domingo, 3 de febrero de 2019

El Derbi es una Fiesta

Desde las páginas de Deia traemos a ustedes esta reconfortante anécdota futbolera:


A pesar de que la Real no envió entradas al athletic para el derbi debido a las obras de anoeta, la afición rojiblanca se las ingenió para acompañar a su equipo

Aitor Martínez

El derbi vasco por antonomasia, el que enfrenta a Athletic y Real Sociedad indistintamente de la ciudad que albergue el encuentro, aunque por fortuna para la salud del fútbol en Euskal Herria también Alavés y Eibar se han sumado a la fiesta, deja habitualmente imágenes curiosas que difícilmente se borran de la memoria. Es por ello que quien suscribe estas líneas sigue preguntándose qué habrá sido de aquel héroe anónimo, ataviado perfectamente con los colores de su equipo, el Athletic, con el que las cámaras de televisión se recrearon en los prolegómenos del partido. Él, de nombre desconocido, disfrutaba rodeado de aficionados de la Real en la animosa grada Aitor Zabaleta. Allí saltó, gritó, cantó canciones de ánimo al conjunto txuri-urdin como si hubiera nacido en plena playa de La Concha;pero nada más se supo de él. Se perdió entre la muchedumbre mientras sus acompañantes festejaban los dos primeros goles de los locales. A buen seguro, sus bailes alegres previos al inicio del partido pasaron después a ser gestos de desesperación y sufrimiento ante la pobre imagen que ofreció su equipo sobre el irregular terreno de juego de Anoeta.

El Athletic apenas le regaló un breve instante de felicidad, aunque durante un par de segundos, los que transcurrieron entre la parada de Rulli en el penalti y el posterior rechace que Raúl García envió al fondo de la red, seguro que se temió lo peor: volver a tener que escuchar las mofas de quienes le rodeaban. Por fortuna, el navarro atinó a la segunda y nuestro héroe pudo crecerse ante sus compañeros. Aunque fuera durante diez minutos, los mantuvo a raya, pues el conjunto rojiblanco se volcó sobre la portería de la Real en busca de un empate que ni mereció ni llegó a acariciar. El Athletic murió en la orilla y él, nuestro héroe anónimo, tal vez siga aún de fiesta. O llorando. Quién sabe. Las cámaras se olvidaron de él con la misma velocidad en la que el conjunto rojiblanco debería borrar de su mente lo acontecido ayer en Donostia. Borrón y cuenta nueva.

El hombre anónimo protagonista de una historia con un final incierto, fue hace ya algunos años Peru Velasco, un niño de siete años que vivió ayer, en compañía de su aita Antonio, su primer derbi en territorio rival. Vestido para la ocasión con un gorro de león y la camiseta del Athletic, abandonó el campo cabizbajo, pensativo, aunque con la satisfacción de haber disfrutado de una cita que, pese a la derrota, a duras penas podrá olvidar. “Ya tendré tiempo de verles ganar aquí”, aseguraba, con voz tenue. Bastante más entero, acostumbrado a vivir situaciones como las de ayer, su aita lamentaba la ocasión perdida por el conjunto rojiblanco.

“La verdad que nos vamos con un poco de pena. Pero ha estado bien la fiesta que se ha vivido antes y después del partido. La pena es que el equipo no ha terminado de engancharse. Con los dos fallos defensivos luego ha sido muy difícil remontar. Pero se trataba de traer el chaval y que viera la fiesta. Lo hemos pasado bien y eso es lo importante”, apuntaba Antonio antes de emprender el camino de regreso a su Algorta natal en compañía del pequeño Peru.

Él, que sufrió su primera derrota en un derbi como visitante, podrá emular algún día a ese héroe anónimo al que poco o nada le importó situarse en mitad de la grada Aitor Zabaleta orgulloso de su Athletic, bien ataviado con bufanda y camiseta rojiblanca. El derbi, no lo olviden, es una fiesta del fútbol. Nada más.






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