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viernes, 6 de julio de 2018

Cuba Continúa Exportando Salud

Les invitamos a leer este reportaje y ver el video con el que desde Cubainformación nos proveen acerca del compromiso por parte de la Revolución Cubana para con el acceso a los servicios de salud por parte de la población más desfavorecida del mundo entero:


Realización: Esther Jávega. Edición: Ana Gil. Entrevista: José Manzaneda

Vamos a hablar de un libro sobre Cuba que, con el mismo apoyo editorial y mediático que reciben otros, cambiaría radicalmente, a muchas personas, su percepción sobre la Isla. Sobre todo en relación al papel global de Cuba. Se llama “Ayuda oficial al desarrollo de Cuba en el mundo”, y recibimos en el estudio de Cubainformación TV a su autor, Henry Morales.

Guatemalteco, doctor en Ciencias económicas y empresariales, Henry Morales es el Coordinador del Movimiento Tzuk Kim Pop de Guatemala, fue presidente de la Red Latinoamericana sobre Deuda, Desarrollo y Derechos (Latindadd) y hoy milita en el partido de izquierda Convergencia.

Morales aclara que emplea el término al uso "ayuda oficial al desarrollo" para poder comparar la cooperación cubana con la de otros países. Entiende que las autoridades cubanas no cuantifiquen monetariamente su internacionalismo, y que sus estadísticas solo incluyan datos como número de atenciones sanitarias, partos o vidas salvadas.

Su papel ha sido realizar un cálculo monetario de esta ayuda que sirve para demostrar la dimensión excepcional de la colaboración cubana con otros pueblos, en comparación con la "ayuda al desarrollo" de países ricos, que "nunca es gratis": detrás de ella están los intereses geopolíticos y en muchas ocasiones el chantaje y la presión diplomática, afirma.

Henry afirma en su libro que Cuba –y no un estado rico del llamado Primer Mundo- es el país que encabeza la ayuda al desarrollo en todo el mundo. Ha cuantificado la ayuda cubana en más de 180 países, desde 1999 a 2015, en 71 mil millones de dólares.

Y asegura que, frente al 0,39 % de Europa y el pírrico 0,17 de EEUU, bien alejados ambos del famoso 0,7 % recomendado por Naciones Unidas, Cuba destina el 6,6 % de sus PIB a cooperación con otros pueblos.

Más cifras que impresionan: Cuba es el donante número uno en salud, con el 31,2% del total aportado. Ha salvado, de manera directa y comprobable, al menos 5 millones de vidas en 15 años. Y encabeza para América la ayuda al desarrollo con el 26,8% del total.

En su propio país, Guatemala, hay una brigada médica cubana permanente, formada por entre 600 y 700 profesionales de la salud.

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Entrevista a López y Rivas

Hace unos meses el gobierno de la Comunidad Autónoma Vasca envió a Andoni Ortuzar a entrevistarse con diferentes candidatos cuando las campañas oficiales estaban a punto de iniciar. Asesorado por la muy etnicista diáspora vasco-mexicana, lo que Ortuzar en realidad hizo fue entromenterse en la vida política del gigante latinoamericano al reunirse con dos contendientes que no tenía absolutamente ni una sola oportunidad de ganar sus respectivas contiendas electorales. Ambos con apellidos vascos por cierto, Mikel Arriola quien pretendía ser el regente de la Ciudad de México y Margarita Zavala, la esposa del infame expresidente Felipe Calderón.

Ella renunció a la candidatura tras un par de semanas en campaña y el obtuvo el 10% de los votos en la Ciudad de México... ambos arrollados por el ya denominado Tsunami Morena.

Pues bien, a cinco días de la histórica jornada electoral que ha colocado a Morena como primera fuerza política en México y a Andrés Manuel López Obrador como el presidente electo, en la página de Nodal han publicado esta entrevista a Gilberto López y Rivas en la que se hace un perfil de quien ante dos fraudes no se rindiera y siguiese bregando hasta lograr su objetivo.

Lean ustedes:


Entrevista a Gilberto López y Rivas, antropólogo e investigador mexicano

Lucio Garriga y Gerardo Szalkowicz

Gilberto López y Rivas militó varios años junto a Andrés Manuel López Obrador y fue funcionario durante su gobierno en la capital mexicana. Lo conoce bien de cerca. Es antropólogo, investigador y columnista del diario La Jornada, y en su currículum también figura su desempeño como diputado y asesor del zapatismo. Prefiere la prudencia ante la ola de entusiasmo que despertó en América Latina el triunfo de AMLO: “Hay que tener cautela en cuanto al alcance de lo que pueda hacer”. Desde una visión crítica, celebra la nueva etapa que se abre en México pero marca los límites que percibe tendrá el próximo gobierno. En política exterior espera “un acercamiento hacia el Sur” y afirma que lo ve “más parecido a Lula que a Chávez”.

Por estos días usted decía que México es “un país en ruinas, devastado, con una crisis económica, social, humanitaria y política exponencial”. ¿Qué cree que podrá hacer AMLO frente a este país devastado? ¿Qué le dejarán hacer los poderes fácticos y hasta dónde cree que se animará a avanzar? En síntesis: ¿a qué nivel deberíamos colocar el entusiasmo que despierta en la región este punto de inflexión en la historia mexicana?

– Creo que hay que tener cautela en cuanto al alcance de lo que pueda hacer López Obrador en la presidencia. Los poderes fácticos que actúan en la sombra tienen poder de fuego, tienen capacidad para actuar y poner todas las trabas a este comienzo de transición democrática que hasta ahora México no ha tenido. Aquí se han impuesto todas las reformas estructurales del neoliberalismo, los territorios están invadidos por mineras, por megaproyectos, y Andrés Manuel no tiene una visión muy distinta a lo que podrían ser las visiones de desarrollo de un demócrata consecuente. De ahí las limitaciones que yo veo en su programa. Él menciona continuamente que luchará contra la corrupción pero no dice que esta corrupción proviene del sistema capitalista. No es que uno le exija que tenga una visión marxista de la realidad pero evidentemente si no conoces bien la naturaleza del saqueo, la explotación y la dominación de las corporaciones que van en busca del agua, el litio, el oro, la mano de obra barata, entonces el alcance de un gobierno tiene grandes límites desde la concepción misma de lo que se puede y lo que no se puede.

Él ha dicho, la noche misma de la elección, que respetará los contratos, que no habrá medidas radicales, que no habrá expropiaciones. Su lema es “por el bien de todos y primero los pobres” pero yo me pregunto ¿quiénes son todos?, ¿todos son todos los habitantes del país o todos son los aliados hechos durante la campaña, el mundo del empresariado, etc.? ¿qué va a pasar con la relación con EEUU, el Ejército, qué va a pasar con la cuestión del narcotráfico que es otra corporación capitalista que está actuando en todo el territorio nacional? Estamos muy contentos con este cambio y que se haya respetado al decisión de millones de electores, que no haya podido imponerse el fraude tradicional, pero al mismo tiempo nos hacemos todas estas preguntas.

¿Cómo imagina sus lineamientos en materia de política exterior y sus alianzas en América Latina?

-López Obrador está proponiendo un regreso a la Doctrina Estrada (N. de la R.: empleada por México en la segunda mitad del siglo XX y que se fundamenta en el principio de no intervención y el respeto a la soberanía de los pueblos). En ese sentido podría esperarse un acercamiento hacia el Sur más que hacia el Norte, pero evidentemente aquí también se verán sus límites. Ha sido muy controvertido su alejamiento, su deslinde, hacia procesos como el de Venezuela o hacia otros procesos de la región. El haber dicho que “México no será otra Venezuela” nos deja bastante confusos sobre cuál va a ser su posición, qué hará ante una OEA al servicio de EEUU o respecto a Cuba o frente a los problemas que está atravesando Brasil o la situación en Colombia como un espacio de penetración militar-política y de inteligencia desde donde se pretende agredir a Venezuela. Son todas preguntas que nos estamos haciendo quienes tenemos el pensamiento crítico despejado y no nos casamos con ningún proyecto que tenga las características de AMLO y su partido MORENA.

¿Con qué líder regional lo podría comparar?

-Si alguna comparación habría que hacer lo veo más parecido a Lula que a Chávez. Pero Andrés Manuel es Andrés Manuel. Tampoco me atrevo a compararlo con Lula porque Lula venía de una trayectoria de un Partido de los Trabajadores, obrero. No hay que entender al gobierno de AMLO como un gobierno de izquierda, como el de Venezuela o Bolivia. Hay gente dentro de su espacio muy reticente a cualquier relación con la revolución bolivariana. Creo que lo que hay que festejar es un cambio democrático, una transición democrática. Pero esperemos a ver qué hará AMLO a partir de diciembre y veremos en la práctica concreta cómo se desarrolla tanto en el plano internacional como en el plano interno.

¿O sea intuye un gobierno más moderado que radical?

-Completamente. AMLO no es un radical. Lo conozco bien de cerca, fuimos compañeros de partido (en el PRD) y conviví mucho con él. No es un radical, no será un gobierno de izquierda sino más bien socialdemócrata.

En México se registran más de 200 mil asesinatos y 35 mil desaparecidos en los últimos 12 años. Se impuso un sistema de violencia múltiple, sistemática y cotidiana de complicidades al que muchos describen como un narco-estado. ¿Cuál cree que será la estrategia de seguridad que empleará AMLO frente a esta tragedia humanitaria?

-Él tiene una política que se basa en su disposición personal para atender el asunto de la seguridad, que fue lo que hizo en la Ciudad de México cuando era jefe de Gobierno, y que es que todas las mañanas tendrá una reunión con el Consejo de Seguridad. Esta es su propuesta, que habrá un mando único y que por lo tanto será centralizado y que se atenderá el problema de la seguridad que es vital y por el cual millones de mexicanos salieron a votar. Pero la cuestión no es tan simple porque los poderes del narcotráfico extienden sus tentáculos en todo el territorio nacional. Hay cobros de derecho de piso desde las grandes empresas hasta los pequeños comercios de la vía pública. El tránsito por las carreteras puede tener retenes que cobren derechos de paso. Efectivamente el Estado se ha visto penetrado. El Ejército, por ejemplo, ha sido muy penetrado por estos cárteles de las drogas de tal manera que un crimen como el de los 43 estudiantes de Ayotzinapa no se puede explicar sin esta complicidad entre los tres niveles de gobierno y entre todos los aparatos de seguridad, incluyendo el propio Ejército, con el narcotráfico.

Él dice que va a brindar empleo para que los jóvenes no se vayan de sicarios y que se va a reunir todos los días con sus secretarios de seguridad. Yo creo que aquí hace falta penetrar más, un programa que vaya a mayor profundidad. Si no se entiende el narcotráfico como una corporación capitalista que se adueña del territorio, que recluta mano de obra, que actúa directamente en el mercado internacional, porque México es el principal centro de distribución hacia los Estados Unidos y actúa con la complacencia de la DEA, que es el principal cártel del mundo, estamos en un verdadero y complejo problema que no se entiende en su totalidad desde una simple propuesta de mando único y de reuniones todas las mañanas con los secretarios de seguridad y de las Fuerzas Armadas.

Entrevista realizada en el programa “Al sur del Río Bravo” que se trasmite los martes de 20 a 22 hs por Radionauta FM 106.3






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jueves, 14 de junio de 2018

La Radical Presencia del Che

Continuamos resaltando el 90 aniversario del natalicio de nuestro comandante con este texto también publicado en la página de Cuba Debate:


María del Carmen Ariet García

Volver en continuo renuevo, como enunciara Roa, deviene una expresión certera acerca de cómo y en qué forma se presenta el Che en cada una de las remembranzas que queremos y necesitamos aquilatar. Debemos asumirlo de forma sugerente y con un compromiso inalterable, no con simples frases para dejar constancia de su entrega a las causas justas —que sin dudas supo hacer como nadie?, pues sentimos que el mejor modo de pensarlo en su natalicio es como ese aliento cotidiano, contrario a la manera en que se pretendió borrarlo impunemente.

Cada año se habla del hoy, de su presencia perenne, de su eterna juventud y de sus virtudes éticas, todas expresadas en frases a veces grandilocuentes, aunque en su mayoría respetuosas y conmovedoras. No obstante, nos queda la sensación de no poder alcanzar su verdadera dimensión, o quizás, aun peor, el sentirlo poseedor de una infinitud que bien se sabe no hubiera compartido; por eso, en el 90 aniversario de su natalicio valdría la pena intentar resaltarlo, capaz de interponerse ante la solemnidad impuesta por una muerte salvaje que no mereció y de la que siempre nos vamos a culpar, aun cuando se distancie en el tiempo, en las vivencias y recuerdos particulares.

Así pudieran tejerse y mezclarse a la vez imágenes y pensamientos construidos con el propósito esencial de hacernos un poco mejores. Cuántos sueños, búsquedas y hechos se presentan en la vida y la obra del Che que trasciende y nos trascenderá, consciente de que nada de lo hecho perseguía esos objetivos, solo el disfrute pleno de hacerse a sí mismo para servir a los demás con paciencia a veces, con prisa constante, pero sobre todo con entrega infinita, esa que convence solo de saber que nunca exigió, pidió o realizó lo que no fuera capaz de alcanzar por su tesón y voluntad.

De pronto y de forma abrupta se nos presenta una realidad innegable, de esos 90 que conmemoramos solo vivió 39, que parecen y son pocos para tanto batallar. La cantidad asombra porque de todos los años transcurridos, 51 de ellos pertenecen a la inmortalidad, mas, sin embargo, cuánto aliento, cuánta belleza en su rostro y cuánta presencia vital permanece; indicadores que impulsan a preguntarnos y a respondernos al unísono una verdad incuestionable: solo el buen obrar es capaz de mantener la acción de la entrega.

Para los jóvenes, sobre todo, se escriben estas líneas, para que se sientan estimulados a indagar en una biografía que debe tener como premisa el despojarse de frases ambiguas y estereotipadas, tan molestas e irritantes cuando se alejan del deseo y la ambición de lo cotidiano y de la comprensión del porqué se debe acompañar nuestra vida de una conducta o un anhelo en el que se sienta el renacimiento de las aspiraciones más nobles como seres humanos y por encima de todo, el aprender a valorar conductas que pudieran marcar metas y logros que nos enriquezcan.

1. El joven Ernesto

Cómo se veía y cómo quería o quiso ser, es siempre una pregunta imprescindible cuando se busca aquilatar el verdadero valor de una existencia que se presenta como un paradigma. Estar de acuerdo o no con esas apreciaciones y cómo se deben obtener esas respuestas, es sin dudas la vía más precisa y segura para convencer y actuar. Para cualquier joven inquieto en constante indagación de su entorno y de su yo interior, una simple inspección descubre los momentos y particularidades en que el joven Ernesto trató de satisfacer apetencias e inquietudes, y aunque no se compartan todas, algunas son tentadoras como propuestas de vida.

Al afán de alcanzar un conocimiento mayor surgió, de forma inquisitiva, una avidez por la lectura la que asumió como suya a lo largo de toda la vida y, aunque no se repita en la forma, salvando incluso las distancias de la época y sus costumbres, el método personal y auto-impuesto de lecturas para su placer demuestra la posibilidad real de realizarlo como un reto que va creciendo, como una necesidad espiritual, capaz de ir completando espacios necesarios para responder inquietudes o simples dudas.

Ahí está la presencia de un Cuaderno filosófico que construye para sí a los 17 años y que en diferentes formatos lo extiende a lo largo de su vida, hasta su muerte en Bolivia. No es la obra de un erudito, es la intencionalidad de su elaboración la que sirve de pautas para medir los caminos que los seres humanos somos capaces de construir cuando sentimos el impacto y la fuerza de lo desconocido y aspiramos a alcanzar respuestas consecuentes ante tantas interrogantes.

De esa forma, se suma otra de sus cualidades más sobresalientes que sin la primera no podía haberse producido con la fuerza en que se presenta, la acción práctica para obtener o culminar las respuestas no satisfechas con solo las lecturas. Comienza así la aventura de los viajes, que cambian en objetivos y principios con el tiempo, pero que no dejan de conmover al viajero, aunque la mirada y las complejidades del actuar sean diferentes.

Mirar y comprender fueron fuentes fidedignas para recomponer un mar infinito de preguntas y también para aumentarlas hasta alcanzar las rutas necesarias para estimular el espíritu y comenzar a auscultar el entorno y el sujeto actor de la inmensidad que separa a un neófito de un conocedor en ciernes. Sentir esa necesidad se torna infinita hasta el final de su vida, sabedor de la profundidad y lo escabroso del camino, pero también de la satisfacción de poder alcanzar o al menos intentar acercarse a lo mejor de lo humano por esfuerzo propio, lección que aprendió y asumió como suya desde que, en un viaje en solitario y con bicicleta en mano, se decidiera por un futuro incierto y del que no tuvo retroceso. Una “aventura” indetenible con un agregado sustancial: el compromiso de hacerse mejor.

2. Por caminos de Revolución

Los momentos más conocidos y más divulgados de la vida de Ernesto-Che se encuentran en su presencia y actuar dentro de la Revolución cubana, pero tanto desde el comienzo de la lucha y más tarde a partir del triunfo de la misma, surgían preguntas acerca de las motivaciones que lo llevaron a un camino tan arduo y desconocido, en parte.

Muchas de las posibles respuestas las hallamos en los antecedentes explicados, a través de los cuales encuentra, en primer lugar, un sentimiento comprometido con los seres humanos, aquellos con los que compartió desde lo más simple hasta quimeras aparentemente inalcanzables.

En la vida de Ernesto-Che existe por decisión incuestionable su inmensa vocación humanista, más allá de modos y modas, y lo más importante, acompañada de una dosis profunda de reflexión y pensamiento desde posiciones políticas e ideológicas, cuando asume el marxismo como su filosofía de vida. El que para muchos estas precisiones se escapen o diluyan no indica más que desconocimiento de un proceso ascendente que asume para demostrarse a sí mismo su capacidad y decisión de alcanzar un compromiso con ese ser humano desposeído y explotado, el que lo conduce por los caminos de radicalización y de revolución de manera integral.

Como afirmara en carta a su madre, “el camino fue largo, pero sin retroceso”, demostrado en sus ansias de luchar por hacer de su entorno y del medio algo más justo y de todos. Aun no conocía a profundidad el cómo, dónde y cuándo, pero sí sabía de su decisión irrevocable, más allá de interrogantes; tampoco podía valorar las dificultades y lo escabroso del camino decidido, excepto la necesidad indetenible de enfrentar esos retos.

Por ello, aprendió primero, que para entrar en revolución esta debía ser profunda y radical, al decir de Martí, desde la propia raíz. En ese punto de inflexión comenzó a percatarse que no basta el deseo de cambiar, que si no va acompañada de una decisión mayor de transformación no sería posible alcanzarla, pero además, pudo valorar conceptos y estructuras mentales y materiales que solo logran emplearse, fuera de los textos leídos, cuando se conoce la necesidad de cambiar esquemas acompañadas de un proceso donde el sujeto se convierta en el actor principal de los cambios imprescindibles, si en verdad se está dispuesto a conquistar el porvenir.

Sin adentrarnos en detalles de su enorme capacidad para enfrentarse a tareas y funciones desconocidas, lo que se presenta de forma inmediata es su resistencia, su voluntad y su compromiso para asumir todo lo que realiza con un punto de miras inobjetable, hacer y avanzar para construir un mundo mejor junto con un hombre superior. Es en ese derrotero que se explica el porqué la importancia del estudio profundo y creador para obtener esa meta irrenunciable; así pudo comprender del valor y la determinación de luchar por cambios profundos marcados por la intención de barrer con un poder de dominación inconsecuente y selectivo que excluían a la mayoría. Es ahí, donde se convence y actúa en aras de alcanzar el socialismo como la alternativa posible para construir un sistema capaz de humanizar al mundo y su entorno.

Ese camino de revolución, de manera consecuente y con su propio esfuerzo y tesón lo construyó junto con la vanguardia de la Revolución encabezada por Fidel y con la participación consciente de todo un pueblo dispuesto a conquistar el futuro y así lo hizo. El poder mencionar múltiples hechos y huellas demuestran su constancia, pero cuando se trata de hablar de ejemplo y ética más allá de hechos particulares, lo importante es comprender la dimensión en que se sitúa lo irrevocable, lo que contribuye a comprender el porqué, después de obtener una vida plena en anhelos y logros personales, no bastó y decidió continuar un ascenso complejo y repleto de escollos, a sabiendas de que esta vez se trataba de medir fuerzas contra lo irracional de un poder supremo incapaz de detenerse aun cuando terminara en un holocausto.

¿Sabía y percibía a qué se enfrentaba? Si se puede comprender el valor y el poder de las fuerzas indetenibles que estremecen desde el interior, sin dudas la respuesta es afirmativa, solo que sigue siendo muy difícil de entender a pesar de su humanismo. Resulta doloroso encontrar las palabras precisas para detenerse a pensar en un final que, aunque probable, no es aceptado. Es ahí donde, a pesar del acto definitivo, se produce la encrucijada y la necesidad de interpretar su otra dimensión y su conversión a la inmortalidad.
3. En los 90 y la encrucijada

Cómo sintetizar en un solo ser tanta fuerza y voluntad, traducido en un conocimiento profundo, en amor al prójimo y en entrega total, obliga a un resumen casi inalcanzable, por la manera en que lo hizo para sí y para los demás.

Se abren en una sola visión panorámica los paisajes y los hombres con los que pudo sentir y vibrar desde diversas coyunturas y realidades, pero siempre desde un humanismo pleno que sostenía como principio no establecer diferencias irreconciliables, solo las propias de sus particularidades emanadas de la tradición y la cultura, valores superiores que lo nutren de un pensamiento y acción universales y que, en parte, nos explica el modo en que es apreciado y comprendido en cualquier región del mundo, entre hombres sin distinción de razas, solo con la sensibilidad y la fuerza suficiente para compartir las mismas actitudes y las mismas ansias de vivir en un mundo de justicia y paz en el que todos vivamos sin extorsión y con disfrute pleno a partir de nuestros esfuerzos y voluntad.

Así llegamos a los 90 de un hombre cuya divisa fue y es construir y compartir un mundo mejor entre todos, con la convicción de que se puede y se debe luchar por alcanzarlo aun cuando varíen los métodos y circunstancias, siempre con el deseo de lograr la unión íntegra; solo así se podrá hacer realidad y hablar de un legado que pertenece a todos, pero que se debe conquistar con la fuerza universal de un hombre que por elección decidió llamarse de forma breve: CHE.






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90 Años del Che

Sobran razones para revisitar la vida y el legado revolucionario de Ernesto Che Guevara.

Con una comunidad internacional secuestrada por el imperialismo genocida y el fundamentalismo religioso, es conveniente enfatizar que el presente necesita de hombres y mujeres de una verticalidad ética y un compromiso con la lucha libertadora que evoquen lo hecho por el nuestroamericano universal.

En el 90 aniversario de su natalicio, traemos a ustedes este artículo dado a conocer por Cuba Debate:


Germán Sánchez Otero

El Comandante de la boina negra y la estrella reluciente piensa la revolución mientras la ejercita. Las ideas teóricas y políticas de Che sobre la revolución social en la América Latina y el Caribe, son coherentes con su praxis histórica y analítica.  El marxismo para él es una teoría ecuménica que surge y existe para explicar y transformar un sistema universal antihumano. Esto supone una estrategia mundial y un quehacer solidario del mismo tamaño: el internacionalismo, sustentado en un deber y en una necesidad,  inherente a los auténticos procesos socialistas que  se proponen avanzar sin complejos ni titubeos hacia la utopía comunista.

¿Qué conceptos integran el pensamiento del Che acerca de la revolución en nuestra América? Son muchos: abarcan el imperialismo y el subdesarrollo, a  las clases sociales y sus luchas, el papel del Estado y el carácter de la revolución.  También incluye sus ideas sobre estrategia y táctica, y  respecto de la vanguardia y los sujetos sociales de la revolución. Entre las fuentes que nutren ese sistema de ideas, están su conocimiento de la historia latinoamericana y sus vivencias juveniles en el continente, la participación en la lucha armada cubana, su desempeño como dirigente  de  nuestra Revolución y los análisis que realiza sobre la transición socialista.

De su conceptualización de la sociedad latinoamericana y del escenario mundial, nace su certeza  acerca de la posibilidad del cambio revolucionario de naturaleza socialista en el continente. Y también se derivan sus concepciones sobre cómo alcanzar tal objetivo.

Ciertos  énfasis y filos polémicos de sus ideas, están marcados por los debates que se ve obligado a  emprender frente a sectores tradicionales de la izquierda latinoamericana, que quieren convertir el triunfo de la Revolución Cubana en una excepción histórica.

Ello explica la insistencia suya  en determinadas lecciones de nuestra Revolución, que a veces puede dar lugar a que se interpreten de modo acrítico.  No es casual que comience de este modo su primera obra que aborda el tema: “La victoria armada del pueblo cubano sobre la dictadura ha sido, además (…) un modificador de viejos dogmas sobre la conducta de las masas populares de la América Latina”. Y consagra otro ensayo a analizar  si ella es o no una excepción en América Latina, y en casi todos sus demás trabajos y discursos sobre  la región, alude a tal debate, necesario para desbrozar los nuevos conceptos.

Lucha ideológica y teórica en el ámbito del movimiento revolucionario y bregar simultáneo contra el imperialismo y la dominación burguesa para alcanzar el poder y desarrollar la revolución socialista: tales son las coordenadas que guían el  pensamiento del Che sobre la revolución social al sur del rio Bravo. Es  este un legado suyo primordial y  resulta indispensable estimular el cruce de ideas entre los luchadores  revolucionarios, que a título personal o colectivo contribuyan a formular respuestas certeras a las complejas y cambiantes realidades de la región, en la búsqueda de auténticas revoluciones.

A la vez, es menester prevenirnos contra el empleo   extemporáneo de algunas afirmaciones o tesis  suyas en las actuales circunstancias políticas del continente y del mundo. Él nunca reduce nuestra experiencia a una repetición dogmática: “La Revolución Cubana ha mostrado una experiencia que no quiere ser única en América”. Y critica a quienes “tratan de implantar la experiencia cubana sin ponerse a razonar mucho si es o no el lugar adecuado”.  Además, ciertas ideas suyas no resultaron válidas en el decurso de la historia y no hay porqué sonrojarse. Nada de ello eclipsa su grandeza ni su vigencia esencial.

¿Por qué la lucha armada?

¿Qué piensa, por ejemplo, sobre la vía armada y en específico respecto de la lucha guerrillera? Dice: “Es importante destacar que la lucha guerrillera es una lucha de masas, es una lucha de pueblo”. Esa misma consideración, con palabras semejantes, la encontramos al menos en diez lugares diferentes de sus escritos.

No deja espacio para las ambigüedades: “Queda bien establecido, que la guerra de guerrillas es una fase de la guerra que no tiene de por sí oportunidades de lograr el triunfo”.   “Ahora bien, es preciso apuntar que no se puede aspirar a la victoria sin la formación de un ejército popular”.

Sostiene que en la América Latina existen las condiciones objetivas para la Revolución. Esa conclusión la deduce de sus vivencias en el continente y de sus estudios desde los años juveniles sobre la historia y la sociedad  latinoamericanas. De tal convicción, fundada en un saber científico, no  razona que sea posible en todas partes y en cualquier momento iniciar la lucha armada: “Esa violencia debe desatarse exactamente en el momento preciso, en el que los conductores del pueblo hayan encontrado las circunstancias más favorables”.

¿Cuáles serían éstas?  –se pregunta: “Dependen, en lo subjetivo, de dos factores que se complementan y que a su vez se van profundizando en el transcurso de la lucha: la conciencia de la necesidad del cambio y la certeza de la posibilidad de este cambio revolucionario”. A esos factores y a las condiciones objetivas, une otro elemento también subjetivo: “la firmeza en la voluntad de lograrlo” y agrega el último, de índole objetivo: “las nuevas correlaciones de fuerzas en el mundo”.

Siempre tiene en cuenta el repertorio de factores a considerar en el inicio y desarrollo de la lucha armada y nunca abona consignas, dogmas, ni clichés.

¿Por qué enfatiza la importancia de las condiciones subjetivas y el papel activo de la vanguardia? Si ello por sí mismo es válido, y se inscribe en su correcta interpretación de Marx y Lenin y en la tradición del pensamiento y los quehaceres revolucionarios de nuestra América, existen razones circunstanciales que explican esta postura. Frente a la “cultura política” defensiva de la espera, junto a Fidel él yergue la cultura política de la voluntad y de la ofensiva: “El deber de los revolucionarios latinoamericanos, no está en esperar que el cambio de correlación de fuerzas produzca el milagro de la revoluciones sociales en América Latina, sino aprovechar cabalmente todo lo que favorece al movimiento revolucionario ese cambio de correlación de fuerzas y hacer las revoluciones”. Por eso insiste: “Lo definitivo es la decisión de lucha que madura día a día, la conciencia de la necesidad del cambio revolucionario, la certeza de su posibilidad”.

Tal  criterio no pasa por alto el complejo tejido de la estrategia y las tácticas: “Los revolucionarios no pueden prever de antemano todas las variantes tácticas que pueden presentarse en el curso de la lucha por su programa liberador. La real capacidad de un revolucionario se mide por saber encontrar tácticas revolucionarias adecuadas en cada cambio de la situación, en tener presente todas las tácticas y en explotarlas al máximo”.

El afán de exaltar el papel de la lucha armada en la creación y  desarrollo de las condiciones subjetivas de la revolución, lo lleva a exceder en parte su significación: “Esas condiciones se crean mediante la lucha armada, que va haciendo más clara la necesidad del cambio”.

Si bien el ejercicio exitoso de la lucha armada, donde sea posible, hace más clara “la necesidad del cambio” y la visible derrota del ejército permite ver al pueblo la posibilidad de tal mutación radical, en la generación de las condiciones subjetivas de la revolución, antes y durante el avance decisivo que suscita la lucha armada, concurren factores diversos que no deben desestimarse. Él no desconoce tales realidades. Sus afirmaciones extremas, como la antes citada, son explicables a la luz de su opinión del imperativo de colocar en el lugar central a la lucha armada, relegada por los revolucionarios durante más de veinte años antes del triunfo cubano en 1959 y muchos, después, siguieron resistiéndose a aceptarla como una opción en el repertorio de luchas de la izquierda.

Luchas pacíficas y vía pacífica

¿Niega la lucha cívica, y en particular la lucha electoral? No pretendo justificar sino explicar ciertos extremos de sus ideas. En varias ocasiones aborda el tema: “Sería error imperdonable desestimar el provecho que puede obtener el programa revolucionario de un proceso electoral dado; del mismo modo que sería imperdonable limitarse tan sólo a lo electoral y no ver a los otros medios de lucha, incluso la lucha armada, para obtener el poder (…) pues si no se alcanza el poder, todas las demás conquistas son inestables, insuficientes, incapaces de dar las soluciones que se necesitan”. Una vez más aparece un eje central de sus ideas: la conquista del poder.

Alude a las condiciones especiales de Uruguay cuando visita este país en 1961. Y respeta asimismo el proyecto de la izquierda chilena. Al respecto es premonitorio, como si hubiese viajado en una máquina del tiempo al Chile de 1973. Dice: “Y cuando se habla de poder por vía electoral, nuestra pregunta es siempre la misma: si un movimiento popular ocupa el gobierno de un país por amplia votación popular y resuelve, consecuentemente, iniciar las grandes transformaciones sociales que constituyen el programa por el cual triunfó, ¿no entraría en conflicto inmediatamente con las clases reaccionarias de ese país? ¿No ha sido siempre el ejército el instrumento de opresión de esa clase? Si es así, es lógico razonar que ese ejército tomará el partido por su clase y entrará en conflicto con el gobierno constituido”.

En tales circunstancias, adiciona:  “Puede  ser  derribado  ese gobierno mediante  un  golpe  de  Estado (…), puede a su vez  el  ejército  opresor  ser derrotado mediante la acción popular armada en apoyo a su gobierno”.

Tal alternativa prevista por él es importante subrayarla, porque evidencia su flexibilidad para interpretar situaciones como la chilena de entonces. No niega la posibilidad de su triunfo, pero alerta sobre la necesidad de preparar al pueblo subjetiva y materialmente en el uso de las armas.

También aclara la distinción entre lucha pacífica y vía pacífica y señala las consecuencias de esa confusión: “Recuérdese nuestra insistencia: tránsito pacífico no es logro de un poder formal en elecciones o mediante movimientos de opinión pública sin combate directo, sino la instauración del poder socialista, con todos sus atributos, sin el uso de la lucha armada”.

Reiteradas veces aborda el tema de la función de la clase obrera y el campesinado en la revolución.  Por ejemplo, refiriéndose a la relación guerrilla–campesinos–obreros, afirma que la primera debe buscar el apoyo de “(…) las masas campesinas y obreras de la zona y de todo el territorio de que se trata”.

No desarrolla suficientemente sus criterios en torno al lugar que le corresponde a las luchas reivindicativas y políticas obreras. Ni tampoco a la inserción de ese quehacer en un proceso revolucionario signado por la lucha armada, cuyo escenario principal él lo ve en el campo, por razones que explica muchas veces.  Sin embargo, no deja de formular la noción esencial, desde el ángulo de la estrategia que  considera acertada: “… la posibilidad de triunfo de las masas populares de América Latina está claramente expresada por el camino de la lucha guerrillera, basada en el ejército campesino, en la alianza de los obreros con los campesinos, en la derrota del ejército en lucha frontal, en la toma de la ciudad desde el campo, en la disolución del ejército (…)”.

Esta última afirmación, muestra el apego del Che a la experiencia cubana. Desde nuestros días, es menester –y posible– asumir una mirada más abarcadora y a tono con las nuevas realidades de cada país. Considerar, por ejemplo,  los cambios ocurridos en las estructuras de clases a consecuencia de las mutaciones de las formaciones sociales capitalistas de la región; la transnacionalización y privatización extrema de las economías; el crecimiento de los sectores marginales e informales;  la disminución de la clase obrera y la modificación de su composición, con mayores niveles de explotación e integración al status quo; la disminución neta del campesinado tradicional y la agudización  de la crisis social derivada del modelo neoliberal.

Durante los últimos cincuenta años, ocurren diversas experiencias que complejizan ese juicio del Che, vigente en varios de sus postulados estratégicos, si se actualizan de modo pertinente. Por ejemplo, los impactos políticos y sociales y los correlatos  –tanto nacionales como hemisféricos– que se derivan de los procesos de cambios abiertos por la Revolución Bolivariana. O más recientemente, la nueva ofensiva imperial y de las clases pudientes en varios países donde han avanzado procesos políticos de centroizquierda.

Criterios sobre las fuerzas armadas

Esa necesaria adecuación también concierne a su criterio sobre las fuerzas armadas. Aunque él avisa a tiempo que “… el imperialismo ha aprendido a fondo la lección de Cuba”, todavía en los primeros años después de 1959 esto no se traduce en el fortalecimiento de las fuerzas armadas y sobre todo en la especialización de ellas para el combate contrainsurgente. De ahí que el Che en mayo de 1962 se refiera a la “extrema debilidad de los ejércitos mercenarios para moverse en los grandes territorios de América”. Por otra parte, según las realidades históricas hasta el tiempo en que él vive, las fuerzas armadas casi siempre tienen una conducta monolítica y son un instrumento dócil del imperialismo. Así lo ve Che, aunque él distingue “gente aislada” que puede incorporarse a la revolución.

Ese criterio suyo mantiene actualidad en la mayoría de nuestros países. Sin embargo, las experiencias de Perú durante el mandato de Velasco Alvarado y de Omar Torrijos en Panamá –poco tiempo después de morir Che–, son indicios de las reservas patrióticas y antimperialistas que pueden existir en las fuerzas armadas de algunos países.  Lo ocurrido a partir de 1999 con el proceso revolucionario bolivariano conducido por un líder cívico–militar excepcional, ratifica la necesidad de no generalizar los criterios del Che a todo momento y lugar. Como tampoco es válido extrapolar la experiencia singular de la Revolución Bolivariana en cuanto al papel de los militares y la alianza cívico militar, que allí ocurre gracias a la singularidad de ese proceso, marcado por el genio y el ángel de su líder.

Estos nuevos hechos no contradicen el núcleo de su análisis –que se ubica en la conducta de los institutos militares frente a la lucha armada revolucionaria y como instrumentos del sistema dominante–, pero sí aportan ingredientes políticos novedosos que él seguramente habría considerado.

Opiniones acerca de los gobiernos democráticos

A la dirección de nuestra Revolución y a Che como parte de ella, se les ha acusado muchas veces de promover en los años sesenta del pasado siglo una política de exportación de la revolución y de enfrentar a ultranza a los gobiernos democráticos latinoamericanos. El asunto tiene una obvia significación actual, pues demuestra la continuidad entre la política de la Revolución Cubana de ayer y de hoy.

Che, en circunstancias de existir algunos gobiernos democráticos respetuosos de la Revolución Cubana, tiene  hacia ellos igual respeto; asimismo, es  cuidadoso en desearle éxitos a cualquier avance de los pueblos latinoamericanos, si aquellos son logrados incluso por la vía de la cooperación externa de Estados Unidos y sin beneficiar a Cuba.

Así, en julio de 1960, expresa: “… no es mi misión aquí enumerar los gobiernos de América, enumerar en estos últimos días, las puñaladas traperas que nos han dado y echar leña al fuego de la rebelión”.  O sea, a pesar de las acciones anticubanas de esos gobiernos y su complicidad  con la agresión de Estados Unidos contra Cuba, evita el enfrentamiento público.  En esos momentos no se han roto los vínculos diplomáticos ni expulsado a nuestro país de la OEA; ante todo, él es respetuoso de la soberanía de esos países.

En agosto de 1961, ya definido el carácter socialista de la Revolución Cubana, en su memorable discurso en Punta del Este, Uruguay, de cara a los representantes de toda la comunidad americana, subraya: “Nosotros nunca hemos abandonado a las naciones latinoamericanas, y estamos luchando porque no se nos expulse, porque no se nos obligue a abandonar el seno de las repúblicas latinoamericanas”.

Su posición constructiva la lleva a una expresión más elevada,  al afirmar  respecto de la Alianza para el Progreso: “Y nosotros estamos interesados en que no fracase, en la medida que signifique para América Latina una real mejoría en los niveles de vida de todos sus 200 millones de habitantes”.

Y aún después de ser Cuba expulsada de la OEA (1964), él hace distinciones entre los gobiernos de América Latina y expresa la disposición cubana a tener relaciones con un grupo de ellos —Uruguay, Chile y Costa Rica—, “pero Estados Unidos no lo permite”.

Es  importante recordar a ese Che multifacético, que supo hacer de la política un vehículo idóneo de la estrategia revolucionaria, en plena identidad con Fidel y la posiciones de nuestro gobierno.






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sábado, 28 de abril de 2018

Un Giro en la Política Latinoamericana

Los grandes líderes que caracterizaron el renacimiento de América Latina han generado las condiciones para que se desarrollen y fortalezcan nuevas propuestas. El legado de Fidel Castro y Salvador Allende en la figura de estadistas como Hugo Chávez, Raúl Castro, Evo Morales, Pepe Mujica o Rafael Correa, acompañados de políticos de quehacer más polémico como Daniel Ortega, Lula da Silva, Manuel Zelaya, Nicolás Maduro, Dilma Roussef o Cristina Kirchner, ha reconfigurado el panorama político de una Latinoamérica que se manifestó sin rumbo durante las últimas dos décadas del siglo pasado.

Les presentamos pues este análisis de la situación que se perfila para los meses y años por venir, el mismo ha sido dado a conocer en las páginas de Público:


Alfredo Serrano Mancilla | Director Celag

Más allá de que ganen o pierdan en sus próximas citas electorales, ya podemos afirmar que ha surgido otra ola progresista en la región. Este nuevo bloque está conformado por: MORENA, en México, con Andrés Manuel López Obrador al frente; Gustavo Petro, de Colombia Humana; Verónika Mendoza con Nuevo Perú; y los jóvenes Gabriel Boric y Giorgio Jackson del Frente Amplio, en Chile. Ninguno de ellos es un personaje nuevo en la política, pero sí lo son sus formaciones políticas. Cada una tiene sus particularidades, propias del contexto histórico de cada país. Y, sin embargo, todas estas alternativas tienen rasgos característicos en común:

1) Surgen en países con gobiernos neoliberales desde hace décadas. Es precisamente en la Alianza del Pacífico donde se observa la emergencia de estas propuestas alternativas, basadas en la reivindicación de unos mínimos en materia de derecho social y soberanía. Tras años de aplicación de una política de “normalización duradera” de condiciones paupérrimas de vida para una gran parte de la población, germinan, en contraposición, unas opciones políticas en sintonía con demandas básicas en educación, salud, empleo y salario, y oportunidades para los jóvenes. Comienza a entrar en crisis la efectividad de la estrategia de inoculación del “no se puede” como sentido común dominante, para transitar hacia un estadio no tanto del “sí se puede”, sino más bien de una suerte de “quizás se pueda”. Y esto es, justamente, lo que abre un insólito momento de disputa en estos países neoliberales que por ahora nunca habían visto peligrar su hegemonía.

2) No nacen de movilizaciones, sino que lo hacen de manera silenciosa. No son tiempos de cortes de ruta y marchas multitudinarias. La nueva mayoría no se manifiesta con vehemencia, pero su descontento crece sin retorno. Desconfían de casi de todo lo que procede de la política y, por ello, su forma de acercarse a las nuevas propuestas es mucho más “light”. El apoyo no es visceral ni viene con un contrato de fidelidad eterna. Por ahora es transitorio, coyuntural; todo pende de un hilo, siempre están en vigilancia. Pero, poco a poco y a medida que las políticas neoliberales avanzan, y crecen la desigualdad y la exclusión, y asoma con mayor probabilidad la posibilidad de poner punto y final a lo viejo, el voto por el cambio crece. La vía electoral se presenta, así, como un camino sigiloso que ya canaliza la insatisfacción, sin necesidad de tener que acudir a las plazas.

3) Tienen sus orígenes en la izquierda. Todos los actuales representantes de esta nueva ola progresista latinoamericana vienen del mismo lugar político, aunque con sus propios matices. Eso sí: todos militaron en propuestas de izquierda. Lucharon en trincheras que, con el paso del tiempo, fueron abandonando. Petro dejó el M19 y el Polo Democrático; López Obrador, el PRD; Verónika Mendoza, el Frente Amplio; y Boric y Jackson, fueron dejando atrás los espacios de la izquierda universitaria para dar el salto a la política nacional. Es decir, todos tuvieron un punto de partida en la izquierda, y luego, al pasar de los años, fueron transformándose en función de sus propias circunstancias sin dejar de ser lo que eran pero actualizando propuestas y el proyecto político que ahora defienden.

4) Evolucionan hacia un campo político progresista aún en construcción. Es demasiado prematuro para encorsetarlos y para etiquetarlos. El desenlace dependerá del margen de posibilidades para abrir brechas y, también, de lo que la ciudadanía quiera. No se hacen revoluciones ni cambios políticos desde ningún software. Todo está en función de condiciones objetivas y subjetividades dominantes. Lo primero es encontrar la sintonía con el actual reclamo de la gente. Luego, todo se verá. Si se llega a gobernar o no y bajo qué condiciones de fuerza, si es que se logra. Son múltiples los factores que marcaran la vida de cada proyecto político. Hasta el momento, sí coinciden en algo: exigir derechos sociales básicos, políticas más inclusivas, oportunidades más igualitarias y mayor grado de soberanía. Pero ninguno de estos proyectos políticos está cerrado; todo está en pleno desarrollo.

5) Intentan ser equidistantes entre la vieja derecha disfrazada como nueva y la izquierda nacida a inicios del siglo XXI. Claramente, se sitúan en las antípodas de la ofensiva conservadora. Sin embargo, también procuran poner cierta distancia con la izquierda de Chávez y Maduro, Evo, Correa, Néstor y Cristina, y Lula y Dilma. No quieren ser herederos de activos ni pasivos de otros procesos que les son ajenos aunque sí hayan tenido un cierto grado de influencia, al menos en una enseñanza: la necesidad de tener que asaltar el poder para cambiar las cosas. Pero no quieren rendir cuentas de otros procesos. Es como una sombra que les persigue porque es usada por sus detractores para estigmatizarlos rápidamente como lo viejo, como lo pasado. Se trata de un dilema todavía por resolver que, seguramente, a medida que se vayan emancipando y teniendo su propia vida esas comparaciones tan recurrentes dejarán de ser efectivas.

En definitiva, la vida política siempre está en movimiento. Nada permanece estático por muy adormecida que una sociedad pueda aparentar ser. Siempre hay una fibra que tocar. No siempre es la misma en cada momento histórico. Cada época cuenta con sus reglas y su propia episteme. En estos años en los que muchos hablan de fin de ciclo, podemos asegurar justo lo contrario: está surgiendo otro ciclo, tal vez más sosegado, pero que puede volver a dar otro salto adelante en la Historia latinoamericana.





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jueves, 29 de marzo de 2018

América Latina, Actualidad y Pasado

Les compartimos este escrito dado a conocer por la Corriente Marxista Internacional en el cual se comparan las actuales luchas de autodeterminación de los pueblos de América Latina con lo que estaba sucediendo a finales de los años 30 del siglo pasado:


David Rey

El estudio de la posición de León Trotsky sobre la lucha antiimperialista en América Latina tiene una gran relevancia para la realidad actual de nuestro continente. Concretamente, la teoría de la Revolución Permanente, formulada por Trotsky, dotó al marxismo de la base teórica correcta para comprender en toda su amplitud el carácter de la lucha antiimperialista de las masas trabajadoras en los países ex-coloniales y de capitalismo atrasado.

Por eso debemos comenzar nuestro análisis con una exposición de esta teoría, como punto de partida para analizar la aplicación concreta que hicieron de ella Trotsky y sus partidarios en América Latina.

Vigencia de la teoría de la Revolución Permanente

La condición para sacar a los países ex-coloniales y subdesarrollados de su atraso secular, en la época actual de dominación imperialista, es la consumación de las tareas democrático-nacionales no resueltas: como la unificación nacional y liberación de la dominación imperialista, plenos derechos democráticos para la población y las minorías nacionales oprimidas, la reforma agraria, un desarrollo industrial y cultural avanzado, un sistema de transporte moderno y eficiente, la separación de la religión del Estado, entre otras.

Pero la burguesía nacional de estos países está totalmente incapacitada para culminar estas tareas al haber llegado demasiado tarde a la cita de la historia y estar su propio desarrollo sofocado por la presencia de un puñado de potencias imperialistas que dominan el mercado mundial a través de empresas multinacionales. Además, las burguesías nacionales, resultantes de la fusión de la vieja oligarquía terrateniente con la burguesía financiera e industrial, están vinculadas al capital monopolista imperialista por diferentes vías, a menudo enlazadas entre sí: como suministradoras de materias primas y bienes semielaborados a los países imperialistas y multinacionales extranjeras, participando en negocios comunes con empresas extranjeras, o actuando como agente de los negocios imperialistas en el país.

Por eso, las tareas democrático-nacionales inconclusas sólo pueden ser terminadas por la clase obrera en el poder a través de la revolución socialista y sus organismos democráticos de poder (soviets), con el apoyo del campesinado pobre y demás clases populares oprimidas de la sociedad. Al expropiar el capital extranjero y a la gran burguesía nacional, la clase obrera podría comenzar a resolverse los acuciantes problemas que ahogan a la sociedad, por medio de la planificación democrática de la economía y el desarrollo de las fuerzas productivas.

Aunque pueden existir contradicciones y rivalidades de intereses entre el imperialismo y la burguesía nacional de un país capitalista atrasado, la experiencia histórica demuestra que la burguesía nacional teme más a las clases oprimidas de su país que a su rival imperialista, una vez que las masas trabajadoras son movilizadas y puestas en pie por el conflicto desatado con el imperialismo. Por eso, la burguesía nacional termina traicionando a las masas populares, indefectiblemente, para volverse a cobijar bajo el ala de su amo imperialista.

La teoría de la revolución permanente, por lo tanto, considera como falsas y enemigas de los intereses de la clase obrera y del pueblo pobre las teorías de colaboración de clases, como la teoría reformista de las dos etapas (“primero unámonos con la burguesía progresista para alcanzar la liberación nacional y la democracia, y luego lucharemos por el socialismo”) que tantas derrotas y sufrimientos ha traído a las masas trabajadoras de nuestro continente, y más allá.

La teoría de la Revolución Permanente contiene otra implicación transcendental: la revolución socialista triunfante en un país de capitalismo atrasado, para no perecer aislada o degenerar burocráticamente, debe encontrar un eco en los países de su entorno a través de un proceso revolucionario internacional que culmine en los países capitalistas más desarrollados, quienes también enfrentarían contradicciones de clase agudas como resultado de la crisis general del capitalismo.

Así, la revolución que comienza en un país atrasado aislado y culmina en la revolución socialista mundial adquiere un desarrollo ininterrumpido, permanente; de ahí el nombre de Revolución Permanente que León Trotsky le dio a esta teoría, adoptando una expresión acuñada por Marx después de la fracasada revolución alemana de 1848.

El triunfo de la revolución socialista en la Rusia de 1917 confirmó brillantemente la perspectiva de Trotsky y la validez científica de la teoría de la Revolución Permanente. La revolución triunfó en un país muy atrasado y expropió a los capitalistas y terratenientes rusos y extranjeros, y desató la revolución en Europa y gran parte de Asia. Lamentablemente, la ausencia de partidos revolucionarios de masas con direcciones a la altura de las tareas que la Historia requería frustró el triunfo de la revolución socialista fuera de Rusia, que quedó aislada, lo cual preparó las condiciones para la posterior degeneración burocrática y totalitaria de la revolución soviética.

De una manera distorsionada, la teoría de la Revolución Permanente encontró su expresión en China, Cuba y otros países donde el capitalismo fue derrocado, aunque no por la acción dirigente de la clase obrera sino por ejércitos guerrilleros con una base campesina, lo que junto a la presión de la burocracia estalinista de la URSS, favorecieron la aparición de deformaciones burocráticas en la revolución.

Más actualmente, el hecho quela Revolución Bolivariana en Venezuela haya puesto en discusión su carácter socialista, si bien aún dista de estar completada, subraya la tendencia socialista inherente a cualquier revolución en la época moderna.

Trotsky en Latinoamérica

Trotsky arribó a México en enero de 1937 procedente de Noruega. En su exilio mexicano, Trotsky pudo prestar una atención concreta a los problemas de la revolución latinoamericana. Él mismo lo admitió cuando desembarcó en el puerto mexicano de Tampico: “Quiero estudiar exhaustivamente la situación de México y de América Latina, ya que es muy poco lo que sé al respecto” 1.

Pero el interés de Trotsky por América Latina a fines de los años 30 del siglo pasado, se asentaba en sólidas bases objetivas y subjetivas.

Desde el punto de vista político subjetivo, a mediados de los años 30, la Liga Comunista Internacional2 contaba con grupos en muchos países latinoamericanos: México, Brasil, Chile, Cuba, Argentina, Puerto Rico, Bolivia, Uruguay, Colombia, Venezuela, Costa Rica y Panamá; que atravesaban diferentes etapas de desarrollo, siendo los más importantes los de Brasil, Chile y Cuba. En estos dos últimos países, los trotskistas llegaron a superar en número de militantes, durante algún tiempo, a los partidos comunistas oficiales.

En el plano objetivo, América Latina había conocido un cierto desarrollo industrial desde comienzos del siglo XX, y más aceleradamente a partir de la Primera Guerra Mundial, que dio lugar al nacimiento de un proletariado joven y muy combativo que había protagonizado grandes luchas y había sido sometido también a represiones sangrientas feroces por parte de la clase dominante y las empresas extranjeras asentadas en sus países.

Latinoamérica jugaba ya un papel muy importante en el suministro de materias primas (petróleo, caucho, estaño, manganeso, níquel, carne, trigo, etc.) y en la generación de un mercado para las mercancías de los países imperialistas; pero, además, emergía como un área estratégica y diplomática de gran importancia para estas potencias imperialistas en la antesala de la 2ª Guerra Mundial, cuyo estallido era inminente.

Casi todos los países latinoamericanos entraban en la categoría de países atrasados, con un campesinado pobre numeroso y relaciones semifeudales en el campo, combinado con un cierto desarrollo industrial en las ciudades más importantes.

Incluso países como Argentina, Uruguay o Chile, que tenían el mayor desarrollo industrial del continente, con una población mayoritariamente urbana y un campesinado poco numeroso, y cuyas tareas democrático-nacionales habían sido resueltas en un grado mayor que las de los demás países latinoamericanos, no podían ocultar su humillante dependencia del capital extranjero y de la diplomacia imperialista.

Consecuentemente con este análisis, la Liga Comunista Internacional ya había establecido las tareas y el programa general para los marxistas revolucionarios de America Latina. Así, en junio de 1934, la LCI publicaba una importante declaración con el título: “La guerra y la Cuarta Internacional”, en uno de cuyos apartados establecía:

Sud y Centroamérica sólo podrán liquidar el atraso y la esclavitud uniendo sus estados en una única y poderosa federación. Pero no será la atrasada burguesía sudamericana, agencia totalmente venal del imperialismo extranjero, quien cumplirá esta tarea, sino el joven proletariado sudamericano, llamado a dirigir a las masas oprimidas. Por lo tanto, la consigna que debe guiar la lucha contra la violencia y las intrigas del imperialismo mundial y contra la sangrienta domina­ción de las camarillas compradoras nativas es Por los estados unidos soviéticos de Sud y Centroamérica”. (La guerra y la cuarta Internacional, 10 de junio 1934).

De esta manera, el carácter de la futura revolución latinoamericana quedaba claramente establecido y se correspondía completamente con lo planteado en las tesis de la Revolución Permanente. La burguesía latinoamericana era caracterizada como atrasada y agente del imperialismo, correspondiéndole al joven proletariado latinoamericano la tarea doble de desembarazarse de la asfixia imperialista y de terminar con la explotación de las burguesías nativa y extranjera, mediante la toma del poder. Al mismo tiempo, rechazaba cualquier tipo de salida “nacional” y abogaba por la unidad socialista (soviética) de América Latina.

El bonapartismo “sui generis”

De toda la participación de Trotsky en las polémicas y debates sobre la revolución latinoamericana durante su estadía en México, fueron dos asuntos los que ocuparon principalmente su atención. Por un lado, la actitud hacia el gobierno mexicano de Lázaro Cárdenas, un gobierno que contó con un apoyo de masas en la población y tomó medidas audaces contra los intereses imperialistas en México. Y por otro, los debates y polémicas que sostuvo con el APRA peruano (Alianza Popular Revolucionaria Americana), que por aquellos días se postulaba a sí mismo como el heraldo del nacionalismo revolucionario antiimperialista latinoamericano. Creemos que las posiciones de Trotsky sobre ambos temas arrojan mucha luz a los marxistas sobre fenómenos históricos actuales.

A mediados de los años 30 comenzaba a darse un fenómeno peculiar como fue la proliferación, en casi todos los países latinoamericanos, de gobiernos bonapartistas de diverso tipo: desde presidencias “fuertes” ejercidas por civiles hasta dictaduras militares extremadamente represivas.

Las bases materiales que daban origen a tales regímenes fueron explicadas por León Trotsky:

En los países industrialmente atrasados el capital extranjero juega un rol decisivo. De ahí la relativa debilidad de la burguesía nacional en relación al prole­tariado nacional. Esto crea condiciones especiales de poder estatal. El gobierno gira entre el capital extran­jero y el nacional, entre la relativamente débil burgue­sía nacional y el relativamente poderoso proletariado. Esto le da al gobierno un carácter bonapartista “sui generis”, de índole particular. Se eleva, por así decirlo, por encima de las clases. En realidad, puede gobernar o bien convirtiéndose en instrumento del capitalismo extran­jero y sometiendo al proletariado con las cadenas de una dictadura policial, o maniobrando con el proletariado, llegando incluso a hacerle concesiones, ga­nando de este modo la posibilidad de disponer de cierta libertad en relación a los capitalistas extranjeros. La actual política [del gobierno mexicano] se ubica en la segunda alternativa; sus mayores conquistas son la expropiación de los ferrocarriles y de las com­pañías petroleras”. (La industria nacionalizada y la administración obrera. 12 de mayo 1939).

Trotsky ubicaba al régimen de Cárdenas en el bonapartismo “de izquierda” que se apoyaba en los trabajadores y campesinos para golpear al imperialismo con vistas a garantizar un desenvolvimiento más libre a la débil burguesía mexicana que, en palabras de Trotsky, era mucho más raquítica, social y económicamente, que la burguesía rusa de 1917 3.

Es importante detenerse en esto. No fue la burguesía mexicana, débil y miedosa, sino un sector del aparato del Estado comandado por oficiales del ejército que se habían formado al calor de la revolución mexicana de 1910-1920, como Lázaro Cárdenas y Francisco Mújica, quien tomó medidas contra intereses imperialistas y terratenientes del país que abrían nuevas perspectivas de desarrollo al capitalismo mexicano.

En modo alguno la aparición de este tipo de gobiernos en una serie de países a lo largo de los años 30, 40 y 50 del siglo pasado (Cárdenas en México, Perón en Argentina, Arbenz en Guatemala, etc.) fue un resultado necesario e inevitable condicionado por el desarrollo objetivo del capitalismo. Pese a la disparidad de desarrollo capitalista de estos países entre sí, la clase obrera jugaba ya un papel importante en la vida económica y social a través de sus organizaciones de masas, principalmente los sindicatos. Fue la orfandad política en que se encontraba el proletariado en estos países, favorecido por la degeneración nacional-reformista de los partidos comunistas locales, lo que permitió a personalidades como el General Lázaro Cárdenas, y otras, utilizar las aspiraciones revolucionarias de las masas trabajadoras para encumbrarse en el poder. En la medida que no podía existir una “tercera vía” entre capitalismo y socialismo, sus medidas para limitar el saqueo del país por el capital extranjero y sus ataques contra los sectores más parásitos de la burguesía nacional (los terratenientes, principalmente) elevaron el nivel de vida de las masas, ampliaron el mercado interno del país y abrieron objetivamente un camino más amplio al desarrollo de la pequeña y la mediana burguesía local.

Y no obstante, los sectores decisivos de la burguesía nacional terminaron conspirando con el imperialismo norteamericano en todos estos países para sustituir esos gobiernos “semiindependientes” por otros más afines a los intereses imperialistas y oligárquicos que disciplinaran al movimiento de masas. En el caso de Cárdenas, tal desplazamiento se dio por “vías democráticas”; en los casos de Perón y Arbenz, e incluso en el caso de Vargas en Brasil, que comenzó siendo un bonapartista de derecha y terminó escapando al control del imperialismo norteamericano, lo fueron por medio de golpes militares sangrientos y conatos de guerra civil. Desde entonces, la burguesía nacional en todos estos países selló, con sangre, su alineamiento con el imperialismo.

El gobierno de Lázaro Cárdenas

¿Qué actitud recomendó Trotsky a sus partidarios en México, y a nivel internacional, hacia este tipo de gobiernos? Esto se derivaba del análisis de clase de este tipo de regímenes:

El México semicolonial está luchando por su independencia nacional, política y económica. Tal es el significado básico de la revolución mejicana en esta etapa. Los magnates del petróleo no son capitalistas de base, no son burgueses corrientes. Habiéndose apoderado de las mayores riquezas naturales de un país extranjero, sostenidos por sus billones y apoyados por las fuerzas militares y diplomáticas de sus metrópolis, hacen lo posible por establecer en el país subyugado un régimen de feudalismo imperialista, sometiendo la legislación, la jurisprudencia y la administración. Bajo estas condiciones, la expropiación es el único medio efectivo para salvaguardar la independencia nacional y las condiciones elementales de democracia.

Qué dirección tome el posterior desarrollo económico de México depende, decisivamente, de factores de carácter internacional. Pero esto es cuestión del futuro. La revolución mejicana está ahora realizando el mismo trabajo que, por ejemplo, hicieron los Estados Unidos de Norteamérica en tres cuartos de siglo, empezando con la Guerra Revolucionaria de la Independencia y terminando con la Guerra Civil por la abolición de la esclavitud y la unidad nacional.” (México y el imperialismo británico. 5 Junio 1938).

Partiendo del carácter progresivo y antiimperialista de las reformas introducidas por el gobierno de Cárdenas “en esta etapa”, Trotsky planteaba que, en un contexto donde el proletariado –pese a jugar un papel económico y social importante– se encontraba rodeado de un mar de campesinos, y ambos tenían ilusiones en el gobierno de Cárdenas, la única táctica viable para los trotskistas era establecer un frente único con el movimiento de masas que se agrupaba alrededor del presidente Lázaro Cárdenas, a condición de no mezclar las banderas y de conservar su libertad de crítica. Esta era la única manera de hacer pie en las masas y agrupar a la vanguardia de trabajadores avanzados.

En el artículo citado, Trotsky explicaba:

Sin sucumbir a las ilusiones y sin temer a las calumnias, los obreros avanzados apoyarán completamente al pueblo mejicano en su lucha contra los imperialistas. La expropiación del petróleo no es ni socialista ni comunista. Es una medida de defensa nacional altamente progresista…

… El proletariado internacional no tiene ninguna razón para identificar su programa con el programa del gobierno mejicano … Sin renunciar a su propia identidad, todas las organizaciones honestas de la clase obrera en el mundo entero, y principalmente en Gran Bretaña, tienen el deber de asumir una posición irreconciliable contra los ladrones imperialistas, su diplomacia, su prensa y sus aúlicos fascistas… La lucha por el petróleo mejicano es sólo una de las escaramuzas de vanguardia de las futuras batallas entre los opresores y los oprimidos.” (Íbid.)

Además, había que agitar por un programa de transición al socialismo, donde las demandas democráticas jugaran un papel importante, y esperar a los choques y enfrentamientos entre sectores de aparato del Estado, y de fracciones de éste con la burguesía nacional, que reflejarían las presiones de la burguesía nacional para cobijarse de vuelta bajo el ala del imperialismo. El pronóstico de Trotsky era que esto crearía condiciones para el desarrollo de un movimiento independiente del proletariado que podría ser aprovechado por una corriente marxista revolucionaria que en el período previo hubiera organizado una tendencia significativa en los sindicatos, las fábricas y el transporte.

Esta fue la orientación general que Trotsky planteó a sus seguidores. Sin embargo, una fracción ultraizquierdista del grupo trotskista mexicano, dirigida por Luciano Galicia, desdeñaba las ilusiones democráticas de las masas y atacó de manera sectaria al gobierno de Cárdenas por indemnizar a los antiguos dueños de los ferrocarriles y a las compañías petroleras expropiadas; de la misma forma que hoy día las sectas ultraizquierdistas se burlan de las nacionalizaciones llevadas a cabo por el Presidente Hugo Chávez y atacan con saña a su gobierno.

Trotsky y la dirección de la IV Internacional condenaron sin contemplaciones las posiciones ultraizquierdistas de Galicia y sus seguidores quienes, meses antes, habían llamado al “sabotaje” y la “acción directa” para oponerse a la suba de precios.

Se daba la paradoja de que mientras representantes oficiales de la IV Internacional participaban en mítines públicos dentro de México en apoyo a las nacionalizaciones de los ferrocarriles y del petróleo, Galicia y sus amigos se dedicaban a pegar carteles en las calles, en nombre del grupo trotskista mexicano, para denunciar al gobierno de Cárdenas por indemnizar a las empresas nacionalizadas.

Trotsky escribió a sus partidarios: “Vuestra participación en el mitin aquí tuvo un resultado “inesperado”. Galicia, en nombre de la Liga restaurada, publicó un manifiesto en el cual atacaba a Cárdenas por su política de compensar a los capitalistas expropiados y colocó este manifiesto principalmente en los muros de la Casa del Pueblo. Tal es la ‘política’ de esta gente”. (Por la reorganización de la sección mejicana. 15 Abril 1938).

Ante el peligro de caer en el descrédito y de ver ensuciada la bandera de la IV Internacional delante de los obreros y campesinos mexicanos Trotsky rompió con los ultraizquierdistas, y el Secretariado Internacional de la LCI acordó reorganizar la sección mexicana. La propia Conferencia fundacional de la IV Internacional, celebrada unos meses después, condenó las actividades del grupo de Galicia y ratificó su expulsión de las filas de la IV Internacional.

Un aspecto destacado de la lucha antiimperialista de Trotsky en América Latina fue denunciar la demagogia “democrática” del imperialismo representado por EEUU, Gran Bretaña, Francia, etc. que buscaban justificar el saqueo del continente en aras de la “democracia” y la “libertad”. Trotsky señaló que todos los países imperialistas, fueran “demócratas” o “fascistas” ocultaban sus intereses bajo máscaras diversas para tratar de esclavizar naciones y continentes enteros, apropiarse de sus recursos e incorporarlos a la órbita de su diplomacia. Trotsky insistía que la verdadera contradicción no era entre países “democráticos” y “fascistas”, sino entre naciones imperialistas y naciones oprimidas; pero, siguiendo la teoría de la Revolución Permanente, encontraba la solución a esta contradicción en el triunfo de la revolución socialista mundial.

Específicamente, entabló una lucha contra los estalinistas y denunció su claudicación frente a los imperialismos “democráticos”. Hasta la víspera del inicio de la 2ª Guerra Mundial, en septiembre de 1939, cuando se firmó el infame pacto Molotov-Ribbentrop entre la Alemania nazi y la URSS estalinista, la burocracia del Kremlin había apostado toda su política exterior a congraciarse con las potencias “democráticas” en un supuesto “frente antifascista” contra Alemania e Italia. Stalin estaba aterrorizado ante la perspectiva de una invasión de la URSS por la Alemania nazi y no tenía ninguna confianza en la victoria soviética. A cambio, la URSS se comprometía a descarrilar cualquier proceso revolucionario que amenazara los intereses de las potencias “democráticas”, como lo hizo en la Guerra Civil española de 1936-1939. Las políticas de los Partidos Comunistas locales quedaban así subordinadas a los estrechos intereses nacionales de la burocracia rusa.

En una entrevista con el trotskista argentino, Mateo Fossa, Trotsky explicaba: “En sus negociaciones con los imperialistas, los países latinoamericanos sólo les sirven al Kremlin de moneditas para el cambio menudo. A Washington, Londres y París Stalin les dice: ‘Reconózcanme como su igual y yo les ayudaré a aplastar el movimiento revolucionario de las colonias y semicolonias; para eso tengo a mi servicio a centenares de agentes como Lombardo Toledano’ [dirigente de la Central de Trabajadores Mexicanos]. El stalinismo se ha transformado en la lepra del movimiento de liberación” (La lucha antiimperialista es la clave de la liberación. Una entrevista con Mateo Fossa. 23 Septiembre 1938).

Debates con el APRA

Los debates que mantuvo Trotsky con el APRA peruano guardan una rabiosa actualidad porque, hasta cierto punto, las posiciones defendidas por el APRA en aquella época encuentran un eco hoy en sectores nacionalistas de la izquierda latinoamericana.

Trotsky, al principio, mantuvo una actitud cuidadosa hacia el APRA y llegó a tener a sus dirigentes en cierta estima, hasta el punto que consideró la posibilidad de alcanzar acuerdos de frente único con ellos. En la entrevista anteriormente citada, Trotsky se pronunciaba del siguiente modo:

No conozco al aprismo como para arriesgar un juicio definitivo. En Perú la actividad de este partido es ilegal y por lo tanto difícil de observar. En el con­greso de setiembre contra la guerra y el fascismo, el APRA, junto con los delegados de Puerto Rico, adoptó una posición que, hasta donde yo la puedo juzgar, fue valiosa y correcta … Creo que los acuerdos con los apristas, para determinadas tareas prácticas, son posibles y deseables a condición de mantener una total independencia organizativa.” (Íbid).

Sin embargo, Trotsky terminó dándole completamente la espalda al APRA y a sus dirigentes cuando dejaron al descubierto su demagogia e insuficiencia pequeñoburguesa, y sus ilusiones en el imperialismo norteamericano como garante de la “democracia” en el continente.

Trotsky juzgó muy duramente los prejuicios pequeñoburgueses de los dirigentes del APRA contra los obreros de los países imperialistas, y particularmente de los Estados Unidos, cuando aquéllos insistían en que los trabajadores norteamericanos no se interesaban por la lucha antiimperialista de las masas latinoamericanas y, por lo tanto, no tenía sentido buscar ningún tipo de alianza con ellos.

Trotsky explicó que los pueblos coloniales y ex-coloniales tenían los mismos enemigos que los obreros de los países imperialistas: las burguesías imperialistas de EEUU, Europa y Japón. De ahí que, objetivamente, debían buscar una alianza para mejor combatir y tumbar al enemigo común.

En este sentido, el “Manifiesto de la Cuarta Internacional sobre la guerra imperialista y la revolución proletaria mundial”, publicado en Mayo de 1940 y redactado por Trotsky, señalaba:

Sólo bajo su propia dirección revolucionaria el proleta­riado de las colonias y las semicolonias podrá lograr la colaboración firme del proletariado de los centros metro­politanos y de la clase obrera mundial. Sólo esta colabo­ración podrá llevar a los pueblos oprimidos a su emanci­pación final y completa con el derrocamiento del impe­rialismo en todo el mundo. Un triunfo del proletariado internacional libraría a los países coloniales de un largo y trabajoso período de desarrollo capitalista, abriéndoles la posibilidad de llegar al socialismo junto con el proletaria­do de los países avanzados.

La perspectiva de la revolución permanente no signifi­ca de ninguna manera que los países atrasados tengan que esperar de los adelantados la señal de partida, ni que los pueblos coloniales tengan que aguardar pacientemente que el proletariado de los centros metropolitanos los libere. El que se ayuda consigue ayuda. Los obreros deben desarrollar la lucha revolucionaria en todos los países, coloniales o imperialistas, donde haya condiciones favorables, y así dar el ejemplo a los trabajadores de los demás países. Sólo la iniciativa y la actividad, la decisión y la valentía podrán materializar realmente la consigna ‘¡Obreros del mundo, uníos!’

Uno de los dirigentes del APRA, Guillermo Vegas León, se jactaba diciendo que el gobierno nacionalista de Lázaro Cárdenas en México no había necesitado la colaboración del proletariado norteamericano para nacionalizar el petróleo, y que por lo tanto tampoco se necesitaría la ayuda de los obreros de los países imperialistas para proseguir las reformas democráticas que México y los demás países latinoamericanos demandaban.

Trotsky respondió a las tesis de Vegas León en un artículo titulado “La ignorancia no es una herramienta revolucionaria” (30 enero 1939), en el que afirmaba: “Todo este razonamiento demuestra que el publicista del APRA no comprende el abecé de un problema que es de importancia fundamental para su partido, es decir, la relación entre los países imperialistas y los semicoloniales

Efectivamente, el grado de emancipación económica que México alcanzaba con la expropiación del petróleo de las manos británicas sólo tenía un carácter relativo y condicional, dado que México seguía dependiendo de su venta a los países imperialistas; además, la expropiación podría revertirse en un marco desfavorable de relación de fuerzas – presiones diplomáticas o militares, un golpe de estado proimperialista, derrotas y retrocesos del proletariado mundial, etc. Trotsky añadía:

Este es uno de los aspectos de la cuestión. Pero también hay otro. ¿Por qué pudo el gobierno mexicano realizar con éxito las expropiaciones, al menos por el momento? Sobre todo, a causa del antagonismo entre Estados Unidos e Inglaterra. No había que temer una intervención activa, inmediata, de parte de Inglaterra. Pero éste es un problema menor. El gobierno mexicano también consideraba improbable la intervención militar de su vecino del norte cuando decretó la expropiación. ¿Sobre qué base se apoyaban esos cálculos? Sobre la actual orientación de la Casa Blanca: el “New Deal” en la política interna iba acompañado de la política de “buena vecindad” en las relaciones exteriores.

Evidentemente Vegas León no entiende que la actual política de la Casa Blanca está determinada por la profunda crisis del capitalismo norteamericano y por el crecimiento de las tendencias radicales en la clase obrera” (Ibíd.). Y continuaba:

Roosevelt aplica la misma política a las relaciones internacionales, sobre todo a América Latina: hacer concesiones secun­darias para no perder en los problemas importantes. Justamente estas relaciones políticas internacio­nales posibilitaron que la expropiación del petróleo por México no provocara una intervención militar ni un bloqueo económico. En otras palabras, se pudo realizar un avance pacifico en el camino hacia la emancipación económica gracias a la política más activa y agresiva de grandes sectores del proletariado norteamericano” (Ibíd.).

Y concluía:

En esencia, esta cuestión sólo se podrá resolver por un abierto conflicto de fuerzas, es decir por la revolución, o para ser más exactos por una serie de revoluciones En esas luchas contra el imperialismo participaran, por un lado, el imperialismo norteame­ricano en defensa propia; por otro, los pueblos de América Latina, que luchan por su emancipación, y que precisamente por esa razón apoyarán la lucha del proletariado norteamericano” (Ibíd.)

Unos meses antes, el principal dirigente del APRA, Raúl Haya de la Torre, publicó un artículo en la revista argentina Claridad en la que, luego de considerar al eje fascista Alemania-Italia-Japón como el principal peligro para los pueblos latinoamericanos, declaraba: “En caso de agresión, estamos seguros de que Estados Unidos -el guardián de nuestra libertad- nos defenderá … En tanto Estados Unidos sea fuerte y esté alerta, ese peligro no será inmediato, pero… será un peligro”. Trotsky le respondió yendo al meollo de la cuestión:

¿En qué sentido se puede calificar a Estados Unidos de ‘guardián de la libertad’ de los mismos pueblos a los que explota? Solamente en el sentido de que Estados Unidos está dispuesto a “defender” a los países de América Latina de la dominación europea o japonesa. Pero cada uno de esos actos de ‘defensa’ implica la sumisión total del país “defendido” (Haya de la Torre y la democracia: ¿Un programa de lucha militante o de adaptación al imperialismo norteamericano? 9 noviembre 1938).

Y concluía:

Si se considera que la burguesía imperialista norteamericana es el ‘guar­dián’ de la libertad de los pueblos coloniales no se puede buscar una alianza con los trabajadores norte­americanos. Esa subestimación del rol del proletariado internacional en la cuestión colonial surge inevitable­mente del intento de no asustar a la burguesía imperia­lista ‘democrática’, sobre todo a la de Estados Unidos. Está claro que quien espera encontrar un aliado en Roosevelt no puede transformarse en aliado de la vanguardia proletaria internacional. Esta es la línea divisoria fundamental entre la política de la lucha revolucionaria y la política de la conciliación sin prin­cipios” (Ibíd.).

La historia posterior del APRA no ha hecho más que confirmar el papel de esta organización como un instrumento a favor de los intereses imperialistas en la región, y en el Perú en particular.

Lucha anti-imperialista y lucha de clases

Es necesario establecer algunas conclusiones de las posiciones planteadas por León Trotsky sobre la realidad latinoamericana en los años 30. Si bien es correcta su distinción, siguiendo a Lenin, entre naciones opresoras y naciones oprimidas, en modo alguno esto significa que los marxistas estemos obligados a dar apoyo, del tipo que sea, y bajo cualquier circunstancia, a todos los gobiernos latinoamericanos o de cualquier país ex-colonial que, circunstancialmente, entren en conflicto con el imperialismo, como suelen hacer las sectas ultraizquierdistas. Lo que sí constituye una política de principios es denunciar y combatir al imperialismo como enemigo bajo cualquier circunstancia, pero dependerá de factores concretos: como el carácter o la orientación de clase del gobierno que colisiona con el imperialismo, su relación con las masas oprimidas de su país, la situación concreta de la lucha de clases dentro del país y en los países de su entorno, etc. lo que determinará el grado de apoyo o de no apoyo de los marxistas a dichos gobiernos y, por lo tanto, de las tácticas y consignas que debamos plantear en cada caso concreto; incluida la de plantear una alternativa obrera independiente a la de ambos contendientes. En definitiva, los conflictos con el imperialismo y a lucha anti-imperialista en general, como cualquier aspecto de la lucha y de las reivindicaciones democrático-nacionales, están supeditados para los marxistas al interés supremo de la lucha de la clase obrera para hacer avanzar la revolución socialista, en cada país e internacionalmente.

La lucha anti-imperialista y la construcción del partido revolucionario

Otra de las conclusiones que debemos extraer está vinculada a la construcción del partido revolucionario. Trotsky señalaba que movimientos políticos como el PRM de Cárdenas (antecesor del PRI mexicano) o el APRA eran una especie de Frente Popular bajo la forma de partido, en el sentido que eran organizaciones policlasistas que incluían desde fracciones de la burguesía hasta sectores del proletariado. Trotsky consideraba que, enfrentados al imperialismo, estos partidos-Frente Popular tenían un cierto carácter progresista del que carecían los frentes populares organizados en Europa en los años 30 para abortar la revolución. Aunque Trotsky planteaba que los núcleos de la IV Internacional deberían organizarse independientemente de esas organizaciones, insistía en que mantuvieran una actitud amistosa hacia el movimiento de masas, y opusieran de manera cuidadosa el programa científico del marxismo al programa amorfo y vacilante del nacionalismo pequeñoburgués, teñido con fórmulas semisocialistas, de estas organizaciones.

Aun así, Trotsky no se ataba a fórmulas organizativas rígidas y llegó, incluso, a proponer hipotéticamente un trabajo fraccional dentro del APRA: “Por supuesto no podemos entrar en un partido así; pero podemos crear un núcleo dentro de él para poder ganarnos a los trabajadores y separarlos de la burguesía” (Discusión sobre América Latina. 4 noviembre 1938).

Esto tiene relevancia para sacar lecciones del trabajo de los marxistas en movimientos políticos de masas de carácter nacionalista donde la clase obrera sí constituye la fracción mayoritaria y decisiva de dichos movimientos, que no fue el caso del PRM ni del APRA, pero sí el del peronismo en Argentina hasta los años 80 del siglo pasado. En estos casos, cuando los marxistas agrupan a una fracción muy pequeña de la clase trabajadora, no sólo está justificado un trabajo a largo plazo dentro de estas organizaciones, con la condición de no diluirse y mostrar un perfil claro, sino que es una absoluta necesidad para penetrar en las masas obreras y construir en el seno de las mismas sólidas fracciones marxistas que permitan agrupar a las capas más avanzadas de la clase y de la juventud revolucionaria, como un trabajo preparatorio para la formación de partidos obreros revolucionarios de masas en un estadio posterior, a partir de la escisión de estos movimientos de masas en líneas de clase cuando la revolución alcance un punto decisivo.

Corolario

El fermento revolucionario que sacude nuestro subcontinente nos obliga a los marxistas intervenir en los movimientos de masas con las tácticas y las consignas más correctas para conectar con las capas más avanzadas de la clase obrera y hacer avanzar la lucha por la transformación socialista de la sociedad. Extraer las principales conclusiones de la intervención de León Trotsky en los problemas de la revolución latinoamericana de su época resulta muy útil, por lo tanto, para abordar los desafíos que nos plantea la revolución latinoamericana en la nuestra.


1.-Declaraciones en Tampico, 9 de enero 1937 (Escritos Latinoamericanos, Ed. CEIP. Pág. 31)

2.- Nombre adoptado por la Oposición de Izquierda Internacional en 1934 cuando tomó la decisión de iniciar la tarea de fundar una Cuarta Internacional, al margen de la Tercera Internacional estalinista, tras constatar la degeneración irreversible de esta organización después de la toma del poder por Hitler en Alemania. El nombre de Liga Comunista Internacional fue sustituido por el de Cuarta Internacional, cuando ésta fue fundada en septiembre de 1938 en París. La Oposición de Izquierda Internacional fue lanzada por Trotsky en 1929, tras su exilio de la Unión Soviética, para organizar la lucha de sus seguidores contra el estalinismo dominante en los Partidos Comunistas y la Internacional Comunista, donde estaban siendo expulsados y perseguidos.

3.- Sobre el segundo plan sexenal en México (León Trotsky, 14 de marzo 1939)






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