constantemente patrullan las calles y solicitan documentación a quienes consideran «sospechosos» de no se sabe qué. Lo mismo ocurre en toda la frontera y localidades que rodean a Biarritz (ciudad vasca bajo dominio francés), donde 14 mil efectivos policiales, militares y tropas de elite se esmeran en proteger del «terrorismo» a los terroristas de Estado que se reunirán allí para determinar como sigue eso de explotar, hambrear y reprimir a los habitantes de los países del Tercer Mundo.

Pero a pesar de los anillos de seguridad, miles de jóvenes acampan en los alrededores de Irún y todos los días se trasladan al recinto de deliberaciones. Allí precisamente, en el primer día de conferencias y bajo el auspicio de la organización internacionalista vasca Askapena, se desarrolló este pasado miércoles un conversatorio en el que participaron el intelectual y militante independentista vasco Iñaki Gil de San Vicente (colaborador permanente de Resumen Latinoamericano) y el referente de la Gremial de Abogados y Abogadas de Argentina, Eduardo «Negro» Soares, quien también es dirección de la organización Convocatoria Segunda Independencia.

Ambos abordaron el tema de la actual ofensiva imperialista en el marco de la multipolaridad mundial. Soares se refirió a la situación de Argentina, señalando a modo de presentación que «20 millones de argentinos están bajo la línea de pobreza, el país se ha ido degradando compulsivamente con este y con anteriores gobiernos que abrevan en la democracia burguesa». Más adelante, Soares señaló que «nuestras propias clases dominantes, incluido sectores que se definen como progresistas, se han embanderado diciendo que tienen políticas y proyectos nacionalistas, nosotros decimos que eso es un contrasentido, que el nacionalismo implica ser anticolonialista y antiimperialista, y salvo que nos den otra definición, cosa que no creemos, recordemos que el imperialismo es la fase superior del capitalismo. Entonces por eso decimos, que si se es coherente con una lucha revolucionaria, con una lucha para lo toma del poder y cambiar de raíz a una sociedad, se tiene que ser antiimperialista y anticapitalista al mismo tiempo».

Luego, Soares apuntó que desde Europa «se nos dice que se puede luchar contra el capitalismo sin tomar el poder, que se pueden construir poderes paralelos, pero todo eso confluye en el poder real, el poder de decir: nos hacemos del poder del Estado para construir otro tipo de sociedad. Frente a eso, nosotros coincidimos con Lenin cuando dijo «salvo el poder, todo lo demás es ilusión».

Puntualizó que en los años 60 y 70 la militancia latinoamericana no tenía dudas y sabía que «peleábamos por la toma del poder y construir el socialismo», pero de 40 años para acá, las sucesivas derrotas de nuestros pueblos han servido para que nos quieran hacer creer que hay formas alternativas que reemplazan la toma del poder por otro tipo de situaciones. Nosotros no queremos ser eso, y no lo queremos porque la historia nos interpela señalando que solamente desde el control de las estructuras del estado se puede llevar adelante un proceso de liberación nacional sino también un proceso de liberación social».

Luego recalcó que hay, en varios sitios de América Latina, donde los pueblos han decidido decir basta ya y están luchando por todos los métodos posibles contra el capitalismo. Condenó además las posiciones reformistas y socialdemócratas, que surgen de los retrocesos que provocan las derrotas, asumidas o no por las organizaciones, y volvió a insistir en la necesidad de plantear la lucha revolucionaria contra el sistema de opresión que asfixia a nuestros pueblos.

Posteriormente, habló Iñaki Gil de San Vicente, quien dijo que el capitalismo ha perdido el control de la situación y trata de disfrazar esa realidad con ofensivas brutales a nivel económico y represivo. También ha fracasado el neoliberalismo, que no sabe como salir de los escenarios que él mismo ha generado y que se han tornado ultra insatisfactorios. Y por último también fracasa el reformismo que trata de ser utilizado como un remiendo pero que no da ningún tipo de soluciones a los problemas de las masas. «Por eso, dijo Iñaki, este G7 que satura a las ciudades con miles de policías y gendarmes, refleja un capitalismo que está indudablemente a la baja»,

Terminó apuntando que de todos modos «si no logramos parar esta ofensiva imperialista con la lucha de los pueblos, la etapa que viene será de más capitalismo salvaje y por muchos años».

Luego de la charla, Gil de San Vicente dialogó con Resumen Latinoamericano y dejó claro varios tipos de respuestas que se están gestando en el mundo contra el avance imperialista. «La fundamental es la recuperación del derecho a la resistencias. Durante un tiempo ha habido toda una ofensiva que señalaba que solamente mediante el pacifismo y los instrumentos de la democracia restringida burguesa puede avanzarse hacia la emancipación, sin embargo, cada vez más hay una reivindicación práctica y teórica del derecho a la resistencia en múltiples formas. No solamente en el sentido más duro y organizado, que todos sabemos cuál es, sino de múltiples acciones masivas, minoritarias, manifestaciones, choques con la policía, okupaciones, recuperación de bienes comunes como son las fábricas abandonadas, y muchas más. Luego, viene una segunda respuesta, que es la de la mujer trabajadora y la de la juventud. Lo acabo de ver en Venezuela, pero sé que se está dando en toda Latinoamérica, que hay una participación de la mujer trabajadora muy intensa. Y lo mismo se da con los sectores juveniles».

Continuó diciendo que en tercer lugar está la necesidad de espacios liberados que anuncien una nueva sociedad socialista, intentos de coordinar formas prácticas económicas y sociales que vayan más allá de la visión reformista de la autogestión, del cooperativismo. O sea, la tendencia a perfilar como tendría que ser una sociedad socialista. Y por último, otra respuesta es que se está planteando ya una lucha parlamentaria desde otros esquemas, más rupturistas, lo parlamentario supeditado a la lucha de clases, a la lucha en la calle y a la lucha nacional de liberación.

«Estos cuatro factores o tipo de respuestas -recalcó- nos llevan a una síntesis: La lucha actual se sostiene en el convencimiento que frente a la visión de que solo había un sujeto, el democrático, el ciudadano occidental, el sujeto de la clase media, ahora se trata del sujeto de los pueblos originarios, de las favelas, de los barrios empobrecidos, de las fábricas recuperadas, de las maquilas, las escuelas que no tienen ni asientos. El sujeto de la humanidad trabajadora».

Las charlas y otras actividades continuarán hasta el sábado en que una marcha que se espera sea multitudinaria repudiará la presencia de los jerarcas del G7.

Coordinada por un militante de Askapena, hablaron el miércoles Iñaki Gil de San Vicente y Eduardo «Negro» Soares.

«G7 Ez» («No al G7»), es la frase que más se ve, escrita en las paredes, en estos días en las calles vascas a ambos lados de la frontera.






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sábado, 24 de agosto de 2019

Un Patriotismo de las Personas

Les invitamos a leer este interesante texto dado a conocer en las páginas de Noticias de Gipuzkoa:


Borja Irizar Acillona

Benito Mussolini se presentaba al mundo como heredero de Augusto, César del imperio Romano, y a su nuevo movimiento, denominado por él mismo como “Fascismo”, como una forma natural de continuación del mismo. El fascismo entendía que el imperio romano fue la máxima expresión de civilización, orden y desarrollo social jamás habida. La legitimidad del fascismo y la del Estado italiano se instalaban en un pasado glorioso e indiscutiblemente unido al poder fáctico. Una legitimidad sustentada en la creencia de ser herederos legítimos del Estado romano. Qué locura, ¿Verdad?

Quizá nos lo parezca, pero es, en diversas versiones, lo que todos los Estados, reinos, señores, reyes y reinas han hecho desde el principio de los tiempos. Cada una de las formas de gobierno de una sociedad, salvo contadas excepciones en América, se ha creado sobre la legitimación de un pasado “reeditado” a medida de las necesidades de quien busca legitimarse. Un pasado como parte de una continuidad, que en su existencia, legitima el presente del objeto político. Los Visigodos se legitimaron en el poder romano en la península ibérica. Los reyes astures se decían directamente herederos de los Godos. Incluso el fuero Navarro contiene pasajes sobre áreas perdidas de “Espaynna” a manos de los invasores norteafricanos, de forma, que se legitimase su conquista militar. Los reyes de Castilla se decían herederos de los astures. Cualquier reyezuelo, noble o señor buscaba la más recóndita relación de parentesco para poder dominar un territorio de forma legítima.

El Estado español creado en el siglo XIX se legitimaba en la existencia previa de los reinos peninsulares, que realmente había destruido para poder existir como tal. Legitimarse, no es sólo erigirse en heredero legítimo de las instituciones políticas, sino tomar su historia, sus hazañas, héroes y memoria como propios. Creando con todo ello una continuidad artificial, que no existe en la realidad, pero sí en el relato oficialista y en las verdades sociales. No deja de ser curioso el adueñarse de una historia, que se hizo historia, en un sistema político que estás aboliendo.

Hablábamos de un pasado “reeditado”, porque la legitimación pasa por utilizar y tergiversar las partes del pasado que convienen, como forma de convertir en un proceso natural, la creación de una entidad política nueva. La historia es subjetiva, tanto, que su utilización pretende presentar el presente como algo que “siempre” ha existido. España o mejor dicho sus reinos y señoríos, pasaron en el siglo XIX a ser un Estado unitario con una lengua oficial y una preeminencia del derecho e instituciones de Castilla, sobre las forales o las del reino de Aragón. Eso hoy es concebido de forma subjetiva como un proceso natural, sin embargo, ¿cuánto más natural hubiese sido un Estado confederal con sitio para todas las lenguas e instituciones del momento?

Los territorios forales y el reino de Navarra, son una prueba viva de tal afirmación. Leyendo la historia con todas las fuentes a nuestro alcance y de forma objetiva, no hay manera de aceptar la idea, de que los vascos, en general (permítanme la licencia de llamar vascos a navarros, alaveses, vizcainos y guipuzcoanos), hayan aceptado, jamás, la desaparición de los fueros, la conversión de Navarra, de un reino a una provincia española, la cesión de los tribunales de justicia forales, las aduanas o el pase foral. Ocurre, que tras la imposición política (decreto) y/o bélica (bayoneta) de una nueva situación institucional, como la que se produjo en el siglo XIX con la abolición foral, y una vez las aguas amainen y las encendidas pasiones se apaguen, es menester, de quien tiene el poder, forzar, en el momento oportuno, el refrendo “democrático” de la nueva situación. Obligando, al sujeto político minorizado en sus libertades, los ciudadanos vascos por ejemplo, a elegir entre el status quo impuesto, o el caos. Una sopa fría, cocinada con el decreto en una mano y la bayoneta en la otra, pasa a ser nuestro menú del día, por el que, poco menos que tenemos que dar las gracias, porque claro ¡Lo hemos elegido!

Sin pasado legitimante, no hay sustento que obligue a una parte de los ciudadanos, que se reconocen en nación, a aceptar el sometimiento a las instituciones de otra parte. Ahí, radica la importancia de legitimar la construcción institucional, en otra construcción que le precede. Una que por derecho “histórico” ejerce un poder coercitivo sobre la población y tiene una territorialidad que demuestra como propia. Es sorprendente, que en el siglo XXI, todavía, las sociedades no hayamos podido crear otro supuesto legitimante. Uno distinto a la interpretación, hecha por quien ostenta el poder, parcial, selectiva y adulterada de la historia. Si algún Estado español podría ser legítimo en una visión tomada de la historia, es aquel, que de forma confederal abarque a cada territorio con sus diferencias y libertades en un proyecto basado en la libre adhesión.

Sobre esta forma de legitimación se crea un patriotismo, que no es en realidad sino una forma de nacionalismo oficialista. El mismo reproduce todos los componentes de exaltación creados para la legitimación del Estado. Se exalta a personajes, elevados a la categoría de héroes, en una versión idealizada de su desempeño. Se presenta una selección de hechos históricos, en una forma de presentismo, con el fin de crear una continuidad de sentimientos. Dibujando a los personajes del siglo XVI inmersos en una empresa eterna, ejecutando acciones que forman nuestros intereses presentes, que de alguna manera debían ver con su particular bola de cristal. Se institucionalizan símbolos elevados a la categoría de ser “de todos”. Les contaré un secreto que ya saben, y es que cuando algo, se debe recordar muchas veces que es “de todos”, es porque es de unos. Pero sobre todo, este patriotismo trata de deslegitimar cualquier otra visión de la historia, de la forma que sea necesaria. Realmente es porque tiene miedo a que exista otro ente, creado a imagen suya con una interpretación divergente de los mismos hechos.

Los vascos no deberíamos crear un patriotismo legitimado en un momento histórico anterior. No como base de un orden institucional, sino partiendo de la concepción de nuestro presente, como el momento más evolucionado y perfecto de nuestra construcción social. Y de esta construcción, situar en un peldaño más alto de nuestro progreso, la necesidad de contar con elementos de Estado para defenderla. Nunca hemos tenido una sociedad mejor, aunque a veces queramos idealizar momentos del pasado que disfrutaban de un orden político de mayor soberanía. Nunca la sociedad que ha vivido esos momentos históricos, ni sus valores, han sido mejores que los actuales.

Bien podríamos los vascos, fundar un patriotismo historicista sobre esa parte de la historia que nos compete. Hacer nuestro el propio nombre de España, y reclamar para nosotros la memoria histórica de sus reinos. Pues no ha habido, quien en tan pequeño territorio haya supuesto mayor ingenio y derroche. Pero esa España, la de los Churruca o Lezo, fue arrancada de nosotros, junto con nuestra foralidad y nuestras libertades. Siendo secuestradas con ellas, todas las valerosas empresas de aquellos vascos, que no hubiesen hecho sino pelear a muerte por nuestros fueros. Para qué rebuscar en el pasado, en la historia, si hemos construido una sociedad que no la necesita.

La historia es caprichosa y se tiende a minimizar los elementos que actúan en contra de nuestro credo o simplemente evitarlos. Nunca sabremos qué opinaba realmente, quien creemos que actuaba, en pro de unos intereses, que hoy, nos parecen “buenos”, dado nuestra ideal político. No sabemos las circunstancias de todas y cada una de las decisiones, ni podemos dar por buena la forma de la historia escrita por los vencedores, que está repleta, siempre, de omisiones interesadas.

Es la sociedad vasca actual la que debe desarrollar el Estado. No haciéndolo producto de la legitimación rebuscada en la historia. No como un proceso de continuidad de un régimen anterior, rescatado y repuesto, y como tal, impuesto a la sociedad. Sería legítimo, pero no deberíamos aspirar a reeditar Nabarra (sí con b), su reino, ni Vasconia y su poderoso ducado, sino una creación nueva, confederal y basada en la libre adhesión. Producto y afirmación de la madurez social y de nuestro convencimiento de ser la única forma de progreso posible.

No hay otra manera de que una sociedad prolongue sus valores, sino institucionalizándolos. La sociedad vasca debe converger en la necesidad de crear elementos de Estado como producto de su presente y para servir a su presente. No para rendir pleitesía su pasado. Nuestra nación no tiene que apoyarse en su caldo histórico. Es un ser vivo, que juntos vivimos cada día, y que hacemos mejor, cuando mostramos e inculcamos valores como la tolerancia, el respeto a la diversidad y la unión en defensa de nuestras libertades. Una sociedad de iguales unida en la diversidad, que defiende sus libertades y camina junta en su restauración plena.

Si podemos definir así nuestra nación, como una sociedad diversa unida que se reconoce a sí misma como tal. Nuestro Estado no necesita legitimarse en nada más, que nuestra determinación. Impulsada desde la madurez social de los hombres y mujeres que saben, que sin soberanía, la nuestra, la debida, no hay sino un futuro de más sopa fría, decretos, sentencias del TC y sumisión a otro poder.

Debemos entender nuestro patriotismo como un patriotismo social. Un patriotismo construido sobre la sociedad, sobre sus valores y consensos. Sobre la legitimación de su determinación individual y colectiva. Sobre el inconformismo con la situación actual. Un patriotismo que nada tiene que ver con el español, de corte historicista. Un patriotismo de las personas, de sus convencimientos y determinaciones, de sus creaciones presentes. Un patriotismo social vasco.






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"Batalla Campal" en Baiona

El estado de sitio en el que se encuentran varias ciudades de la costa de Iparralde por causa de la celebración de la cumbre del G7 ha llevado a que se vivan momentos tensos.

Aquí lo que reporta El Diario:


Llegar a Bayona o Biarritz desde la frontera con España supone superar numerosos controles de carretera

Iker Rioja Andueza / Maialen Ferreira

Esta crónica está escrita en una zona de Bayona llena de bellos edificios y una iglesia que recuerda poderosamente a Notre Dame de París que se llama en francés 'Petit Bayonne'. Cruzar a 'Grand Bayonne' es imposible, porque la Gendarmería bloquea con camiones de los que se despliegan grandes verjas y cientos de furgones cada uno de los puentes sobre el río Nive. Y el otro lado tampoco es una opción: aquí es la Policía Nacional francesa la que ha instalado los muros y los vigila con armas largas. Nadie entra ni sale. Este sábado por la tarde, la zona urbana más próxima a Biarritz, bloqueada desde hace días por el arranque del G7, ha sido escenario de una auténtica batalla campal entre radicales anticapitalistas y antidisturbios.

Por los antecedentes de otras cumbres y por las alertas realizadas, todo el mundo daba por sentado que algo así se iba a producir mientras en la cercana Biarritz Donald Trump, Emmanuel Macron, Angela Merkel y los demás estrenan el G7 con una cena de gala. Llegar a Bayona o Biarritz desde la frontera con España supone superar numerosos controles de carretera. A la abundante seguridad se le unen un gran volumen de coches con apariencia de normalidad que en realidad son también patrullas. Sobre el cielo siempre hay dos helicópteros vigilantes que parecen tener combustible infinito.

Todo el casco urbano de Bayona ha sido blindado por las fuerzas del orden. Y así será también este domingo. Para entrar a ese primer anillo hay que mostrar el DNI y superar una revisión de bolsos, mochilas y otros bultos. Dentro del perímetro, Bayona parece una ciudad fantasma. No hay gente por la calle y los que hay parecen buscar refugio. El tráfico es mínimo y casi exclusivo policial. Casi todo está cerrado. Incluso tapiado en previsión de disturbios. "Mi novio me ha dicho que vaya a casa", comenta una de las pocas jóvenes paseantes, que asegura que el G7 y la contracumbre han arruinado la temporada turística en una zona muy visitada. En 'Grand Bayonne' sólo hay una panadería abierta. "Estamos un poco locas", concede una de las dos trabajadoras, que asegura que el resto ha cerrado "por miedo".

Los altercados se han iniciado a las 18.00 horas, aproximadamente, después de que por la mañana más de 10.000 personas hayan protestado de manera festiva y pacífica contra el G7 en una marcha internacional que ha partido de Hendaya y ha acabado al otro lado de la frontera, en Irún. Aquí, en una plaza de 'Petit Bayonne', un reducido pero activo grupo de jóvenes, muchos de ellos de negro, con las caras tapadas y mochilas, han recibido la orden y se han acercado a las barreras policiales para tratar de derribarlas a la fuerza.

Una cosa ha llevado a la otra y, en un momento, antidisturbios y manifestantes han cruzado bengalas y botes de gas. Los colectivos anticapitalistas han tirado adoquines y botellas de vidrio a los agentes. Alguien desde los edificios ha ayudado a los radicales y ha envuelto en humo a los antidisturbios. Molesta tanto al respirar y a la vista esa mezcla que la prensa local iba preparada con casco y mascarillas. Un médico voluntario ha indicado sobre las 20.00 horas que ha tenido que atender a dos personas con problemas respiratorios.

La Gendarmería, apoyada por la Policía Nacional, ha realizado varios movimientos para controlar a la masa. Además de tener cortados todos los puentes, en un momento se ha visto a binomios de guardias subidos a motocicletas para, a gran velocidad, sofocar con porras posibles altercados. También se ha utilizado un cañón de agua. Al cierre de esta crónica, dos horas después de la refriega, la Policía mantenía el bloqueo. "I'm sorry", se excusaba un gendarme en inglés al preguntarle si se podía salir de la ciudad.

A su lado, el dueño de un carrusel lamentaba los cuatro días de falta de trabajo a cuenta del G7. Otra mujer, señalando a los helicópteros, se preguntaba también por el coste de todo el despliegue. Ella también se ha quedado encerrada en 'Petit Bayonne' sin poder regresar a casa, al otro del río. Menos molesta se mostraba su amiga, una señora que le recordaba la importancia de la visita de Trump y lo necesario de garantizar su seguridad. 
Detenidos llevados a barracones

Las autoridades francesas ya habían previsto una mayor carga de trabajo con motivo del G7 y, en el palacio de Justicia de Baiona, se instalaron hace unas semanas barracones para atender a un mayor número de detenidos. En esa zona, a la que no se podía acceder y mucho menos tomar fotografías, se dirigían de continuo vehículos policiales. En la cerca Urruña, donde se ha instalado un campamento para acoger a algunos de los participantes en la contracumbre, se han producido 17 detenciones. También ha habido otras operaciones policiales en la zona, aunque no hay un balance claro con las cifras concretas. A medianoche, algunos medios locales daban la cifra de 68 detenidos en total.

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Lo Sucedido en El Filtro

Ha pasado ya un cuarto de siglo de que la locura represiva española se expandiera a tierras uruguayas provocando la muerte de dos solidarios y múltiples heridos.

Desde Rebelión traemos a ustedes este reportaje que nos hace recordar los hechos:


Betania Núñez | Brecha

Las memorias de los sucesos del Hospital Filtro se intercalan entre los archivos de Brecha y las voces de tres vascas que por estos días se encuentran en Uruguay, 25 años después de la manifestación más duramente reprimida desde la vuelta a la democracia.

Las tres vascas se sientan, en orden generacional, en una mesa de Fenapes (sindicato de profesores). Son tres militantes de distintas organizaciones que conforman la brigada de Askapena de este año, que, como de costumbre, llegó en el marco de la marcha del Filtro. Mientras miran recortes de Brecha de los noventa, van hacia atrás.

María Eugenia –maestra jardinera de San Sebastián, de 61 años– vivió los sucesos del Filtro desde la cárcel.

—Me encarcelaron porque acogí en mi casa a un comando de ETA. Mataron a los tres, me dejaron a mí viva, y ahí fue cuando entré en prisión. Primero me tuvieron cuatro años, lo máximo que se puede estar sin sentencia, y luego tuve que cumplir ocho meses más de prisión para completar la condena.

En agosto de 1994 la habían trasladado de una cárcel en Galicia a otra en Martutene, San Sebastián, luego de diagnosticarle un cáncer de cuello de útero.

—Me operaron el 23 de agosto y al día siguiente, cuando me desperté de la anestesia y tal, vi por la televisión todos los sucesos del Filtro. Fue importante para mí, y luego supe por los compañeros cómo se vivió, de manera intensa, como un hito en nuestra historia que nos hermanó con Uruguay. Al día siguiente hubo manifestaciones en Pamplona, en Bilbao, y todos los años se conmemora. Este año va a hacerse en Irún, en conjunto con la contracumbre al G7.

Itxasne –docente de secundaria de Portugalete, de 35 años– tenía 10 años, y no tiene recuerdos de ese día, pero ya de adolescente oyó hablar de un pueblo que les puso el cuerpo a las balas para defender el derecho de asilo. La historia le fue llegando, de a poco, año a año, en las fiestas de Bilbao.

—Me sorprendió enormemente porque cualquier apoyo a los presos, a los exiliados o a los refugiados estaba absolutamente criminalizado. Los movimientos no estaban ilegalizados aún, pero apoyar a cualquier persona acusada de ser militante de ETA no estaba para nada bien visto, entonces para mí era impensable un país en el que miles de personas se echaran a la calle y le hicieran frente a la Policía. Sabía que en algún momento iba a venir aquí, por estas fechas, y ha sido este año.

Inesa ni siquiera había nacido para 1994. Es de Arrasate, tiene 23 años, y es licenciada en derecho, aunque no piensa hacer el máster que la habilitaría a ser abogada: como María Eugenia, quiere estudiar para maestra jardinera. Ahora trabaja en el sindicato de la izquierda abertzale y milita en el centro okupa autogestionado de su pueblo –gaztetxe, le llaman, que quiere decir “casa de los jóvenes”–, pero desde los 16 años, o así, que escucha sobre el Filtro en los actos anuales que celebra Askapena. Uno de los extraditados era del mismo pueblo que su madre, y en su casa se hablaba del Filtro.

—Pero recién luego, cuando vas a Bilbao y te cuentan lo que fue, le das la importancia que tiene.

En agosto de 1994, los tres vascos preferían morir en Uruguay que ser extraditados a España, y, además de la huelga de hambre, habían comenzado una abstinencia completa de líquidos. Eran Lizarralde, Goitia e Ibáñez y estaban internados en el hospital Filtro.

La movilización para impedir la extradición había empezado el sábado. Dos días después ya había concentraciones convocadas por el Frente Amplio y el Pit-Cnt. Ese mismo lunes se entregaron 30 mil firmas en el Edificio Libertad y el martes hubo paro general. Los tres vascos casi no podían hablar o moverse, mientras consumían sus propias proteínas y agotaban sus reservas de glúcidos.

El 24 de agosto de 1994 fue un miércoles. El operativo de guerra, como lo describió Brecha en su siguiente número, fue montado desde la madrugada, cuando se empezó a reprimir a quienes decidieron pasar la noche del 23 al 24 haciendo guardia afuera del Filtro. Ya en la tarde “comenzó el caos. Se escucharon los primeros gritos junto al ruido seco de los cascos de los caballos. Apenas si había posibilidad de moverse, menos aun de dispersarse: la brutal embestida se produjo por la espalda y hacia las vallas de contención que impedían la retirada de los atacados. La confusión y desesperación llevaban a la gente a agruparse en racimos, y la convertían en presa fácil de las patas de los animales o de los palos que, como granizo, parecían caer del cielo”. Pero la represión de la tarde no había sido más que un ensayo: “Sobre las 20 horas, quienes se habían reagrupado en las inmediaciones del hospital Filtro fueron objeto de una nueva y mucho más terrible ofensiva de las fuerzas policiales, que esta vez hicieron uso generalizado de las armas de fuego, disparando de forma indiscriminada a la altura en que es posible matar” (“Esperanza y horror”, Brecha, 26-VIII-94).

Mientras el personal del hospital despedía a los vascos con el himno nacional, la Policía celebraba al grito de “hip ra” el centenar de personas que había herido. Esa noche balearon a un médico y a un enfermero cuando socorrían a un herido. Esa noche mataron a Fernando Morroni y a Roberto Facal. Los agentes responsables nunca fueron identificados, mucho menos juzgados. Las autoridades acusaron a las víctimas.

A las 23.43 el avión con los tres vascos despegó desde la base de la Fuerza Área Uruguaya. Un periodista de Brecha escribió: “El avión militar español había llegado antes que la muerte” (“El avión ganó la carrera”, Brecha, 26-VIII-94).

María Eugenia: —Yo explicaría el Filtro hablando de la ternura de los pueblos, creo que eso fue lo que pasó en Uruguay: era un pueblo con una tradición militante y de opresión, que hizo causa común con otro pueblo. Uruguay ha recibido a los perdedores de nuestras guerras, y esa tradición de asilo siempre ha estado aquí.

Itxasne: —La persona que pide asilo habitualmente no se escapa de algo que haya hecho mal, sino de un peligro que corre. Entonces diría que las personas se organizaron para defender ese derecho, e incluso cuando sus representantes políticos se sumaron a la movilización, como lo hicieron tarde, los aplaudieron pero también los abuchearon. Para mí, eso da cuenta de una sociedad que sabía por qué estaba en la calle, y que sabía lo que podía pasarles a esas personas.

Inesa: —Todo el interés que el pueblo uruguayo nos presenta sobre Euskal Herria, sobre los presos políticos, sobre la situación que vivimos, muestra que esa memoria está a sangre viva.

Itxasne: —La impunidad de los crímenes de Estado, esa es internacional. La tortura, la gente que muere en prisión, los familiares de las víctimas que buscan, eso es lo que tiene que volver a confluir.

“Una parte del país, aquella que trabajosamente se viene edificando desde noviembre de 1984, se rompió en medio de la perplejidad general, en fragmentos manchados con la sangre de inocentes. El miércoles 24 las balas acertaron en el centro de la convivencia pacífica, inundando la atmósfera de olor a pólvora, escozor de gases, indignación, muerte y miedo. Tenemos, desde entonces, un Estado de derecho que se perfila hacia las elecciones nacionales con el recuerdo fresco e ignominioso de la represión planificada, de la opción por la muerte, de la impunidad ahora reencontrada en un discurso de aristas alucinantes y macabras”, publicó Brecha (“¿Por qué se salió a matar?”, 26-VIII-94). La represión tenía dejos de otros tiempos, y por esos días las mayores críticas se dispararon contra Luis Alberto Lacalle (Partido Nacional) presidente de la República, y Ángel María Gianola, ministro del Interior. Luego pasó a señalarse, también, la complicidad o la tibieza del resto del sistema político.

En un recuadrito titulado “El pueblo quiere saber”, Eduardo Galeano publicó el 26 de agosto siete preguntas: “¿Qué artículo de la Constitución o del Código Penal castiga a quienes defienden nuestra soberanía y nuestra tradición de asilo? La solidaridad humana, ¿merece balazos y garrotazos? Los métodos terroristas, ¿están mal cuando los usa la ETA, pero están bien cuando los usa el gobierno uruguayo? El gobierno uruguayo, ¿es uruguayo?¿De qué país es ministro del Interior el señor Gianola? En las elecciones de noviembre, ¿podremos elegir otro rey? ¿La independencia de qué país se festejó ayer?”.

Los presos políticos

Ibáñez murió cumpliendo prisión domiciliaria, Lizarralde escribió una carta de arrepentimiento y se encuentra con “medidas de reinserción”, Goitia fue liberado y en estos días está de visita en Uruguay. Pero en este momento hay 248 presos políticos, 210 en España y 38 en Francia, cuentan las vascas. “Con el Estado francés se pudo negociar que fueran concentrados en las cárceles cercanas al País Vasco, pero con el Estado español no se puede negociar nada. Muchos están alojados a más de mil quilómetros, y eso les implica a las familias mil quilómetros de ida y mil de vuelta por una visita de 40 minutos”, explica María Eugenia. Otra diferencia: en Francia hay cadena perpetua, y tres presos se encuentran con esta condena.

Según los datos que manejan, en seis décadas hubo 40 mil detenidos políticos, 7.500 presos, 2.500 exiliados, 104 muertos por la policía y 83 a manos de los grupos paramilitares. La última causa en curso tendrá su audiencia el 16 de setiembre de este año e involucra a 47 personas, militantes que trabajaban en apoyo a los presos y exiliados.

Itxasne explica que “se fue ampliando lo que se consideraba terrorismo: primero era ETA, luego los partidos políticos, luego también el movimiento juvenil, luego un periódico, luego las asociaciones culturales. Hasta que llega el caso de Altsasu, y todos nos quedamos helados”. Itxasne está hablando del caso de ocho jóvenes que fueron condenados luego de una pelea con dos guardias civiles en un boliche. Sigue Itxasne: “Los guardias civiles no estaban de servicio, estaban vestidos como el resto, en una fiesta. A los días se comienza a decir que les habían atacado de forma organizada, y se arma una película de miedo. Detienen a algunos jóvenes de ese pueblo (está demostrado que algunos de ellos ni siquiera estaban en esa fiesta) y les empiezan a juzgar por terrorismo”. Finalmente se les dieron condenas de dos a 13 años de cárcel por los delitos de atentado, lesiones, desórdenes públicos y amenazas, pero luego de que ya estuviera construido el relato del terrorismo, algo que Albert Segura, uno de los directores del documental Altsasu, de TV3,califica de “laboratorio represivo para ver hasta dónde se puede forzar el Código Penal”.

“El mensaje que se está dando es que no se va a salvar ningún joven; sales a la noche y puedes terminar en una prisión de Madrid”, agrega Inesa. “No es una lucha contra una actividad armada que hoy ya no existe, es una lucha contra una disidencia, contra alguien que ponga en duda al Estado español y sus fronteras. Si hablas euskera, te gusta determinado tipo de música, militas en algo social, pues cuidado”, resume Itxasne. 






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3,500 Desatando Nudos

Naiz trae a nosotros el recuento de las manifestación convocada por la plataforma Sare y llevada a cabo en Bilbo dentro del marco de su Aste Nagusia:


Bajo un sol de justicia y entre gritos de «Euskal presoak etxera», unas 3.500 personas han secundado este mediodía la manifestación de Sare en Bilbo. Los organizadores han señalado que «por una solución justa, debemos reparar en todos los sufrimientos y avanzar para superarlos y acabar con ellos».

Iker Bizkarguenaga

El bertsolari Unai Iturriaga y el músico Josu Zabala, entonando juntos la canción «564» de Hertzainak, han puesto el broche a la manifestación que convocada por Sare ha recorrido el centro de Bilbo en el día grande de Aste Nagusia.

Unas 3.500 personas, según el recuento realizado por NAIZ, han secundado la convocatoria, que ha partido a las 12.30 desde la Plaza Elíptica con el lema «Es tiempo de desatar nudos. Denok batera, presoak etxera!». Minutos antes, los portavoces de la red ciudadana Olatz Iglesias e Inaxio Oiarzabal han valorado que «para una solución justa, debemos reparar en todos los sufrimientos y avanzar para superarlos y acabar con ellos», explicando que eso es justamente lo que ha reivindicado la movilización de hoy.

A este respecto, han señalado que las personas que han participado en la marcha «son reflejo de una sociedad que quiere dar pasos en favor de la paz y la convivencia», y tras señalar que Sare está comprometida en ese objetivo, han indicado que «para poder avanzar como pueblo, para poder ahondar en la convivencia y para dar solución a la problemática de los y las presas y exiliadas vascas, es imprescindible la activación y compromiso de la sociedad civil».

Encausados en el 11/13

Un grupo de trikitilaris ha abierto la manifestación, en la que han participado integrantes de diversas comparsas, cargos electos de EH Bildu, expresos y expresas, y también varias personas encausadas en el sumario 11/13, que a partir de setiembre van a ser juzgadas en la Audiencia Nacional española precisamente por trabajar en favor de los represaliados vascos. Dos de ellas, Arantza Zulueta y Roberto Noval han ido en la pancarta.

Por detrás, la marcha ha ido engrosando a medida que avanzaba por la Gran Vía, entre gritos de «Euskal presoak etxera!». Entre la multitud, además de algunas esteladas y una gran enseña navarra, era bien visible una bandera de Uruguay, el país de Fernando Morroni y Roberto Facal, dos jóvenes acribillados hace justo 25 años en una movilización de solidaridad con tres refugiados vascos que solicitaban su derecho al asilo político.

Tras abandonar la calle principal de la villa, la movilización ha ido callejeando hasta enfilar, a través de Colón de Larreategi, la calle Buenos Aires y entrar desde allí hacia el Ayuntamiento.

Ha sido en ese cruce entre ambas calles donde NAIZ ha llevado a cabo el recuento. La manifestación ha tardado 17 minutos en pasar de inicio a final por ese punto, a una media de 21 filas por minuto y diez personas por cada fila: 3.570 personas.

Algunas de ellas aún faltaban por llegar a la explanada del consistorio cuando ha comenzado el sencillo y bonito acto que, con poesía y música, ha cerrado la manifestación.






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Una Fortaleza Llamada Miarritze

Gara trae a nosotros este artículo acerca del inicio de la Cumbre del G7, misma que toma lugar, sintomáticamente, en un territorio bajo dominio colonial de una de las siete potencias imperialistas que se dan cita ahí.

Lean ustedes:


Biarritz ya es territorio vedado para visitantes ajenos al G7 y las carreteras colindantes ponen a prueba la paciencia de los conductores. Sin embargo, podría ser peor el lunes, cuando se levanten las restricciones y miles de transportistas quieran pasar a la vez por un embudo.

Arenales vacíos peinados palmo a palmo por la Policía y calles cortadas a cal y canto daban ayer la medida de cómo va a acoger Biarritz esta tarde la cumbre más elitista del planeta. Durante todo el fin de semana, y hasta que los jefes de Estado y de Gobierno del G7 regresen a sus países junto al resto de invitados y sus séquitos –hasta un total de 7.500 personas–, va a ser tarea imposible acceder a la localidad biarrota salvo para residentes y personal acreditado.

Eso será el lunes por la tarde. Mientras tanto, ayer seguían abiertas las especulaciones sobre la hora y el lugar en el que van a aterrizar los protagonistas, con especial atención para Donald Trump, que ayer mismo vivió un nuevo rifirrafe con las autoridades chinas en el enésimo episodio de la guerra comercial entre ambas potencias.

«Caos monumental» el lunes

Y casi en pie de guerra están también muchas de las personas que se han visto afectadas por las restricciones en materia de tráfico a causa de la cumbre. Ayer fueron los transportistas quienes clamaron contra unas medidas que consideran desproporcionadas e injustificadas.

Así se refirió al menos la federación estatal de asociaciones de transporte Fenadismer respecto a la decisión de la Ertzaintza de prohibir el tráfico de camiones en las principales carreteras de Gipuzkoa entre las 6.00 horas de esta mañana y las 18.00 del lunes. En un comunicado, esta federación indicó que más allá del perjuicio económico que va a acarrear esta medida, también ocasionará previsiblemente un «caos circulatorio monumental» el próximo lunes por la tarde, una vez que se levante la restricción, dado que se habrán acumulado varios miles de camiones durante los tres días de prohibición de circulación.

En concreto, las nuevas restricciones prohíben salir a la vía a todos los camiones de más de 7,5 toneladas por la N-1, A-15, N-121 y A-8, a su paso por Gipuzkoa, entre las 6.00 horas de hoy y las 18.00 horas del lunes. Sólo podrán pasar excepcionalmente los vehículos que transporten mercancías perecederas, combustibles y animales vivos.

En este sentido, Fenadismer considera «irracional» que la Ertzaintza no vaya a respetar las “ventanas de paso” para camiones que sí están aprobadas por el Gobierno francés entre las 20.00 de hoy y las 08.00 horas de mañana, y desde las 20.00 horas de mañana hasta las 11.00 de la mañana del lunes, a fin de descongestionar las vías durante la madrugada.

Además, hasta las 19.00 de hoy están previstas en Nafarroa limitaciones a los vehículos pesados en la N-121-B y N-135, lo que deja un contexto complicadísimo no sólo para los transportistas sino también para quienes deberán compartir las carreteras con ellos el lunes.

Y en esta tesitura, el ministro del Interior español, Fernando Grande-Marlaska, apeló a la «corresponsabilidad» de la ciudadanía, a la que pidió que cambie de itinerario y evite el paso entre Irun y Hendaia. En declaraciones a la Cadena Ser, calificó la situación de «un poco compleja», pese a que afecta de lleno al día a día de miles de personas.

Asimismo, el ministro insistió en señalar la posibilidad de que se produzcan hechos violentos durante la manifestación de hoy, a pesar de contar con todos los permisos legales y de que tiene un carácter pacífico.

Los que no tuvieron problemas para protestar en la villa biarrota fueron... los policías

Mientras Biarritz está cerrada a cal y canto y la manifestación contraria a la cumbre ha sido desplazada 30 kilómetros al sur, hasta Hendaia, casi sobra decir que los sindicatos policiales no encontraron problema alguno para sacar a la calle sus reivindicaciones en la misma villa que acoge la cumbre, ayer tarde. Finalmente no hicieron una movilización al uso, eso sí, sino que optaron por lo que denominaron «barbacoa de la ira»; una concentración con aperitivo incluido para trasladar al Gobierno de Macron que quieren mejores condiciones laborales y salariales.

Frente a ello, el rigor de las instrucciones policiales quedó claro en un par de incidentes públicos: la interceptación a gritos de un conductor de furgoneta por parte de policías franceses, en un vídeo que circuló por la tarde, y el corte por la mañana del puente de Santiago al detectarse un par de paquetes que resultaron sospechosos (fue una falsa alarma).

Gran parte del operativo, con todo, tiene marcados tintes propagandísticos. La palma se la llevó la aparición en los informativos de TVE de agentes de la Guardia Civil camuflados con arbolado en puntos de monte por los que se puede pasar la muga desde Nafarroa.

La Ertzaintza es el cuerpo que de momento mantiene una presencia menos visible, aunque el Departamento de Seguridad ha asegurado que va a movilizar a 4.000 agentes, lo que supone más del 50% de su plantilla. No ha especificado qué misiones concretas se le han otorgado en este G7 cuya sede queda fuera de la circunscripción de la Policía autonómica. La consejera Beltrán de Heredia apuntó a que esperarán en la muga por si les llaman.





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Egaña | Reflexiones Sobre las Últimas Violaciones

México vivió recientemente dos grandes movilizaciones feministas tras conocerse que las instancias involucradas habían filtrado información acerca de la denuncia por violación llevada a cabo por una adolescente en contra de cuatro policías.

Euskal Herria también ha vivido una serie de réplicas a partir de la violenta agresión sexual por parte de un grupo conformado por un militar, un guardia civil y otros amiguetes al inicio de los Sanfermines de 2017 en el caso conocido como La Manada.

Con su infalible pluma, Iñaki Egaña aborda el tema con este texto dado a conocer en su cuenta de Facebook:


Iñaki Egaña

Las últimas semanas, mediática y físicamente, han sido bestiales: más de una decena de denuncias en la Aste Nagusia de Donostia, la grupal de Bilbo, las querellas en Gasteiz, la detención del violador en serie del Goierri… Desgraciadamente, nada nuevo bajo el sol. En un universo donde la mujer sigue siendo objeto de consumo, las denuncias de violaciones y abusos sexuales se mantienen como en otras épocas supuestamente más retrógradas.

He asistido a varias de las concentraciones de repulsa, he leído declaraciones y seguido relatos y hay uno con el que no estoy en absoluto de acuerdo. Se trata del mensaje de que los violadores o en otros casos los machos alfa asociados al patriarcado, se corresponden con un perfil definido: hombre blanco, burgués y hetero, inmerso en una sociedad capitalista.

Considero que esta lectura no favorece en nada la reflexión sobre el papel histórico del hombre en la sociedad y su relación de poder con respecto a la mujer. Más aún, que retrocede en la conversión de la masculino y femenino en cuestión de género, tal y como se ha realizado en las dos últimas décadas, para introducirnos en un escenario irreal, el del mundo desarrollado, el de la post-sociedad o como queramos denominarlo, sin reparar que en el mundo en el que vivimos hay numerosos submundos que algunas y algunos se niegan a conocer.

Tengo la impresión que nos dejamos llevar demasiado por las versiones que el propio sistema es capaz de integrarlas, para mantener su perversión. Entre ellas, la extensión de la campaña “Me too”, donde las actrices se enfrentaban efectivamente a un perfil de acosador definido, el blanco endiosado forrado de pasta. Como las que denunciaron recientemente a Plácido Domingo. Pero hay vida y submundos, y vaya que sí, al margen de Hollywood.

Mi explicación. “Hombre blanco”. ¿Alguien me puede definir qué es eso de “hombre blanco”?. Los ecotipos humanos (o razas según el discurso xenófobo) no llegan siquiera al 10% de la divergencia humana. ¿Sólo los “blancos” son violadores en potencia? ¿Y los morenos? ¿Y los tostados? ¿Y los negros? ¿Y los de ojos azules? ¿Y los de pelo rizado? El sistema de castas en India, por ejemplo, ahonda en la “cultura de la violación”: 40.000 imputaciones el pasado año, calculando los expertos que el 90% no llega siquiera a la denuncia. ¿Son blancos los hindúes? ¿Tiene los ojos claros los tamiles?

¿Hetero? En un gran porcentaje. Pero, ¿qué me dicen de los curas pederastas? Las violaciones homosexuales son una pequeña parte del iceberg cuya visibilidad en estos momentos, exceptuando episodios puntuales en prisiones, armadas y escuelas, es prácticamente nula.

En Sudáfrica, mayoría negra, se denuncia una violación cada 25 segundos, la muerte violenta de una mujer cada seis horas. Casi cien mil denuncias de violación el pasado año. Uno de cada cuatro hombres ha participado en una violación colectiva en el trascurso de su vida. Y no son burgueses, precisamente. Sudáfrica es el país del planeta con mayor desigualdad. Más de la mitad de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. Me dirán que es una consecuencia de la distribución capitalista y que, efectivamente, los violadores también son víctimas del sistema. Pero no lo comparto.

Porque el patriarcado, en particular la posición de poder representada por lo masculino y con ella la cultura de la violación, es una tendencia y expresión pre capitalista. No quiero remontarme demasiado, pero hoy unos y otros coinciden en que la crónica de esa relación de poder llegó con la domesticación de plantas y animales y la sedentarización de las comunidades neolíticas.

Así, la historia nos ha enseñado que en los países socialistas, con su majestuosa aportación de la mujer a la educación y al mercado del trabajo remunerado, las tendencias de la sociedad capitalista con respecto a tareas domésticas y otras, siguieron correspondiendo a la mujer. Y sobre las violaciones, las páginas detestables de la humanidad tuvieron también reflejo en los estados socialistas. Quien desconozca el tema que busque al Ejército Rojo avanzando sobre Alemania en los estertores de la Segunda Guerra mundial que se portó de una manera muy similar a lo que hizo el yankee cuando ocupó Japón.

Hay toda una cultura de dominación que es transversal a la humanidad, a su pasado y a su presente, por encima de cuestiones meramente coyunturales, de ecotipo y de clase social. El patriarcado fue ahondado por las religiones abrahámicas (hebreos, cristianos y musulmanes), pero también por las politeístas y por las viejas doctrinas que se consideran morales, tales como el budismo, el taoísmo o el confucionismo. Lo que nos lleva a la reflexión que la utilización del cuerpo de la mujer como objeto supera religiones, ecotipos y sistemas económicos.

Hay comunidades donde la cultura de la violación está arraigada por el hecho religioso con la marca de la confesionalidad institucional. Para los mandos franceses, su violaciones en Argelia eran “fruto de la galantería histórica de los soldados franceses” (sic). En la actualidad, imanes argelinos llaman a la yihad “contra las mujeres que viven solas, por inmorales” (sic). Son comunidades con un desprecio histórico y gigantesco hacia la mujer, considerada exclusivamente en su hecho biológico, la maternidad, y obviando el resto de sus derechos, humanos y colectivos. Y esa filosofía, lo vemos también en la cercanía, se exporta y se importa.

Declaraciones como algunas institucionales en el sentido de que las violaciones estivales han sido las habituales, que el número de ellas no se ha disparado pese a la alarma social, o como la nota de la Policía Autónoma sugiriendo a las mujeres de quedarse en casa, son pasos atrás que aunque no avivan la cultura de la violación, evitan poner en cuestión el patriarcado, origen de la cuestión. Porque, entre otras reflexiones, todos los mensajes son hacia las mujeres, ninguno al sector de donde parten los violadores, los hombres.






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viernes, 23 de agosto de 2019

“Nudo” se Dice “Korapilo”

Les compartimos esta información de la manifestación convocada por Sare en Bilbo, misma que llega a nosotros por conducto de Público:


Una manifestación pedirá este viernes en Bilbao el fin de la política de excepción contra los reclusos. A día de hoy existen 211 internos en 43 prisiones españolas y 39 en nueve cárceles francesas.

Danilo Albin

En euskera, “nudo” se dice “korapilo”. El último cartel de Sare, la red vasca que aboga por cambios en la política penitenciaria del Gobierno, tiene precisamente esos nudos o “korapiloak” como imagen central. Su portavoz, Inaxio Oiarzabal, cree que es momento de desatarlos “por completo”. Así lo reivindicarán este viernes en las calles de Bilbao, donde tendrá lugar una manifestación para pedir el fin de la “política de excepción” contra los presos condenados por su vinculación con ETA.

No se trata de un día cualquiera en la capital vizcaína: este viernes es el día grande de sus fiestas. Los comercios cierran y las txosnas, lugar central de la Aste Nagusia (Semana Grande), viven uno de los momentos más álgidos de la semana. En ese contexto, Sare ha llamado a movilizarse a partir de las 12.30 desde la Plaza Elíptica.

“Aquí se han dado pasos importantes hacia la paz, y la política penitenciaria se tiene que asemejar a esos pasos”, afirma Oiarzabal a Público en las horas previas a la manifestación. “Para poder avanzar hacia la paz y la construcción de una sociedad basada en el respeto –continúa-, el tema de los presos se debe solucionar de la mejor manera posible, de forma que no queden heridas abiertas. Y para ello, la sociedad debe trabajar en conjunto”.

Según consta en un dossier elaborado por la Comisión de Presos de Sortu, a día de hoy existen 250 reclusos. 211 de ellos están repartidos en 43 prisiones españolas y 39 se encuentran en nueve cárceles francesas. En España, el colectivo está compuesto por 26 mujeres y 185 hombres. En Francia son 8 mujeres y 31 hombres.

Durante el último año, el Gobierno de Pedro Sánchez facilitó algunos acercamientos –en febrero pasado se manejaba que habían sido 26– a cárceles próximas al País Vasco. “Solo hemos visto tímidos pasos. Han sido unos pocos acercamientos y no precisamente a cárceles vascas, sino a 350 kilómetros de aquí. Eso no supone el fin del alejamiento”, afirmó Oiarzabal, quien destacó que “hay cárceles del País Vasco con capacidad” para alojar a estos reclusos.

En el dossier al que ha tenido acceso Público se destaca además que “solo el 10% de los y las encarceladas en España están a menos de 250 kilómetros” del País Vasco. Otro 16% “está a 250-520 kilómetros en cárceles por encima de Madrid”, mientras que un 39% de los presos “siguen alejados a más de 520-820 kilómetros (Galicia, Valencia, Extremadura, La Mancha, Murcia) y, finalmente, otro 35% (72) pena en cárceles andaluzas a 820-1.100 kilómetros”.

En cuanto a las “condiciones de encarcelamiento”, el informe señala que “solo el 20% de los presos vascos están clasificados en régimen ordinario”, subrayando que “el resto está en régimen cerrado”. En tal sentido, el dossier destaca que “treinta presos están en ‘unidades especiales’ o ‘módulos de aislamiento’ (Córdoba, Sevilla II, Huelva, Estremera…)”, mientras que otros treinta están en “módulos de ‘régimen cerrado’ (Puerto, Mansilla, Curtis…), encerradas y encerrados durante 20 horas al día”.

“Hay cárceles en las que no tienen módulos de régimen cerrado, por lo que utilizan los módulos de aislamiento para tener a presos que están en primer grado. La administración les tiene allí durante años sin tener ninguna base legal para ello”, afirmaron a Público desde la Comisión de Presos de Sortu.

Por su parte, fuentes de Instituciones Penitenciarias indicaron que no disponían de datos concretos sobre el número de presos de ETA en situación de aislamiento. En cualquier caso, señalaron que “el régimen cerrado es una forma de cumplimiento de la pena, destinada a primeros grados que no tienen que ver solamente con terrorismo, así como para personas inadaptadas que crean conflicto en prisión”, mientras que el aislamiento “es una medida de sanción temporal que viene regulada en el reglamento penitenciario”.

Según la información disponible en la página web de Instituciones Penitenciarias, los módulos de aislamiento están destinados “a los internos clasificados en Primer Grado, y a los sancionados con días de aislamiento por haber cometido alguna falta grave, es decir, por sanción disciplinaria”. “El régimen de vida en estos módulos es el llamado Régimen Cerrado. En todos los Centros Tipo suele haber un módulo de aislamiento”, señala.
“Nuevo recorrido”

Precisamente, la mayor parte de los presos condenados por delitos relacionados con ETA están en primer grado. En junio pasado, la asociación Etxerat, que agrupa a los familiares de los reclusos, informó que 142 de los 213 presos que se encontraban en las cárceles españolas “han dado comienzo al nuevo recorrido jurídico”, lo que implica aceptar la legalidad penitenciaria de manera individual e iniciar así el camino para tratar de conseguir la progresión de grado.

Las cifras indican que será un camino lento. Según el Observatorio de Situación Penitenciaria de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), a día de hoy 164 presos de ETA en primer grado, 59 en segundo grado y dos en tercer grado.
“Peligrosidad extrema”

En ese contexto, Instituciones Penitenciarias explica que el denominado régimen cerrado “se aplica a los penados clasificados en Primer Grado por su peligrosidad extrema o manifiesta inadaptación a los regímenes ordinario y abierto, y a los preventivos en quienes concurran idénticas circunstancias”. “La excepcionalidad del régimen cerrado en el sistema penitenciario español se materializa en un procedimiento de aplicación muy garantista, que incluye la revisión judicial de cada decisión administrativa firme que se toma con respecto de su aplicación”, sostiene.

La permanencia del recluso en régimen cerrado “será por el tiempo mínimo necesario, hasta que desaparezcan o disminuyan significativamente las razones o circunstancias que sirvieron de fundamento para su aplicación”. “Cada tres meses como máximo se revisará tanto la clasificación como la asignación de modalidad de vida del interno o interna”, describe Instituciones Penitenciarias.






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